Los resultados de las elecciones legislativas extraordinarias del 2020 nos arrojan un Congreso todavía más fragmentado y evidencian la debacle del sistema político. Los partidos pasan por una crisis de legitimidad que convulsionan las relaciones de poder: el fujimorismo sufre un golpe contundente y un partido histórico como el APRA no logra entrar al parlamento. Por su parte, la aparición de nuevas fuerzas en el tablero político responde en gran medida a unos liderazgos personales y al rechazo de los partidos tradicionales. El panorama para las elecciones generales de 2021 es muy incierto, parece inevitable un escenario de alta fragmentación y, en consecuencia, escasa gobernabilidad.

Las elecciones parlamentarias se presentaban tras varios meses de conmoción política por la polémica decisión del Presidente Martín Vizcarra de disolver el parlamento en septiembre del 2019. Esta medida fue apoyada por la mayoría de la ciudadanía que ve con hartazgo la partidocracia y, a su vez,  respaldada por las Fuerzas Armadas. La disolución del parlamento tuvo como desenlace unas nuevas elecciones para terminar el periodo del Congreso saliente. El Presidente Vizcarra, con los resultados del nuevo Congreso, logra desarticular la férrea oposición que representaba el fujimorismo, pero la fragmentación política resultante dificulta la construcción de coaliciones para gobernar y llegar a acuerdos.

A partir de los resultados de las últimas elecciones, el Congreso pasa de tener 6 partidos políticos con escaños a tener 10 partidos representados en el hemiciclo. El sistema de partidos evolucionó de un multipartidismo atenuado a un multipartidismo exacerbado. Esta proliferación de partidos hace recordar a la situación de Ecuador en la década de los noventa y principios de los 2000.

Ahora, ¿cómo queda la nueva configuración de fuerzas políticas tras las elecciones? Fuerza Popular de Keiko Fujimori era la principal fuerza del parlamento con 56% de los escaños. Sin duda, fueron los principales perjudicados en las elecciones extraordinarias del 2020: pasaron de 73 escaños a solo 15, según los datos oficiales de la ONPE. La líder del partido, Keiko Fujimori, se encuentra en prisión preventiva por cargos de corrupción y el partido ha sufrido las consecuencias en las urnas. La ilusión que despertó Fuerza Popular en 2016 parece haberse desvanecido por los escándalos de corrupción, el obstruccionismo con el ejecutivo y la caída en desgracia de su figura central, sin embargo, el fujimorismo seguirá siendo relevante en la política nacional y no parece cercana su desaparición.

El APRA fue uno de los partidos afectados con los resultados: obtuvieron apenas el 2,6% de votos, insuficientes para pasar el umbral de 5%. Otro partido que no logra pasar el umbral es “Contigo”, el nuevo nombre de Peruanos por el Kambio, plataforma política que utilizó PKK en el 2016 para postularse a la presidencia y tener representación en el Congreso. La desaparición política de su líder desarticuló por completo al movimiento; otra evidencia de que el ascenso y caída de estas nuevas agrupaciones están asociadas a la popularidad del líder.

El único partido tradicional que logra salir victorioso de estos comicios es Acción Popular. Se convierten en la primera fuerza parlamentaria, pero sin una mayoría significativa, apenas 25 escaños en un Congreso de 130 parlamentarios. El partido de Cesar Acuña, Alianza para el Progreso, obtiene un buen resultado con 22 escaños. Ya este partido ha tenido resultados aceptables en elecciones municipales y regionales, se perfila como un contendor interesante para las elecciones venideras del 2021. El partido Morado de Julio Guzmán irrumpe en el parlamento con 9 escaños. Esta plataforma política nace apenas en 2017, y está asociada directamente al liderazgo personal de Guzmán que va a aspirar a la presidencia en el 2021.

Dos partidos que entran en la escena política son el FREPAP y Podemos Perú, obteniendo 15 y 11 escaños, respectivamente. No obstante, fueron el 2do y 3er partido con más votos a nivel nacional, solo detrás de Acción Popular. La concentración del voto ha afectado en la proporcionalidad de los resultados. Varios partidos con menos votos pero mejor distribuidos obtuvieron más escaños. El FREPAP es un partido teocrático, con elementos diversos como el ecologismo, el agrarismo, indigenismo y el fundamentalismo cristiano. Podemos Perú es el partido del empresario José Luna Gálvez, actualmente acusado de corrupción, y fue el partido con mayor votación en Lima. Es un partido de centroderecha liberal que intenta ocupar el espacio de Peruanos por el Kambio, estrategia que le ha rendido frutos.

Un caso interesante es el de Unión por el Perú (UPP) que ingresó al hemiciclo con 13 diputados. Su retórica antisistema, radical, y populista parece tener eco en un sector de la población que rechaza los partidos políticos y ansía la estocada definitiva del sistema político actual. El partido propone un cambio en el modelo económico y sanciones más duras contra los corruptos.  UPP tenía como primero de lista a Antauro Humala, hermano del expresidente, que está condenado por un intento de golpe de estado conocido como el “Andahuaylazo”. La candidatura fue excluida por el Jurado Nacional de Elecciones pero el partido pretende postularlo para la presidencia de la República en el 2021.

No es casual la aparición de movimientos antisistema, el proceso de deslegitimación por el que han pasado los partidos tiene relación con los escándalos de corrupción que parecen permear toda la clase política y a las disfuncionalidades del modelo económico. La desafección por los partidos es cada vez mayor, en varias circunscripciones los votos en blanco superaron al partido más votado. Por ahora, el apoyo que tienen estos partidos sigue siendo pequeño pero representan un síntoma y un reto para la democracia peruana.

En un escenario de tanta volatilidad electoral como el presente hay que entender que los resultados de las elecciones extraordinarias no reflejan un apoyo partidista consolidado. Nuevos partidos pueden aparecer en 2021 y otros que parecían llegar para quedarse pueden no tener representación: señales de un sistema político convaleciente y un sistema de partidos atomizado. La democracia es un sistema inestable y no puede darse por conquistada de manera definitiva. Perú enfrenta un período turbulento que puede resultar en el ascenso de movimientos políticos con valores contrarios a la democracia y la pluralidad. Esta deriva del sistema político exige unas reformas profundas que lucen poco probables.