Quizá la idea fundamental del siglo 18 que ha marcado buena parte de la organización política de los países, es la idea de que: las personas se gobiernan a sí mismas, y a partir del siglo 19, que las elecciones son la base de la democracia. Elegir democráticamente el gobierno bajo el cual se vive, expresarse y organizarse en torno a los principios y puntos de vista políticos propios, es algo común en este siglo. Sin embargo, no es ajeno para la clase política que la democracia ha disminuido en eficacia, incluso en aquellas partes del mundo donde se ha establecido con más fuerza.

Las elecciones presidenciales y legislativas del 2021 se darán en un contexto nuevo para el país por la alarmante emergencia sanitaria derivada del coronavirus y la profunda crisis económica previa al mismo. De acuerdo a datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se estima que un 6% de la población ecuatoriana se sumaría a una situación de pobreza en los próximos meses. A esto hay que sumarle que en  últimos años, se ha precarizado a la clase media, conocido como el comodín de las elecciones en Latinoamérica, al ser entendida como un concepto ideológico (conjunto de aspiraciones que determina comportamientos sociales) más que uno sociológico que engloba las condiciones socioeconómicas.

El estado de ánimo actual de la población es solo comparable con lo sentido en la crisis del año 99, uno de los peores momentos de la economía ecuatoriana. De acuerdo a los recientes estudios de opinión, el 75,31% piensa que la situación económica está peor que el año pasado (Informe Confidencial, 2020) y el 71% piensa que la situación será peor (Click, 2020). La desilusión y desesperanza es solamente comparable con las peores crisis que hemos vivido, por lo tanto la elección del 2021 tendrá un ánimo muy parecido a la situación descrita por Colin Crunch (Crunch, 2004) en posdemocracia, una situación en la que el aburrimiento, la frustración y la desilusión envuelven a los electores que siguen utilizando todas las instituciones de la democracia. Lejos de ser un proceso que entusiasme, que ilusione, las elecciones 2021 serán “turarsi il naso e votare”, siguiendo la invención italiana de Indro Montanelli que significa votar tapándose la nariz.

 

¿Cuáles son las condiciones que nos harán votar el menos malo?

  1. Ecuador atraviesa una crisis de legitimidad y un aumento de la desconfianza y rechazo a las instituciones políticas. Hoy en día, los ecuatorianos confían más en instituciones como la Iglesia, la empresa privada y los militares que en los actores políticos, la Asamblea Nacional y los medios de comunicación.

Los ciudadanos no sienten una reciprocidad de respuesta a sus  problemas cotidianos, y lo que ocurre, en consecuencia, es que en lugar de exigir, se alejan de la política. En Ecuador, crece un  sentimiento antipolítico:  “que se vayan todos”. Ningún actor político, sean presidentes, ministros, asambleístas o partidos políticos en general, gozan de  la confianza de los ecuatorianos para actuar como articuladores de intereses de los ciudadanos.

  1. Bajo grado de institucionalización política de los partidos y atomización del sistema de partidos: se ha construido un escenario político fragmentado donde existen más candidatos que identidades políticas. Los partidos políticos en Ecuador no han establecido raíces profundas en la sociedad, no tienen vínculos con grupos corporativistas de la sociedad civil y varios no son consistentes con su posición ideológica. Como resultado, no cuentan con un electorado leal de gran magnitud que apoye las diferentes candidaturas, sobre todo para las elecciones presidenciales.

 

  1. Políticos flotantes y votantes flotantes: a dos meses de las elecciones, hay 18 binomios presidenciales y 3 identidades políticas. Existen ciertas características sociales que determinan las preferencias políticas de los ecuatorianos. Un clivaje se entiende como una divisoria o fractura confrontacional entre distintos grupos que genera la organización del conflicto en torno a ellos. Los clivajes que ordenan las preferencias electorales en Ecuador, a nivel nacional, son: Correísmo / Anticorreismo; en lo regional: sierra / costa; en lo posmaterial: lo nuevo / viejo.

El correísmo es una de las identidades políticas más fuertes en el escenario electoral. A pesar de las circunstancias en las cuales participó en el último proceso electoral: sin partido propio, escasos recursos, bloqueo permanente por parte del gobierno y grupos políticos opositores, y su líder fuera del país; la Revolución Ciudadana (RC) cuenta con un alto capital político. En estos tres últimos años, ha logrado mantener  un voto duro cohesionado del 25%-30%.

La identidad política anticorreísta que puede decantar su intención de voto por Guillermo Lasso o por Yaku Perez. A esto se suma el movimiento Indígena como una fuerza que adquirió fuerza tras la revuelta popular de  octubre de 2019. El resto de candidatos han sido parte de este gobierno, ex presidentes, ex ministros, ex prefectos, confirmando que las divisiones partidarias crónicas y deserciones de líderes sólo realzan la imagen de los partidos como vehículos electorales para políticos ambiciosos” (Conaghan, 1995).

 

En Ecuador no solo es un reto fijar un marco mínimo garantizado de democracia que permitan elecciones transparentes y competitivas, y garanticen los derechos políticos y de participación de los ecuatorianos en medio de una pandemia, sino que lo preocupante es la ciudadanía que se está volviendo efectivamente no soberana. La indiferencia hacia la política puede significar muchas cosas. La línea divisoria entre indiferencia y hostilidad no siempre es muy pronunciada.

Bibliografía

Crunch, C. (2004). Post-democracy. Cambridge: Polity Press.

Conaghan, Catherine M. “Políticos versus partidos: discordia y desunión en el sistema de partidos ecuatoriano”, en Scott Mainwaring y Timothy R. Scully. La construcción de instituciones democráticas. Sistemas de partidos en América Latina, Santiago: CIEPLAN, 1995.

Click, encuesta noviembre 2020

Informe confidencial, encuesta noviembre 2020

 

Selene López

Socióloga, MSc en Sociología Política por The London School of Economics and Political Science