Exportar la revolución cubana a través de Venezuela

El castrismo acaba de cumplir 60 años. Seis décadas de intentos por exportar el modelo de la Revolución Cubana a la región, intentos que se consolidaron con la llegada al poder de la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez y su propuesta sobre el Socialismo de Siglo XXI.

No puede desestimarse que la política exterior cubana siempre ha sido (en contraste con su tamaño) la de un país con pretensiones imperiales, el de la potencia mundial en la que intentó convertirse durante la década de los años sesenta; no en vano durante la época de la Guerra Fría fue el único estado comunista que logró desplazar tropas por varios continentes, manteniendo su presencia militar en otros países por décadas.

En los últimas treinta años la política exterior cubana se ha centrado en proyectos de filantropía y ayuda humanitaria. No obstante, detrás de estos proyectos siempre se escondieron dos objetivos muy claros: consolidar al interior de la isla el modelo político del castrismo y buscar apoyos internacionales a este modelo, que le permitieran mantener su independencia de los Estados Unidos.

Esta estrategia, primero apuntalada por la participación o promoción de movimientos insurgentes en la región, se transformó en una estrategia para incidir directamente en las decisiones de algunos gobiernos. Y en esta nueva etapa de la política exterior diseñada por Fidel Castro, Venezuela ha jugado un rol primordial.

En 1962 Fidel Castro resumía perfectamente la que sería su hoja de ruta para la región: “¿Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina?  -reflexionó Castro-  ¿Y qué enseña la Revolución Cubana? Que la revolución es posible, que los pueblos pueden hacerla, que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos ¿Qué es lo que desde el comienzo mismo de la lucha de esos primeros núcleos los hace invencibles, independientemente del número, el poder y los recursos de sus enemigos? El apoyo del pueblo”.

El control que desde La Habana se ha ejercido sobre Venezuela en los últimos 20 años es uno de los acontecimientos geopolíticos mas trascendentes de este siglo.

Sobre esta estrategia de dominación continental el economista y periodista venezolano Moíses Naím ha explicado: “Cuba lleva décadas acumulando experiencia, conocimientos y contactos que le permiten operar internacionalmente con gran eficacia y, cuando es necesario, de manera casi invisible. Desde su inicio en 1959, una prioridad de la política exterior del régimen cubano ha sido la creación de vastas redes de apoyo a su causa. Sus servicios de espionaje, su diplomacia, propaganda, ayuda humanitaria, intercambios juveniles, académicos y culturales, y el apoyo en otros países a ONG, intelectuales, periodistas, medios de comunicación y grupos políticos afines han sido pilares básicos de su estrategia internacional”.

A pesar de esta estrategia continental Venezuela siempre fue una obsesión para Fidel Castro. El mejor ejemplo se remonta al 8 de mayo de 1967 a un evento que se ha conocido como la “Invasión de Machurucuto” cuando una docena de guerrilleros y espías cubanos desembarcaron en las costas venezolanas, concretamente en la playa de Machurucuto en un intento por lograr unirse a la guerrilla ubicada en Los Andes venezolanos para, desde ahí, intentar

derrocar al presidente Raúl Leoni.

No obstante, los intentos por expandir la Revolución Cubana no se limitan a la invasión de Machurucuto. También ocurrieron intentos fallidos en Panamá y República Dominicana, sin contar con el proceso de apoyo a la Revolución Sandinista en Nicaragua, aunque el castrismo solo reconoce oficialmente su participación en los conflictos de Argelia, Siria, Congo, Angola y Etiopía.

Esta estrategia estuvo siempre muy clara para Fidel Castro. En su discurso durante la Segunda Asamblea Nacional del Pueblo de Cuba celebrada en 1962 Castro explicó que el deber de todo revolucionario” es hacer la revolución. Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de 200 millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos un mismo mejor destino, y cuentan con la solidaridad de todos los hombres y mujeres honrados del mundo entero. Porque esta gran humanidad ha dicho “¡Basta!” y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia”.

Recientemente el periodista argentino Rogelio Alaniz recordaba: “Hace sesenta años, el dictador Fulgencio Batista anunciaba en la fiesta de gala celebrada en su palacio que dejaba el poder. Para entonces el desprestigio de la dictadura era absoluto. Las clases medias, el movimiento obrero organizado, profesionales, estudiantes e intelectuales lo repudiaban sin vacilaciones. La corrupción del sistema era escandalosa, pero reducir la historia de Cuba a la corrupción o al exclusivo régimen de Batista es un error premeditado por la propaganda castrista. Batista después de todo era un dictador con seis años en el poder, una bagatela al lado de los sesenta años que cumplió el castrismo. Con Batista había prostitución, y ausencia de libertades. Con los Castro la prostitución y las persecuciones se multiplicaron geométricamente”.

Según Alaniz “Sesenta años después, los castristas insisten en que Cuba antes de la llegada de Fidel era un infierno y que la revolución representó el pasaje al paraíso”

Ese supuesto paraíso lo intentaron replicar, una vez más, en Venezuela a partir de 1998. Aunque durante estas dos décadas la implementación del modelo cubano en Venezuela no ha sido 100% eficaz, el interés del castrismo en mantener a la Revolución Bolivariana es evidente.

No se puede subestimar que durante este periodo, solo en factura petrolera de los convenios firmados entre Hugo Chávez y Fidel Castro el gobierno en La Habana llegó a recibir el equivalente a 37 mil millones de dólares. En otras palabras: desde Caracas se financió económicamente la supervivencia de La Habana y desde La Habana se ha guiado la supervivencia política de la Revolución Bolivariana.

 

Expandir la revolución desde Venezuela

El castrismo siempre ha negado algún intento por exportar la revolución cubana. Fidel Castro siempre lo negó categóricamente.  “La revolución no puede ser exportada porque nadie puede exportar las condiciones objetivas que hacen posible una revolución”, explicó Fidel Castro en una entrevista a Ignacio Ramonet en el año 2010. No obstante, los hechos desmienten a Castro. Según las estimaciones de la firma Ecoanalítica entre 1999 y 2015 Venezuela recibió 960.589 millones de dólares por sus exportaciones de petróleo, buena parte de la renta petrolera fue utilizada para -siguiendo instrucciones de La Habana- lograr expandir en la región lo que se llamó el Socialismo del Siglo XXI. En esta nueva estrategia del castrismo por influir en la región jugó un rol básico Hugo Chávez y su petrodiplomacia.

Según ha explicado Moisés Naím “Chávez tenía muchas razones para arrojarse a los brazos de Fidel Castro. Lo admiraba, y sentía por él un profundo afecto y confianza. Fidel se convirtió en su asesor personal, mentor político y guía geoestratégico. Castro alimentó además la convicción de Chávez de que sus muchos enemigos querían liquidarlo, y que no podía esperar de sus fuerzas de seguridad la protección que necesitaba. En cambio, los cubanos sí eran confiables. Cuba también proporcionó toda una engrasada red de activistas, ONG y propagandistas que apoyaron la revolución bolivariana en el extranjero. Chávez también se quejaba públicamente de la ineptitud de sus altos funcionarios. En esto, también Cuba le ayudó, dotándolo de funcionarios con experiencia en el manejo de un Estado cada vez más centralizado”.

La influencia de Cuba en la administración pública de Venezuela no puede negarse. No obstante, la opacidad de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro hace imposible precisar cuántos cubanos se encuentran realmente en Venezuela.

A pesar de la ausencia de datos oficiales puede presumirse que la cantidad de funcionarios enviados por La Habana ha disminuido notablemente y en este momento dista mucho de lo que ocurrió entre 2000 y 2010.

El pasado 19 de enero de 2019 el embajador cubano Rogelio Polanco aseguró que en Venezuela permanecían 22 mil cubanos. En este balance presumiblemente no se incluye el personal militar que llegó a partir del año 2007 cuando se estableció la agregaduría militar cubana en Venezuela y ha permitido la presencia en el país

de generales, coroneles y tenientes coroneles, capitanes de fragata y soldados de infantería asignados a varios de los principales batallones del país.

 

Copiando el modelo de control

Reeditar en Venezuela el control político y social que el castrismo logró tener sobre los cubanos es un viejo anhelo de la Revolución Bolivariana.

El quiebre constitucional ocurrido a partir del año 2017 aceleró el proceso de creación y consolidación de La Red de Articulación y acción Sociopolítica (RAAS) de la Revolución Bolivariana. Básicamente se trata de replicar en Venezuela el modelo de los Comités de Defensa de la Revolución cubanos como última instancia para defender la permanencia de Maduro en el poder.

El funcionamiento de estas redes de espionaje social se sustenta en leyes ampliamente rechazadas por organizaciones especializadas en la defensa de los Derechos Humanos. En concreto la RAAS funcionará para desarrollar el contenido de la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación (2002) y de la derogada Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia (2008).
Según la explicación que ha ofrecido Maduro la RAAS debe funcionar como un mecanismo para que los ciudadanos afectos al gobierno “puedan identificar y denunciar a aquellos que están contra sus ideales políticos, utilizando para esto la calificación de enemigos”.

Básicamente se espera que los integrantes de las RAAS cumplan cuatro funciones básicas:

  • Identificar quién es su enemigo histórico
  • Fortalecer la unidad para enfrentar al enemigo
  • Elevar al máximo su voluntad de lucha contra el enemigo
  • Organizarse y adquirir el conocimiento necesario para vencer al enemigo

Desde que el régimen de Maduro comenzó a promocionar la RAAS los integrantes de ONG que defienden los derechos humanos en Venezuela han advertido que con estas estructuras sociales se pretende “convertir a los militantes del PSUV en sapos (delatores) para que denuncien a familiares y vecinos que piensen diferente (…) se busca establecer una red social y comunitaria de delación donde todos sus integrantes son guardianes del proceso revolucionario, convirtiendo a los vecinos, trabajadores y ciudadanos comunes en vigilantes, monitores y acusadores de las actividades privadas o públicas de cualquier persona”.
Obligar a los ciudadanos a realizar inteligencia social como ocurre en Cuba es un viejo anhelo del chavismo. En el año 2008 el gobierno de Hugo Chávez intentó implementar la Ley del Sistema Nacional de inteligencia y Contrainteligencia. Coloquialmente esta Ley fue bautizada como la “Ley Sapo (ante la presión social Chávez tuvo que derogarla en junio de 2008).
Esta ley contenía la obligación de cualquier persona a cumplir labores de inteligencia social si así lo solicitaban las autoridades o ser enjuiciados por la Fiscalía en caso de negarse.

Torturas y tratos crueles en las cárceles
La copia del modelo cubano en Venezuela ha llegado hasta el tratamiento que reciben los detenidos por oponerse al régimen de Maduro.
En una sesión especial de la Organización de los Estados Americanos (OEA) celebrada 20 de marzo de 2019 en Washington DC se discutió un informe sobre las torturas sistemáticas a la población venezolana.
En esta sesión especial se presentó el testimonio del teniente Ronald Dugarte, perteneciente a la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM).
Dugarte denunció operaciones conjuntas entre militares cubanos y venezolanos y la infiltración de los servicios de inteligencia del país por oficiales enviados desde La Habana.

“Observe cómo la milicia de Inteligencia cubana realiza operaciones mixtas entre militares venezolanos y cubanos –explicó el teniente durante su testimonio-  Su trabajo es monitorear todas las unidades militares. Al momento de que la milicia de Inteligencia cubana ingresa, ellos le dan órdenes de cómo realizar el trabajo de inteligencia y siempre sembrando odio a cualquier persona que se muestre contra el comunismo”.

Por otra parte, Dugarte presentó videos en donde se observan tratos crueles a los presos políticos de Maduro.

Es evidente que sin la tutela directa del castrismo, el Partido Comunista, las FAR y de todo el aparato de inteligencia y contrainteligencia cubano, los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro hubiesen confrontado muchos más problemas para mantener el control absoluto sobre el país y es evidente que sin Venezuela, la nueva estrategia de política exterior de Cuba no hubiese permeado hasta las presidencia de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador, por solo citar dos ejemplos muy emblemáticos.

La duda ahora es cómo el castrismo definirá una nueva política exterior, especialmente cuando el financiamiento y el apoyo económico desde Venezuela seguirá mermando considerablemente.

¿Se mantendrá la estrategia de exportar el modelo cubano, tratando de influir en las decisiones de los gobiernos de la región o Miguel Díaz Canel se conformará solo con ser el gobernante de una isla caribeña con limitadas pretensiones expansionistas?

Eugenio Martínez

Eugenio Martínez @puzkas Es comunicador social especializado y temas electorales y políticos. Como periodista dio cobertura a dos décadas de procesos electorales y políticos en Venezuela. Se desempeño durante 17 años como responsable de la cobertura electoral del diario El Universal. Conferencista y articulistas en varios portales alternativos entre ellos Prodavinci, Noticias Electorales, El Pitazo y Diario Las Americas. Es autor del libro de análisis del proceso comicial del año 2006 en Venezuela ¿Por qué pasó lo que pasó? y  Co-autor del libro Más allá del movimiento estudiantil en donde se analiza a la nueva generación política de Venezuela.

Ha recibido varios premios internacionales por su cobertura electoral en Venezuela, el último de ellos la mención de honor del Victory Awards en periodismo político, galardón auspiciado por la asociación latinoamericana de Marketín Político en la Red. En 2019 fue galardonado con el Reed Awards Winner por el mejor video político para la web.

Integrante del proyecto Integridad Electoral Venezuela desarrollado por el Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello fe parte de la Misión de Estudio conjunta entre la UCAB e IDEA-internacional desplegada en 2015 para las elecciones parlamentarias de ese año.