El nuevo coronavirus comenzó en diciembre en la ciudad china central de Wuhan, provincia de Hubei. Ahora, se extendió a otros 40 países y territorios, ha matado a miles de personas en el mundo, afectando a países de América Latina. En este artículo, repasaremos algunos detalles sobre el impacto del COVID-19 en Venezuela.

Con el fin de contextualizar las circunstancias en la cual se encuentra Venezuela antes de los primeros contagios, podemos considerar el informe publicado por el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, a final de febrero del 2020, con encuestas a una muestra de 8.400 familias venezolanas de todo el país entre los meses de julio y septiembre de 2019.

Según dicha información, casi un tercio de la población venezolana (un 32,3%) padece inseguridad alimentaria y un 7,9% de la población (2,3 millones) se encuentran en una situación de inseguridad alimentaria severa. Adicionalmente, un 21 % de los habitantes de Venezuela están subalimentadas; un 37% de los hogares encuestados habían perdido recientemente su única fuente de ingresos al haber perdido su trabajo o haber tenido que cerrar su negocio y un 59% de los hogares no cuenten con ingresos suficientes para comprar comida

En la misma línea, el Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos reveló que en un 55 % de los hogares en Caracas, el agua falta entre uno y cuatro días por semana, considerando que en muchos barrios el agua, cuando llega, no llega directamente hasta las casas o ranchos por tubería. Es decir, menos de la mitad de la población que vive en la capital de país, no puede tomar la medida mínima de prevención del COVID-19: lavarse las manos con agua y jabón.

De acuerdo a cifras oficiales, Venezuela ha tenido 193 contagios, 111 recuperados y 9 casos. Sin embargo, organizaciones de la sociedad civil ponen en duda estas cifras, debido a la cantidad de donaciones de organismos internacionales que ha recibido Venezuela. El pasado viernes 10 de abril, llegaron 90 toneladas de material para enfrentar la pandemia a Venezuela de la OMS, Unicef, Organización Panamericana de la Salud y la ONU. 3 días más tarde, China envió otro lote de 101 toneladas a Caracas.

No es extraño, entonces, que la OPS incluya a Venezuela – junto con Haití, Surinam, Guyana, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bolivia, Paraguay y las islas del Caribe oriental –  en la lista de los países que “conllevan un mayor riesgo”. Asimismo, el Índice de Seguridad Sanitaria Global,  elaborado por un panel de expertos internacionales, Venezuela se ubicó en el puesto 176 de un total de 195 países.

En el plano económico, Venezuela ha tenido durante los últimos 5 años una pérdida del 50% de su Producto Interno Bruto (PIB) desde que Nicolás Maduro llegó a la presidencia y unos niveles inimaginables de hiperinflación, en el marco de una Emergencia Humanitaria Compleja que ha provocado un significativo deterioro de la de vida en el país y, en consecuencia, también de las condiciones sanitarias.

Desde esta tribuna nos preguntamos: Si una tercera parte no tiene comida a diario, ¿Cómo se le puede pedir a la población que no salgan a trabajar? ¿Cómo puede un país como Venezuela paralizar todos los comercios en una crisis económica sin precedentes?

El COVID-19 también ha tenido repercusiones desde el punto de vista político. Mientras que el gobierno de Juan Guaidó ha puesto sobre la mesa la necesidad de lograr un Gobierno de Emergencia Nacional, el régimen de Nicolás Maduro ha utilizado la situación del COVID-19 como una justificación para aumentar el control social, negando toda posibilidad de llegar a acuerdos o negociaciones para aliviar la situación de las poblaciones más vulnerables.

La situación de la pandemia ha servido al régimen de Nicolás Maduro para llevar a cabo nuevas formas de control y represión, aumentando el número de presos políticos, la violación fragrante de derechos humanos, la militarización de zonas populares, fomentando el malestar social, la anarquía y anomia social. Todos estos procesos han venido mellando la cohesión social y provocando formas de confrontación y lucha por la sobrevivencia a los niveles más primitivos.

En el plano internacional, el régimen de Maduro ha intentado desviar la atención culpando al gobierno de Duque en Colombia, y al gobierno de Estados Unidos, asumiendo una actitud irresponsable, considerando que Los problemas y desafíos extraordinarios que ocasiona la presente pandemia deben ser abordados a través del diálogo y la cooperación internacional y regional conjunta, solidaria y transparente entre todos los Estados. El multilateralismo es esencial para coordinar los esfuerzos regionales para contener la pandemia.

En conclusión, podemos decir que en Venezuela se acentuará el proceso de una profunda fragmentación social, caracterizado por la precariedad de los servicios públicos, la polarización política, la anarquía, la represión y control social, y la precariedad alimentaria