A esta altura de la historia no podemos asumir que cada vez que el gobierno de los Estados Unidos de América anuncia una nueva medida de bloqueo sobre la isla Cubana, nos genere cierta intriga o nos deje con la boca abierta. Desgraciadamente la situación no es una novedad, más bien se ha vuelto una constante en los últimos años. Salvando un primer intento de acercamiento entre los ex presidentes Barack Obama y Raúl Castro allá por el 2014, con el objetivo de cambiar el rumbo de sus relaciones políticas, sociales y económicas. Poco después, Trump mediante, estas aproximaciones no alcanzaron a ver la luz.

“El Tesoro emite cambios para fortalecer las reglas de sanciones de Cuba” anunciaba a comienzos de este mes el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos a través de Twitter. Para no perder la costumbre, EE.UU. aplicó nuevas medidas de sanción a Cuba que limitan a 1.000 dólares por trimestre la cantidad que los cubanos residentes en su territorio pueden enviar a ciudadanos que residen en la isla. Agregando también que están totalmente prohibidas las remesas a familiares de funcionarios cubanos y a aquellos que sean miembros del Partido Comunista de Cuba. Tengamos en cuenta que desde su entrada en vigencia, de la mano del ex presidente Obama, las remesas no habían contraído ninguna clase de limitación.

La medida no tardo en tener impacto, “Rechazo enérgicamente implementación de medidas anunciadas por #EEUU, dirigidas a reforzar el bloqueo y el cerco económico contra #Cuba. Intento oportunista de dividir a los cubanos fracasará. | #NoMásBloqueo” respondió a través de Twitter el Ministro de Relaciones Exteriores Cubano.

Validando la constancia a la que hice referencia más arriba, hace pocos días también fuimos testigos de la expulsión de dos diplomáticos cubanos ante la ONU por parte de las autoridades del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América y la inclusión en la lista de los Nacionales Designados Especialmente de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de embarcaciones y entidades encargadas del transporte de petróleo de Venezuela a Cuba.

Cada una de estas decisiones es justificada en represalia al apoyo cubano para con el gobierno de Nicolás Maduro. Sin ir más lejos en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, Trump, adjudico al mandatario venezolano el título de “Marioneta Cubana” y aseguró que se está siguiendo muy de cerca la situación en Venezuela, esperando el día en que se restaure la democracia y Venezuela alcance su libertad.

El actual presidente cubano, Miguel Diaz-Canel, se refirió a las sanciones adoptadas en su cuenta de Twitter “La política ilegal, genocida y criminal del gobierno de Estados Unidos hacia Cuba debe cesar”, escribió. En la contracara, el subsecretario de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Michael G. Kozak tuiteo: “#Cuba La escasez de alimentos es causada por la propia corrupción y mala gestión económica del régimen de Castro, no por las sanciones de Estados Unidos. Estados Unidos ha autorizado más de $ 12 mil millones en exportaciones de alimentos y agricultura desde enero de 2018, solo. #StopBlamingStartReforming#RevolutionFail”.

Si algo debemos admitir, es que ambos gobiernos tienen conocimiento de la crisis que acarrea al pueblo cubano. Aun así es evidente que las posibilidades de que alguno reconozca cierta responsabilidad y tome cartas en el asunto, son inciertas. Los datos que el Ministro de Relaciones Exteriores Cubano, Bruno Rodriguez, presentó en la última semana, afirman que los daños acumulados por la aplicación del bloqueo en estos años abarcan 92.630 millones de dólares.

Este informe fue presentado a las Naciones Unidas y se espera  la presentación oficial ante la Asamblea General de la resolución cubana “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” en los primeros días de Octubre. Mientras tanto la responsabilidad sobre la situación cubana corre de mano en mano, o en este caso de tweet en tweet.