La foto fue difundida a través de la red social Facebook, apenas un par de horas después del hecho, por una testigo que pasaba circunstancialmente por el lugar. La imagen de Hansel Hernandez, en el suelo, con un disparo que le atraviesa la espalda, no tardó en viralizarse  y generó una onda expansiva de malestar e indignación generalizada en la isla centroamericana.

El “George  Floyd cubano”, nombraron los medios de comunicación opositores al régimen castrista a éste caso, tomando todas las notables coincidencias que surgieron entre la brutal muerte del ciudadano afroamericano ocurrida el pasado 24 de mayo y la de éste joven afrocubano, quien fue asesinado de un disparo por la espalda, luego de ser sorprendido durante un robo el 24 de Junio, paradojicamente. El exceso de violencia policial, la discriminación racial y la indiferencia política frente a hechos que sacuden la cotidianidad social, fueron cuestiones que generaron intensos debates en Cuba en las últimas semanas.

“Estaba armado y tenía un gran número de antecedentes penales” se justificó desde el Ministerio del Interior Cubano, más de  72 hs. después del hecho y siendo la primera vez que desde una entidad pública se expresaba algo en relación asesinato del joven de 27 años. Mientras que en tal declaración se profundizaba en cada uno de los delitos previos de Hernández, no hubo mención expresa de ninguno de los 2 oficiales de policía involucrados en el delito. De igual manera, los medios de comunicación con inclinación oficialista, reprodujeron el comunicado sin ofrecer otra lectura del acontecimiento.

Ante ese escenario, las redes sociales se volvieron una vez más el espacio dónde se encontraron y condensaron los pedidos de justicia y se llamó a la acción ciudadana. No obstante, las marchas y manifestaciones convocadas por los cubanos, fueron sofocadas incluso antes de concretarse: artistas, periodistas y cientos de civiles, denunciaron que las redes de Internet fueron cortadas o interceptadas, mientras que en las calles se observaba un importante despliegue de operativos de seguridad.

Que un hombre fuera acribillado por la dictadura castrista, cual fuera su origen o color de piel, no representaba una novedad para una sociedad desacostumbrada a recibir resúmenes de cuenta de su gobierno. El elemento que desató el descontento entonces, fue el tratamiento que recibió el caso de Floyd -que fue altamente nombrado y condenado por funcionarios cubanos- en relación al de Hernández, pues trazando paralelos, el del joven afrocubano se intentó censurar o minimizar por cuanto medio fuera posible hacia dentro del país.

¿Es necesario recaer en la pregunta de sí la vida de un afroamericano tiene mayor peso que la de un afrocubano? Quizá para quienes observamos estos hechos a la distancia, no. Pero para los cubanos aquel hecho descubre los rasgos autoritarios y altamente reactivos del castrismo. A esto se agrega un componente racial implícito, ya que sobre los sectores de la población negra y mestiza, se eleva una pesada carga de pre conceptos e ideas que asocian a estas comunidades como ciudadanos de “segunda categoría”.

Criminalizar a la víctima o hacer hincapié en su pasado, suele ser una práctica habitual  por el castrismo para  despejar cualquier responsabilidad ante los detenidos y muertos arbitrariamente por sus fuerzas policiales. Sin embargo, en este punto, la vaga y tardía reacción de Díaz-Canel y su cúpula de gobierno, sumida a la acción deliberada de ordenar la cremación del cuerpo de Hernández, quitándole a su familia la posibilidad de reconstruir lo ocurrido a través de una autopsia, sólo caldea más el ánimo ciudadano que cada vez más se fortalece y retroalimenta con cada atropello a la libertad y los derechos que se viven fronteras a dentro de la Isla.