Diferencia de estrategia política divide aguas entre Argentina y Uruguay. Toda elección implica un sacrificio. Mientras Argentina elige sostener las separaciones internas en el adelantamiento extemporáneo de una campaña electoral de medio término y pierde el foco respecto de cómo combatir las consecuencias de la pandemia, Uruguay se unifica tras objetivos comunes de índole nacional, aun en la diferencia interna, para resolver la continuidad institucional y el cumplimiento constitucional de los procesos electorales.

En una época donde los liderazgos personalistas muchas veces opacan las plataformas y programas orgánicos, los partidos políticos vienen perdiendo fuerza como los más preciados actores en el juego de la democracia. Sin embargo, en una república que se precie como tal, los partidos políticos deberían ser los contendientes centrales que deben organizarse para competir en elecciones, con el posterior propósito de debatir en el Congreso, donde asoman los consensos, o los disensos, que, en democracia, se suelen asumir para generar nuevos consensos.

Giovanni Sartori previno con preocupación cómo “…en las más tradicionales democracias occidentales la identificación con un partido y sus símbolos se están debilitando”. Por su parte, Dieter Nohlen afirma “no hay que perder de vista que los partidos políticos son los fundamentos de la democracia…”. A partir de la importancia brindada a los partidos políticos, Sartori señala que “la democracia es el gobierno del pueblo, en parte será un sistema gobernado y en parte gobernante”. Y continúa el autor preguntándose y respondiendo respecto al pueblo “¿Cuándo es gobernante? Obviamente cuando vota, en las ocasiones electorales”. Al mismo tiempo Sartori parte de la tesis de que un gobierno nace de las opiniones de sus electores, es decir, del voto que expresa opiniones, lo cual lleva a un gobierno fundado en el consenso. Y para el autor, el mayor y más general de los consensos en una democracia se plasma a través de las elecciones. Dieter Nohlen se manifiesta respecto a las elecciones, destacando cómo éstas “constituyen la base del concepto democrático liberal”. Así, cualquier líder político de un país democrático deber ser designado a través de elecciones. Dice Nohlen “… sin elecciones, sin la abierta competencia por el poder entre fuerzas sociales y agrupaciones políticas, no hay democracia… las elecciones son la fuente de legitimación del sistema político”. De este modo, los partidos políticos y las elecciones se complementan y confluyen en el precioso juego de los regímenes democráticos.

En los últimos años vienen observándose en diversos países de la región latinoamericana, disputas profundas entre los partidos políticos, que, en general, han resultado en una suerte de división entre dos partes, que, en lugar de conformar y participar de un sistema de partidos pluralista, se empeñan en enfrentarse descarnadamente con el fin de querer “anular” políticamente al oponente. En 2019 pudimos constatar estos enfrentamientos, resultando en crisis de gobernabilidad política, plasmadas en grandes y violentas manifestaciones en las calles en países como Chile, Ecuador, Bolivia, Perú, Colombia, etc. Y sin extremas manifestaciones ni crisis de gobernabilidad, pudo observarse también con vehemencia, la enorme división de una sociedad partida políticamente en dos en la República Argentina; por un lado, el Frente de Todos (rebautizando la anterior coalición del Frente para la Victoria), que gobierna desde fines de 2019 con Alberto Fernández como presidente, y por el otro, Juntos por el Cambio (rebautizando la anterior coalición Cambiemos), que perdió en las últimas elecciones generales. En Uruguay, existe una clara división entre el Frente Amplio, partido que gobernó durante quince años consecutivos hasta que perdió las elecciones últimas en 2019 y la Coalición Multicolor (conformada por el Partido Nacional, Partido Colorado, Partido Independiente, Cabildo Abierto y Partido de la Gente) que ganó en los últimos comicios llevando a Lacalle Pou del Partido Nacional a la presidencia de la nación.

En época de coronavirus, continuó existiendo esta riña entre dos partes contendientes en varios países de la región, sin embargo, la agenda sanitaria se impuso, dejando manifestaciones callejeras atrás, frente a la necesidad de aislamientos sociales, físicos y cuidados que requieren evitar la aglomeración de personas. En este marco, hubo que postergar varios procesos electorales en la región latinoamericana debido a los riesgos que implica la celebración de comicios, considerando que los centros de enorme tránsito de personas aumentan las probabilidades de que prolifere un virus altamente contagioso, como lo es el coronavirus.

Podría resultar interesante comparar dos naciones de la región latinoamericana, una, que no tenía pautadas elecciones en el calendario electoral para el año 2020, y otra, que sí las tenía pautadas y debieron celebrarse elecciones departamentales, bajo el contexto de la pandemia. La primera de las naciones, la República Argentina, recién en 2021 deberá encarar elecciones de medio término, es decir legislativas. La segunda nación, la República Oriental del Uruguay, sí debió celebrar elecciones obligatorias sub nacionales para la renovación de intendentes, alcaldes y concejales en todo el país. Por la pandemia por coronavirus, Uruguay tuvo que prorrogar las elecciones pautadas para el 10 de mayo, y luego del debido debate y aprobación en el Parlamento, se facultó a la Corte Electoral a postergar las elecciones para el 27 de septiembre del año en curso. Así, finalmente, se logró a través de un plan de estrictos protocolos sanitarios, celebrar las elecciones sub nacionales en el país uruguayo.

Cabría preguntarse ¿por qué comparar dos países enfocando en los procesos electorales, si uno de éstos no debió celebrar elecciones en el año en curso y el otro sí?  Probablemente un buen argumento para responder a este interrogante, es observar con detenimiento como el país que no debió enfrentar un proceso electoral, y que se encuentra atravesando una crisis sanitaria severa (ubicándose hace semanas entre los países con mayor número de infectados a nivel mundial y mayor cantidad de fallecimientos diarios), abandonó la prioridad de un profundo programa sanitario, para instalar en la agenda pública cada vez con mayor vehemencia, la confrontación entre ambas facciones de la Argentina partida, dando impulso a la promoción de una carrera electoral para los comicios próximos, a celebrarse recién el 24 de octubre de 2021.

Oficialismo y oposición en Argentina cuentan con núcleos duros que vienen enfrentándose sin piedad (riñendo fuertemente por las redes sociales, así como también se han manifestado desde los balcones, ventanas y en las calles). Estos enfrentamientos se tornaron cada vez más hostiles y en las últimas semanas se fueron delineando en una suerte de prematura campaña electoral. Vale destacar, que hace escasas semanas, la presencia de sectores más moderados de ambas fuerzas de la argentina particionada (del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio), nos mostraban un cuadro de situación bien diferente; se podía apreciar un esquema de mayor diálogo y consenso en múltiples planos, con foco especial en el sanitario. Sin embargo, a partir de septiembre, exactamente del 9 de septiembre, los sectores oficialista y opositor más moderados y dialoguistas pasaron a enfrentarse fuertemente luego de una medida adoptada por el gobierno de Alberto Fernández, que decidió abrupta y sorpresivamente transferir partidas presupuestarias por coparticipación federal desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (distrito que gobierna el opositor Juntos por el Cambio) a la Provincia de Buenos Aires (distrito que gobierna el oficialista Frente de Todos), con el fin de destrabar el descontento y protesta policial (la policía de la Provincia de Buenos Aires demandó durante tres días consecutivos mejores condiciones laborales y más elevados salarios a través de manifestaciones en las calles y abandonando sus puestos de trabajo). La decisión ejecutada por el Presidente argentino, fue tomada de modo unilateral a través de un decreto en apenas horas, y en apenas minutos el Jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta se enteró de que su distrito sufriría una quita de más de un punto en concepto de coparticipación federal, lo cual implica en términos monetarios que la ciudad porteña recibirá por año unos 35.000 millones de pesos menos. Existen otras provincias que también gozan de mejores condiciones en términos de coparticipación respecto a varias provincias en desventaja (por ejemplo, Santa Cruz, provincia gobernada por el peronismo hace décadas). Sin embargo, la quita presupuestaria se definió únicamente para la ciudad porteña.

¿Por qué parece importante destacar esta sucesión de decisiones y actos acontecidos a principios de septiembre? Probablemente porque esta determinación del presidente Alberto Fernández marcó un punto de inflexión en una relación que el gobierno nacional y porteño (que como se dijera, pertenecen a fuerzas opositoras) venían llevando con cordialidad, donde abundaban los consensos, el diálogo y el trabajo en equipo. Sin embargo, a partir de esta infeliz determinación para las arcas del gobierno porteño, el vínculo entre ambos niveles de gobierno, nacional y sub nacional, de pronto viró hacia un tipo de relación de extremo distanciamiento, y hacia el despegue de aquello que los núcleos más duros y menos dialoguistas de ambas partes de la Argentina partida deseaban alentar. De tal modo, en Argentina, comenzaron a “respirarse” aires más combativos, donde cada una de las partes en pugna asigna responsabilidades y culpas a la otra, por la serie de penurias padecidas en un país en crisis (Argentina adoptó un tipo de cuarentena estricta y obligatoria durante meses y no obtuvo los buenos resultados sanitarios esperados mientras su economía se deterioró ostensiblemente y la inseguridad continuó creciendo lastimosamente).

En este marco, los anteriores súper temas de la agenda pública argentina (la terrible crisis sanitaria, la feroz crisis económica y la grave crisis de inseguridad) parecen haber pasado a un segundo plano, frente a un nuevo súper tema: la rivalidad y la competencia entre ambas coaliciones en pugna, hoy manifiestamente decididas a priorizar sus intereses partidarios, en una suerte de campaña electoral absolutamente fuera de timing.

Del otro lado del Plata, en Uruguay, la batalla contra el coronavirus resultó un éxito que fue motivo de felicitaciones por parte de gran cantidad de países y organizaciones internacionales. Uruguay logró controlar proliferación de coronavirus a poco de comenzada la pandemia, y en este marco se decidió hace meses el comienzo de clases en todos los niveles educativos, la reactivación de las diferentes actividades industriales y comerciales, el sistema de salud uruguayo pudo responder en tiempo y forma a la atención requerida por el coronavirus y a las diversas dolencias padecidas por los uruguayos. En Uruguay no se decretó una cuarentena obligatoria, sino que se exhortó a los ciudadanos a que puedan manejarse responsablemente aislándose en sus casas, lo máximo posible en una primera etapa, al mismo tiempo que el gobierno uruguayo alentó e invirtió rápidamente en la fabricación y adquisición de test para la detección del coronavirus, para poder aislar velozmente los casos positivos de COVID-19 y los contactos estrechos. La estrategia sanitaria resultó sin duda exitosa, al mismo tiempo que la ciudadanía no sintió la prohibición con fuerza de ley, de verse imposibilitada de continuar con algunas actividades laborales o sociales (respetando las debidas precauciones que el gobierno solicitaba que se mantuvieran). En este marco, de una eficiente y rápida labor para poder controlar la pandemia por coronavirus, se debatió la postergación de las elecciones sub nacionales que debían celebrarse en el mes de mayo y que fueron postergadas para el mes de septiembre; y así Uruguay fue el primer país que pudo celebrar elecciones en época de coronavirus el domingo 27 de septiembre de 2020.

Bajo un contexto donde Uruguay padece de los coletazos de una economía semiparalizada en los primeros meses de la pandemia, la pequeña República no sufre de una grave y desencajada crisis integral (ni en su sistema sanitario, ni en su sistema económico-financiero, ni en su sistema educativo, ni en los planos socio-psicológicos).

Así, mientras Uruguay cuenta con oxígeno para hacerle frente a un virus respiratorio de alto impacto a nivel mundial, oficialismo y oposición se propusieron mantener una labor conjunta en el marco de una pandemia, porque a pesar de los disensos existentes, primó siempre la unión de los uruguayos por la integridad de los uruguayos. El presidente electo Luis Lacalle Pou visitó en su casa al ex presidente del partido opositor, Tabaré Vázquez (reconocido médico oncólogo), para debatir sobre un documento extenso que el ex presidente diseñó para aportar a la causa anti coronavirus. Vale decir, oficialismo y oposición continuaron siendo oficialismo y oposición con diferencias y disidencias propias y destacadas, pero nunca dejaron de priorizar que, bajo una coyuntura de crisis sanitaria, lo central era y sigue siendo ganarle la pulseada al coronavirus y salir lo menos lesionados posible, luego de un flagelo sanitario que lastimó y sigue lastimando a escala global.

En Uruguay hubo elecciones, y cuando hay elecciones las campañas electorales anteceden a las elecciones, y por supuesto hubo una campaña electoral para las elecciones sub nacionales uruguayas; un tipo de campaña electoral particular en un contexto particular, que combinó sus formas tradicionales de encuentros públicos, escasos y con enorme prudencia (prudencia solicitada por las autoridades políticas y sanitarias uruguayas, para prevenir un incremento de contagios por coronavirus) con un tipo de campaña digital donde las diferentes redes sociales formaron parte de un arduo entramado de expresiones y manifestaciones de los partidos que se disponían a competir en las elecciones. En Uruguay hubo elecciones, y hubo una previa campaña electoral absolutamente oportuna y responsable. Así, una vez más, el país uruguayo pudo demostrar, que existen las disidencias y que valen los enfrentamientos en campaña; sin embargo, el timing político-institucional fue respetado y la campaña ocurrió cuando tenía que ocurrir, y el timing sanitario fue respetado y la campaña electoral sucedió bajo una serie de estrictos protocolos para el cuidado de la salud de los uruguayos. En un país donde dos coaliciones políticas se enfrentan con ahínco, pero donde no predomina ese demoledor esquema “amigo-enemigo” se celebraron elecciones departamentales, y las distintas fuerzas compitieron con potencia como determinantes adversarios políticos, pero bajo un súper lema que se coloca por encima de cualquier lema electoral, Uruguay.

Respecto a los resultados electorales en la República Oriental del Uruguay, el opositor Frente Amplio volvió a ganar las intendencias de Montevideo y Canelones (los departamentos más poblados del país) y Salto. 15 departamentos (Artigas, Cerro Largo, Colonia, Durazno, Flores, Florida, Lavalleja, Maldonado, Paysandú, Río Negro, Rocha, San José, Soriano, Tacuarembó, Treinta y Tres) serán gobernados por el oficialista Partido Nacional, y el departamento de Rivera será gobernado por el oficialista Partido Colorado.

La nueva intendenta de Montevideo (la capital uruguaya), Carolina Cosse, recibió el respaldo del ex presidente Tabaré Vázquez, y recibió las felicitaciones expresas por parte de Daniel Martínez y Álvaro Villar, quienes fueron sus competidores bajo el lema del Frente Amplio. Al mismo tiempo, Cosse manifestó públicamente que recibió una llamada del presidente Luis Lacalle Pou y de la vicepresidenta Beatriz Argimón, quienes además de felicitarla acordaron reunirse con la nueva intendenta en los próximos días. “Son llamadas que me hacen sentir orgullosa de ser uruguaya” expresó la nueva intendente de Montevideo.

El índice de positividad de testeos por coronavirus al 7 de octubre de 2020, en Argentina llega al 60%, mientras que en Uruguay llega al 0,5%. Argentina para la misma fecha, contabiliza 35 veces más fallecidos en términos relativos por millón de habitantes que Uruguay. Argentina en octubre de 2020 se encuentra entre los países con mayor cantidad de infectados y de muertos por coronavirus del mundo. Uruguay para la misma fecha, se encuentra entre los países con menor número de infectados y de muertos por coronavirus del mundo.

¿Era momento de que Uruguay compitiera firmemente en campaña cuando se avecinaban las elecciones sub nacionales y la pandemia se encontraba controlada? Sí.

¿Es momento de que Argentina comience una riña política devenida en campaña electoral prematura, a un año de que se celebren las elecciones legislativas, y la pandemia por coronavirus se encuentre descontrolada? No.

Hay campañas ubicadas en tiempo y espacio, oportunas, dignas, y hay campañas que no.

 

Sandra Choroszczucha

Licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Posgrado en Historia Económica y de las Políticas Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Docente concursada en las áreas “Política Latinoamericana” y “Opinión Pública” en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Columnista política en los diarios LA NACIÓN, PERFIL, EL ECONOMISTA, CLARIN, EL OBSERVADOR de Uruguay, Agenda Pública EL PAÍS y Transparencia Electoral.