“Desafortunadamente, la calidad de las democracias se está deteriorando de manera muy visible y en muchos aspectos. Eso es bastante visible en América Latina.”

Para comenzar nos gustaría conocer acerca del trabajo de IDEA. ¿Nos podría hacer una síntesis?

IDEA Internacional es un organismo intergubernamental, con 32 estados miembros, que se dedica a la promoción de la democracia a escala global y a proveer asistencia técnica en contextos de reforma política, constitucional y electoral. Una parte de la misión de IDEA consiste en producir y sistematizar conocimiento comparado sobre esas materias y otra parte tiene que ver con la ejecución de proyectos de cooperación técnica a los países que así lo solicitan. Ambas partes van imbricadas: el conocimiento informa el trabajo de asistencia técnica, y la experiencia acumulada en los proyectos de asistencia informa la producción de conocimiento. IDEA tiene una naturaleza dual que lo separa de la gran mayoría de los entes que trabajan en la promoción de la democracia.

Y ¿cómo imagina su gestión? ¿Cuál sería su impronta?

Siento que para IDEA lo más importante en los próximos 5 años es fortalecer la producción de conocimiento comparado en áreas críticas para la democracia, que es realmente el ADN de la organización y lo que construyó su reputación. Sin eso, el valor agregado de IDEA se reduce muchísimo, toda vez que hay otros entes con mayores recursos humanos y financieros para ejecutar proyectos. Es el arsenal de conocimiento comparado que tiene IDEA lo que le da su marca distintiva. Dentro de esa agenda, fortalecer el Informe Global sobre el Estado de la Democracia –cuya segunda edición saldrá el próximo noviembre—es absolutamente crucial. Este informe, que sale cada dos años, siento que es una contribución considerable al debate democrático global, en un momento en que precisamos de diagnósticos empíricamente fundamentados sobre las vulnerabilidades de la democracia y en que, sobre todo, necesitamos recomendaciones de política para enfrentar los enormes desafíos que enfrentan hoy los sistemas democráticos.

¿Considera que hay un retroceso democrático en el mundo? ¿Y en América Latina cómo estamos?

Depende de cómo se mida. Los datos que arroja el Informe Global sobre el Estado de la Democracia sugieren que la democracia no ha parado de extenderse en el mundo, hay más países democráticos que antes. Desafortunadamente, la calidad de esas democracias se está deteriorando de manera muy visible y en muchos aspectos. Eso es bastante visible en América Latina. Creo que en la región hay aspectos de la construcción democrática que son sólidos –el ámbito electoral, por ejemplo—pero hay otros, como la vigencia del estado de derecho, en los que las deudas son enormes y, en algunos sentidos, crecientes. Igual, un juicio general sobre el estado de la democracia en la región es inevitablemente injusto: el panorama es muy heterogéneo, no sólo entre países, sino entre aspectos de la agenda de construcción democrática.

Respecto de los siguientes problemas de las democracias, ¿cómo considera usted que se los podría resolver: fake news, financiamiento indebido de la política, corrupción, populismo y redes sociales?

En cuanto a la aparición del fenómeno de Fake news educación y fortalecimiento de los esfuerzos de curaduría de la información son las armas para contrarrestarlas. Respecto del financiamiento indebido de la política la principal herramienta consiste en cerrar la brecha entre la letra de la regulación y su implementación práctica. La corrupción requiere de un trabajo sobre la transparencia, la rendición de cuentas, la independencia judicial, el combate a la impunidad y un esfuerzo para repensar y racionalizar el papel interventor del Estado. El populismo solo puede ser desterrado a partir de la educación, la reducción de las desigualdades y la reducción de la impunidad. Las redes sociales no son un problema por sí mismas, pero sí son un riesgo que hay que administrar y un activo que, en algunos sentidos, dinamiza la exigencia de rendición de cuentas y la vida democrática.

La tecnología aplicada a elecciones fortalece o debilita a la democracia? ¿Cuál sería la receta para su aplicación?

Si hablamos de la tecnología aplicada a las elecciones, yo creo que hay aspectos como la transmisión transparente y pronta de resultados electorales que se beneficia enormemente de la aplicación de avances tecnológicos. Si hablamos de aplicar tecnología a la emisión del voto y al escrutinio, depende enteramente del país y la circunstancia. Ha funcionado en Brasil, pero ha generado grandes suspicacias en otros. Y luego están los casos como Uruguay, que tiene un sistema manual muy básico de emisión y escrutinio del voto y que tiene acaso los niveles más altos de credibilidad de toda la región. Meterle tecnología a lo que está funcionando bien me parece que no tiene sentido. Tengo la impresión de que en muchos casos el voto electrónico es una solución en busca de un problema. Eso es lo que hay que evitar.

¿Imagina transiciones democráticas en Cuba y Venezuela?

Sí, pero no en el futuro inmediato. Si algo está mostrando nuestra época es que el contexto internacional –que tanto hizo para dinamizar las transiciones democráticas en su momento—es mucho menos adverso que antes a la continuidad de sistemas autoritarios. El caso de Venezuela, en particular, está mostrando un aspecto que me parece crucial: la globalización, que ha facilitado los movimientos migratorios, está haciendo que, aun en casos de colapso nacional, los regímenes autoritarios pueden resistir mejor simplemente porque la gente opta por irse en vez de rebelarse. Para utilizar las categorías del gran Albert Hirschman, el balance entre “salida, voz y lealtad” frente a un régimen autoritario, se ha cargado hacia la opción de “salida”, en vez de la opción de “voz”. Eso hace mucho más probable la pervivencia del autoritarismo aun en condiciones calamitosas.

Antes de fin de año habrá elecciones presidenciales en Argentina, Bolivia y Uruguay.  ¿Qué nos puede decir al respecto? ¿Cómo percibe los procesos electorales?

En Uruguay las elecciones serán ejemplares como siempre y de nuevo privará un alto nivel de civilidad en la discusión. En Argentina no habrá problemas con la celebración de los comicios, aunque sí hay una atmósfera muy cargada y polarizada políticamente. En Bolivia la situación es mucho más compleja y es un caso en el que hay un riesgo alto de que los resultados conduzcan a una acre discusión post-electoral.

¿Qué deberían esperar los ciudadanos de América Latina de sus democracias?

Protección para sus derechos fundamentales, ante todo. Pero también deben entender que la democracia es como una cuenta bancaria: se obtiene de ella tanto como se pone en ella. Del retraimiento de los ciudadanos y de su cinismo nunca emergió una mejor democracia.

Los electorados se renuevan. ¿Qué característica tienen los nuevos electores para usted?

Son mucho más veleidosos, menos amarrados por lealtades partidarias y mucho más propensos a la exaltación y al enojo. En el caso de América Latina, también se empieza a notar una inclinación mayor a prestar atención a las disputas culturales o identitarias.

¿Es optimista o pesimista con respecto al futuro de la democracia?

Dígase lo que se diga sobre la democracia, hay dos cosas que hace admirablemente: en primer lugar, es el único sistema que respeta la autonomía de las personas para definir su destino y de su comunidad, que es una forma de decir que es el único sistema que respeta nuestra dignidad y que no nos trata como menores de edad; en segundo lugar, resuelve admirablemente el problema de la sucesión del poder, que es un asunto intratable para casi todos los regímenes autoritarios. Esas dos son ventajas considerables, que hacen que en el largo plazo el caso a favor de la democracia sea muy potente. Eso no significa que el progreso democrático sea lineal y sin retrocesos, o que el triunfo de la democracia sea inevitable. A fin de cuentas, la democracia como la conocemos es muy reciente. La norma histórica ha sido el ejercicio ilimitado del poder, el gobierno de los hombres fuertes y las identidades tribales. La democracia tiene que remar contra corrientes muy fuertes de la naturaleza humana, y hay momentos y lugares donde esas corrientes van a prevalecer. La democracia tiene ventajas evidentes, pero para que triunfe hay que trabajar todos los días.

 

Kevin Casas es abogado y politòlogo, graduado con honores de la Universidad de Costa Rica, la Universidad de Essex y la Univeridad de Oxford. Actualmente ejerce el cargo de Secretario General de IDEA, Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral