Según el índice sobre el nivel de democracia que elabora la Unidad de Inteligencia de The Economist, Uruguay se encuentra en el puesto número 15 del ranking global en la categoría “Democracia plena” y el primer puesto del ranking regional. Esta unidad toma en cuenta diversas variables para analizar si un Estado es considerado una democracia plena, una democracia defectuosa, un régimen hibrido o un régimen autoritario. Una de ellas es la variable “proceso electoral y pluralismo”, en la que Uruguay tiene mucho para decir.  

Se podría establecer que fue el traspaso histórico de un bipartidismo de concentración equilibrada conformado por el Partido Colorado y el Partido Nacional desde 1836, a un pluripartidismo con la llegada del Frente Amplio (FA) en 1971, “partido de coalición” integrado por partidos de izquierda en el que se representan los intereses de los diversos sectores de la sociedad, que funcionaron como un motor para que hoy el pluralismo político pise fuerte.

Desde su nacimiento hasta 1999 se produjo una evolución del FA, pasó a ser un frente de izquierda a ser un partido político con ideología de centroizquierda, teniendo como resultado un crecimiento positivo en el proceso electoral. En un principio se debió a la alta participación del electorado joven al verse identificados con la ideología y al representar la mayor parte del padrón electoral. Como así también el traspaso de electores de los partidos tradicionalistas, quienes se encontraban disconformes e influenciados por la prensa debido a la crisis del modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones a fines de la década del 70, hacia la nueva izquierda moderada. Esto dio como resultado el desarrollo del ya antes mencionado “partido de coalición”.

Dado al crecimiento electoral producido hasta la década del 2000, junto con la crisis de los partidos tradicionales, se instauró una fase de afianzamiento de la dinámica política en la competencia por cargos electorales. El FA demostró una alta capacidad de gestión en el ámbito social y económico y una creciente actividad parlamentaria. Sus discursos destinados la sociedad en general iban por encima de la división de clases y de partidos, dejando de ser sólo un partido ideológico para convertirse en una gran coalición promotora del pluralismo, en el que se verían representados la mayor cantidad de intereses en una sociedad heterogénea. Por lo tanto, fue este crecimiento casi estratégico del pluralismo político, de ese respeto por la diversidad ideológica y de la convocatoria participativa a grupos sociales en la vida democrática lo que hoy posiciona y diferencia a Uruguay del resto de los países latinoamericanos.

Finalmente, en el año 2004 se produjo el triunfo electoral definitivo del FA cuando Tabaré Vázquez, presidente actual, triunfa en primera vuelta con el 50.5% de los votos, logrando la mayoría absoluta en ambas cámaras. Este hecho dejaría al FA con un rol preponderante en el sistema político uruguayo que duraría hasta nuestros días. 

Si bien el vaivén de los mandatos presidenciales con ideologías diferentes y los sabotajes directos e indirectos entre los partidos y las reformas constitucionales hicieron de la existencia del FA una lucha desde su creación, el frente supo defenderse de las críticas tomando una fuerte posición en la esfera política hasta convertirse en lo que es hoy. 

Actualmente, encabeza de nuevo el poder ejecutivo y tiene una amplia mayoría en el parlamento, posicionándolo, por lejos, como el conjunto más fraccionalizado del sistema uruguayo, con más de cinco sectores en el Senado y una diversificación ideológica considerable.

Estas alternativas mayoritarias que se hacen presentes en el nuevo régimen electoral y todavía más en la elección mayoritaria del presidente, son las que le otorgan un alto grado de legitimidad haciendo que la idea de una crisis de gobernabilidad sea cada vez más lejana.

Por lo tanto, es el compromiso del electorado, el alto nivel de participación política y el desarrollo de la cultura democrática, promovidos en los programas de gobierno por el partido en cuestión, los factores claves que hicieron que la opinión pública internacional defina hoy a la República Oriental del Uruguay una democracia plena.