¿Cómo es tu vínculo e inicios en el activismo cívico cubano?

Fue en 1994, yo tenía quince años y vivía en Cuba. Surge de una manera muy particular, porque no tenía que ver directamente con derechos humanos ni con política, sino a partir de mi participación en Iglesia Católica.

Allí comencé a tomar conciencia de la importancia de lo social y me integro a varios proyectos: un boletín juvenil de nombre Nuevo Horizonte que tenía un contenido bastante crítico con la realidad. Al mismo tiempo, apoyaba a las Hijas de la Caridad en proyectos en barrios pobres de mi ciudad natal.

Un punto fuerte del activismo inicial fue la búsqueda de que los jóvenes tomaran conciencia crítica de la realidad social. Estábamos  en pleno Periodo Especial, posterior a la caída del campo socialista. Hablar del cambio social era una obsesión en cada reunión o documentos que redactamos. Cuba estaba muy mal y así lo habían alertado los obispos en la histórica Carta Pastoral “El amor Todo lo espera”.

Luego, Dagoberto Valdés me propuso para integrar la Comisión Católica para la Cultura, que buscaba un acercamiento entre la Iglesia y el mundo de los intelectuales, músicos y artistas, sector que en un momento se divorció al menos públicamente de todo lo que tenía que ver con el mundo religioso cristiano. Desde la comisión dimos espacio a intelectuales censurados por el gobierno.

La palabra compromiso estaba a la orden del día en los espacios de activismo en los que yo participé.

 

Desde hace más de una década el Observatorio Cubano de Derechos Humanos ha sido un referente para el monitoreo e incidencia internacional de los temas ligados al caso cubano. ¿Qué particularidades destacas en el trabajo del Observatorio como innovador?

Hemos desarrollado una línea de seguimiento a los problemas de los derechos humanos en Cuba teniendo en cuenta la información  y denuncias concretas que nos trasladan nuestros observadores, pero también, evaluamos el cumplimiento de los derechos a partir de las condiciones sociales para el goce de los mismos. Esto es algo que hemos avanzado en el ámbito de los derechos sociales donde hemos presentado ya estudios que pueden ser consultados en la web:http://derechossocialescuba.com/ .

En cuanto a otros elementos de nuestra estrategia, debo destacar que hace tiempo rompimos con la idea de que siempre hay que obtener victorias totales o rotundas. Un ejemplo de esto es la Cumbre de las Américas de Panamá 2015. La realidad y la sensación fueron que nosotros ganábamos porque ocupamos unos espacios que hasta ahora eran de las organizaciones del régimen. Los funcionarios del gobierno fueron a gritar y a insultar a la sociedad civil independiente, provocando el rechazo a su actitud por parte de las organizaciones, en especial de las panameñas, con quienes habíamos estado en reuniones previas a la cumbre. Pero había que reconocer que el Gobierno cubano también ganaba con su foto con Barack Obama.

Lo interesante de todo es que el gobierno se pasó de listo y no aprovechó el invite de Obama para abrir Cuba. Nosotros si logramos mantener la alianza con América Latina.

Nuestra estrategia como ONG cubana de derechos humanos se ha desarrollado en varios niveles a la vez: la denuncia pública y sistemática de las violaciones a los derechos humanos, acompañada de la identificación de patrones represivos. Para facilitar la amplificación de nuestra denuncias, hemos cultivado una relación muy fluida con la mayoría de los medios de comunicación especializados en temas cubanos, pero también tenemos buena repercusión en la prensa española.

Es clave la incidencia internacional ante instituciones del sistema de derechos humanos de la ONU, pero también ante instituciones políticas como el Parlamento europeo, gobiernos, y la sociedad civil. El día que consideremos que solamente es importante trabajar la incidencia con los gobiernos y no con la sociedad civil o con las instituciones de derechos humanos y no por ejemplo, con el Parlamento europeo, va a disminuir el alcance de nuestro mensaje e influencia. Miramos tanto a Bruselas como a Ginebra. Igual en el plano político: hemos conversado tanto con José Mujica como con José María Aznar.

Otro elemento es la presencia en las redes sociales. Tenemos una estrategia redes bien pensada y muy en sintonía con las prioridades que nos trazamos.

Y una lección o práctica tiene que ver con el seguimiento constante a la agenda política del país, en apariencia controlada por el gobierno, pero que nosotros vemos que puede ser permeada por las organizaciones independientes. Una experiencia positiva la tuvimos con el Referéndum Constitucional de febrero de 2019, a pesar de la disparidad de recursos en comparación con el gobierno, el rechazo a la constitución fue importante gracias a la confluencia de diversos actores de la sociedad civil.

 

¿Cuáles han sido en este trabajo de activismo en múltiples escenarios, como puede ser Naciones Unidas, Parlamento europeo, espacios académicos, organizaciones de derechos humanos, las principales barreras o retos que han encontrado?

En primer lugar, los retos propios de una sociedad cerrada. El OCDH tiene su sede en Madrid, pero la mayoría de los colaboradores están dentro de Cuba. Ser activista en una sociedad cerrada presenta dos problemas: el primero tiene que ver con la represión del gobierno. Es muy difícil desarrollar una actividad en materia de derechos humanos cuando estás viviendo esa represión, esa vigilancia activa del gobierno. Eso influye directamente en la propia actividad de documentación de las violaciones; por eso, no tenemos el alcance que quisiéramos a nivel nacional.

El segundo problema que nos presenta una sociedad cerrada es la alienación de la persona humana con respecto al mundo y sus claves de funcionamiento . Eso genera distorsiones muy frecuentes, por ejemplo, pensar que todos cuando amanece están pensando en Cuba, que somos el centro del mundo en materia de violación de derechos humanos. Y esto que digo no es solamente un problema de quienes viven dentro de la isla.

No entender eso a veces provoca frustración, “es que no nos entienden…”, bueno no es que no nos entiendan, es que posiblemente nuestro interlocutor también haya escuchado situaciones similares de otros países. Un reto constante es no llevar la incidencia al terreno pasional, y si ser más persuasivos, concretos y empáticos.

Uno de los retos que tambien tenemos, es cómo pasar de un observatorio de derechos humanos de la oposición, a un observatorio de derechos humanos de la población.

 

Uno de los actores con que trabaja el Observatorio es el sector académico, ¿cómo vincular la labor académica a lobby político, que siempre es complicado, y cuáles son las lecciones que se han llevado a partir de la experiencia de vincular esos dos mundos?

Mira, no existe una acción política, o una acción de activismo en derechos humanos que no tenga un pensamiento que lo alimente. En gran medida ese pensamiento quien lo aporta es el mundo académico. Además, la vida es un proceso de aprendizaje y en ese proceso, el liderazgo tiene que ser capaz de integrar. Cuando digo integrar, me refiero tanto a las personas procedentes de diferentes ámbitos de la vida social, como a los métodos y  formas de generar y estructurar el conocimiento. Debemos indagar qué podemos tomar del mundo de las encuestas, de la economía o de la inteligencia, que por ejemplo, te ayuda a evitar los famosos sesgos del análisis.

Desde hace años el Observatorio ha venido tocando temas que son de interés académico, por ejemplo, en políticas públicas en el ámbito de la realidad social y de los derechos sociales. Hemos publicado libros que han nacido de esos eventos. En México tuvimos uno muy bien organizando conjuntamente con la ONG Gobierno y Análisis Político.

Creo que hemos avanzado en la vinculación entre esos mundos. Hoy diversas publicaciones académicas citan nuestros informes y posiciones.

 

Hay un reciente esfuerzo de la CIDH que se materializó con el primer informe de la situación de los derechos humanos en Cuba en más de tres décadas, ¿cómo valoran como activistas en derechos humanos la importancia de este informe tanto por los contenidos como por lo que significa después de más de tres décadas volver a ubicar a Cuba dentro del trabajo de producción de contenidos de la comisión?

En primer lugar hay que destacar el regreso del informe de país de la CIDH sobre Cuba, es en sí un hecho relevante. Se hace difícil entender cómo estuvimos tanto tiempo sin un informe específico.

A lo anterior hay que sumar la independencia con que ha sido preparado y quien dude de ello, que se lea el segundo capítulo.

Son 149 páginas en las que pocas realidades relacionadas con los derechos humanos se quedan fuera. Es impresionante como recoge atropellos sufridos por activistas con nombres y apellidos, pero a la vez también tienen espacios para pensar en la gran mayoría de los cubanos, agobiados, por ejemplo, por el deterioro creciente e imparable de sus derechos sociales.

Como Observatorio Cubano de Derechos Humanos estamos muy satisfechos y complacidos con este informe. Agradecemos que nos hayan tomado como fuente en varias cuestiones, pero también damos las gracias por haber hecho un análisis tan plural.

Es importante que desde las américas exista una llamada de atención tan importante y profunda como el informe de la CIDH. Eso nos motiva para seguir trabajando a favor de nuestro pueblo, pero también demuestra que la idea de la universalidad de la defensa de los derechos humanos es más potente que la propaganda que el sistema cubano ha sembrado por más de 60 años en la región.

 

Yaxys Cires

Asesor del Observatorio Cuba de Derechos Humanos (OCDH). Abogado con posgrados en Derecho Internacional, Acción Política e Inteligencia. En Cuba fue Coordinador de la Pastoral Juvenil en Pinar del Río, miembro del Centro de Formación Cívica y Religiosa y de la Comisión Católica para la Cultura. Ex vicepresidente de la Organización Demócrata Cristiana de América (2013-2016).