Mientras baja la espuma postelectoral, se afianza la transición y el mapa político argentino se reconfigura de cara a los próximos cuatro años.

A pesar de haberse percibido casi como una seguridad, el triunfo de Fernández – Fernández expuso (con sabor amargo para algunos) la enorme y profunda brecha que existe en nuestro país.

Luego de las PASO y ante un partido que parecía definido por goleada, bajo el lema del “Sí se puede” y un Mauricio Macri asumiendo el rol de líder, Juntos por el Cambio (JxC) comenzó la larga marcha hacía la recuperación de confianza y afianzamiento del núcleo duro para lograr ofrecer una alternativa competitiva en las elecciones generales. Estableciendo un orden de prioridades en los lugares donde había más perspectiva de crecimiento, se convocó a la ciudadanía a salir a las calles en 30 ciudades diferentes. A su vez, se establecieron medidas de gobierno para lograr paliar el impacto de la dura situación económica argentina, especialmente en las clases medias.

¿El resultado? La sorpresa absoluta. Los números proyectados de cara a las elecciones generales distan mucho de la realidad que, desde el domingo pasado, tenemos en Argentina. JxC logró movilizar, conservar, consolidar e incluso ampliar por más de dos millones su núcleo duro de votantes con respecto a las PASO. Algo totalmente ajeno a las proyecciones que circulaban de la innumerable cantidad de consultoras argentinas (las verdaderas perdedoras).
A pesar de esto, no fue suficiente para lograr el ballotage ante el aparato kircherista, fortalecido con la potencia de un peronismo unido.

En la economía, Alberto Fernández asume su gobierno en una Argentina atravesada por una dura situación económica, con ansias de estabilidad financiera y gran potencia de progreso. A eso hay que sumarle la larga lista de expectativas que su espacio generó durante la contienda electoral. La gobernabilidad estará condicionada por las primeras medidas económicas que se tomen para morigerar la carga en la sociedad sin dejar de cumplir con los acuerdos y pactos preestablecidos.  En esta partida, no es para menospreciar el respaldo de la mayoría de los gobernadores a su proyecto de gobierno.

Pero, la pregunta es la siguiente ¿Es acaso una derrota? ¿Quién ganó?

En el Congreso, Juntos por el Cambio se impone con mayoría en diputados mientras que, en Senadores, el Frente de Todos (TODOS) no logra la mayoría absoluta. Se vienen cuatro años de consenso (obligado, en algunos casos).

En las calles, los resultados hablan por sí solos. La polarización licuó la presencia de alternativas electorales más allá de TODOS y JxC. Se afianzó la grieta entre dos argentinas con ideas y proyecciones completamente distintas. Incluso, es posible materializarla en el mapa argentino logrando diferenciar, a través de los resultados en las provincias, las franjas de aceptación en cada una de ellas. En este punto es necesario, también, hacer una correlación entre los índices de pobreza, productividad, educación y trabajo con respecto a los resultados obtenidos.

En las respectivas fuerzas también se presentarán desafíos internos.

 

En TODOS, la gobernabilidad. La duda sobre el margen de acción de Alberto Fernández en un gobierno compartido con una figura como Cristina Kirchner, no es al azar. Con un claro triunfo interno en lo que respecta a la presencia en las listas, el kirchernismo duro busca afianzar y expandir su rol en la toma de decisiones en el gobierno de Fernández, con lo que eso implica.

 

 

En Juntos por el Cambio, la unidad luego de una derrota electoral, porque, después de todo, eso es lo que es. Viene la reconfiguración interna (con pase de factura incluido) y la proyección de trabajo de cara a los próximos procesos electorales intentando, siempre, conservar y consolidar ese núcleo duro ahora devenido en opositor.

En este sentido, resta ver la postura que tomará el radicalismo, uno de los socios que quedan fortalecidos a través de su histórico anclaje territorial y presencia en el Congreso de la Nación. Todo apunta a que se harán diversos replanteos sobre las cláusulas que establecen los parámetros de conformación del frente.

Dentro del PRO, se debe esperar la proyección de Larreta (único ganador del espacio) con respecto a la reformulación de Vidal y Mauricio Macri como figuras opositoras sin cartera.

 

Se vienen cuatro años que no serán fáciles para los argentinos, no importa su pertenencia política o económico social. La responsabilidad de las fuerzas políticas en un contexto de profunda polarización es clave. En este sentido, no hay que dejar de reconocer el gesto de ambos presidentes (porque eso es lo que son) de mostrar la madurez suficiente para realizar una transición democrática pacífica y acordada. La primera transición democrática de un presidente no peronista en noventa años.