A inicios del presente año, más precisamente durante el mes de febrero, Cuba hizo oficial su intención de formar parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU para el periodo 2021-2023. En aquella ocasión, el canciller Bruno Rodríguez -cuyo discurso fue transmitido en vivo por la televisión cubana para toda la ciudadanía-  no sólo presentó la candidatura formal ante el Organismo multilateral, sino que además defendió el modelo político y social de su país. 

De contar con los votos necesarios para ocupar un lugar de los 47 que contiene el Consejo, Cuba pasaría a sumar 15 años siendo parte del mismo, distribuidos actualmente en 4 períodos temporales: 2006 – 2009 / 2009 – 2012 / 2013 – 2016 / 2016 – 2019.

Sin embargo, la postulación generó una oleada de reacciones negativas en la comunidad internacional, lo que se tradujo finalmente en un pedido firmado por cientos de activistas, diplomáticos, intelectuales y exiliados cubanos para obstruir al país centroamericano de ocupar nuevamente tal banca. De acuerdo a numerosos informes y textos publicados por diversas entidades y ONG’s la presencia de este Estado en un foro de estas precisas características, constituye en los hechos una metáfora semejante a la de “el lobo en gallinero”.

Antes de incluir cualquier conclusión al respecto, es válido preguntarnos en que se apoya esta solicitud. Desde una óptica general, la misma tiene su base en 3 cuestiones: Por un lado, el papel y las acciones llevadas a cabo por Cuba en su paso previo por el Consejo, siendo diversas las ocasiones en la que se abstuvo de condenar múltiples hechos de violación de los DDHH perpetrados por otros países. Por otro lado, no debe pasar desapercibida la situación actual de la Isla en esta materia. la cual es fuente de críticas y preocupación entre sus contrapartes. Por último, la solicitud se fundamenta en que el Régimen castrista no tiene en consideración un cambio de enfoque en su participación en el consejo: En palabras de su canciller “De ser elegidos, Cuba mantendrá sus tradicionales iniciativas”.

Un órgano internacional, cuya absoluta razón de ser es la promoción y protección de los Derechos Humanos , podría incurrir en falla irreversible de adherir en su composición a un país que posee grandes deudas en este sentido, pues expondría su credibilidad y compromiso ante los gobiernos del mundo y la sociedad civil que descreen del rol que pudiera ensayar La Habana

A continuación repasaremos algunos de las las acciones y pronunciaciones anteriores de la Isla caribeña en sus 12 años como miembro del Consejo de Derechos Humanos y  por qué la misma no reúne actualmente los requisitos exigidos por los Pactos Internacionales. 

  • Régimen Dictatorial: Diversos Gobiernos, Organizaciones Civiles y activistas no dudan en calificar la situación política de Cuba como una dictadura. Los más de 60 años de los Castro y sus aliados en el poder, la imposibilidad de celebrar elecciones libres y la incontable cantidad de presos y perseguidos políticos son los aspectos de mayor peso a la hora de definir la forma de gobierno como una autocracia.
  • Compromiso jurídico laxo: Aún habiendo pertenecido al Consejo de DDHH y otros foros de discusión, Cuba no ha ratificado el Pacto Internacional de lo Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Esto se traduce en que las prerrogativas de los Pactos, no se han incorporado ni adaptado a su ordenamiento jurídico interno en su totalidad, por lo que el país no se “halla” sometido a los procesos del Órgano y por tanto no puede recibir recomendaciones ni denuncias de violaciones de los DDHH en su propia jurisdicción. Como ejemplo de ellos, se puede nombrar la pena de muerte aún existente en la Isla y su negativa de eliminarla de sus prácticas.
  • Complicidad con otras dictaduras: En su paso por el Consejo, Cuba ha exhibido complicidad para con otros regímenes dictatoriales, como lo relativo a los casos de  Siria, Irán, Corea del Norte y especialmente Venezuela, donde La Habana posee cierta injerencia y control desde la escalada de Hugo Chávez al poder en 1999. 
  • Misiones médicas: En lo concerniente a las famosas misiones de médicos que Cuba  envía por el mundo ante situaciones de emergencia en diversos países y actualmente, durante la Pandemia ocasionada por el virus COVID19, las Naciones Unidas han elevado diversos y lapidarios informes a lo largo de los años en los que se da cuenta del trato recibido por los médicos cubanos por el régimen. La  Relatoría Especial sobre las formas contemporáneas de la esclavitud y de la Relatoría de Trata de Personas de la ONU, sostienen taxativamente que el trabajo de los médicos constituyen formas modernas de esclavitud, tortura y privación de la libertad.

Es así que la pertenencia de Cuba con voz y voto en foros sobre Derechos Humanos debe ser profundamente revisada.