Al caer la Unión Soviética en 1991, Fidel Castro salió en televisión nacional anunciando una inminente falta de suministro energético tras recibir una notificación por parte de Rusia informando que no cumplirían con los acuerdos de envió de petróleo crudo a la isla. El año siguiente se impusieron restricciones a las importaciones y la importación de petróleo se redujo a un 10%. El PBI pasó de ser 31,1 mil millones de dólares en 1990 a 19,8 mil millones de dólares en 1993. A su vez, el embargo norteamericano se tornó más duro. Este período de depresión económica es conocido como el Período Especial y fue particularmente severo a principios y mediados de la década de los ‘90. A partir de 1994 inició su recuperación, llegando en 2007 a una nueva estabilidad. En la actualidad Cuba se encuentra frente a un panorama similar al de principios de los ‘90, ¿podríamos decir que se encuentra frente a un nuevo Periodo Especial?

La economía del régimen castrista es ineficiente por lo que es fundamental tener aliados políticos que le brinden ayuda financiera. Este rol lo suplió la Unión Soviética hasta su caída, momento en que fue sustituida por Venezuela. Esta relación fue muy fructífera tanto para Fidel Castro como para Hugo Chávez, ya que, el primero ayudó al segundo a alcanzar el poder a cambio de petróleo a precio subsidiado y ayuda financiera para salir de la depresión económica. Sin embargo, desde 2013, año en que Nicolas Maduro asumió la presidencia, Venezuela se encuentra sumergida en una crisis política, económica y social que no hace más que intensificarse afectando directamente a Cuba.

En los últimos días varias provincias de la isla sufrieron prolongados apagones, los cuales fueron reportados a través de Twitter. Los clientes eligieron este medio para expresar su descontento y denunciar la falta de suministro, así como exigir una explicación por parte del gobierno. Días antes, el dirigente cubano Miguel Diaz-Canel, en su discurso frente a las Asamblea Nacional del Poder Popular había expresado que “ha existido déficit con la importación de combustible, lo que nos ha obligado a establecer medidas de restricción interna para su consumo, evitando en lo posible afectaciones a la población y a las principales producciones y servicios de la economía.” De esta manera aseguraba que, a pesar de la falta de combustible, la población no se vería fuertemente afectada. Asimismo, Raúl García Barreiro, ministro de Energía y Minas, expresó, mediante Televisión Cubana, que los apagones tuvieron lugar porque se produjo un déficit en el Sistema Eléctrico Nacional de Cuba por daños importantes en varias de las centrales y que los cortes tuvieron una duración de “tres horas y tres minutos”, a pesar de que las denuncias por parte de los usuarios evidencian un tiempo mayor. También dijo que “el combustible de la generación base del sistema está garantizado”, negando así que la falta de combustible estuviera afectando al sector energético. Sin embargo, las cifras demuestran lo contrario. Cuba sólo produce el 40% del combustible que necesita, y su consumo aumenta durante el verano; el 60% restante lo provee Venezuela a precio subsidiado, pero dichos envíos se redujeron a la mitad desde que comenzó la crisis en este país.

Además de los cortes de luz prolongados y sin aviso, las estaciones de servicios comenzaron a quedarse sin combustible. La cola de taxis, autos y motos particulares, camiones de basura son cada vez más largas. No hay información respecto a cuándo estará disponible el suministro, lo que genera incertidumbre y enojo en la población, que pasa horas haciendo cola sin obtener un resultado favorable, No solo se ven afectados los usuarios particulares, sino también los servicios estatales que dependen del transporte para realizar su trabajo. El chofer de una grúa perteneciente a la Unión Eléctrica de Cuba declaró para el medio periodístico 14 y medio que “la cosa está mala y por lo que veo se va a poner mucho peor” afirmando que lleva dos días parado.

La falta de combustible, los cortes de luz, el desabastecimiento de alimentos, medicamentos y otros productos esenciales y los problemas en el transporte recuerdan al ya mencionado Período Especial de principios de los 90’. La principal diferencia entre esa crisis y la actual es el ámbito político. Los Castro ya no son los dirigentes de Cuba y, si bien Miguel Diaz-Canel es visto como la continuidad, se puede ver una pequeña apertura en el régimen. En los últimos meses se redujeron las restricciones al acceso a internet por parte de privados y a redes sociales. Incluso Diaz-Canel, tras asumir la Presidencia del Gobierno, abrió su perfil de Twitter e invitó al resto de los funcionarios a hacer lo mismo. De este modo se presentó como un líder receptor que responde con inmediatez a la demanda de su población; a su vez le sirve como herramienta para hacer propaganda. Pero esta estrategia no necesariamente es exitosa, ya que, las redes sociales abren un canal de comunicación de dos vías. Así como los funcionarios del gobierno pueden usarlas a su favor, la sociedad puede ejercer presión para que respondan a las exigencias públicas. Este es el caso frente a los apagones, la falta de comunicación o la censura a la libertad de expresión.

Al evolucionar la tecnología de la comunicación y frente a las múltiples denuncias por censura, es más difícil para el gobierno cubano esconder la realidad económica, política y social por la que está pasando. Hace varios meses que se enfrenta a una crisis económica debido a la inestabilidad de Venezuela, su principal aliado político, el recrudecimiento del embargo de Estados Únicos y su economía ineficiente. Además, al igual que cuando cayó la Unión Soviética, la crisis venezolana le genera gran inestabilidad y la necesidad de buscar un nuevo aliado para subsistir o se verá obligado a abrir el régimen. Las similitudes con el Período Especial son muchas, pero la gran diferencia es el rol de la sociedad civil. Tienen las herramientas necesarias para presionar, exigir explicaciones y soluciones y poner en evidencia las fallas del régimen actual.