Porque el verdadero pensamiento crítico solo puede ser aquel capaz de revisarse a sí mismo, y el de encontrar en la diferencia con el otro la libertad como condición de la propia identidad, las democracias enfrentan el desafío de integrar en la diversidad, en contra de toda totalización.

Introducción

Al calor de la ola desdemocratizadora que avanza a nivel mundial, Jessica Ludwig y Christopher Walker han acuñado el término poder incisivo para aludir a los modos en los que las autocracias aprovechan las instituciones, comunicaciones y nexos de todo tipo abiertos por la globalización liberal, para tratar de influir desde adentro -mediante tácticas de seducción, distracción y manipulación- la opinión pública de las naciones y sociedades democráticas. [ii]

Por casi sesenta años, antes incluso de que fuese acuñado el concepto, el Estado cubano ha sido un ejemplar promotor de poder incisivo. Dentro de una estrategia de proyección exterior -que rebasa la tradicional agenda diplomática interestatal- la Habana ha dedicado recursos masivos y trabajado con determinación, sofisticación y coherencia por distorsionar las percepciones y limitar la crítica pública de su sistema político. Dado el tamaño reducido de sus recursos militares, económicos, financieros y humanos, con frecuencia se menosprecia, desde fuera del campo de estudios cubanos, las capacidades de poder incisivo del Estado insular. A ello contribuye también el desconocimiento de cómo funcionan los estados y sociedades moldeados por el paradigma leninista, por parte de una academia y opinión pública regionales acostumbradas a las reglas y condiciones de las democracias. Y, adicionalmente, en la visión favorable al discurso oficial cubano influyen las simpatías que buena parte de la izquierda internacional -incluidos sus segmentos académicos- aún poseen hacia lo que llaman, a despecho de temporalidades y teorías, “la Revolución cubana”. Atendiendo a dicha problemática, en este texto propongo -sin ánimo de agotar un tema poco abordado y complejo- una aproximación a la presencia del poder incisivo del Estado cubano en la academia latinoamericanista regional, a través de la experiencia del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

La Academia del Estado y el estado de la Academia

Las autoridades cubanas han buscado ejercer influencia más allá de sus fronteras, apuntando a las redes intelectuales y académicas productoras de conocimiento científico y legitimidad política. Ello es un correlato exterior del control interno del Estado cubano sobre la producción y difusión de ciencias sociales. Pues, en el ámbito específico de la libertad académica, las leyes y las prácticas políticas cubanas requieren que todo tipo de instituciones académicas y culturales permanezcan bajo el control exclusivo del estado socialista, lo que impacta la calidad, autonomía e incidencia pública de las ciencias sociales dentro del contexto social e institucional de la isla.

Incluso académicos vinculados a las instituciones oficiales han reconocido los déficits de la relación política-conocimiento científico bajo su configuración actual. Haciendo un balance reciente del estado de las ciencias sociales en la isla, académicos cubanos señalan que “se constata poco la presencia en el mundo editorial cubano de asuntos como: el perfeccionamiento del sistema educativo; los procesos de marginalidad, delito, corrupción; impacto y dinámica de la fuerza de trabajo calificada y no calificada; estudios sobre la familia, juventud, migración y análisis sociodemográficos. Al respecto, se conocen estudios realizados en universidades y centros de investigación”. Respecto a las investigaciones de ciencias sociales, otros investigadores atestiguan que “La publicación de artículos cubanos de estos campos en revistas arbitradas de alta difusión internacional es muy pobre” lo que se explicaría, según los autores que “En ocasiones no se desea divulgar trabajos que exponen análisis críticos de nuestras realidades”. Otro autor, también de la academia insular, reconoce que “las políticas apoyadas en el conocimiento experto deben ser mejores que las derivadas del voluntarismo y la improvisación, el acceso al debate sobre esas políticas no puede circunscribirse a unos pocos expertos convocados al efecto”. [iii]

Sin embargo, a despecho de su desempeño doméstico, el Estado cubano ha proyectado su poder incisivo operando con soltura dentro del tejido social e intelectual de las democracias vecinas, aprovechando las redes académicas sobre las que ejerce influencia política, promoción ideológica y trabajo de inteligencia. La Habana ha desplegado una presencia asimétrica de apalancamiento orientada a influir de forma relevante en las grandes organizaciones dedicadas al estudio de Latinoamérica, entre estas destaca el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

En el caso específico de CLACSO, la sobrerrepresentación de las instituciones y académicos de la isla, habilitada por una exención para los centros cubanos de pagar tasas de afiliación, ha hecho posible que Cuba figure entre los seis países con más centros miembros del Consejo. Lo que se expresa, gráficamente, a continuación:

 

Fuente: Elaborado con el programa Qgis a partir de la información obtenida de  https://www.clacso.org/institucional/centros-asociados/

Si a lo anterior sumamos la correlación existente entre la cantidad de centros miembros y el tamaño de la población, se aprecia en la siguiente imagen que la representación de Cuba sube de forma impresionante ubicándose en un primer lugar compartido con la minúscula Santa Lucía. Superando incluso aquellos países semejantes en cuanto al tamaño de la población y de la economía, entre otros factores.

Fuente: Elaborado con el programa Qgis a partir de la información obtenida de   https://www.clacso.org/institucional/centros-asociados/https://datos.bancomundial.org/indicador/SP.POP.TOTL

Dentro de CLACSO, el poder incisivo es canalizado a través de la participación masiva de académicos cubanos en los eventos del Consejo y, especialmente, del voto en bloque de los directores de Centros Miembro insulares, los cuales resultan clave para decidir la elección de los titulares de la Secretaria Ejecutiva. El discurso y posicionamiento públicos de estos Centros es, como corresponde dentro del régimen cubano, monolítico y homogéneo, alineado con las agendas y narrativa políticos del Estado. Un académico oficial, antiguo directivo de un Centro CLACSO, testimonió al respecto: “nosotros sabemos, previo a cada Asamblea, por quién debemos votar. La decisión se toma antes, dentro del país, en la Habana, por nuestras autoridades. Factores ideológicos y políticos juegan un rol, ya que se trata de incidir en una contienda con la ideología neoliberal promovida por parte de la academia regional, de apoyar a los intelectuales e instituciones que fomentan un pensamiento crítico, renovador, revolucionario”. [iv]

Partiendo de lo anterior, no es extraño que la directiva clacseana tiende a alinearse política e ideológicamente con la Habana. En 2017, el 50º aniversario de CLACSO fue celebrado en Cuba, teniendo entre los invitados de honor a tres de los “Cinco héroes,” miembros de una red de agentes de inteligencia cubana descubiertos, encarcelados y posteriormente liberados -al calor del deshielo del período Obama- por los EEUU. Más recientemente, una serie de eventos y cursos a realizarse en la Habana en conmemoración del 60 aniversario del triunfo de 1959, anunciaron el abordaje de tópicos relevantes de la agenda académica regional -emancipación y dominación, racismo, género- pero sin que apareciesen acompañados por otros -estudios sobre la democratización, Derechos Humanos, el socialismo de Estado y la transición socialista, etc- que específicamente tributan a las problemáticas urgentes de la nación cubana en la etapa actual. Al respecto, una investigadora, vinculada a uno de los Centros Miembros de CLACSO, comentó: “creo que (en esos eventos) podremos incluir algo de los estudios sobre pobreza, racismo y feminismo que hemos avanzado en los últimos años, pero es insuficiente el marco temático de la convocatoria. Los problemas de la actualización del modeloen temas como la participación popular, la reforma económica, la nueva Constitución, las migraciones- no veo como encajarlo en una convocatoria que parece pensada desde las perspectivas de otros países latinoamericanos”.

La reciente convocatoria combina la reproducción de los tópicos del discurso oficial cubano -la confusión entre revolución y régimen postrevolucionario, entre ellos- con el abordaje normativo y abstracto de categorías como “emancipación” y “dominación”, típicas de un análisis desprovisto de tiempo y sujeto. Por ejemplo: el debate -en buena medida marxista- sobre el concepto y contenidos concretos del Régimen de la Revolución cubana -un debate impulsado en México por importantes intelectuales de izquierda como Adolfo Gilly, Arnaldo Córdova y Pablo Gonzales Casanova para analizar su propia revolución- no encuentra cabida cabal en CLACSO.

Hay que reconocer que, aunque CLACSO ha fallado en incorporar sustantivamente intelectuales críticos con el régimen cubano -privilegiando en su lugar a intelectuales oficialistas- ha dado cabida a expertos y estudios más profesionales y políticamente menos partisanos, emanados de la misma academia insular. Dentro de estos últimos han dado cabida a publicaciones relativas al estado de la pobreza, las reformas económicas, las políticas sociales, los estudios de género y la participación comunitaria, derivadas de investigaciones cuyo valor científico es real y reconocible. El sistema de becas a la investigación, los talleres regionales Sur-Sur y los cursos del Campus Virtual han servido a investigadores -sobre todo jóvenes- para acceder a conocimientos y realidades distintas a las que cotidianamente interactúan en la isla, así como para difundir su obra temprana. Como señaló una joven investigadora: “gracias a las becas CLACSO pude, por fin, comprar mi computadora. Y en sus cursos y materiales he aprendido de metodología y teorías de ciencias sociales tanto o más que en toda mi licenciatura”.

Sin embargo, CLACSO ha guardado silencio institucional sobre el control sistemático e institucionalizado de la producción y difusión del debate académico en Cuba. La profusión de pronunciamientos públicos -a mi juicio pertinentes- por cualquier situación hostil a la academia y ciudadanía latinoamericana acaecida en las poliarquías regionales, no tiene equivalencia cuando de asuntos cubanos se refiere. Martha Mesa Valenciano, Viceministra de Educación Superior de Cuba dijo en agosto pasado:”El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario“. Resulta incoherente que una de las principales organizaciones de ciencias sociales del hemisferio, enfocadas en los temas latinoamericanos bajo una narrativa de emancipación de los sujetos oprimidos, compromiso social y pensamiento crítico, sirva aún de tribuna para la proyección de semejante Ideología y políticas de Estado. Todo ello en un contexto donde la academia y sociedad cubanas padecen -en la forma de expulsión de estudiantes y profesores contestatarios, censura de temas y vigilancia policial sobre los espacios académicos- los efectos del control multidimensional desplegado por un Estado prototípicamente autonomófobo.

Conclusiones

En un libro reciente[v], el sociólogo Pierre Gaussens, de El Colegio de México, ha identificado los desafíos de la instrumentalización política de la academia cuando llama a “evitar que la ciencia social sea convertida en un conjunto de disciplinas oficiales, avaladas desde y por el Estado. En efecto, pensamos que la posibilidad misma de toda ciencia radica en su condición de autonomía material y simbólica frente al poder, es decir, en su libre capacidad de relación crítica y reflexiva con este mismo poder y su campo de acción por excelencia, el Estado”. Semejante reto supone comprender cómo “la tarea de seguir construyendo una ciencia social contrahegemónica pasa por la necesidad de enriquecer herramientas y productos de medición al pensamiento crítico” toda vez que “en los campos universitarios latinoamericanos, la producción de pensamiento crítico suele asemejarse a una literatura de carácter filosófico, cuando no a una mera distracción panfletaria” Situación esta palpable en los posicionamientos dentro de CLACSO, con relación al caso cubano.

Cuando en fecha reciente, diversos actores identificados con una reforma democrática del socialismo -entre ellos profesores universitarios despedidos y grupos de pensamiento orillados a la clausura- sufren en Cuba el asedio del poder[vi] ¿no tienen algo que decir, frente a eso, los académicos latinoamericanistas que viven en sus naciones, como regla, bajo democracias (imperfectas) que garantizan la libertad de investigación, enseñanza y discusión? Una academia que sufra el asedio del autoritarismo político, desde Trump a Maduro, de Bolsonaro a Díaz Canel, merecería encontrar en sus contrapartes foráneas sólidos aliados para la lucha por la democratización del poder y del saber. Porque, como diría Rosa Luxemburgo- intelectual marxista y activista de la lucha por un socialismo democrático- la libertad es siempre la libertad para el que piensa diferente. Esperemos que en CLACSO lo asuman a cabalidad, cuando de hablar de Cuba se trata.

[ii] Ver https://www.foreignaffairs.com/articles/china/2017-11-16/meaning-sharp-power

[iii] Ver http://www.temas.cult.cu/articulo/2993/la-ciencia-cubana-trav-s-de-sus-publicaciones-en-revistas-arbitradas y http://www.temas.cult.cu/articulo/3010/conexi-n-entre-ciencia-e-innovaci-n-y-los-modelos-de-pol-ticas

[iv] Este testimonio -y otros compartidos en las páginas siguientes- forman parte de una investigación en curso, de mayor calado y próxima aparición.

[v] Ver Pierre Gaussens, La izquierda latinoamericana contra los pueblos : el caso ecuatoriano (2007-2013), Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, México DF, 2018.

[vi] Ver https://eltoque.com/la-universidad-como-moneda-de-cambio/, https://www.nytimes.com/es/2019/02/17/cuba-decreto-349/, https://www.periodismodebarrio.org/2019/07/las-historias-no-son-propiedad-privada/ y https://cubaposible.com/comunicacion-la-directiva-cuba-posible/

 

Por Armando Chaguaceda

Politólogo e historiador, investigador del Centro de Estudios Constitucionales Iberoamericanos A.C. Experto país (casos Cuba y Venezuela) del proyecto V-Dem, de la Universidad de Gothenburg y el Kellogg Institute en la Universidad de Notre Dame. Miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) y de Amnistía Internacional. Especializado en el estudio de los procesos de democratización/autocratización y de las relaciones entre gobierno y sociedad civil en Latinoamérica y Rusia.