Esta semana fuimos testigos de un lamentable spot publicado por la cuenta de Twitter de la Cancillería del régimen cubano, en la que el actor Fernando Echaverría le hablaba a la cámara intentando justificar la dictadura cubana, acudiendo a una especie de relativismo de los derechos fundamentales.

El guion tira de la trillada receta de la rebeldía de David contra Golliat, esperando que al señalar a un enemigo externo se cohesione la empobrecida sociedad cubana.

El motivo de la publicidad es la Ley Helms Burton, que amenaza la ayuda que le ha brindado Europa a la isla durante décadas y que le ha permitido recibir millones de dólares a través del turismo, en una de las formas más perversas que se pueden concebir: sometiendo a los cubanos a condiciones semi esclavistas, en las que el régimen, a modo de contratista, se apropia de hasta el 80% de los salarios que las grandes cadenas hoteleras le pagan a sus “empleados”.

Echavarría toma un café (aludiendo a la simbología de lo cubano) y sus palabras buscan conmover las emociones más primarias de los televidentes, acudiendo al sentimiento de pertenencia, de comunidad y sobre todo reforzando y romantizando una supuesta condición de victimismo histórico, tratando de envolver en un halo de épica la tragedia en la que está atrapada la isla.

“¿Por qué te empeñas en democratizarme?”

El video tiene una duración de alrededor de un minuto y medio, y a lo largo del guion se repiten estribillos que buscan relativizar los derechos fundamentales.

Echeverría afirma que la Ley Helms Burton se aplica como una represalia “porque no encajo en tus patrones democráticos”, y posteriormente desliza la frase: “¿Por qué te empeñas en democratizarme?”, a la que le queremos dar algunas respuestas de manera muy breve.

Tenemos que partir de que no hay distintos “patrones democráticos”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es uno de los más grandes logros de la cultura occidental, y su papel es justamente “universalizar” derechos fundamentales que tienen las personas por su mera condición de tales.

Entonces, a la pregunta de “¿por qué te empeñas en democratizarme?”, se puede empezar a responder de la siguiente manera:

  • Porque todos los cubanos, por su condición de seres humanos, “nacen libres e iguales en dignidad y derechos” (artículo 1).
  • Porque todos los cubanos tienen garantizados “todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración (de DDHH), sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.” (artículo 2)
  • Porque “la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.” (Artículo 3)
  • Porque la Declaración Universal de los DDHH establece que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.”

Y así podemos seguir con cada uno de los artículos del instrumento. Y aunque debemos poner atención al contenido de cada frase, el punto que nos convoca es la universalidad que se expresa con el “todos”.

¿Por qué te empeñas en democratizarme? Porque el concierto internacional, a través de los mecanismos competentes, creó instrumentos para la defensa de los derechos fundamentales de todas las personas, y aunque la dictadura cubana haya intentado durante 60 años justificar su terror con conceptos como “democracia de un solo partido” o “democracia a la cubana”; las democracias no aceptan ese tipo de calificativos.

Por lo tanto, seguiremos empeñados en promover la democratización de Cuba, porque los derechos de todos los cubanos.