Trece años en el poder. Tres mandatos presidenciales y un cuarto en carrera. Con este panorama, no quedan dudas de que Evo Morales contó y cuenta con el apoyo de su pueblo. Caso contrario ¿quién lograría mantenerse tanto tiempo en el poder? O mejor dicho ¿quién se mantendría en el poder tanto tiempo fuera de las vías constitucionales?

Recordemos que el artículo 168 de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia especifica:  El periodo de mandato de la Presidenta o del Presidente y de la Vicepresidenta o del Vicepresidente del Estado es de cinco años, y pueden ser reelectas o reelectos por una sola vez de manera continua. Claramente la constitución no deja lugar a dudas, el presidente o vice puede ser reelecto solo una vez de forma consecutiva.  En contraste con lo que refleja la realidad, es posible que no nos alcancen los números para calcular cómo llegó a disputar su cuarto mandato e incluso convendría preguntarnos: ¿Cuál fue la carta que le permitió a Morales burlarse de la constitución?

Antes de continuar hay que resaltar que Evo llega al poder en un paisaje desolador para la democracia boliviana, como un rayo de esperanza en medio de una crisis total de representatividad, por lo que el principal objetivo que plantea el Movimiento al Socialismo (MAS) ante la gente es recuperarla. Nadie esperaría menos de un partido que surgió de la necesidad de las organizaciones sociales campesinas de poseer un instrumento político que les asegure la participación en la toma de decisiones. Mucho menos pondría en tela de juicio que la incidencia de la sociedad en el Estado permitiría que la democracia sea un espacio de inclusión y participación ciudadana.

Este discurso llenó de confianza a la sociedad boliviana desde el momento cero y le permitió una amplia victoria al MAS por dos mandatos consecutivos. Evo Morales, el flamante mediador entre el partido y las organizaciones sociales, había llegado al poder. Era el momento para que los pueblos indígenas al fin tuvieran el reconocimiento que merecían y se les había negado. Pero, como era de esperarse, los intereses individuales no tardaron en aparecer y dejar en evidencia una inminente concentración del poder, ni más ni menos que, en la figura del presidente. Más allá de eso, Evo no dejó de ser un líder inmaculado para el sector popular. He aquí la carta que le permitió burlar las leyes para perpetuarse, lograr alcanzar un tercer mandato y disputar hoy un cuarto.

Por este motivo, en 2013, con el apoyo del pueblo, gran ventaja en la legislatura y con el Tribunal Constitucional a su favor logra candidatearse hacia su tercer mandato. Desde entonces ya era predecible que sus intenciones iban más allá. En enero de ese año tiene lugar la publicación de un documento donde el presidente pone de manifiesto cuales son los 13 pilares para una Bolivia digna y soberana, la “Agenda Patriótica 2025”. No era descabellado pensar que tarde o temprano comenzaría la puja para alcanzar el cuarto mandato.

En 2015 se convocó a un Referendo Constitucional que se realizó el día 21 de febrero de 2016. Se proponía la reforma del artículo 168 de la Constitución, con el fin obtener la “re-re-reelección” para el presidente Evo Morales. En los resultados Bolivia dijo NO a la re postulación del mandatario. Pero los resultados fueron desestimados por completo y la lucha continuó.

Haciendo oídos sordos a los resultados del referéndum, en 2017 los seguidores de Morales presentaron un recurso apelando al artículo 23 de la Convención Americana de los Derechos Humanos. Este artículo hace referencia a los derechos políticos de las personas, argumentando la posibilidad que deben tener todos los ciudadanos de participar en la vida pública, por ende, de votar y ser electos.  El Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) falló nuevamente a favor del oficialismo, que buscaba inhabilitar ciertos artículos de la Constitución y anular otros de la Ley Electoral, declarando la aplicación preferente de los “derechos políticos” sobre los derechos que enumera la Constitución en sus artículos.

Es evidente que más allá de los resultados que se reflejaron en el 2016, Evo encuentra respaldo en sus organizaciones sociales, que lo sostuvieron desde el comienzo.  Una estructura que desde entonces demostró tener una capacidad de organización mucho más eficaz que la estructura opositora. Pero no podemos perder de vista que hablamos de una comunidad enceguecida por la figura de un líder que se supone irremplazable, que logró convencer a una multitud de elegir los caminos de la inconstitucionalidad justificándose en que el otro es el enemigo y que la única alternativa de no caer nuevamente en las garras de la derecha es él.  Porque hace tiempo se dejó de perseguir una idea para aferrarse indiscriminadamente a un líder que se concibe insustituible.

Los hechos que se sucedieron desde el referendo del 2016 son la expresión máxima de que el “gobierno del pueblo” que se proclamó desde los inicios no es más ni menos que el “gobierno del pueblo que está con Evo”. El resto de la sociedad civil no tiene voz ni voto. Quedó claro que la oposición no tiene posibilidad de expresarse en el Congreso, en las calles y dificultosamente en las urnas.

Llegado este punto creo necesario aclarar que la cuestión no acaba en pararse en el umbral de la puerta y decidir entre la izquierda o la derecha. La situación que vive hoy Bolivia traspasa toda ideología o partidismo porque, como en un círculo vicioso, nuevamente está en crisis la representatividad del pueblo boliviano.