“Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, este derecho incluye la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de comunicación e independientemente de las fronteras” (Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1949)

Hoy en día las tecnologías de la información y la comunicación fueron modernizándose y expandiéndose alrededor del mundo, al punto en que en la vasta mayoría de los países, no se puede comprender la libertad de opinión y de expresión separada del acceso a Internet como medio y a las redes sociales como herramienta para el ejercicio de nuestro Derecho a la Libertad de Opinión y de Expresión. Sin embargo, en Cuba este derecho está cercenado por medidas del gobierno nacional que afectan negativamente a las posibilidades de la población para acceder a él.

En Cuba los medios de comunicación tradicionales tales como la televisión, la radio y los periódicos que tienen la autorización oficial necesaria para circular solo son los oficialistas, es decir, son aquellos que difunden información favorable al régimen y expresan y defienden “las ideas de la Revolución”. Naturalmente, en ellos no hay lugar para los disidentes y, como consecuencia de esta situación, estos han buscado otras formas de comunicar sus ideas y reclamos. Uno de esos medios son los blogs y las redes sociales.

Esto no es un trabajo fácil, ya que así como el Estado ha mantenido el monopolio sobre los medios de comunicación social por más de 50 años, suprimiendo el debate abierto de ideas y sobre aspectos centrales de la vida del país, también ha desarrollado un monopolio en la provisión del servicio de acceso a Internet a través de ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S. A.), que además es de gestión estatal.

Por lo tanto, el acceso a internet es un lujo en la isla. Solo el 5% de la población tiene acceso a ella en sus hogares, a precios exorbitantes. La otra opción que tienen los cubanos es el acceso desde diferentes puntos como salas de navegación, hoteles, aeropuertos o plazas donde se requiere comprar una cuenta de acceso a “Nauta” (servicioprovisto por ETECSA), a través de tarjetas prepagas no recargables que cuesta cerca de 2 dólares por hora de navegación en la web internacional -en un país donde el salario promedio equivale a 30 dólares- prácticamente inaccesible para la población cubana.

Se destaca el hecho de que se discrimina entre la navegación en la web internacional y la nacional, ya que se promueve el acceso a sitios web de la intranet cubana, donde solo se encuentran disponibles las paginas oficiales -afines al régimen y sujetas estrictamente a las restricciones que impone el gobierno-, cuyo costo es inferior a la mitad del que tiene el acceso a la web internacional.

Entre las variables que minimizan la posibilidad de acceso a Internet en Cuba también está el hecho de que solo 3.3 millones de habitantes -de un total de 11 millones- tiene teléfonos móviles, los cuales solo desde 2018 tienen acceso a la red 3G y que existen aplicaciones a las que no se tiene acceso en la isla, por ejemplo Skype o Amazon, que son reemplazadas por sus versiones nacionales.

Además de la dificultad económica de los ciudadanos para adquirir los dispositivos necesarios y para conectarse a Internet, sumado a una deliberada falta de inversión en infraestructura para la conectividad (que provoca saturación de las redes y lentitud de las conexiones disponibles), otro impedimento es el bloqueo o “filtrado” de algunas páginas y la censura previa de contenidos.

Las normas que regulan el acceso a la red, generan un espacio sesgado y controlado que va en contra de la libertad de expresión e información, la pluralidad y la diversidad. Destaca entre estas normas el Reglamento de Seguridad para las Tecnologías de la Información vigente en Cuba, cuyo objetivo es regular los contenidos permitidos y prohibidos e incluso habilita al gobierno a disponer lacancelación, sin notificación previa, “para aquellos casos en que se incurra en violaciones graves dela ética y la moral, u otros incompatibles con los principios de nuestra sociedad socialista”. Dejando a criterio del Ministerio de Informática y Comunicaciones de Cuba el control de todo lo que se publica en Internet en el país.

Por otra parte, se ha demostrado que existe una persecución intensa a quienes son disidentes y critican abiertamente al régimen en sus cuentas de Twitter o Facebook, por lo que muchos de ellos han optado por utilizar seudónimos en las redes sociales, ocultando su identidad real para proteger su integridad. También muchos de ellos escriben desde el extranjero como exiliados de la isla, ya que desde allí tienen menos riesgos de ser censurados y perseguidos.

La vigilancia sobre la actividad en las redes sociales por parte del Estado cubano, a través de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S. A. (ETECSA) es un medio para la identificación de periodistas independientes y disidentes políticos. Esta vigilancia es una forma actualizada de los mecanismos y patrones de hostigamiento que tradicionalmente se han usado contra la prensa escrita en la isla.

La censura previa, el bloqueo y el filtrado de contenidos en las páginas de Internet y en las redessociales solo por tener contenidos ideológicos “incompatibles al régimen socialista” deben dejar deexistir para que los Derechos Humanos que se encuentran violentados por este accionar puedan ser plenamente ejercidos por los ciudadanos cubanos.

En los últimos años se ha visto una tímida voluntad de avance en cuanto a las posibilidades de conexión por parte del gobierno de Miguel Díaz-Canel, también generada por la presión internacional y los grupos disidentes. Mientras tanto los ciudadanos que quieren expresar sus ideas han encontrado en las nuevas tecnologías de la comunicación un espacio de encuentro que da

posibilidad a la organización social y política para hacer frente a las injusticias, un lugar donde informarse acerca de lo que pasa tanto en Cuba como en el exterior, lo que permite ampliar sus perspectivas y esperanzas de un futuro con más libertad para las próximas generaciones, con gran participación de los jóvenes que son los principales impulsores de estos movimientos de renovación.