El próximo 3 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El candidato presidencial (y presidente en ejercicio) Donald Trump, junto a su compañero de fórmula republicana (y actual vicepresidente), Mike Pence, disputarán su permanencia en la Casa Blanca ante la fórmula demócrata integrada por el candidatato presidencial Joe Biden (ex vicepresidente de EE.UU durante las gestiones Obama) y Kamala Harris (Senadora Nacional por el Estado de California), como su vice. Cabe recordar también, que en esta elección se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y parte de los Senadores, cuestión no menor a la hora de pensar en la articulación de la futura agenda de gobierno. Poder entender en mayor profunidad el proceso electoral de EE.UU requiere conocer una serie de puntos claves los cuáles serán abordados a continuación.

El colegio electoral: una de las características principales del sistema electoral norteamericano es que la fórmula presidencial es elegida a través de un colegio de electores integrado por 538 miembros que representan a los 50 Estados y a Washington D.C. En ese sentido, la fórmula que gana el voto de la ciudadanía en un determinado Estado, se lleva el total de electores quiénes luego tomarán la decisión final en el colegio electoral (salvo en los Estados de Nebraska y Maine donde los electores se asignan a través de un sistema proporcional). Este punto es importante ya que vuelve más relevantes a los Estados con mayor peso relativo en el colegio.

Los battleground states:  son los 17 estados donde los candidatos presidenciales pondrán su mayor esfuerzo debido a que poseen mayor peso relativo en el colegio electoral: Florida, Wisconsin, Pennsylvania, Maine, North Carolina, Michigan, Minnesota, Texas, Arizona, Ohio, Nevada, Iowa, New Hampshire, Virginia, New México, Colorado y Georgia. En estos lugares se concentrarán los esfuerzos de campaña durante septiembre y octubre.

La no obligatoriedad del voto: este es otro punto importante a tener en cuenta: el voto en EE.UU no es obligatorio. Esto implica un doble desafío para cada candidato presidencial: por un lado poder movilizar a su propia base electoral para que el día de la elección asista a las urnas; y por otra parte intentar captar el voto de los independientes para ampliar la base de apoyo. Un equilibrio difícil de lograr. Por el momento las últimas encuestas muestran a Biden algunos puntos arriba de Trump en el voto popular. Sin embargo dicha ventaja sería menor en los battleground states.

El voto joven y las redes sociales: el electorado joven en Estados Unidos se ha vuelto determinante para definir una elección; representa actualmente el 30% del electorado norteamericano. Según un estudio del Pew Reserch Center, la particpación de los millenials (jóvenes entre 25 y 35 años) casi se ha duplicado entre 2014 y 2018 habiendo pasado del 22% al 42%. En las elecciones legislativas de 2018 se observó además una inclinación a votar por los candidatos del Partido Democráta: según un informe de la Universidad de Massachusetts dos tercios de los jóvenes entre 18 y 29 años votaron por candidatos democrátas en dicha elección. En ese sentido, será clave la campaña en redes sociales (snapchat, instragram, you tube y facebook) y el abordaje de las demandas del electorado joven: cambio climático, salud y educación, entre otras.

La elección en EE.UU no es una cuestión menor para América Latina. El triunfo de uno u otro candidato será determinante para la evolución de la región. Además, en términos geopolíticos, si bien la competencia tecno-comercial entre EE.UU y China (de estrecha relación con algunos países de la región) se profundizará, el abordaje de dicha relación será diferente dependiendo quién sea el candidato triunfador.

 

Julio Picabea

Máster en Políticas Públicas y maestrando en Relaciones Internacionales. Docente Universitario.