El mundo fue testigo de uno de los incendios más grandes que ha sufrido la selva amazónica a lo largo de todos los tiempos, pero también fue testigo de los dichos de un gobierno de ultraderecha que prefiere favorecer a la agricultura, la ganadería y a la extracción de minerales antes que preservar el Amazonas, que es conocida como el pulmón del mundo, ya que, produce el 20% de oxígeno del planeta.

Entonces ¿por qué el gobierno del presidente Jair Bolsonaro no aplica políticas públicas para preservar ​el mayor depósito terrestre de oxígeno del planeta? Bolsonaro y su administración, formada por ultraconservadores y militares, arguyen que Brasil tiene derecho a desarrollarse explotando sus vastos recursos naturales y, por lo tanto, no entra en sus intereses primordiales.

Lo cierto es que la dictadura militar (1964-1986) ya demostró con su desastrosa política que la catástrofe ambiental no produce progreso, sino inseguridad y desigualdad. Porque la destrucción de la selva no es sólo un asunto ecológico, sino también social y cultural, ya que, afecta a la población en todos esos ámbitos, pero recalcando en que los más afectados son los pueblos indígenas que habitan la selva.

Otro punto esencial para entender la posición de Jair Bolsonaro frente a la selva amazónica es la comunidad internacional, o mejor dicho la Unión Europea, la cual es un factor de presión para el presidente brasileño debido al reciente tratado de libre comercio entre la unión anteriormente mencionada y el Mercosur. Generaron cierta influencia en el gobierno de Brasil para que se hiciera cargo del desastre natural que estaba ocurriendo en su territorio mediante el uso de los militares en las zonas afectadas por el incendio. Pero, anteriormente, Bolsonaro ya había esgrimido los obsoletos argumentos nacionalistas de la dictadura (“la Amazonia es nuestra”) para atacar a Europa y denostar las millonarias donaciones que Alemania y, sobre todo Noruega, han desembolsado en la última década para que Brasil redujera la deforestación.

En conclusión, queda en evidencia que el nuevo gobierno de Brasil va a optar por el desarrollo económico antes que por la preservación del Amazonas, lo cual es totalmente preocupante, ya que, la selva amazónica es el hábitat de un gran número de especies. Los científicos advierten que con los índices actuales de destrucción nos acercamos a un punto de no retorno en el que todo el bioma se degradará para devenir una sabana. La pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿Que tan importante es el desarrollo económico si no hay un futuro donde sea redituable?