El pasado 18 de octubre se renovaron las esperanzas de consolidación de la democracia en Bolivia: con elecciones generales libres y un total de 55,1% de los votos, se consagró vencedor el Movimiento al Socialismo (MAS) en una jornada histórica. Con Evo Morales en el exilio, es la primera vez en 14 años que el partido triunfa sin su nombre en las listas. Faltando tan sólo tres meses para las elecciones en Ecuador, cabe preguntarse, basándose en la experiencia boliviana, qué tan posible es un retorno del movimiento que sigue a Rafael Correa al poder. En este marco, los casos son comparables a partir de varios elementos en común: más allá de los panoramas electorales, la economía, la oposición, los casos de corrupción y, puntualmente, el estado de las instituciones en ambos países.

Panoramas pre electorales

Previo a octubre, en Bolivia gobernaba Jeanine Áñez, presidente de facto que ocupó el cargo luego del Golpe de Estado de noviembre de 2019. En este contexto, en las elecciones presidenciales entraron en juego no sólo la resolución de un conflicto de representación legítima iniciado el año anterior, sino las instituciones de la democracia boliviana en conjunto. La avasallante victoria de Luis Arce confirmó el apoyo ciudadano a la fuerza progresista dirigida por Morales, antes sumamente cuestionado, pero también exhibió una Bolivia polarizada.

En Ecuador también se juegan ambos factores: el conflicto de representación legítima y la definición del apoyo de la ciudadanía a una fuerza antes mayoritaria. El primero, porque el conflicto entre Moreno y Correa dividió la fuerza luego de la victoria electoral, lo que llevó al correísmo a acusar de traición al presidente actual contra el partido que lo llevó al gobierno. El segundo, quizás el más relevante, porque en las elecciones generales de febrero en Ecuador también está en juego el posible retorno del correísmo a través de la postulación de Andrés Arauz y Carlos Rabascall, candidatos de la Unión por la Esperanza (UNES).

Tanto en Bolivia como en Ecuador, los líderes cuestionados se encuentran en el exilio. Sin embargo, la distancia no impidió que el partido de Evo Morales sea victorioso. Esta misma cuestión, con respecto a Correa, es la que se disputa el próximo febrero en Ecuador. ¿Sobrevive el movimiento a su liderazgo? La experiencia conflictiva con Moreno no permite responder esta pregunta de manera clara. Y sobre el ex presidente pesa una sentencia a ocho años de prisión por corrupción.

Pandemia

Con respecto al manejo de la pandemia, tanto Bolivia como Ecuador sufrían un problema estructural clave: sistemas sanitarios poco preparados para recibir masivamente pacientes con COVID-19 en estado grave. La falta de equipamiento parece ser la constante. La gestión fue cuestionada, y se detectaron compras de insumos con sobreprecios por parte de ambos gobiernos. En Bolivia, se adquirieron respiradores por hasta el triple de su costo real. Reflejo de la similitud del impacto de la pandemia en ambos países es su número de muertes por cada 100 mil habitantes: en Ecuador el número es 74,16 y en Bolivia de 76,85 según los últimos datos de la Universidad Johns Hopkins.

Economía

Naturalmente, la pandemia impactó en las finanzas. En el mes de abril se confirmó un préstamo del FMI a Bolivia por USD 320 millones, y 20 días antes de la elección, Áñez destituyó al ministro de Economía por oponerse a un decreto de privatización. Según el Banco Mundial, la situación es notoriamente grave: se estima una caída del 5,9% en el año 2020. Teniendo esto en cuenta, la victoria arrasadora de Luis Arce, quien posee una carrera como un economista destacado, no es para nada llamativa.

En Ecuador, el ministerio de Economía también sufrió modificaciones en su dirección luego de que el FMI haya aprobado un préstamo por USD 6.500 millones en el mes de septiembre y el país tampoco escapa a los pronósticos negativos del Banco Mundial: estima que su contracción del corriente año será de 7,4%. Ante una situación tan desfavorable, está claro que la economía será una dimensión definitoria en las próximas elecciones. Y la UNES no es ajena a esta cuestión: su candidato a presidente, Andrés Arauz, es doctorando en Economía Financiera por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fuerzas electorales

Es importante delimitar el peso de la oposición del MAS en Bolivia y de la UNES en Ecuador. Camino a las elecciones de octubre, los rivales del Movimiento al Socialismo se encontraban divididos: por un lado, la alianza Comunidad Ciudadana, y por el otro la coalición Creemos. La primera cuestión respecto a sus resultados electorales es que incluso si se considerara una -poco probable- unión de frentes, esta no sumaría los votos suficientes para superar los resultados del MAS. Por otro lado, y poniendo el foco en el gobierno de facto, se destaca la retirada de Áñez de su candidatura luego de que las encuestas y la opinión pública general la colocaran, en el mejor de los casos, en un cuarto lugar. Sus esfuerzos por evitar una victoria del partido de Morales fueron ineficaces.

En Ecuador la situación no es muy diferente. El partido de Lenín Moreno, Alianza País, busca distanciarse de su figura desde el año 2017, y su candidata Ximena Peña, a pesar de coincidir en diferentes aspectos con el Jefe de Estado, es crítica de su gobierno y ha recomendado su destitución como presidente del partido. El correísmo representado por Arauz se enfrenta hoy a tres fuerzas: Alianza País, el movimiento CREO y el Partido Social Cristiano. Ninguno de los actuales jefes de Estado de ambos países formaba parte de las candidaturas a presidente.

Considerando estas cuatro dimensiones, entonces, se demuestra útil establecer al caso boliviano como recurso comparativo para responder a la primera pregunta: no es posible descartar rotundamente un posible regreso del correísmo a Ecuador. El factor que más lo condiciona es la división de su anterior partido, Alianza, y la UNES.

Democracia

La cuestión central, y quizás la más interesante, es la que vincula a los posibles resultados electorales con la consolidación de las instituciones en ambos países.

En el caso boliviano, las mismas se encontraban notoriamente deterioradas incluso antes del Golpe de Estado. Sin embargo, la concreción de las elecciones el pasado 18 de octubre es un evento que desaloja mayores preocupaciones al respecto, al menos por ahora, y es un motivo de celebración para las democracias latinoamericanas. Aun así, y para evitar relajaciones, no hay ningún tipo de seguridad respecto a la integridad de las instituciones en Bolivia. La salida de un gobierno de facto requiere de un compromiso inquebrantable con la democracia, y el posible retorno de Evo se enfrentará, entre otras muchas cuestiones, a este reiterado desafío.

Cabe preguntarse si en Ecuador sucedería lo mismo ante un eventual triunfo de la UNES. A pesar de haber sido sentenciado a prisión, Correa muestra intenciones de regresar al poder y cuenta con los apoyos dentro de su movimiento para realizarlo. Por su parte, Moreno ha demostrado su compromiso con las instituciones de la democracia y con la transparencia a lo largo de todo su gobierno. Una clara diferencia con la futura oposición que hoy gobierna Bolivia, la cual, si bien ha denunciado el fraude electoral en octubre de 2019 y sostenido un fuerte discurso prodemocrático, ha formado parte de un gobierno de facto que hoy no tiene más apoyo. Teniendo en cuenta las bases establecidas por Moreno y las demás fuerzas, una victoria del correísmo en Ecuador se encontraría luego con una oposición firme en la línea de defensa de las libertades. La opinión pública en Ecuador prioriza el sostenimiento de las mismas, a pesar de los numerosos casos de corrupción que cuestionan la fortaleza de las instituciones.

Dadas las semejanzas descritas, el caso de Bolivia se presenta como un buen parámetro de comparación para entender los elementos en juego en las próximas elecciones en Ecuador, que marcarán otro hito para el futuro de la democracia, las instituciones y las libertades en la región.