Luego de la medida del congelamiento del 30% de los recursos destinados a Educación en Brasil, las puertas del infierno se han abierto. Movilizaciones en contra y a favor de la medida tomada por el presidente de país vecino, Jair Bolsonaro, empezaron a gestarse en las principales ciudades del gigante latinoamericano.  Llama la atención como fue aplicado el mecanismo para esta toma de decisión, ya que la misma se realizó a través de las redes sociales, específicamente Twitter. 

Esto advierte que en Brasil no se gobierna planificando ni debatiendo en el Senado, como correspondería en una Democracia propiamente dicha, sino basándose en lo que aquellos ciudadanos podrían expresar en menos de 140 caracteres a través de las redes sociales. Además cabe destacar que en este caso no se gobierna para todos, o teniendo como fin último el bien común sino para el grupo que apoya a las decisiones de gobierno, volviendo débiles los cimientos democráticos del Estado Brasileño.

Ahora, ¿Que grupos sociales son los que podemos visibilizar en las manifestaciones que se han gestado y las aquellas que están por venir? Por un lado encontramos que frente a la medida de la quita del 30% del presupuesto educativo miles de jóvenes estudiantes y profesores han mostrado su postura en el caso manifestándose pacíficamente en 27 capitales de la región. La quita al presupuesto, ha sido justificada por el propio Ministro de Educación, Abraham Weintraub, culpando a los gobiernos anteriores de poner a Brasil en una crisis fiscal. Otro justificativo fue que se busca impulsar la educación técnica, que en el mediano plazo ayudaría a generar ingreso en las arcas del Estado, aduciendo que “las ciencias sociales generan poca producción con impacto científico, a diferencia de las ciencias de la salud, exactas, ingeniería o agricultura, las cuales promueven el crecimiento económico y el empleo que precisa el país”. A pesar de este movimiento de estudiantes, no pueden conformar una verdadera oposición política porque no cuentan con una fuerte organización estructural, ni tampoco tienen los medios necesarios para aliarse con los partidos políticos con el fin de satisfacer sus necesidades. Entonces si bien son un actor social en este momento no constituirán a futuro una oposición política fuerte.

Por otro lado tenemos al PSL (Partido Social Liberal) y quienes adhieren y apoyan a las propuestas y acciones, buscaron transformar las movilizaciones de las redes sociales y proyectarlas en el plano de la realidad, con el fin de que se visibilicen en la calle. La protesta de estos servirá para presionar a los diputados para que aprueben tres proyectos del Gobierno: la reforma de las pensiones, el pacto anticrimen del ministro de Justicia Sergio Moro y la medida provisional 870, una reforma administrativa para reducir de 29 a 22 el número de ministerios. 

Bolsonaro ya ha mostrado que hará de todo para mantener su popularidad activa y, así, permanecer en el poder. Aunque esto podría sonar como una contradicción: si la situación en Brasil no mejora, no habrá popularidad que aguante. De todas formas, este gobierno es parte de un fenómeno más amplio, donde las decisiones las determina la fe y no la razón. 

Apoyar algo por fe es un fenómeno más amplio y no necesariamente vinculado a un credo, ya que muchos ateos se comportan como creyentes. Sin embargo, en la época en que la verdad ha pasado a ser una elección personal, ¿cómo hacer valer la democracia? Pues cada político debería reflexionar sobre que cuestiones pesan más en su balanza de valores y hacia donde orientara sus acciones en pos de conseguir el bien común de la sociedad o buscar un bien común particular donde solo unos pocos se beneficien.

Bolsonaro intenta convencer de que moverse según los gritos de sus bolsocreyentes es democracia, y esto no es así, ya que, se prescinde de cualquier instrumento que garantice la voluntad de la mayoría de los brasileños. Solo garantiza el deseo de un grupo capaz de hacer que sus voces se oigan en Internet. La experiencia brasileña mostrará cómo evolucionará este fenómeno contemporáneo al confrontarse con la realidad.