A principios de junio el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que no se permitirían las visitas a Cuba a través de embarcaciones de pasajeros y embarcaciones recreativas, incluidos cruceros y yates, así como aviones privados y corporativos. Esto supone un gran golpe para la economía cubana al ser un mercado vital para los comerciantes, que había crecido exponencialmente desde 2015. Estas medidas ratifican la postura de Trump frente al bloqueo, que cumple sesenta años. Frente a este panorama es necesario preguntarse si a fin de cuentas el bloqueo económico, financiero y comercial por parte de Estados Unidos es contraproducente.

En el contexto político, los ciudadanos cubanos no tienen derechos políticos, su voto no es efectivo, no hay libertad de expresión y hay una fuerte  represión. La comunidad internacional ha denunciado y condenado en diversas ocasiones la violación a los Derechos Humanos por parte del régimen castrista a lo largo de seis décadas. Ante esta situación, en febrero de 1962 el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, mediante la Sección 620 a de la Ley de Ayuda Extranjera, declara el bloqueo total contra Cuba.

Históricamente el modelo económico de Cuba demostró ser ineficiente y lo llevó a depender de la ayuda financiera de otros Estados. La historia de esta dependencia comenzó en la época colonial con España, continuó con Estados Unidos durante la primera república, se intensificó con la Unión Soviética y, en la actualidad, con Venezuela. Con la llegada de los Castro al gobierno hace sesenta años y la influencia de la URSS se implementó una economía socialista, la cual probó ser totalmente incapaz de generar un crecimiento sostenible y de solventarse sin ayuda extranjera. La URSS proporcionó esa ayuda durante 30 años, hasta su caída, y fue seguida por Venezuela. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba (ONEI), en 2012 Venezuela invirtió en la isla, a través del comercio, subsidios e inversión, 14.000 millones de dólares, lo que equivale al 12% del PBI. Pero las circunstancias cambiaron desfavorablemente con la crisis tanto económica como política en la que se encuentra sumergido el país liderado por Nicolás Maduro.

De acuerdo al informe “La economía cubana: situación en 2017-2018 y perspectivas para 2019” de Carmelo Mesa-Lago, en los últimos siete años la economía cubana creció una tercera parte de la cifra oficial declarada necesaria para un crecimiento adecuado y sostenido, mientras que la inversión fue una tercera parte de la requerida. Por otro lado, la producción de los sectores industriales, mineros, azucareros y del agro está muy por debajo de los niveles deseados. A esto debemos sumarle la reducción del suministro de petróleo por parte de Venezuela a la mitad y la baja del comercio de mercancías a un tercio de lo que era unos años atrás. Cuba está pasando por una de sus peores crisis económicas.

En medio de esta lucha político-económica entre el gobierno cubano y el gobierno norteamericano se encuentra la sociedad civil, sector duramente afectado. El efectivo desarrollo de la economía privada no es posible en el modelo económico cubano, el cual es de planificación centralizada, empresas estatales y colectivización agraria. Estas políticas fracasaron a nivel mundial; sin embargo, Fidel Castro insistió en su implementación a lo largo de todo su gobierno. Es por esto que los comerciantes isleños dependen de la industria del turismo para sobrevivir.

El bloqueo de cruceros norteamericanos a Cuba significa una enorme pérdida de ingresos y ponen en riesgo las finanzas de los isleños. El ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante su administración tomó las medidas necesarias para reestablecer las relaciones diplomáticas con Cuba y atenuar el bloqueo económico, lo que permitió el florecimiento de la industria del turismo. Sin embargo, el actual presidente de EEUU, Donald Trump, dio marcha atrás y volvió a endurecer las medidas, mostrando una actitud hostil hacia la isla, lo que repercutió directamente sobre esta industria. Según el testimonio de un vendedor del puerto para el diario El País, antes de la prohibición conseguía aproximadamente USD100 por día, ahora consigue USD20 “como mucho”. De acuerdo a los datos publicados por la agencia EFE, en 2019 más de la mitad de los 257.000 norteamericanos que fueron a Cuba lo hicieron a través de cruceros. Con este paquete de medidas perdieron su “mejor turismo”, según los trabajadores de esta industria, y responsabilizan a Trump por estas consecuencias.

Se supone que las medidas tomadas por Estados Unidos son en defensa de la población cubana, sus derechos y libertades. En Cuba, muchos de los hoteles son propiedad de empresas controladas por las Fuerzas Armadas, por lo que el objetivo del Ejecutivo norteamericano es “evitar que el régimen cubano y sus servicios militares (…) accedan a dólares extranjeros”, según una fuente del Departamento de Estado en declaraciones para EFE. Pero con el bloqueo no se les da la posibilidad de desarrollar la economía privada. Si la economía no prospera, tampoco lo va a hacer la población. Además, de esta manera depende de otros Estados, como Venezuela, para solventar sus gastos. Si tiene la oportunidad de desarrollar su economía, dejaría de depender de otros regímenes socialistas y totalitarios.

Asimismo, el levantamiento del bloqueo podría tener consecuencias muy positivas para Estados Unidos. Al tener un alto número de población cubana residiendo en su territorio, se podrían formar sociedades financieras entre estos y aquellos que residan en Cuba, impulsando el desarrollo. Las relaciones comerciales entre ambos Estados serían muy prósperas para el ámbito de la salud, por ejemplo. A su vez, la consolidación de una comunidad empresarial funciona como factor desestabilizador frente a un Estado policial. No solo se verían mejoras en el ámbito económico, sino también en los ámbitos político y social.

La comunidad internacional se pronuncia hace 27 años en contra del bloqueo económico por parte de Estados Unidos. El tema es tratado desde 1992 en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, pero se encuentra estancado, ya que, Estados Unidos tiene poder de veto. Durante las votaciones solo Israel y Estados Unidos votan en contra del levantamiento del bloqueo.

Estados Unidos responsabiliza al régimen castrista del empobrecimiento de la población cubana y, bajo la bandera de la defensa por los Derechos Humanos, aplica políticas duras contra este. Por su lado, el régimen cubano reclama la ilegitimidad del bloqueo y acusa a Estados Unidos de su precaria situación económica. Las sanciones y el aislamiento demostraron ser poco efectivas para terminar con los regímenes dictatoriales, al contrario, los perpetúan. Si lo que se busca es ayudar a la sociedad civil, entonces se debe presionar en el ámbito político, no en el económico. Presionar para que mejore en cuanto al respeto a los derechos humanos y deje de apoyar a regímenes dictatoriales, como Nicaragua y Venezuela.