La mayoría de los Estados cuentan con servicios de inteligencia nacionales, los cuales son utilizados para proteger los intereses nacionales de cada país, tanto dentro como fuera del mismo. Históricamente los más conocidos son la CIA en EEUU, SVU (ex KGB) en Rusia, Mossad en Israel y MI6 en Reino Unido. Su renombre debe principalmente a su actividad a escala internacional, siendo Estados con grandes áreas de influencia a nivel mundial. Sin embargo, esto no quiere decir que en el resto del mundo estas organizaciones sean menos importantes o tengan menos capacidad de influencia. En América Latina este es el caso de Cuba, cuya labor más grande la está realizando en la República Bolivariana de Venezuela. Si bien a nivel internacional no es una entidad con mucho peso, en el Estado comandado por Nicolás Maduro cumple un rol predominante en las tareas de asesoría, inteligencia, contrainteligencia e incluso de actos de represión. 

Inicio de los servicios secretos cubanos

El inicio de los servicios de inteligencia en Cuba tuvo lugar durante 1958, con la lucha insurreccional contra el Gobierno de Fulgencio Batista. En ese entonces, el comandante Raúl Casto crea el Cuerpo de Oficiales de la Inteligencia Rebelde. El 22 de agosto de ese mismo año, a través de un decreto, ordena la creación del Servicio Secreto, adscripto a la jefatura del Estado Mayor, con el objetivo de “observar, investigar e informar sobre todo lo que pudiera afectar la seguridad de las fuerzas rebeldes”

Dentro de esta organización, se crearon dos grupos: el G1, cuya tarea comenzó siendo la seguridad de las principales figuras de la revolución y hoy en día es la protección de los ministros; y el G2. Durante el período revolucionario se encargó de luchar contra los enemigos internos, los infiltrados militares y toda actividad contraria a los principios de la revolución. 

En la década del 60’, con Fidel Castro ya en el poder, la actividad del G2 se reestructura hacia el exterior. La revolución había tenido éxito en la isla, era momento de poner el foco en la escena internacional, realizando tareas de espionaje en el resto del continente. Esta actividad tenía dos focos, por un lado la lucha contra el capitalismo de EEUU, su principal enemigo, y por el otro la cooperación con Rusia, su gran aliado. El G2 mantuvo una relación estrecha con el servicio de inteligencia de la Unión Soviética, la KGB, al ser Estados socialistas y compartir los mismos intereses. Incluso llegó a haber una base militar de inteligencia rusa a 25km de La Habana.

Cuando cae la URRS, los hermanos Castro se quedan sin su principal aliado internacional y su sustento económico. Había llegado el momento de ampliar la influencia en la región y buscar un sustituto en el continente americano. Es así como comienza la relación cuasi simbiótica con Venezuela. 

G2 y su sucursal en Caracas

Durante el gobierno castrista, la tarea de recolección de información confidencial estaba en manos de tres entidades: la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y los cuerpos policiales. En 2013, con Nicolas Maduro en el gobierno, se creo el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (CESPPA) con el fin de unificar la información que sus espías, tanto venezolanos como cubanos, obtenían acerca de los opositores al régimen.  

Además de nutrirse con los datos de los organismos de inteligencia, “el CESPPA cuenta con una maquinaria de espionaje propia –un grupo de hackers y expertos electrónicos, con sofisticados dispositivos–, destinada a las escuchas electrónicas”, subraya el diario español ABC. 

Gyoris Guzmán, director general de la Oficina Nacional contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo de Venezuela entre 2013 y 2015, hoy vive en España bajo asilo político, declaró al diario ABC que “toda esa información acaba en manos de los servicios de inteligencia cubanos, el G2”. También aseguró que recibió una invitación a participar de una conferencia de CESPPA, pero que dicha invitación llegó de parte del coronel Camilo, oficial cubano representante del G2 en Venezuela, y no del director de la institución. 

Está claro que el CESPPA es una sucursal del G2 que fue creada a su imagen y semejanza y bajo su mandato. El 20% de los cubanos que trabajan en Venezuela despeñan tareas en el área de inteligencia y seguridad. En palabras del ex General del Ejército venezolano, Antonio Rivero, “la participación activa de oficiales cubanos en Venezuela está tipificado como delito de Independencia y de la Seguridad Nacional”, además de ir contra el principio de no injerencia en los asuntos internos de otro Estado. 

Dos olas de represión: 2014 y 2017

El pueblo venezolano tomó conciencia de esta situación luego de las represiones en manos de agentes cubanos durante las protestas contra en régimen de Maduro en 2014 y 2017. Hasta el momento su rechazo por la intervención extranjera llegaba sólo a las áreas administrativas del Estado Nacional, consideradas una perdida de soberanía. 

La violencia en estas represiones llegó a niveles sin precedentes. Los testimonios de los individuos que sufrieron estos ataques dejaron en evidencia que los perpetradores eran parte de los colectivos cubanos y de los infiltrados de este país en la estructura local. Según un informe presentado por la Fundation for Human Rights in Cuba, titulado Cubazuela, “durante estas dos grandes olas de protestas la represión se enfocó en violar de manera metódica, descarada y desvergonzada el derecho humano sagrado de la vida, buscando crear un clima de terror sin precedente en Venezuela”

Estos ataques se llevaron a cabo de una manera extremadamente profesional y por especialistas y fueron reportados actos similares en Nicaragua, donde políticos opositores también denuncian la presencia de agentes cubanos. Es evidente que se perfeccionó el método y se aplica en Estados donde los Castro tienen intereses que defender. La Guardia Nacional Bolivariana, a su vez, adapta esta metodología y repite los patrones de crueldad mostrando su apoyo al G2.

Uno de los métodos más utilizados y crueles es el de dispararle en la cara a los opositores, lo que los deja desfigurados y en agonía durante varios días, pero sin poder recuperarse y terminar muriendo en una cama de hospital. Estos son los casos de Geraldine Moreno Orozco (22), Jimmy Vargas (34), Juan Carlos Montoya (40), Genesis Carmona (21), Roberto Redman (31), Bassil Alejandro Da Costa Frías (24), entre otros. Todos ellos demostraron de alguna forma estar en contra del gobierno de Maduro, todos ellos sufrieron esta agresión por parte de agentes cubanos y de la Guardia Nacional Bolivariana, quienes no hacen diferencia entre edades, profesiones o forma de protesta. El único objetivo es defender los intereses del líder de Cuba y, por lo tanto, los del líder de Venezuela.

Conclusión 

El régimen castrista quiere proteger a cualquier precio la “estabilidad” del gobierno chavista, ya que, es quien le proporciona su sustento económico. Si Maduro cae, Cuba se encuentra nuevamente frente a una crisis económica y política como la que sufrió con la caída de la URRS, y debería buscar un nuevo aliado o se vería obligado a abrir su régimen. La crisis económica ya comenzó, debido a que Venezuela se quedó sin crudo para comercializar, pero la isla no está dispuesta a darse por vencida. Es por esto que emplea su servicio de inteligencia y espionaje en el Estado continental, lo que representa una violación a la soberanía venezolana. La intervención alcanzó un nivel demasiado alto, Nicolás Maduro parecería no tener mayor peso en las decisiones y acata las propuestas que llegan de La Habana. Además, en un principio el G2 trabajaba desde las sombras pero en la actualidad dejó en evidencia su labor de espionaje y represión, por lo tanto, para frenar la crisis humanitaria en Venezuela es necesario frenar a Cuba.