José Antonio Peraza: “La mayoría de los nicaragüenses estamos convencidos de que esta transición debe ser pacífica y democrática, respetando en la medida de lo posible el orden constitucional del país.”

 

¿Cuál es el estado del conflicto de Nicaragua en la actualidad?

El estado de conflicto en la Nicaragua de hoy, hay un cierto empate donde el régimen tiene puntos a favor respecto de lo interno del país. No porque haya remontado su deterioro sino más bien porque la represión es más fuerte, utiliza más policía, más paramilitares, más paraestatales, elementos fanatizados del partido para imponer su dominio. Pero básicamente descansa sobre la represión y está muy cuestionado por la población, por lo tanto, hay un pequeño empate. Porque a nivel internacional está totalmente desprestigiado y tiene muy poca credibilidad. Pero está firme en el sentido de que utiliza la represión para imponerse.

 

¿La crisis en Venezuela cómo ha afectado la situación de Nicaragua?

Nosotros estamos muy claros respecto de que Daniel Ortega observa lo que está pasando en Venezuela y su capacidad de negociación de alguna manera está determinada por lo que pasa en Venezuela. Si hay un colapso en Venezuela, posiblemente él tenga más tendencia a negociar de manera más rápida y franca para resguardar su dinero y la vigencia del FSLN. Si Venezuela colapsa posiblemente esa negociación sea más sencilla.

 

¿Daniel Ortega está más fuerte o más débil con relación al momento en que se inició la crisis?

Daniel Ortega es un hombre que ha demostrado, a lo largo de su historia política, que negocia al borde del abismo, que espera hasta último momento para tomar las decisiones; por lo tanto, no va a ser una salida sencilla. Daniel Ortega está más débil a nivel internacional, a nivel nacional más fuerte por la represión. Pero definitivamente él y su partido está totalmente colapsado ante la gente. La gente está horrorizada de la represión, de la forma en que se hizo. De la negación que hay, de los crímenes cometidos. De la no aceptación de las atrocidades que han cometido. Definitivamente tiene un discurso de negación que yo diría que más del 80% de la población nicaragüense rechaza. Fuera de la represión, en que es fuerte porque es en lo que se ha centrado, no tiene apoyo popular.

 

¿Qué ha pasado con los partidos políticos de la oposición que parecen sobrepasados por la protesta de la sociedad?

Prácticamente los partidos políticos que están en la Asamblea Nacional son partidos satélites del oficialismo. No tienen ninguna representatividad. La mayoría de ellos no llega ni al 2% del electorado que vote por ellos. Dependen económicamente de las prebendas del gobierno. No tienen ninguna credibilidad. Son partidos colaboradores del régimen. Existen dos partidos con un poco más de tradición, que son el Partido Liberal Constitucionalista que está muy cuestionado por su participación en el pacto político que se dio en 2000 y que permitió a Ortega ascender como dictador; y está el otro partido que ha sido un poco más crítico que es Ciudadanos por la Libertad que es de origen liberal, pero que también es cuestionado porque participó en las últimas elecciones regionales hace pocos meses y se le entregó una personería jurídica que se le había quitado, eso le da mucha sospecha a la gente. Pero definitivamente yo soy creyente de que debe construirse una nueva fuerza política fuera de los dos “ismos” que han dominado la Nicaragua de finales de siglo XX e inicios del XXI, que son el liberalismo y el sandinismo. Creemos que se debe construir una fuerza más nacional, más amplia, que aglutine a sectores que van desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, si es que se puede hablar de extremas en Nicaragua. No obstante, esa tarea es muy compleja porque las divisiones en este país son profundas, no de hoy sino de toda su historia. Entonces también esa labor de construir un partido nuevo es un poco difícil, muchos no lo creen posible; los norteamericanos de la embajada no consideran que sea posible, y muchos analistas dicen que no es posible. Yo sí creo que es posible en seis meses construir un partido y ganar una elección de manera contundente para tener una mayoría absoluta y poder hacer los cambios necesarios que el frente sandinista le ha impuesto a la sociedad nicaragüense.

 

¿Qué características presenta el movimiento Cívico que hoy ha decidido enfrentar a Ortega?

El movimiento cívico es un movimiento pacifista que cree que la transformación debe hacerse a través de la no violencia, porque Nicaragua ha tenido mucha violencia en los últimos cuarenta años; pero muy activo, muy fuerte, lleno de voces nuevas, de nuevos liderazgos, con jóvenes entusiastas; aunque falto de organización porque hay una fobia por la corrupción que han vivido los partidos políticos tradicionales a construir estructuras partidarias. Pero eso va a suceder, está sucediendo, y creemos que pronto va a estructurarse un partido político nuevo que no tenemos ni la menor idea cómo se llamará. Está la Alianza Cívica, o la Unidad Nacional Azul y Blanco, cualquiera de los dos podría dar el salto y convertirse en partido político. Eso solo es posible como producto de una negociación con el FSLN que permita llevar a cabo una transformación en el consejo supremo electoral y que se puedan dar las pautas para que estos movimientos cívicos den el paso para convertirse en partidos políticos.

 

¿Cuál es el lugar de la juventud en este proceso de cambio?

 

El papel que ha jugado la juventud es fundamental. Fueron ellos lo que enfrentaron al régimen a partir del 18 de abril. Al inicio fueron la mayoría de los muertos, pusieron los muertos, pusieron los heridos y los exiliados y por lo tanto este es un movimiento joven. Todavía hay sectores que creen que los jóvenes no están preparados para asumir esos retos y esas responsabilidades mayores. Pero creo que eso es un fenómeno momentáneo. Han surgido nuevos liderazgos, no creo que los puedan desplazar. Creo que dentro de los próximos cinco años vamos a tener un grupo de jóvenes preparados, dinámico, y con mucho entusiasmo, fuerza y valor que van a pasar a asumir posiciones políticas para transformar Nicaragua. En eso soy optimista. Creo que como todo proceso va a tener sus avances y retrocesos, pero en general creo que ya la generación que hizo la revolución o que combatió la revolución ya va para afuera y que es cuestión de un lustro para que estos nuevos actores asuman la conducción del país.

 

¿Hay condiciones para una transición democrática?

La mayoría de los nicaragüenses estamos convencidos de que esta transición debe ser pacífica y democrática, respetando en la medida de lo posible el orden constitucional del país. Tenemos demasiados exabruptos y guerras civiles en nuestra historia y definitivamente hay un convencimiento de los nuevos actores políticos de que esta transición debe ser diferente. No va a ser sencillo porque estamos ante un gobierno y ante un partido político que tiene una tradición militar y que todo lo ve como correlación de fuerzas y enfrentamiento. Eso es grave porque tenemos una clase política convencida, por lo menos esa clase vieja, que pasa de sesenta años, que considera que el poder no se cede y hay que retenerlo hasta lo último. Esa visión del poder de que es un botín y que yo lo tomo y no lo entrego es la lucha que estamos haciendo para tratar de superarla y modernizar el país desde el punto de vista político.

 

¿Qué balance hace del rol de la OEA en este conflicto?

La OEA ha cambiado su rol porque al inicio, antes de la revolución del 18 de abril, tenía una posición blanda con respecto al gobierno y había instalado un protocolo de reformas al órgano electoral que no satisfacía a la mayoría del país y se veía como una OEA incapaz de pedirle al gobierno que respetara los derechos humanos, las libertades, etc. Parece que eso se ha enmendado, parece que el secretario general ha comprendido que lo que él vio en superficialidad no era la Nicaragua que le presentaban distintos grupos políticos. Y se vio como en cuestión de cinco días cambió totalmente el panorama del país. ¿Qué significa eso? Pues, que había un río subterráneo que se movía, que tenía una gran vitalidad, y que nadie quería ver, pero sí que daba muchas muestras de que había un descontento profundo, y eso no lo captó Almagro. Han reconocido que cometieron gravísimos errores sobre cómo percibían la realidad de Nicaragua. Y es lógico, porque es un país que cuando ellos vienen parece que todo está en orden, que todo está bien. Pero los que conocemos la historia reciente y pasada sabemos que este país nunca ha sido así. Y todos sabíamos que iba a haber un estallido. Lo que no sabíamos era cuándo. Lo que sí nos sorprendió fue la rapidez, la vitalidad con que se dio. En cuestión de tres días, entre el 19 y 21 el de abril del año pasado el país cambió completamente. Y el gobierno perdió totalmente las calles y ahora la única manera en que puede imperar su gobierno es a través de la represión.

 

Ante la crisis en Honduras se tomó el camino de una electoral. ¿Es posible que eso ocurra en su país?

Nosotros creemos que la única salida es electoral. La Alianza Cívica hoy le dio un ultimátum, diciéndole “díganos cuándo vamos a tener elecciones adelantadas porque esto no puede llegar a 2021”. Prácticamente hay un estado de excepción, sin llamarlo de esta manera, donde el gobierno lastima, maltrata a todo aquel que se atreva a protestar. Incluso a aquel que tenga la osadía de usar el símbolo nacional más representativo de cualquier país, a mostrar la bandera. Los nicaragüenses no podemos usar nuestra bandera en público porque somos detenidos encarcelados de inmediato. Ese es el nivel de represión que tenemos. Y ese es un tema que consideramos que es insostenible.

 

¿Nicaragua está más cerca de un escenario al estilo Venezuela, por la represión sin límite, de Cuba por el control eficiente de una dictadura o de El Salvador que pudo realizar elecciones y garantizó una alternancia?

Hay muchos sectores que dicen que vamos a una “venezolanización”. Y que pronto la crisis económica que ya se siente, se va a apoderar de Nicaragua. E habla de que puede haber un retroceso este año entre un tres y hasta, si no hay un cambio sustantivo, un once por ciento. Eso sería catastrófico para un país que tiene un atraso histórico producto de la violencia que ha vivido durante las últimas décadas. Pero Nicaragua no es Venezuela y mucho menos Cuba. Este es un país que ha luchado de manera feroz en los últimos cuarenta años; aquí los jóvenes en cuestión de semanas, yo diría que días, aprendieron porque se lo enseñaron sus padres, sus abuelos, cómo luchar contra una dictadura. Y eso se trae porque se ha practicado mucho y aquí hay decenas de personas que tienen experiencia militar en conducción de tropa, de rebelión, en protesta. Hay un bagaje de lucha acumulado que hace de Nicaragua un país muy particular. Eso no quiere decir que la dictadura no tenga también capacidades importantes para reprimir, confundir y tratar de esquivar el juicio de la historia, que dice que debe haber un cambio lo más pronto posible. Personalmente creo que esto va a llevar a una elección el próximo año que espero que sea en el primer trimestre de 2020 o en octubre o noviembre. Creo que el régimen está fracasado, está derrotado. Y se impone bajo la represión, lo que no es sostenible en Nicaragua porque ya lo hemos experimentado. Hay una vocación de resistencia muy importante. Claro, la represión siempre golpea, siempre hay miedo, pero la resistencia ahí está; no ha parado un solo día ni va a parar, creo yo. Pues hay una vocación de paz, en el sentido de resolver este tema de una manera diferente a como lo hemos hecho en el pasado que o nos ha traído muy buenos resultados. Yo creo que hay un proceso de maduración, que no va a llegar de un día para el otro, algo nuevo que está surgiendo, que no sabemos si va a ser mejor o peor pero sí va a ser diferente. Tengo esperanza de que podamos transitar de manera pacífica a un sistema político más decente, más moderno, que ponga la prioridad en los problemas del país.