Se cumplen 60 años en que la naciente Revolución declaró oficialmente la eliminación del racismo y la discriminación racial como voluntad y proyección emancipadora y también se cumplen 35 años en que la discusión del tema racial se posicionó en un Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1986, evento en el cual se puso sobre la mesa un inmenso catálogo de demandas en cuanto a la viva proyección del racismo en la sociedad cubana que aún queda como asignatura pendiente.

Desde el Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR) vemos con muchísima preocupación el triunfalismo en las palabras pronunciadas este 18 de febrero de 2021 por el Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla ante la Reunión Ministerial sobre la eliminación del racismo, la discriminación y la xenofobia al cumplirse 20 años de la Conferencia Mundial contra el Racismo la cual fue celebrada en Durban, Sudáfrica en 2001.

La política oficial del Estado cubano durante mucho tiempo ha estado marcada por la ceguera ideológica frente a la discusión abierta de la problemática racial. El colonialismo interno y el silencio disciplinario desde la experiencia socialista continúa siendo un tenso conflicto tanto ideológico como económico frente a una narrativa que atraviesa a toda la sociedad. La lucha contra el racismo es un ejercicio que se ha devaluado por mucho tiempo y el contrato social y político apenas contribuyó a desmontar las estructuras ideológicas y culturales del racismo pues en la Cuba de ahora mismo la reconfiguración del racismo y la discriminación influyen en los ingresos y en la calidad de vida de una parte significativa de la población afrodescendiente.

Desde la mentalidad colonial socialista y la proyección de una narrativa nacionalista se impuso el paternalismo conservador también la construcción burocrática y política del silencio que no ha permitido avanzar estratégicamente a los diversos actores de la agencia afrodescendiente involucrado en una batalla tan difícil pero urgente y necesaria en estos tiempos que corren.

Como plataforma de la sociedad civil desconocemos al igual que la mayoría de la ciudadanía como se va implementando el Programa de Gobierno contra el Racismo y la Discriminación pues a más de un año de ser anunciado la implementación ante el Consejo de Ministro por el propio Presidente de la Republica Miguel Diaz Canel no se ha socializado sus estrategias y acciones preventivas en los medios como tampoco ocurrió con el informe País presentado a finales de 2020 por el Estado ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) de Naciones Unidas.

Se ha perdido la oportunidad de que una Comisión Cubana contra el Racismo tenga un espacio en los medios de comunicación, se ha perdido la oportunidad de desarrollar acciones ciudadanas y políticas en el contexto del Decenio Internacional de los Afrodescendientes (2015—2024) que ya casi de salida, se ha perdido la oportunidad de reconocimiento, justicia y desarrollo en cuanto a la aplicación de estrategias emancipadoras desde una esfera pública afrodescendiente que desde su propia estación legitima le resulta difícil amplificar su voz haciendo uso de sus saberes ante la ausencia de una pedagogía antirracista a todos los niveles del sistema de enseñanza. La producción de contenidos educativos y de discusión en relación a la problemática racial continúa siendo una ausencia alarmante en la política de medios de comunicación como la radio y la televisión

No resulta saludable que desde el Estado y una sola institución como la Comisión José Antonio Aponte de la UNEAC se intente administrar la discusión de la cuestión racial sin la participación de los diversos actores involucrados y comprometidos hace mas de 20 años desde la trinchera de la piel, la autoestima y la economía del conocimiento.

La crisis sanitaria ha sido un soporte para poner al desnudo muchísimas desigualdades en la cual una parte significativa de la población afrodescendiente aun se encuentra acorralada entre la pobreza y la indiferencia.

La lucha frontal contra el racismo y la discriminación racial demanda de políticas públicas que asuman el tratamiento social y diferenciado a comunidades y grupos sociales en desventaja histórica entre los cuales se encuentra la población negra.

Es hora de que el Estado asuma con responsabilidad política y social la adopción de medidas reales que den garantía a un proceso participativo para la discusión en la esfera pública del tema racial y el mismo este acompañado de instrumentos de protección social para enfrentar la pobreza y desigualdades que hoy marcan a la sociedad cubana donde los afrodescendientes son los más representados en ese círculo peligroso de la indiferencia.

Al igual que los demás Estados, Cuba está llamada a darle cumplimiento a los compromisos de la Declaración y el Programa de Acción de Durban, la Agenda 2030 y sus programas domésticos en cuya estrategia es clave la participación de todos los actores involucrados sin exclusión alguna. El Estado como servidor público está obligado a comprometerse a emprender acciones decididas y firmes que avancen en el reconocimiento, protección y garantía de los derechos de la población afrodescendiente que en Cuba no podemos continuar clasificando como minoría. Desmontar el colonialismo interno es una acción que tiene que estar comprometida con la base y por los condenados de siempre.

Comité Ciudadanos por la Integración Racial

La Habana, 19 de febrero de 2021