La experiencia del trabajo social desde la pertenencia a la iglesia católica en Cuba y el activismo cívico unidos en una fórmula cuyo eje central se sostiene en el concepto de sociedad civil desarrollado en la resistencia a la fuerza opresora del estado totalitario, en la búsqueda por la construcción de una nueva República.

¿Cómo y en qué contexto fueron tus inicios en el activismo cívico?

Fue alrededor del año 1975 cuando terminados mis estudios de preuniversitario pude discernir que mi vocación era la sociología y el magisterio. Se me impidió acceder a cualquier carrera universitaria que tuviera que ver con las humanidades, las ciencias sociales o la pedagogía. La causa fue que soy católico, o porque tengo “creencias religiosas” como decían las planillas que reiteradamente debía rellenar en la escuela. En efecto, desde niño mi familia me formó y encaminó en la Iglesia Católica y como, por la fecha, era un joven activista laico encaucé mi vocación organizando, junto con una monja Hija de la Caridad, un grupo con los jóvenes católicos que quedamos en Cuba y en la Iglesia. Una primera experiencia que marcó mi activismo fue la organización del primer Encuentro diocesano (provincial) de Jóvenes Católicos el fin de semana del 1 al 3 de agosto de 1975. El día siguiente cumplía 20 años. Desde entonces encontré en el ámbito de la Iglesia Católica una formación libre y autodidacta, especialmente en la Doctrina Social de la Iglesia. Tuve acceso a literatura que no encontraba en las bibliotecas estatales, y sobre todo trabajando primero en la pastoral juvenil, luego en un movimiento de laicos misioneros llamado Ministros de la Palabra”.

 

¿Cómo fue ampliándose tu compromiso social dentro de Cuba?

Poco a poco, y más tarde tuve la oportunidad de participar, en la década del 80, en la preparación y en la organización del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), primer proceso y evento en que la Iglesia en Cuba decidió salir de las catacumbas. Fui el miembro laico de la presidencia colegiada del ENEC en febrero de 1986, redactor del borrador del entonces novedoso capítulo “Fe y Cultura” que con muy pocas modificaciones fue aprobado y puede ser consultado en el Documento Final del ENEC. El 17 de febrero de 1986 dentro del ENEC la Iglesia salió y habló, por primera vez desde 1960, a un espacio público. Tuve el honor de ser el laico que, en representación de todos los delegados, hiciera el discurso de homenaje al Venerable Padre Félix Varela frente a sus restos en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Cosas de la historia: el mismo joven al que se le había negado estudiar sociología en esa Alma Mater subiría al podio de su Aula Mayor para rendirle homenaje al Padre de la Cultura Cubana. También a mí, él y la Iglesia a la que perteneció, me enseñaron “primero en pensar”. Ese fue mi primer discurso público y salió publicado, no sé por qué razón, en el Granma Internacional con una foto mía durante el discurso.

A partir de ahí, mi activismo cobró nuevas dimensiones: fui fundador, y presidente, de la primera Comisión Católica para la Cultura en 1987, cuyo fin era fomentar el diálogo fe-cultura, entendida esta como forma de vida y no sólo como expresiones artísticas. Era uno de los acuerdos del ENEC en su capítulo de Fe y Cultura. Salí de Cuba en septiembre de 1987 a Roma para participar como único representante de Cuba en el Congreso Mundial del Movimiento Internacional de Intelectuales Católicos (MIIC-PAX ROMANA). Allí tuve la oportunidad de conocer y establecer relaciones con grandes pensadores de la época: el laico español Joaquín Ruíz Giménez, quien ha sido uno de los paradigmas de mi vida, fundador de la revista “Cuadernos para el Diálogo”, publicación insignia y precursora de la etapa de la transición española que fuera, sin duda, inspiración para la humilde revista Vitral que fundé el 3 de junio de 1993 como órgano de expresión del Centro de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río que fundamos el 29 de enero de 1994, con la misión de formar hombres y mujeres de pensamiento, compromiso social y activismo cívico. Allí también me relacioné con el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, padre de la primigenia y auténtica Teología de la Liberación, y tuve el privilegio y el honor de tener mi primera audiencia con el inolvidable Papa Juan Pablo II, con quien tuve la inmerecida gracia de encontrarme cuatro veces. Junto a mí, en ese momento conmovedor, estaba el Padre Gustavo. Cada uno cargaba con su propia cruz e historia, tan diferente en detalles y tan idéntica en la esencia: el compromiso cristiano con lo social. Él sufriendo por la teología cristiana-universal de la liberación, y yo por la liberación cristiana-universal de mi pueblo. Ambos recibimos del Papa polaco palabras de fortaleza con su bendición. Luego vendrían otros avatares con afluentes o meandros de esa teología, pero aquel encuentro me dejó clarísimo en mi compromiso mientras en el Vaticano, junto a San Pedro, caía la noche romana.

 

¿Y cómo pudiste aplicar en Cuba lo que habías estudiado y compartido en esos encuentros internacionales?

Tomé conciencia de que lo primero y más urgente era enseñar a pensar con cabeza propia, herencia del Padre Varela que cobra una importancia decisiva para los cambios en Cuba. Entonces comencé mi trabajo en la formación cívica de laicos y cualquier persona de buena voluntad en el CFCR, que siempre fue de inspiración cristiana pero no confesional, abierto a todos, como todas las obras que he tenido el honor de fundar. Fueron 14 años de labor formativa. En 1991, rescatamos la interrumpida tradición de las Semanas Sociales Católicas, fundadas por el laico Valentín Arenas en Sagua la Grande en 1941, y resucitadas en noviembre de aquel año 1991, un mes después el 25 de diciembre de 1991 era arriada definitivamente la bandera de la hoz y el martillo de la bella cúpula del Kremlin, y para sorpresa de todos nosotros regresaba al viejo mástil la misma bandera de los zares de toda Rusia. Las 10 Semanas Sociales Católicas celebradas cada dos años, y organizadas a partir de 1994 por la Comisión Nacional de Justicia y Paz de Cuba, fueron laboratorios de pensamiento y premonición del actual think tank Centro de Estudios Convivencia (CEC).

 

¿Qué significó después de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba que el pontífice polaco te nombrara para la Comisión Justicia y Paz del Vaticano?

En 1999, el Papa San Juan Pablo II me nombró, (claro que, sin mérito propio, pero creo que por Cuba) miembro pleno del Pontificio Consejo Justicia y Paz, Dicasterio de la Santa Sede que se ocupa de la Doctrina Social de la Iglesia, de los Derechos Humanos, del Desarrollo Humano Integral, de la solución pacífica de los conflictos mediante el diálogo y la negociación, entre otras misiones. Tuve el honor de ser miembro por dos períodos (8 años) y de ser el primer laico cubano que perteneció a un organismo central de la Iglesia. En él participé en la propuesta de redacción de lo que es hoy el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia[1], especialmente tuve la oportunidad de proponer la parte del borrador que se refiere a la sociedad civil, tema que había estudiado. Creo que, como dijo el entonces presidente de este Dicasterio, Cardenal Nguyen Van Tuan, era la primera vez que se explicitaba “in extenso” el tema de la sociedad civil mencionada nada menos que 29 veces profundamente tratado bajo un título que fue profético, visionario y aún “revolucionario” en el capítulo Octavo parágrafo V: “La comunidad política al servicio de la sociedad civil”. Que desarrolla tres puntos: a) El valor de la sociedad civil, b) El primado de la sociedad civil sobre la comunidad política que debe estar a su servicio y c) La aplicación del principio de subsidiaridad. Mi paso por “Justicia y Paz” fue una invalorable iluminación en el tema social, un entrenamiento a nivel internacional y una oportunidad inmerecida de poder aportar mi pobre experiencia sobre Cuba y sobre mi tema favorito: el protagonismo de la sociedad civil. Cada vez que releo este Capítulo Octavo, tan adelantado, tan vigente y tan urgente, doy a gracias a Dios por sus inescrutables caminos. Precisamente en la Segunda Semana Social se fundó ese nuevo servicio de Justicia y Paz a nivel de la Iglesia Católica en Cuba, y tuve el honor de que se me encargara el primer borrador de sus estatutos, que después serían modificados y aprobados por el plenario de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

 

¿Cuándo comenzaste a estudiar y divulgar el tema de la sociedad civil y lo que has llamado el “daño antropológico” en Cuba?

También en ese evento de noviembre de 1994 en La Habana presenté una ponencia llamada “La reconstrucción de la sociedad civil: un proyecto para Cuba” junto con el Dr. Luis Enrique Estrella, graduado de la Universidad de Lomonosov, antiguo jefe de cátedra de marxismo-leninismo de la Universidad de Pinar del Río, quien llegó a ser miembro del consejo de redacción de la revista Vitral después de ser expulsado por sus ideas renovadoras. Desde entonces comprendí, y tuve la vivencia personal y grupal, que el futuro de Cuba había que pensarlo y edificarlo entre todos, con todos y para el bien de todos. Los debates con el “Kike” Estrella y mis dos cursos de posgrado, de un año cada uno, sobre materialismo dialéctico y materialismo histórico, fueron otro gran entrenamiento. Estrella escribió la primera parte de la ponencia de la II Semana Social Católica sobre fundamentación histórica-filosófica del término y la realidad de la sociedad civil; y yo la segunda parte en que definía, por primera vez en Cuba, un concepto “diferente” de sociedad civil, término prohibido y subversivo entonces, y donde bosquejaba un proyecto cívico para la reconstrucción del tejido social en Cuba, considerando que el protagonismo de la sociedad civil es el nuevo nombre de la democracia. Fue también la primera vez que mencioné el término “desastre antropológico” como la peor consecuencia del totalitarismo en Cuba. En el mismo estudio, renglones más adelante, comienzo a modular el término y lo llamo “fracaso antropológico” haciendo referencia al fallido “hombre nuevo” de la antropología marxista-leninista que hizo girones del alma de Cuba. Más adelante, madurando el concepto lo defino como “daño antropológico” (incluye debilitamiento, lesiones y fracturas de las dimensiones internas de la persona humana y no solo el fracaso o desastre de su dimensión social) en un editorial de Vitral No. 74 correspondiente al bimestre de julio-agosto de 2006. La investigación llegaría a una etapa académicamente superior con mi tesis de Maestría en Acción Política, Fortalecimiento Institucional y Participación Ciudadana, discutida y aprobada en la Universidad Católica Francisco de Vitoria de Madrid, el 24 de junio de 2019. En ella se llega a perfilar una definición del daño antropológico, teórica y sociológicamente fundamentada a través de una encuesta en Cuba y su diáspora. Se identifican también sus posibles causas, síntomas y consecuencias, así como su probable impacto en la transición de Cuba hacia la democracia. El estudio continúa con el tema que investigo para mi tesis doctoral en la misma Alma Mater que tratará sobre “Los fundamentos antropológico-filosóficos para un humanismo renovado para Cuba en la obra de Félix Varela y José Martí” como proyecto inspirador de la sanación del daño antropológico y la fundamentación de proyectos educativos que favorezcan una “conversión antropológica” (Papa Francisco, 2019)[2] en una ecología humana que facilite un desarrollo humano integral y una democracia de calidad.

 

¿Tiene tu compromiso como laico católico y activista cívico algún hilo conductor que le dé coherencia a lo largo de los años?

Cómo ves, a mis 65 años puedo percibir que siendo fiel a mi vocación social que nace de mi fe cristiana, superando los enormes escollos de vivir y permanecer dentro de Cuba, y con una resiliencia que nace de esa misma fe, he podido ir desarrollando como un hilo conductor, una columna vertebral de mi proyecto de vida cuya médula ha sido la fe cristiana y cuyos componentes vertebrales son: la persona como centro, sujeto y fin; la reconstrucción de la sociedad civil cubana para una gobernanza democrática de calidad y la sanación del daño antropológico causado por el totalitarismo en Cuba.

Todo ello buscado a través de tres medios fundamentales: la educación ética y cívica, la organización de un think tank independiente para la prospección estratégica “pensando Cuba” porque como dijo Martí: «Pensar es prever». «En prever está todo el arte de salvar». «Guiar es prever». «Prever es la cualidad esencial en la constitución y gobierno de los pueblos»[3]; y la búsqueda de consensos y de micro proyectos que pongan en práctica, para testear en lo pequeño, lo que proponemos para Cuba. Estos son los proyectos sucesivos que han dado cuerpo a este hilo conductor: la Comisión Católica para la Cultura (1987-2007); las Semanas Sociales Católicas (1991- 2005); la Pontificia Comisión Justicia y Paz (1999-2008); el Centro de Formación Cívica y Religiosa y su revista Vitral (1993-2007) y ahora el Centro de Estudios Convivencia (CEC-CUBA) (www.centroconvivencia.org) y su revista homónima (2008…) fundado y concebido como continuación de las obras comenzadas hace 35 años como frutos del ENEC (17-23 febrero de 1986), y especialmente de aquel capítulo de “Fe y Cultura”.

 

Desde hace años, el Centro de Estudios Convivencia ha sido un referente como centro de pensamiento y como un espacio plural e incluyente, independiente, no partidista y no lucrativo, de la sociedad civil cubana, que trata de inspirar, crear y difundir, ideas y soluciones a través de sus estudios de prospección estratégica y de iniciativas de formación ética y cívica. ¿Qué elementos destacarías de su trabajo?

En primer lugar, destacaría el hecho mismo de su existencia y posibilidad en las circunstancias de Cuba. A mí mismo me parece todavía un milagro persistente. Tengo la misma sensación de los proyectos anteriores, siempre en la frontera, siempre en lo imposible, siempre tildados de quijotadas: ¿Un encuentro de jóvenes provincial en 1975? Están locos. Fueron un centenar y su lema “Cristo nos hace felices”. ¿Una Comisión de la Iglesia para influir en el mundo de la cultura en 1987? No lo permitirán es un campo monopolizado por el Estado. Duró más de 20 años. ¿Rescatar las Semanas Sociales Católicas con ese nombre y todo en 1991? Bájate de la nube. Ni semana de estudios, y menos que los temas sean sociales y menos desde una óptica cristiana. Pudimos organizar 10 Semanas nacionales rotando su sede por siete diócesis de Cuba. ¿Fundar un Centro de Formación Cívica y Religiosa con su revista sociocultural independiente del Estado? Ni se lo planteen, educación y cultura son cotos cerrados en Cuba. Duraron 14 años el primero y 13 años la revista. Y cuando parecía que todo había terminado con la intervención del Centro Cívico y Vitral en 2007, nos tomamos un año sabático porque el golpe había sido combinado y contundente.

El retiro solo duró del fatídico día de inicio de la primavera de 2007 en que se consumó la intervención, y el 15 de octubre de 2007, fiesta de una de las mujeres más fuertes, creativas y resilientes de la historia de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús. Escogimos el día para recomenzar en casa de un miembro del equipo las “Tertulias” de formación cívica semanales, cada martes. Habían pasado solamente 7 meses. Ahí fundamos Convivencia, que primero serían tertulias de formación, luego su publicación, ya que cuatro meses después, el 15 de febrero de 2008, subimos el primer número de la revista Convivencia (www.centroconvivencia.org) que está cumpliendo ahora mismo 13 años sin fallar un número. 13 años: los mismos años que alcanzó a vivir aquella Vitral. Hemos arribado a la misma cantidad de ejemplares que ella: 78 números en su imperturbable ritmo bimestral. Ahora, además, cada día de lunes a viernes, publicamos una columna personal un miembro del Consejo de Redacción con un tema de más inmediatez. Más tarde, cuando ya tuvimos la cuarta sede desde Vitral, continuamos el think tank que ya había tenido 7 encuentros en los dos años finales del Centro Cívico. Recomenzamos el Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba en septiembre de 2015, con encuentros de prospección estratégica en la Isla y en la Diáspora. Otro imposible que ya va para su VII encuentro de pensamiento y consenso entre intelectuales, académicos, periodistas de ambos pulmones de la única nación cubana.

El principal fruto ha sido demostrar que era posible la “Convivencia” entre los que vivimos dentro de la Isla y su exilio, sus éxodos masivos, sus balseros, sus migrantes por cualquier causa, todos ellos son tenidos en cuenta en el concepto de diáspora que tiene un origen bíblico. El segundo, es testimoniar que es posible crear pensamiento y propuestas con la inclusión de la más amplia pluralidad, el respeto por el diferente y la posibilidad de pensar Cuba por encima de opciones partidistas o religiosas, ateas o agnósticas. El tercer fruto, sólo en tercer lugar, pero que quizá sea el más palpable, son los nueve Informes de visión y propuestas a corto, mediano y largo plazo que hemos publicado en nuestro sitio web (https://centroconvivencia.org/category/propuestas/). Han sido resultado consensuado del trabajo del primer think tank independiente que tiene su sede dentro de Cuba pero que respira y produce con dos pulmones: Isla y Diáspora. Y un cuarto aspecto que me gustaría destacar: todo este trabajo de 35 años se ha realizado con apoyo de donantes privados, sin recibir financiamiento de fondos del gobierno de Estados Unidos. Se puede encontrar en youtube.com un documental realizado por Carlos Díaz y Elaine Acosta sobre el CEC, con opiniones de las más diversas personas. El Consejo académico del think tank y sus relaciones con universidades y otros laboratorios de pensamiento plurales e independientes son, como el mismo Centro, como un Arca de Noé: dos de cada especie y todas conviviendo y pensando para cuando amaine el diluvio y podamos reconstruir nuestra amada Nación.

Ha sido el arte de convertir lo imposible en realidad creyendo en la fuerza de lo pequeño, en la eficacia de la semilla y en el edificar con transparencia, pero sin aspavientos.

 

¿Cuáles han sido las barreras que han encontrado?

Dificultades sin fin. Represión de todo tipo. Hostigamiento pertinaz. Fuimos intervenidos, perdimos los espacios de la Iglesia, nos confiscaron dos sedes, nos bloquearon el sitio web. Nos han regulado y desregulado. Citado e interrogado. Y, por otro lado, hemos recibido el ninguneo, el silenciamiento, como si no existiéramos, como algo de “yagüeros pinareños”, como si todo hubiera surgido después y nacido de la Nada. Como si la manía característica de totalitarismos y populismos de comenzar la historia a partir de su instauración se nos hubiera percolado en promisorios terrenos de la sociedad civil. Pero como nunca hemos tenido como objetivo la pasarela, cómo reinventarnos y sortear muros e intervenciones nos ha exigido mucha energía y concentración, todo ello unido a la experiencia milenaria que aprendimos de la Iglesia y una especie de mística de la paciencia histórica, nos han traído hasta aquí y ahora con gusto te respondemos a esta entrevista, con humildad que la Santa de Ávila decía que “es la verdad”, sin más, pero sin menos. Damos gracias a Dios y a todos los que han colaborado por enseñarnos al mismo tiempo el estilo combinado de la velocidad de la maratón de fondo y la carrera con vallas. Y en esta pregunta aplicamos nuestra máxima de siempre: “Quince minutos para quejarnos, cuarenta y cinco minutos de cada hora para proponer soluciones”

 

Vincular la academia y el activismo y la incidencia es siempre complicado. ¿Tienes alguna lección que compartir con nuestros lectores a partir de tu experiencia?

Sí, por supuesto, en todo lo anteriores proyectos de mis caminos al servicio de Cuba y su Iglesia, pero especialmente con relación a este tema me gusta volver a recordar y a poner en práctica el aforismo de Aristóteles “En la medianía está la virtud”.[4] La medianía no es la cerca, es la inclusión de las partes. La medianía huye de los extremos porque generalmente se tocan y topan. Pues para evitar topes que desgastan la energía disponible, desde el inicio definimos bien lo que queríamos. Y creo que la experiencia nos ha demostrado su eficacia aún sin faltar tensiones creativas. La medianía entre la academia y el activismo son precisamente los think tank.

Los laboratorios de pensamiento y la prospección estratégica son el puente de doble vía entre la universidad y la calle. Un think tank tal como lo concebimos en Convivencia es la conexión sináptica entre el primero pensar y el siempre actuar. El par dialógico entre ética y cívica. Un think tank es el canal de comunicación entre la razón y las emociones, ya lo decía Martí: “razón y corazón nos llevan juntos”[5].

Claro, se necesitan tres cosas para estas parejas porque como en todo matrimonio hay tendencias y discrepancias: definir bien nuestra identidad, misión, objetivos y métodos. Dos, una adecuada dinámica de grupo para que funcione con eficacia y eficiencia. Tres, una fuerte y discreta moderación de las mociones. Todo ello condimentado con una enorme paciencia, un espíritu abierto, un alma sin paredes ni techos y una pizca de ingenuidad política, en sentido amplio. Y caer y levantarse y huir de las mismas piedras y hacerlo con ilusión, creando confianza, convocando al diferente y creyéndote que para Dios no hay nada imposible, o si quieres con un lenguaje “revolucionario europeo”, recordemos la frase del filósofo Herbert Marcuse, que fue la expresión que definió la primavera francesa de 1968: “Seamos realistas, pidamos lo imposible” (salvo los experimentos fallidos) o si quieres ser más conservadora con la infalible fórmula cervantina: la eterna “dialógica y dialéctica entre los quijotes y los sanchos”. Doy fe, con la mano sobre la Biblia, que en todos estos años he sido testigo presencial y gozoso de “sanchos” que se quijotizan y “quijotes” que se sanchifican, como ya concluía el genio de Lepanto.

 

Conocedor de las dinámicas de la sociedad civil, y estudioso de la sociedad civil cubana, ¿cómo valoras los acontecimientos recientes relacionados con el MSI y con el 27N?

Te respondo con algunos fragmentos de mi columna del lunes 30 de noviembre de 2020 publicada en Convivencia (https://centroconvivencia.org/columnas-diarias/lunes-de-dagoberto/12701/una-noche-vi-cuba-resucitar ) que forma parte de una trilogía que forma una unidad trinitaria: la del lunes 23 de noviembre con la propuesta de un “Decálogo para un verdadero Diálogo”[6] antes de que pudiera ni imaginar lo que iba a suceder, me adelanté porque ha sido siempre mi propuesta ante la crispación y la violencia que ya venía incrementándose en Cuba, y la trilogía se completa con la columna del lunes 7 de diciembre, cuando ya se había cerrado el intento de dialogar, y propongo perseverar, sin desanimarse ni desalmarse. Sobre los acontecimientos del 27N escribí, entre otras consideraciones:

“Una noche en que vi a Cuba resucitar”

“Los sucesos del barrio de San Isidro y la noche de vigilia frente al Ministerio de Cultura, como todo acontecer histórico, nos sugieren lecciones y aprendizajes. El espíritu de esa velada del día y la noche del 27 de noviembre de 2020 con más de 500 cubanos y cubanas en armonía y paz me trajeron a la mente unas palabras telúricas de José Martí que resumen su obra y pareciera que describen lo que sucedió esa noche en La Habana:

“Aquí velábamos; aquí aguardábamos; aquí anticipábamos; aquí ordenábamos nuestras fuerzas; aquí nos ganábamos los corazones; aquí recogíamos y fundíamos y sublimábamos, y atraíamos para el bien de todos, el alma que se desmigajaba en el país. Con el dolor de toda la patria padecemos, y para el bien de toda la patria edificamos, y no queremos revolución de exclusiones ni de banderías… Razón y corazón nos llevan juntos. Ni nos ofuscamos, ni nos acobardamos. Ni compelemos, ni excluimos. ¿Qué es la mejor libertad sino el deber de emplearla en bien de los que tienen menos libertad que nosotros? ¿Para qué es la fe, sino para enardecer a los que no la tienen? Es cierto que las primeras señales de los pueblos nacientes, no las saben discernir, ni las saben obedecer, sino las almas republicanas. Y esto hacemos aquí, y labramos aquí sin alarde un porvenir en que quepamos todos.” (José Martí. Discurso del 10 de octubre de 1891)”

“… Quiero compartir lo que para mí fueron algunas de las señales de esa fórmula de amor sereno, pacífico, dialogante y exigente en esa noche de vigilia y esperanza:

  1. La convocatoria para encontrarse frente al Ministerio de Cultura fue libre, espontánea y abierta a todos. Eso es señal de libertad de reunión y de expresión.
  2. El ambiente logrado y mantenido hasta el final fue de serenidad y paz. Sin estridencias ni exaltaciones. Solo convivencia, aplausos, poesía, cantos y testimonios respetuosos. Así son los métodos cívicos y pacíficos.
  3. Lograron ponerse de acuerdo y redactar unas cuantas demandas, no muchas, no todas, las más urgentes: la libertad de los presos y en huelga, la libertad de expresión y de creación, el cese del hostigamiento, entre otras. Ese es el método de la democracia participativa.
  4. Lograron elegir a 30 representantes distribuyéndolos por manifestaciones del arte, la literatura, la prensa independiente, legitimando con su elección a los que participaron en el diálogo con las autoridades. Ese es el método de la democracia representativa.
  5. Lograron escoger a una vocera, joven, espontánea, que aceptaba rectificaciones, aclaraciones e incluso repetir ante la prensa las demandas y los nombres. Ese es el método de la transparencia.
  6. Lograron, sobre todo, que abrieran la institución gubernamental y fueran reconocidos como interlocutores válidos, vieja demanda de la sociedad civil cubana. Ese es el germen de convivencia social que seguimos demandando: reconocer al diferente.
  7. Lograron, al parecer, dialogar con respeto, durante más de dos horas, sin romper ni el contenido ni la actitud ni el modo. En parte acordaron, en parte discreparon, en parte dejaron para otra sesión de diálogo lo que parecía bloquear el presente. Este es el método de diálogo y negociación gradual y ordenada.
  8. Lograron reunir a tres Vicepresidentes: de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el viceministro de Cultura de Cuba.
  9. Lograron culminar la sesión, salir con lo acordado, y rendir cuenta de los acuerdos alcanzados a los que los habían elegido y a los que debían informar, como deben hacer los representantes electos, todo en la misma entrada del organismo oficial. Ese es el método de la “accountability” o rendición de cuentas a los electores.
  10. Lograron conseguir garantías de que la vigilia terminara pacíficamente como había comenzado y transcurrido, y la multitud pudiera retirarse ordenada y serenamente. Esto es lo que distingue la civilización de la barbarie.”

Pero sobre todo lograron encender la esperanza en medio de la noche, convertir al centinela en pueblo, convertir la semilla en fruto. Hacer latir el corazón y la razón de Cuba de una forma nueva. Allí latía toda el alma de Cuba. Allí se demostró que el diálogo pacífico, ordenado y gradual y eficaz, es posible entre cubanos.

Es verdad que no estaban todos, pero todos eligieron libremente a sus representantes. Es verdad que no se consiguió todo, pero en ninguna negociación o diálogo se consigue todo y menos en una sola sesión. Es verdad que podrían estar autoridades de más alto nivel, pero hubo autoridades de tres instituciones oficiales, lo que equivale a un reconocimiento de esos representantes de la sociedad civil independiente como interlocutores válidos. En ningún proceso se consigue todo en el primer momento y a veces ni en el último. Pero lo importante es que pudieron lograrlo. Digo igualmente: pudimos porque yo también me sentí representado si aquellos los eligieron libre y responsablemente. Eso es la democracia representativa que legitima a los elegidos y los obliga a rendir cuentas. Un ejercicio, un primer intento de diálogo que se ha logrado con sus limitaciones y faltas de entrenamiento, pero así son los procesos. Y a veces, esperando el final no disfrutamos el proceso.

Algo se encendió en la noche de Cuba, venía ya prendiéndose, viene de largas décadas de lucha pacífica, viene de los primeros que entregaron sus vidas, viene de los que después la siguieron entregando, viene de los opositores históricos y de los disidentes más jóvenes, viene como recogiendo en una sola noche todo el hondón de Cuba, todo lo que la Nación ha sufrido, vivido, logrado, durante estos 60 años en busca de la libertad. Allí no podían estar todos, pero nos sentimos presentes. Unos desde la eternidad, otros desde allende los mares, otros a través de las redes. No fue la primera vez ni será la última. Como en una de esas secuencias, poéticas y oníricas, de Fernando Pérez, vislumbré durante esa larga y luminosa noche, una comunión entre el pasado y el futuro, como en interminable peregrinar, en medio de gentes jóvenes, sus herederos, presentí ver pasar por allí cantando, aplaudiendo, rezando, proponiendo, a tantos mártires, a tantas iniciativas, a tantos opositores, a tantos periodistas independientes, a tantos artistas, economistas, filósofos, sacerdotes, monjas, pastores, laicos comprometidos, ateos, agnósticos, obreros, campesinos, gente humilde, valiente y honesta como la de San Isidro, vi allí a todos los que en la Isla y en la Diáspora (Exilio, Camarioca, Mariel, balseros, los que atravesaron las selvas y los que murieron en el mar, los de toda ideología justa y pacífica) vi a todos, de todas las generaciones. ¿Fue solo un sueño lo que me pareció ver o en verdad estaban allí, como cimientos, como iniciadores, como fundamento, como inspiradores, unidos a estas nuevas generaciones como lo soñó y lo logró Martí: juntos el tronco añoso y los pinos nuevos?

Estamos viviendo tiempos de incertidumbre, novedad y alumbramiento, era lo que mi abuela llamaba “tiempos de la buena esperanza”. Creo que por eso se nota que todos en casa estamos nerviosos, y que muchos estamos tratando de que el parto de la nueva república, sobre los pilares de Varela y Martí, sea viable, sano y feliz.

Muchas gracias.

 

[1] Disponible en http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html

[2] Francisco. 2019. Disponible en http://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/december/documents/papa-francesco_20191221_curia-romana.html

[3] (O.C. Tomo 6, p. 325) («La lección de un viaje». Patria. O.C. Tomo 2. p. 397) (O.C. Tomo 3, p. 425) (O.C. Tomo 6. p. 159).

[4] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco. Introducción, Traducción y Notas de José Luis Calvo Martínez, Alianza Editorial, Madrid 2001.

[5] Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, En Hardman Hall, Nueva York 10 de octubre de 1891.

[6] Valdés D. (2020) Disponible en https://centroconvivencia.org/category/columnas-diarias/lunes-de-dagoberto

 

Dagoberto Valdés Hernández

Director del Centro de Estudios Convivencia (Cuba)