El siglo XX fue testigo de tres grandes relatos que han intentado dar forma y sentido a la humanidad: el fascismo, el comunismo y el liberalismo. El fin de la Segunda Guerra Mundial acabó con el relato fascista y dió paso al “mundo bipolar”, caracterizado por la disputa ideológica entre los dos relatos sobrevivientes: el liberal y el comunista. Uno impulsado por Estados Unidos, desde occidente, y el otro promovido por la URSS, desde oriente. Esta disputa, conocida como “la guerra fría”, llegó a su fin con el colapso del mundo comunista en 1989, catalogandose al acontecimiento como “el fin de la historia”, en alusión al triunfo definitivo del liberalismo.

El período posterior a 1989 abrió camino a la denominada “era de la imitación”, caracterizada por el expansionismo liberal. Tras la disolución de la URSS, las elites liberales de los países de Europa del Este buscaron “imitar” la democracia liberal occidental como camino hacia la normalidad y el desarrollo. El auge de los valores liberales favoreció además un exódo masivo de personas desde el este hacia el oeste; países como Hungría, Polonia, Rumania y Rusia, vieron reducirse drásticamente su población. En América Latina y Asia también hubo imitación: Chile consolidó la democracia liberal y el libre mercado y China estudió e imitó el desarrollo empresarial de occidente, pero sin modificar su sistema político.

La idea de comunidad global, el multilateralismo económico y el cosmopolitismo, parecian consolidarse en el mundo. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 primero, el referéndum del brexít y el triunfo de Donald Trump después, comenzaron a configurar un nuevo orden internacional. Los daños colaterales de la globalización, fundamentalmente la crisis del empleo por la deslocalización industrial y el creciente flujo migratorio de países tercermundistas hacia los desarrollados, abieron la puerta a populismos autoritarios con un fuerte discurso antiliberal. Comenzó a expandirse desde Europa del Este hacia occidente una corriente crítica del orden liberal, caracterizada por la reivindicación de la identidad nacional, la xenofobia y el rechazo por los valores sociales occidentales. Estos populismos autoritarios, con poco contenido ideológico y mucho oportunismo político, dan forma a un nuevo relato antiliberal.

En el marco de la disputa entre estos dos relatos, aparece en el mundo la Covid 19 y desata una crisis sanitaria y económica mundial. La pandemia ha puesto en jaque a gobiernos de todo el mundo y colapsado los sitemas sanitarios de países como Italia, Francia y España. Los principales líderes mundiales se han visto contra las cuerdas ante tamaño desafío. Algunos, como Angela Merkel, han actuado con rapidez y de manera exitosa. Otros, como Donald Trump y Jair Bolsonaro, han subestimado al virus y sus países están siendo gravemente afectados por el avance del mismo

¿Profundizará la pandemia la crisis del orden liberal? Es imposible saber cómo se configurará el orden mundial en las próximas décadas. Lo observable, por el momento, es el avance de liderazgos que cuestionan al liberalismo y plantean, en términos de Ivan Krastev, “un repliegue a un comunitarismo proteccionista”. La pandemia del coronavirus también jugará su papel e influirá en la configuración del nuevo escenario global. En ese sentido, son muchos los interrogantes y pocas las certezas: ¿Favorecerá la crisis desatada por la pandemia la proliferación de los populismos autoritarios y antiliberales? ¿Ingresaremos en un mundo caracterizado por el aislamiento nacional y una menor cooperación? ¿Cómo influirá sobre los electorados el mal desempeño de los líderes populistas en la gestión de la pandemia? ¿Habrá un fortalecimiento del relato liberal y por lo tanto de la cooperación internacional? ¿Triunfarán los “moderados” en el mundo que viene? ¿Qué pasará con la relación entre China y EE.UU? ¿Cuál será el próximo relato?

Por Julio Picabea

Magister en Políticas Públicas de la Universidad Austral

Docente universitario