En los países democráticos estamos acostumbrados a las expresiones populares, de reclamos o en favor de causas, en sus diferentes formas. Como las que se llevaron a cabo en varios países del mundo y fundamentalmente en Latinoamérica con motivo del Día Internacional de la Mujer. Miles de mujeres salieron a las calles a reclamar por sus derechos.Gran parte de estos reclamos se centra en la búsqueda de igualdad, paridad representativa, la legalización del aborto, exponer la violencia contra la mujer en sus diferentes formas. Fundamentalmente se trata de expresar la voluntad de conquistar derechos y libertades históricamente negadas por la sociedad machista y el sistema patriarcal.

En Cuba la situación es muy distinta para el régimen castrista. El gobierno de la isla se jacta de que al interior de la Asamblea Nacional del Poder Popular existe una mayoría de representación femenina (es el 2° parlamento en el mundo con más mujeres, después del de Ruanda). Sin embargo, el sistema político no cuenta con mujeres en las posiciones principales de liderazgo. Esta situación en cuanto a la representación de las mujeres en posiciones de liderazgo se replica en el organigrama del Partido Comunista Cubano, el único legalmente habilitado.

Si hacemos el ejercicio de pensar en la historia cubana, o en la del Partido Comunista Cubano, ¿cuántas figuras relevantes de mujeres se nos vienen a la mente? La paridad real es una deuda. El que haya mujeres ocupando estos espacios no quiere decir que las mujeres estén debidamente representadas.

Estas legisladoras no representan los intereses de las mujeres sino que reproducen viejos esquemas de subordinación patriarcal en el que se las usa como una pantomima para mostrar una imagen de paridad, apertura y progresismo.

Siguiendo con el tema de la Asamblea Nacional, en la búsqueda de presentar un análisis del tratamiento legislativo de algunos temas y las posiciones de las y los legisladores, nos encontramos con que –a pesar de tener mayoría de mujeres- estas representantes tampoco se han volcado a la campaña de legislar en materia de género, sino que simplemente reproducen los mandatos del Partido Comunista. Es así que, en 2015, la diputada Mariela Castro afirmó en público que en Cuba “no tenemos femicidios”.

En la isla no existe una Ley para prevenir/sancionar la Violencia de Género y tampoco está contemplada entre los proyectos a tratarse en la Asamblea Nacional en los próximos años, a pesar de que existió una propuesta presentada en noviembre de 2019 por activistas independientes.

En el campo feminista, usamos el término sororidad para referirnos a la relación de hermandad, solidaria, comprensiva y de sintonía con las demás mujeres. Esta también es una deuda de las legisladoras con las activistas y opositoras al régimen con respecto a su derecho a expresarse libremente. Además de que tampoco se ocupan de las penurias y malos tratos a los que están sometidas las mismas cuando son arbitrariamente encarceladas, situación en la que ni siquiera tienen acceso a elementos de higiene femenina.

Sin caer en la ingenuidad de pretender que defiendan a quienes se oponen políticamente al régimen, por lo menos se esperaría que las representantes defiendan a las que, fuera de sufrir violencia política, sufren violencia por el solo hecho de ser mujeres. De nuevo la respuesta no es alentadora. Las mujeres que apoyan al régimen tampoco cuentan con garantías a sus derechos, el tema de la violencia de género está tan desatendido por la agenda legislativa y política, que el femicidio no está tipificado en el Código Penal cubano.

Tampoco hay datos oficiales, en la isla no se registran de manera fidedigna las muertes de mujeres por violencia de género, tampoco se considera como violencia de género a otro tipo que no sea la violencia física ejercida por una pareja o expareja. Hoy en día ya ha quedado obsoleta esa visión y sabemos que la violencia física o, peor aún, el asesinato de una mujer por el solo hecho de serlo, es el último episodio de una larga serie de violencias que muchas veces no se encuentran a simple vista.

La ONEI (Oficina Nacional de Estadísticas e Información) no elabora ni publica estadísticas en este sentido, sin embargo, el Gobierno cubano asegura que los números de muertes como consecuencia de la violencia de género han disminuido.

Las mujeres que sufren violencia de género en cualquiera de sus tipos, sin importar su opinión política, deberían estar protegidas por el Estado. Mientras en el mundo y la región hay una agenda en este sentido, en Cuba es casi nula y a contramano de los tiempos que marca la historia.

Hilando un poco más fino, podríamos llegar a la conclusión de que algunos datos, como las estadísticas de la ONEI o los porcentajes del nivel de representación, no se condicen con la realidad. Son una falacia. Como tal sirven al régimen para mostrar una imagen inclusiva y democrática, pero además, ficticia, tomada de datos manipulables a gusto y piacere del régimen autoritario que persiste en Cuba para mostrarse políticamente correctos con los tiempos que corren y para su autocomplacencia. “La revolución dentro de la Revolución” todavía tiene un largo camino por recorrer.