Los mecanismos mediante los que las autocracias conquistan cada vez más el espacio en los gobiernos y mellan desde adentro los sistemas democráticos. Capaces de convalidar su acceso y mantenimiento en el poder y simultáneamente neutralizar a las oposiciones van ganando terreno en detrimento de las democracias liberales.

El contexto actual, en el que observamos una renovada tendencia hacia la utilización de prácticas autoritarias alrededor del mundo, exige una mayor comprensión de los procesos y actores políticos que determinan las posibilidades de estabilidad o ruptura de las autocracias electorales que comenzaron a proliferar tras la Guerra Fría, las cuales  se distinguen principalmente por la incorporación de instituciones nominalmente democráticas, tales como partidos políticos, celebración de elecciones periódicas o legislaturas multipartidistas.

Es fundamental conocer las estrategias de los líderes autócratas para evitar su colapso, con el fin de poder explicar los procesos de cambio político en los regímenes autoritarios. Una primera aproximación exige distinguir las principales causas de su derrumbe y los mecanismos internos que influyen en la capacidad del régimen para enfrentar posibles amenazas y, así, persistir en el tiempo. En el presente artículo se abordan algunas situaciones que podrían debilitar las capacidades de implementar estrategias de estabilidad del régimen y, en consecuencia, incentivar la movilización de los opositores y la eventual caída del régimen. Además, se propone que actores o patrones externos pueden prevenir la caída de los regímenes autoritarios aun en condiciones críticas en las que, incluso, la oposición tiene capacidad de movilización y existan elecciones multipartidistas.

 

Mecanismos de persistencia autoritaria

De acuerdo con la base de datos de Geddes, Wright y Frantz (2018), las tres principales causas de la caída de los regímenes autoritarios después de la Segunda Guerra Mundial son, en primer lugar (aunque cada vez menos), los golpes de Estado; en segundo lugar, las elecciones; y en tercer lugar, los levantamientos populares. Lo anterior sugiere que la cohesión de la coalición gobernante y una debilitada capacidad de movilización electoral de la oposición, y de la sociedad en general, son elementos necesarios para la estabilidad del régimen.

La represión, elemento distintivo de las autocracias, permite disuadir tanto a los mismos aliados del régimen, como a la oposición y la sociedad en general, de rebelarse, al elevar los costos de la movilización política contra el gobierno. Esta medida suele ser costosa para el régimen, por lo que los dictadores deben complementar sus estrategias con diversas formas de cooptación, es decir, motivar el apoyo al régimen por medio de concesiones privadas.

Para asegurar la cohesión de la élite gobernante, los líderes políticos deben tener la capacidad de distribuir bienes privados entre la élite económica y política de manera efectiva, ya que el apoyo de estos actores es fundamental para la supervivencia del régimen, específicamente porque el poder de los líderes políticos les permite obtener rentas de su coalición gobernante y distribuirlas entre los miembros de la élite para evitar que se rebelen. Una primera opción para distribuir rentas es por medio de mecanismos informales, tales como el uso de corrupción o clientelismo, sin embargo, es importante notar que estas formas de distribución de bienes son muy informales y no garantizan un compromiso creíble para ninguna de las dos partes.

Recientes estudios publicados principalmente en los últimos diez años (Frantz y Taylor, 2014; Svolik 2012), han centrado su interés en el papel de las instituciones como herramientas para efectuar una distribución creíble de poder entre los miembros de la élite y otros actores políticos influyentes que eventualmente podrían resultar una amenaza para el régimen. Con base en estas líneas de investigación, los partidos políticos y las legislaturas permiten hacer concesiones políticas por medio de compromisos más creíbles, sólidos y duraderos, tanto con los mismos miembros de la élite política como de actores de la oposición, esto último para el caso de las legislaturas, ya que ofrecen oportunidades de acceso a rentas a los líderes de oposición por medio de espacios legislativos a cambio de desmovilizar a sus seguidores (Reuter y Robertson, 2015). Asimismo, permiten a los líderes autoritarios tener un mayor control sobre los actores que interactúan con el régimen, lo que les permite utilizar la represión de manera más estratégica, y focalizada.

Por su parte, las elecciones no cumplen un rol similar al de las democracias, sino que son funcionales para cooptar tanto a las élites como a miembros del partido, o sectores más grandes de la población. De acuerdo con la literatura sobre elecciones autoritarias, pueden beneficiar a los dictadores de tres formas principales: evitan la fragmentación de la elite política gobernante, facilitan la cooptación de la oposición y generan mayor control de la élite gobernante sobre los acontecimientos políticos.

Otro punto a destacar es la influencia del desempeño económico en la estabilidad del régimen. Hay algunos ejemplos interesantes de regímenes que disminuyen la disposición de la sociedad a apoyar a candidatos o movimientos opositores al ser capaces de distribuir bienes públicos y, en general, promover crecimiento económico. Entre ellos se encuentran algunos países de Asia, como los casos de Singapur o China, e incluso Camboya, que ha sido uno de los países con mayor porcentaje de crecimiento económico sostenido del Sureste de Asia. Otra forma de legitimación puede estar basada en el apoyo difuso al régimen, es decir, en cuestiones ideológicas o de identidad, sin embargo, es una variable más compleja de operacionalizar.

 

¿Cómo caen las autocracias?

Los párrafos anteriores indican que los regímenes autoritarios podrían minimizar el riesgo de su supervivencia al utilizar estratégicamente mecanismos de represión, cooptación de los miembros de la élite gobernante y de potenciales opositores, así como aumentar el apoyo de la población por medio de un desempeño económico aceptable y provisión de bienes públicos, esto último por lo menos para disminuir la utilidad de movilizarse en contra del régimen al aumentar los beneficios recibidos.

Agunos autores sugieren que en regímenes autoritarios en los que se han celebrado elecciones recurrentes, el proceso electoral crea una oportunidad para los partidos de oposición de coordinar sus actividades en contra del gobierno y de unificarse detrás de un solo candidato o coalición, lo que aumenta el costo de emplear la fuerza o fraude masivo (Lindberg, 2009). Sin embargo, es complejo que regímenes con sólidos mecanismos de supervivencia permitan su gradual debilitamiento y empoderamiento de actores, por lo que es importante considerar algunas condiciones que pudieran quebrantar la fortaleza de los líderes autoritarios.

Específicamente, podemos pensar en contextos económicos difíciles, ya que disminuyen el acceso a rentas para distribuir bienes tanto públicos como privados, o bien, en la presión de actores externos, muchas veces por medio de sanciones económicas. Este tipo de mecanismos pueden aumentar el costo de la represión y, de esta manera, permiten la apertura efectiva de espacios de movilización electoral para los actores de la oposición, así como de manifestaciones populares masivas de rechazo al régimen, lo cual se podría traducir en una eventual derrota electoral para el régimen. Sobre este último punto, es decir, el papel de las movilizaciones populares en los cambios de gobierno, el caso reciente de Bolivia permite ilustrar el funcionamiento de la interacción entre la presión de actores externos, es este caso la Organización de los Estados Americanos, y las movilizaciones populares para impulsar cambios en los regímenes políticos, particularmente la dimisión del presidente y celebración de nuevas elecciones populares.

Con base en los párrafos anteriores, se puede deducir que la capacidad de movilización de la oposición, que solo se puede lograr en regímenes con cierto grado de liberalización, es una variable que, bajo ciertas condiciones, pueden generar la ruptura del régimen.

 

Algunas consideraciones sobre actores externos

Tal como la presión externa puede debilitar la capacidad de los líderes autoritarios para implementar estrategias para su supervivencia, potencias autoritarias externas también tienen la capacidad de influir en favor de la estabilidad del régimen, es decir, de proporcionar un respaldo, de manera que disminuya la vulnerabilidad del régimen a las presiones internas o externas, y faciliten la capacidad de cooptación y promuevan un mejor desempeño económico por medio de mecanismos como la cooperación económica e inversiones.

Algunos casos presentan indicios de la efectividad del mecanismo de respaldo autoritario propuesto en el párrafo anterior. Por ejemplo, el apoyo de Rusia al régimen autoritario de Lukashenko en Bielorrusia, que ha demostrado una gran capacidad de supervivencia incluso con la capacidad de movilización de la sociedad y la oposición, así como presión de organizaciones internacionales como la Unión Europea.

Otro caso relevante, es el de China en Camboya. El régimen autoritario encabezado por Hun Sen y el Partido Popular de Camboya alcanzó la estabilidad después del golpe de Estado al gobierno elegido durante la intervención de la Autoridad Provisional de las Naciones Unidas en Camboya (UNTAC por sus siglas en inglés), entre otras cosas, por la incorporación de los mecanismos de cooptación mencionados anteriormente. Es importante notar que el régimen comenzó a tener un acercamiento con China tras el golpe de Estado, desde entonces se han profundizado las relaciones económicas y diplomáticas, que han influído en el desarrollo económico de Camboya y la capacidad de distribución de bienes privados del régimen. En este caso comenzó a aumentar la capacidad de movilización de la primera coalición opositora en 2013, que alcanzó 55 escaños de 123, la cifra más alta desde el establecimiento del régimen; sin embargo, después de dicha elección, Hun Sen  recurrió a la completa supresión del sistema multipartidista y la implementación de un sistema de partido hegemónico, manifestando que la movilización de la oposición no necesariamente implica un aumento del costo de la represión, lo cual puede ser explicado por el creciente respaldo de China al régimen.

Los ejemplos anteriores sugieren que el patrocinio autoritario es un respaldo externo que puede ayudar al régimen a hacer frente a las amenazas. Principalmente, por medio de cooperación diplomática, política y económica, ya que se mantiene la disposición de mecanismos de persistencia autoritaria, casi independientemente de la cooperación interna hacia el régimen y, además, disminuye la vulnerabilidad frente a Estados y organizaciones internacionales que imponen condiciones de derechos humanos o exigen algún grado de apertura y rendición de cuentas para sus socios comerciales y aliados.

De igual manera, la presencia de potencias autoritarias en la misma zona geográfica puede ser un mecanismo de difusión, también reduce la presión por liberalización que existe en contextos de estados democráticos.

 

Conclusión

Hay muchos factores que determinan la estabilidad y cambio en los regímenes políticos, sin embargo, aquellas autocracias que son capaces de, por un lado, asegurar el apoyo de su coalición gobernante, es decir la élite política y económica que influye en el funcionamiento del régimen, y, por otro lado, evitar una movilización significativa de la oposición y los gobernados, tienen mayores posibilidades de permanecer en el tiempo.   Para lograrlo se deben utilizar mecanismos creíbles de distribución de bienes materiales o de poder entre la élite con el fin de asegurar su apoyo; tener control a los potenciales líderes de oposición por medio de recompensas y espacios en el gobierno y, finalmente, mantener cierto grado de legitimidad[1] entre los gobernados por medio, entre otras cosas, de distribución de bienes públicos y buen desempeño económico.

En relación a la última sección del presente artículo, sugiero que patrones externos pueden proporcionar recursos al régimen para que este pueda mantener activos algunos de sus mecanismos de supervivencia y recurrir al uso de represión o supresión, como la utilización de fraude masivo, cargando un costo menor y, así, prescindir un poco de la necesidad de apoyo interno para recibir recursos para distribución o cooptación. Esto parece ser especialmente relevante en coyunturas de riesgo para el régimen, es decir, cuando existe presión internacional de liberalización, contextos económicos inciertos, entre otros.

Por medio de este análisis, pretendo destacar la necesidad de retomar con mayor profundidad el estudio de vínculos internacionales entre regímenes autoritarios y cómo interactúan con las condiciones domésticas, en un contexto en el que parecen haberse superado las visiones de los regímenes autoritarios como dictaduras con una fuerte base ideológica, las nuevas y sofisticadas estructuras institucionales que han adoptado las autocracias  después de la Guerra Fría requieran nuevas propuestas teóricas para su análisis.

 

Referencias:

Frantz, E., & Taylor, A. (2014). A dictator’s toolkit: Understanding how co-optation affects repression in autocracies. Journal of Peace Research, 51(3), 332-346. Retrieved from https://www.jstor.org/stable/24557483

Geddes, B., Frantz, E., & Wright, J. (2018). How Dictatorships Work: Power, Personalization, and Collapse. New York: Cambridge University Press.

Lindberg, S. (2009). A theory of elections as a mode of transition. En S. I. Lindberg, Democratization by elections: A new mode of transition (314-342). Baltimore: Johns Hopkins University Press.

Svolik, M. (2012). The Politics of Authoritarian Rule. New York: Cambridge University Press.

 

[1] Legitimidad entendida como la aceptación generalizada del gobierno por parte de los gobernados.

 

Natalia Preciado Rueda

Licenciada en Relaciones Internacionales por el Colegio de San Luis. Actualmente cursa la Maestría en Ciencia Política en el Centro de Investigación y Docencia Económicas.