En las elecciones 2021 en Ecuador votarán mas de 5 millones de jóvenes, el 41% del electorado (con voto obligatorio). Sus preocupaciones, aspiraciones y proyectos no se encuentran en el discurso ni en el debate electoral 2021.

“En nuestro tiempo, si se requiere hablar de política, debe empezarse por los prejuicios que todos nosotros, si no somos políticos de profesión, albergamos en ella. Estos prejuicios que son comunes a todos, representan por si mismos algo político en el sentido más amplio de la palabra: no tienen su origen en la arrogancia de los intelectuales ni son debidos al cinismo de aquellos que han vivido demasiado y han comprendido demasiado poco. No podemos ignorarlos porque forman parte de nosotros mismos, y no podemos acallarlos porque apelan realidades innegables que reflejan fielmente la situación efectiva en la actualidad y a sus aspectos políticos”

¿Qué es la política?
Hanna Arendt, 1950-1959

 

En el Ecuador de la anunciada campaña presidencial abundan juicios y prejuicios. En general, el país está agotado de la política. Los telediarios son repetitivos, los entrevistados dicen lo predecible, la pandemia desenmascaró la corrupción que se intuía evidente y no existen candidatos con ideas interesantes o nuevas. Estas ideas son parte de un sentimiento colectivo, semejante a un domingo después de fiesta.

Ecuador tiene alrededor de 17 millones de habitantes, de los cuales, unos 13 millones están inscritos para votar. El Consejo Nacional Electoral ya trazó la cancha de las próximas elecciones: serán presenciales, obligatorias, dentro del cronograma planificado en los 611 recintos electorales. Todo, bajo medidas de bioseguridad.

Al cierre de estas líneas, se contabilizan 16 candidatos presidenciales, con un promedio de edad de 53 años, registrados con sus partidos o movimientos. Abundan también los candidatos a asambleístas. El presupuesto aprobado por el CNE es 114 millones de dólares (sin incluir el fondo de promoción electoral que supera los 20 millones). La primera vuelta será en febrero de 2021; la segunda, si se hace necesaria, será en abril. El cambio de gobierno será el 24 de mayo de 2021.

Sobre estas elecciones, sobre la sensación del quehacer político en general, se puede decir una cosa: domina el prejuicio. Se evidencia una clara separación entre ellos (los políticos) y nosotros (los votantes). Dicha separación está alimentada por el prejuicio hacia la política, que no nos ha invitado a pensar distinto en las últimas épocas. La corrupción es uno de los temas clave en la agenda que ha marcado la pauta de estas elecciones. Se habla de cómo se destruye y no se ha construido, pero poco se dice sobre las propuestas de lo que se busca construir como país o como
sociedad.

El prejuicio ciudadano ha multiplicado el quemeimportismo, o en su defecto, ha dado pie al fatalismo. Además de existir un pronunciado distanciamiento, que muestra a la clase política sin capacidad de representar, se evidencia la ausencia de temáticas en el discurso. ¿En septiembre de 2020, de qué se habla en el Ecuador electoral? ¿Quién habla en el Ecuador de hoy? ¿Cuál es la coyuntura y quien marca las pautas? 5 millones de jóvenes (18-35 años) podrán -deberán- ejercer su derecho al voto. ¿Qué se habla sobre ellos? ¿Cómo encajan los intereses de la juventud en las propuestas de campaña? ¿Hay crisis de representación política de los jóvenes en la campaña 2020?

El gran debate nacional sobre las elecciones venideras gira en torno a: la superación de la crisis económica en el contexto de la pandemia (desde distintas aristas de la política económica); el juicio contra Rafael Correa y su potencial (fallida) candidatura; la corrupción; el tamaño y razón de ser del Estado… Sin embargo, ninguno de los puntos mencionados se posiciona en el debate, con temas que constaten la existencia de un claro proyecto de País. El debate y el discurso de los candidatos no trasciende hacia el cómo rescatamos la economía y quién participa en las
elecciones.

Los temas esenciales, como la política de educación -especialmente de la educación superior-, la inserción laboral de los jóvenes, las diversidades (étnicas o sexuales), la ciencia y la tecnología no se plantean en prácticamente ningún espacio. Los derechos que queremos construir, la seguridad alimentaria, el desarrollo rural, el espacio de los jóvenes en la sociedad… Todo esto está fuera del interés público en el contexto de campaña.

En pocas palabras: no sorprende que exista y se profundice el prejuicio hacia la clase política, que no construye un discurso rico y prospectivo. A la vez, los medios masivos se limitan a reportar los escándalos y plasmarlos en crónica roja. Ninguna de las dos instancias estimula -y menos toma en cuenta- un discurso y un debate que nos oriente e inspire a pensar distinto el quehacer político. Estamos huérfanos de representación y hasta se nos hace sentir que no somos parte de una construcción.

Por el momento, así están marcadas las elecciones presidenciales venideras en el Ecuador: a un lado del camino, ellos, los políticos: del otro, nosotros, los electores.

 

Magali Ramos Jarrin Es Licenciada en Ciencias Sociales Integradas (Economía, Sociología, Comunicación y Ciencias Políticas) por Jacobs University Bremen de Alemania. Cuenta con una maestría en Políticas Sociales y Desarrollo con mérito en ciencias, otorgada por London School of Economics and Political Science. Ha sido consultora asociada en temas de educación para la organización OneSouth analizando las políticas educativas comparadas de Kenya, Rwanda, Ghana y Uganda.

Durante los últimos años se ha dedicado a desarrollar políticas educativas en el ámbito de la educación superior y la educación básica y media en cargos como Subsecretaria de Fortalecimiento del Conocimiento en la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación y como Subsecretaria de Desarrollo Profesional Educativo en el Ministerio de Educación, respectivamente. También se desempeña como delegada de la Ministra de Educación ante el Consejo de Educación Superior del Ecuador. Su trabajo se ha centrado en el diseño, implementación y evaluación de políticas educativas en América Latina y países del sur global.