La urdimbre en que se tejen las relaciones de poder en Cuba hace centro en un punto ciego que consiste en la anulación del concepto mismo de representación política. Cuando lo particular se confunde con lo universal, cuando pueblo y Estado se homologan, la acción política no es percibida como instrumento de cambio social.

(…) ¿qué iba a hacer yo con lo que Iván estaba terminando de escribir? ¿Guardarlo en un cajón, como podía hacer él? ¿Intentar publicarlo, como también podía, pero no quería hacer él? (…) aquellos eran su problema, su libro, su historia, y no los míos, pensaba. 

“Réquiem”, El hombre que amaba a los perros.

Leonardo Padura. 

 

Durante la reforma constitucional que se llevó a cabo en Cuba entre mediados de 2018 y principios de 2019 se manifestó —de manera particular— un fenómeno que se ha arraigado en los últimos años en el territorio cubano: la despolitización. Si como plantean Mayol y Azócar (2011) y Argüello (2013) la politización es el modo en el que las personas tejen voluntades e intereses políticos y trasladan los aspectos de la vida social hacia la arena política, en Cuba hemos asistido a un proceso inverso. Aunque la gente identifica situaciones injustas, no se articulan para plantear demandas y llevar a cabo acciones colectivas que corrijan dichas situaciones. 

La despolitización en Cuba opera en el nivel microsocial mediante el distanciamiento individual de lo político. Tal distanciamiento se refleja en tres actitudes fundamentales: en primer lugar, el alejamiento de la parte conflictiva de la política de sus vidas privadas; en segundo lugar, la incapacidad de unirse para enfrentar las injusticias sociales —o sea: la desmovilización social—; y, por último, el temor a ser partícipes de una transformación del estatus, temor que se basa en una ciudadanía acrítica e irreflexiva. 

El proceso de despolitización tiene sus raíces en el imaginario que creó la Revolución de una supuesta fusión entre Gobierno y pueblo. Tal y como lo manifestó Rafael Rojas, ello marcaba “el fin de la política y, sobre todo, el fin de lo político” (1997, p. 23). El propio autor ha planteado que la “Revolución [c]ubana se propuso clausurar el espacio público y suprimir la política en tanto esfera de derechos” (Rojas, 1997, p. 25). 

Aunque reconocemos el origen histórico de este fenómeno, tema que es necesario analizar de forma más profunda, en este texto solo nos referimos brevemente a su comportamiento durante la reforma constitucional en la Isla. ¿Cómo se manifestó la despolitización en el nivel microsocial durante la reforma constitucional en Cuba? Con esta pregunta pretendemos aproximarnos a la despolitización, una de esas políticas invisibles (Rojas 1997) que el Gobierno aprovechó para lograr la aprobación de la nueva Constitución. 

Para este análisis nos basamos en teorías sociales y textos académicos de autores cubanos acerca de la politización, la despolitización, la ciudadanía, los derechos y el Estado nación. Además, incluimos algunos testimonios obtenidos para un trabajo más amplio sobre este tema y que entendemos ilustran la despolitización, de manera específica, durante el proceso de reforma constitucional. Con este texto pretendemos motivar reflexiones acerca de la despolitización en el actual contexto social cubano.

Despolitizar los derechos y la ciudadanía 

Coincidimos con Bobes cuando afirma que “dado que la ciudadanía implica un tipo de relación entre el individuo y el Estado (…) esta categoría permite ingresar a lo político” (Bobes, 2007, p. 12). Una de las áreas donde la despolitización ha ganado bastante terreno en Cuba es en la de los derechos y la ciudadanía. El concepto de “derechos”, o “respeto a los derechos”, fue perdiendo significado en tanto se afianzaba la ilusión del poder del pueblo o poder popular. Si supuestamente gobernaba el pueblo, ¿habría que luchar por los derechos?, ¿quién podría vulnerarlos si la ley primera era el culto a la dignidad plena del hombre[1]? Sobre este mito se ha fundamentado la mirada despolitizada hacia la ciudadanía y los derechos en Cuba.  

Históricamente la lucha por los derechos ha representado leitmotiv para la acción colectiva, o sea, ha movilizado y propiciado el surgimiento de determinados movimientos sociales y ha unido a las sociedades en torno a las demandas políticas (Tarrow, 1997). Sin embargo, “la inexistencia de movimientos sociales o prácticas ciudadanas que cuestionen la actuación del gobierno es parte de una cultura política particular de los cubanos de las últimas décadas” (Ramírez-Hernández, Salgueiro-Marques & Sá-Martino, 2018, p. 433). En nuestra opinión, este es un producto de la despolitización como política invisible de la Revolución cubana. 

Por lo general, la comprensión de la ciudadanía pasa por una tensión entre lo universal y lo particular. En unos contextos y situaciones concretas los actores apelan a los derechos universales para reforzar o lograr, por ejemplo, el respeto a condiciones humanas básicas. En otros momentos la ciudadanía pasa por lo particular en tanto hay una composición permeada por la clase, el género, la edad, la raza… que evoca otro posicionamiento en torno a los derechos. En Cuba, se ha invisibilizado esa tensión al fomentar una cultura política que universaliza los derechos y diluye la forma en que estos se desconocen, se violan y el modo en que podrían reclamarse. Lo anterior se evidencia en el trabajo de Ramírez Pérez (2018, p. 12) cuando explica la existencia de un “desconocimiento de los derechos institucionales y ciudadanos de los cubanos en el sentido de no poder identificar cuáles derechos les corresponden y cómo hacerlos cumplir”.

Este es, sin dudas, otro de los efectos de la despolitización que se expresa en la reconfiguración de los derechos, y a su vez de la ciudadanía, como práctica. Así, más que una “ciudadanía activa” —en el sentido de Molyneux (2008)—, lo que se observó durante el proceso constitucional podría considerarse una ciudadanía latente, en la que desaparece lo conflictivo; en otras palabras: aquello que podría generar una politización ante contextos de desigualdad. 

Llama la atención que uno de los aspectos que precisamente resaltaban sobre la nueva Constitución en el discurso mediático, tanto nacional como internacional, eran los derechos. Incluso en algunas publicaciones académicas como la de Prieto Valdés (2019, p. 3) se insiste en que el texto constitucional aprobado “marca un salto cualitativo”, entre otros aspectos, por “la concepción de la propia ciudadanía y sus derechos”. No obstante, la mayoría de las personas no comprendió que estos podrían ser vulnerados. Ejemplo de tal vulneración es el Artículo 4 de la Constitución:

(…) El sistema socialista que refrenda esta Constitución, es irrevocable. Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución (2019, art. 4).

¿Debe ser irrevocable cualquier sistema social? ¿Debe ser criminalizada aquella persona que esté en desacuerdo con el orden político, social y económico establecido, aun cuando este fuera injusto? ¿La ciudadanía entendió a cabalidad todo lo que implica este artículo? A nuestro entender el hecho de que pasasen inadvertidos artículos como este no es más que el resultado de la despolitización.

Lo personal ya no es político y mucho menos lo político es personal

Al de la política, en otras palabras: lo político nada tiene que ver con lo personal. 

Sin embargo, ¿Qué puntos de los que causaban “malestar” entraron verdaderamente en el debate? Entre estos podríamos mencionar la inclusión del matrimonio igualitario en el Anteproyecto de la Nueva Constitución de la República. Las acaloradas discusiones en redes sociales, centros de trabajo, universidades y en el espacio público en general tal vez sugerían una politización de la identidad sexual como la analiza Argüello (2013). No obstante, más que polarizar opiniones, visibilizar el carácter machista de la Revolución y de actores tradicionales como la Iglesia católica, no cuajó una acción colectiva que asegurara la inclusión de este aspecto en el texto constitucional definitivo. Por el contrario, funcionó como una distracción para que pasaran inadvertidos otros artículos que a la larga perjudicarían a la población en sentido general —como el mencionado Artículo 4 o el Artículo 5—.

Si bien durante las discusiones del anteproyecto podría pensarse en Cuba como una nación altamente politizada, esto no pasó de ser un relato donde se exacerbaba “el nacionalismo beligerante [2], la intolerancia y la nacionalización de la política” (Bobes, 2007, p. 14). Esto se evidencia en el preámbulo de la Constitución cuando incluyen, a manera de antecedentes, varias etapas de las luchas históricas de la nación cubana. Un joven nos confesó sin prejuicio alguno: “Al final eso no se lo lee nadie” [3]

Votar sí o no, más que un cambio en el futuro o una continuidad del proceso revolucionario, significaba un acto mecánico porque suponían que la nueva Constitución se aprobaría de una forma u otra. “Esto es solo un trámite, tú sabes que la van a aprobar de todas maneras”, nos comentó un vecino del poblado Mayajigua, Sancti Spíritus durante una videollamada. Otra vecina espirituana reconoció que votó a favor de la nueva Constitución debido a la presión social que se ejerció desde los diferentes espacios públicos: “Era una matraca en el trabajo, en el barrio, en la escuela del niño. La verdad yo ni leí el panfleto que vendieron…”. Expresiones como esas nos llevan a afirmar la poca relevancia que la ciudadanía atribuyó al acto personal del voto. 

Un profesor universitario, en cambio, aseveró que había participado intensamente en los debates y confiaba en que se lograría una actualización de acuerdo con el contexto actual, “ya la Constitución del 76 no se adaptaba a las nuevas circunstancias del pueblo”. Mientras, un cuentapropista manifestó: “si la mayoría lo aprobó es porque viene un cambio bueno”; ante la pregunta ¿y usted qué cree?, respondió: “bueno, lo aprobó la mayoría”. En estas últimas opiniones se observa la individualidad diluida en voces como “pueblo” o “mayoría”, lo cual también evidencia el distanciamiento personal de lo político.   

Aun cuando la oposición desarrolló una fuerte campaña contra el texto de la nueva Constitución, exhortando a votar “no” en la consulta popular, su labor no fue suficiente. Sin embargo, sí incidió en un cambio histórico: por primera vez las cifras de aceptación bajaron del 90%. Según el Consejo Electoral Nacional de la República de Cuba (2019) a favor votaron 6 816 169, lo que representa un 86,58% de los electores, mientras que un 9% de la población se manifestó en contra del nuevo texto constitucional. A esta cifra se suman un 2,53% de votos en blanco y un 1,62% de boletas anuladas[4]

Cabría preguntarse, ¿Quiénes votaron “sí” estaban completamente a favor o simplemente siguieron una corriente marcada en Cuba a lo largo de la Revolución?, ¿por qué lo personal ya no es político y mucho menos lo político es personal?

Conclusiones

La despolitización durante la reforma constitucional en Cuba funcionó, y en eso coincidimos con Rojas (1997), como una política invisible. Incluso mucha de la gente que cree firmemente en el proceso revolucionario estuvo despolitizada: se movilizó por compromiso y no por una conciencia de acción colectiva. La invisibilidad se manifestó también en la construcción de un relato nación del que ha desaparecido la dimensión conflictiva de lo político y en la manera en que lo político se ha ido distanciando de lo personal.

Esta despolitización promovió una ciudadanía acrítica e irreflexiva ante el nuevo texto constitucional. Ello guarda relación con un proceso más amplio, del que advertimos es necesario explorar sus raíces históricas: la despolitización de los derechos. Tal estrategia ha frenado la activación de mecanismos de acción colectiva, que de alguna manera representan el punto de partida para generar cambios, ya sea en el nivel de las políticas públicas o a un mayor nivel: el de las transformaciones del sistema social. 

En ningún sitio de la nueva Constitución se registró qué podría hacer la ciudadanía en caso de que sus derechos fuesen vulnerados. La propia declaración del orden económico político y social como socialista resulta excluyente e invisibiliza a los sujetos que no estén de acuerdo con dicho orden o que a futuro puedan disentir. De esa manera, se subsumen derechos como la libertad de expresión y pensamiento, y se limita su posicionamiento dentro de los problemas sociales y sobre todo como catalizadores de la acción colectiva.

Consideramos que el proceso de reforma constitucional en Cuba ocurrió entre tergiversaciones y maniobras que reforzaron la estrategia despolitizadora del Gobierno, muestra de ello fue la inclusión del matrimonio igualitario. Con este accionar crearon discrepancias que permitieron distraer la atención y crear una ilusión de conflicto, cuando justamente la idea de la política en Cuba pasa por el consenso. De ese modo, el debate se centró en una cuestión que no fue incluida en el texto final. Mientras, pasaban inadvertidos artículos que redundarían en la violación de derechos ciudadanos y otros que se prestarían a interpretaciones desfavorables por la ambigüedad con que han sido redactados. Ese “arte” de las “políticas invisibles” permitió que se consolidara la despolitización durante la reforma constitucional de 2019 en Cuba.

 

Referencias:

Argüello, S. (2013). “El proceso de politización de la sexualidad: identificaciones y marcos de sentido de la acción colectiva”. Revista Mexicana de Sociología 75: 173-200.

Bobes, V. C. (2007). La nación inconclusa: (re)constituciones de la ciudadanía y la identidad nacional en Cuba. Ciudad de México: FLACSO México.

Consejo Electoral Nacional de la República de Cuba. (2019). “Resultados finales del proceso de Referendo Constitucional”, 28 de febrero. http://www.eleccionesencuba.cu/parte-informativo3

Constitución de la República de Cuba. (2019). Gaceta Oficial No. 5 Extraordinaria de 10 de abril. https://www.gacetaoficial.gob.cu/sites/default/files/goc-2019-ex5_0.pdf

Mayol, A. & Azócar, C. (2011). “Politización del malestar, movilización social y transformación ideológica: el caso “‘Chile 2011’”. Polis. Revista Latinoamericana 30. https://journals.openedition.org/polis/2218

Molyneux, M. (2010). “Justicia de género, ciudadanía y diferencia en América Latina”. Studies Historic H.ª cont., 28: 181-211.

Prieto, M. (2020). La Constitución cubana de 2019: nuevos contenidos y necesidades. Universidad de La Habana, (289), 3-23. Epub 25 de abril de 2020. Recuperado en 03 de abril de 2021, de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0253-92762020000100003&lng=es&tlng=es

Ramírez, L. (2018). “Ciudadanía y reformas: aproximaciones a un estudio de representación y legitimidad política en Cuba desde la percepción ciudadana”. Documentos Puente Democrático 74: 1-12. https://www.puentedemocratico.org/documentos/Documento_PD_74.pdf

Ramírez-Hernández, E., Salgueiro-Marques, Â. & Sá-Martino, L. (2019). “Cuba a Debate: la politización de conversaciones online sobre migración en el sitio Cubadebate. Razón y Palabra 22 (3_102): 418-438. http://www.revistarazonypalabra.org/index.php/ryp/article/view/1266.

Rojas, R. (1997). “Políticas invisibles”. Encuentro de la Cultura Cubana 6(7): 24-35.

Tarrow, S. (1997). El poder en movimiento: los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Edición revisada y actualizada. Madrid: Alianza Editorial.

[1] Entiéndase hombre como ser humano.

[2] Las cursivas pertenecen al original.

[3] Hemos guardado anonimato sobre estos testimonios, respetando la solicitud de las personas entrevistadas. Las entrevistas que aquí se incluyen se realizaron mediante videollamadas entre los meses de octubre de 2018 y enero de 2019; y cara a cara en las provincias de Sancti Spíritus y La Habana, Cuba en diciembre de 2019.

[4] Nos basamos en las estadísticas del Referendo Constitucional según electores que votaron. Estas cifras están disponibles en https://bit.ly/3fGV6qk. 

 

Liudamys Barbara Sáez Laredo. Periodista y correctora de estilo. Máster en Ciencias Sociales con mención en Género y Desarrollo, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Ecuador. Sus principales áreas de investigación son los cruces entre género, historia, memoria, reproducción social y espiritualidad afrocubana. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0581-7020.
Manuel Acosta Montero. Periodista y corrector de estilo. Licenciado en Periodismo, Universidad Central “Martha Abreu” de Las Villas. Sus principales áreas de investigación son Estado nación, identidad nacional y movilización social.