Finalizada la etapa de los regímenes autoritarios y concluido el proceso de restauración  de la democracia en América Latina, el foco de análisis se centró en el funcionamiento y rendimiento de los nuevos  gobiernos democráticos. Es por ello que la calidad de éstos es una de las cuestiones que mayor interés  genera.

Chile, que desde hace años viene desarrollando un proceso de fortalecimiento de la democracia, ha sido catalogado en base a diversos estudios como uno de los países con mayor nivel de calidad democrática de Latinoamérica junto a Uruguay  y Costa Rica. Entender esta categoría de análisis implica conocer cuáles son los aspectos que se tienen en cuenta.

Antes de comenzar a identificarlos cabe aclarar que no existe un único modelo teórico aplicable para  analizar la calidad de un sistema democrático, por lo que las conclusiones a las que se arribe dependerán del enfoque y los estándares considerados en las  investigaciones. 

Generalmente los estudios entorno a este tema comprenden cuatro aspectos básicos: el respeto de derechos políticos y libertades civiles;  la responsiveness (aptitud del gobierno para responder a las preferencias de los ciudadanos) en la que usualmente se toma como indicador el nivel de satisfacción de los ciudadanos con el funcionamiento de la democracia; la participación ciudadana en la que se utiliza como indicador estándar  el porcentaje de participación en elecciones, debate público y partidos o movimientos políticos; y por último la rendición de cuentas (o accountability) aspecto en el que a menudo se recurre al índice de percepción de corrupción para su análisis. 

Teniendo en cuenta  lo mencionado previamente  podemos observar que, según  el último informe  de la libertad en el mundo 2019 de Freedom House, en materia de derechos políticos y libertades civiles Chile obtuvo un puntaje de  94 siendo 100 la puntuación más alta. Por lo que es considerado por esta organización como una democracia estable con elecciones presidenciales  libres y justas, un marco electoral fuerte y bien implementado y con un marco jurídico que garantiza la libertad académica, de expresión, de creencia, asociación, organización y libertad de movimiento, entre muchas otras.

En cuanto a la calidad/aptitud del gobierno, el informe 2018 de la ONG Latinobarómetro muestra que un 58% de los chilenos están satisfechos con la democracia. Con respecto a la aprobación de gobierno, entre 2017 y 2018 ha aumentado de 33% a 45%.

En referencia a la participación ciudadana, ésta disminuyó del 79% en 1992 al 45% en 2012 y al 36% en 2016. Mientras que en las últimas elecciones presidenciales de 2017, según el servicio electoral de Chile, el porcentaje de la ciudadanía que sufragó fue del 46.64%. 

En cuanto al último aspecto, Transparency International, que clasifica a 180 países y territorios según los niveles percibidos de corrupción en el sector público utilizando una escala de 0 (altamente corrupto)  a 100 (muy limpio), ha calificado a Chile en el Índice de percepción de la corrupción 2018 con 67 puntos posicionándolo en el vigesimoséptimo lugar. Siendo así uno de los países de América Latina que mejor puntaje obtuvo después de Uruguay. Sin embargo, aunque esta cuestión no sea un problema principal en el país, el informe 2018 de latinobarómetro muestra que el 65% de los chilenos considera que la corrupción ha aumentado.

Algunos estudios también incluyen en el análisis de la calidad de las democracias la variable percepción de la situación económica del país, contemplando el hecho de que a medida que mejora la percepción de la economía del país, la satisfacción de la democracia tiende a mejorar. Analizando desde este indicador a Chile, según el informe 2018 de Latinobarómetro, éste encabeza la lista de los países que más declaran “buena” situación económica con un 26%, seguido por Uruguay con 21%, Bolivia con 18% y Ecuador con 17%. Sólo un 16% de los chilenos considera que hay mala situación económica. En relación a la expectativa económica futura, un 39% cree que  la situación irá mejorando.

La inclusión y reconocimiento de grupos minoritarios también son signos de una democracia de calidad. En este sentido en Chile se aprobó la ley de identidad de género y desde 2015 se reconoce las uniones civiles tanto heterosexuales como homosexuales. También se encuentra en proceso de creación un ministerio y un consejo de pueblos originarios destinado a fortalecer sus derechos y  lograr una mayor representación.

En base a lo antes expuesto, podemos decir que Chile posee una de las democracias más robustas de la región. Sin embargo, los altos  niveles de abstención en los procesos electorales y la débil cultura política representan un impedimento para  la consecución de una democracia plena, sólida e inclusiva. Para revertir esto es fundamental la participación e involucramiento de la ciudadanía en la cosa pública, el ejercicio integral de sus derechos y el control de sus autoridades. La consolidación democrática ha sido y es  uno de los objetivos más difíciles a los que se enfrentan los países latinoamericanos, obstaculizado en la mayoría de los casos por instituciones democráticas débiles, ciudadanos irresponsables que reducen su rol al mero acto electoral, partidos políticos ineficientes para canalizar las demandas  de la sociedad y una clase política salpicada por la corrupción. 

Rocío Juárez

Estudiante de Ciencias Políticas de Universidad Católica De Santiago del Estero