El futuro de las políticas migratorias y comerciales también se juega en la definición electoral de fin de año para la que se perfilan tres candidatos a la presidencia: Sanders, Biden, y Trump que busca reelegir. Perspectiva de la relación de Estados Unidos en Latinoamérica, bajo la lupa.

Mientras el Partido Demócrata se embarca en elecciones primarias hasta junio, el presidente Donald Trump, exonerado de los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso en el juicio de destitución que concluyó la semana pasada, emerge como el candidato del Partido Republicano.

Actualmente, Bernie Sanders, el senador socialista de Vermont, se posiciona como el favorito Demócrata, seguido por el antiguo vicepresidente Joe Biden. Considerando que el Partido Demócrata se encuentra en medio de sus elecciones primarias, el delgado margen entre Sanders y Biden en la delantera, aún no indica una victoria clara. Sin embargo, cada vez más analistas concluyen que uno de estos dos candidatos se llevará la nominación Demócrata.

Conforme avanza la elección estadounidense, es importante considerar algunas de las acciones del presidente Trump en relación con México y América Latina como región, así como aquellas que Sanders y Biden podrían tomar. Resulta imperativo analizar las posiciones que Estados Unidos ha asumido durante los últimos cuatro años sobre migración y elecciones en Latinoamérica, así como las posibles posiciones que Sanders y Biden podrían asumir si aseguran la presidencia.

Trump, Sanders y Biden: Ideas sobre la Frontera

La retórica anti-migrante de Trump se ha vuelto famosa en Estados Unidos y el mundo. Desde 2016, los discursos del entonces candidato sobre migración partían de generalizaciones sobre el carácter nocivo de los mexicanos que llegan a Estados Unidos. Trump advierte constantemente a su base sobre los peligros de una frontera porosa que permite que “drogas y delincuentes” ingresen al país. El muro fronterizo persiste como uno de los proyectos más divisivos y mediáticos de Trump. Actualmente, la Casa Blanca proyecta una desviación de $7.2 billones del presupuesto de defensa para su construcción.

El lunes 11 de febrero, en su primer mitin tras ser exonerado por el Senado, Trump revivió su popular interpretación del poema “La Serpiente” (1963), una alegoría sobre una mujer que ayuda a una serpiente herida que después la muerde. A pesar de que el poema fue escrito por un activista afroamericano durante el movimiento de derechos civiles, la interpretación de Trump sostiene que la serpiente, peligrosa y traicionera, representa a los migrantes centroamericanos y mexicanos que buscan ingresar al país.

Para muchos, la contundente retórica anti-migrante de Trump y un muro fronterizo altamente publicitado representan una relación hostil entre México y Estados Unidos. Sin embargo, el comportamiento de ambos países sugiere una realidad más compleja.

Durante los últimos ocho meses, México ha fungido como guardián de la frontera — un rol impulsado por las negociaciones realizadas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como AMLO, tras la amenaza de aranceles norteamericanos a productos mexicanos en mayo de 2019. De acuerdo con cifras difundidas a finales de enero por la Secretaría de Gobernación y el Instituto Nacional de Migración de México, autoridades migratorias deportaron a más de 2000 hondureños que viajaban en la “Caravana 2020” en menos de 10 días.

El periodista mexicano Jorge Ramos recientemente denunció a la Guardia Nacional por convertirse en la “policia migratoria” del gobierno estadounidense. Muchos han señalado los recientes abusos y violaciones de derechos humanos cometidos por fuerzas mexicanas, particularmente en la frontera sur.

Como presidente electo, AMLO señaló que era imperativo garantizar los derechos de los migrantes. Sin embargo, ante los recientes incidentes de hostigamiento contra centroamericanos en el sur de México, López Obrador evade preguntas sobre derechos humanos. Mientras tanto, el secretario interino del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kenneth T. Cuccinelli II, declaró que el nivel de cooperación con México es “mucho mayor de lo que nadie pensó que sería posible.”

Con el tiempo, la retórica agresiva de Trump y el tono conciliador de López Obrador parecen haber encontrado un ritmo que les permite coexistir — el único costo parecen ser los derechos de los migrantes.

López Obrador enterró sus promesas humanistas y Trump restringió su voluntad anti-migratoria a la retórica y al espectáculo. En noviembre de 2019, el Washington Post reportó que, a pesar de un discurso tajante, la administración de Trump ha expulsado a menos migrantes que el antiguo mandatario, Barack Obama. Mientras el gobierno de Obama, cuyo vicepresidente fue Joe Biden, deportó a 1.18 millones en sus primeros tres años, el número de deportaciones ha sido menor a 800,000 durante la presidencia de Trump. Por su parte, AMLO sostiene que bajo su política de “amor y paz” con Estados Unidos, no habrá confrontación con Trump.

La reelección de Trump representa una continuidad para México, con el riesgo de que, en cualquier momento, el mandatario republicano puede exigir más. Hoy, Trump sabe que AMLO está dispuesto a negociar y ceder. Por su parte, AMLO sabe que el mandatario estadounidense puede ser apaciguado mediante ciertos sacrificios. La relación comercial y diplomática entre Mexico y Estados Unidos dependerá cada vez más de lo que suceda en la frontera.

Por otra parte, la llegada a la presidencia de Bernie Sanders representaría un cambio importante para México. Un socialista empedernido que aún no se registra como Demócrata a pesar de buscar la nominación del partido, Sanders ha cambiado su posición sobre migración de manera radical durante los últimos años. Su antiguo enfoque se concentraba en los efectos adversos de nuevos trabajadores migrantes en el mercado laboral estadounidense — salarios más bajos e índices de desempleo más altos.

La postura conservadora de Sanders coincidía con algunos argumentos usados por Trump sobre migrantes “robando” empleos norteamericanos. Sin embargo, cuando el candidato presidencial se enfrentaba a Hillary Clinton en 2016, su apoyo al Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) sorprendió a muchos, puesto que el programa protegía a jóvenes migrantes que llegaron como niños a Estados Unidos de manera clandestina. A su vez, Sanders fue muy crítico de las deportaciones masivas de Obama.

Hoy, Sanders defiende a los migrantes de forma explícita. Grupos activistas de migrantes apoyan al senador de Vermont, quien recientemente ha propuesto una orden ejecutiva que permitiría expandir la moratoria de deportaciones actual, mientras se acuerda una reforma migratoria más comprensiva.

El plan de Sanders también exige la despenalización de los cruces fronterizos, lo que haría que cruzar la frontera sin documentos sea considerado un delito civil en lugar de penal. Despenalizar el cruce fronterizo representa un rechazo simbólico poderoso al discurso anti-migrante que Trump ha revitalizado durante su presidencia, el cual busca criminalizar a todos los migrantes de manera general. En la práctica, esta acción atacaría directamente la política de separación familiar actual, basada en el enjuiciamiento y custodia penal de los padres por cruzar la frontera, por lo cuál sus hijos no pueden ser retenidos con ellos.

Una de las propuestas más radicales de Sanders incluye desintegrar el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), potencialmente redistribuyendo sus responsabilidades a agencias como los Departamentos de Estado y Tesorería.

En enero de 2020, uno de los mayores grupos estadounidenses que abogan por derechos de los migrantes, Make the Road Action, patrocinaron públicamente a Sanders como futuro presidente. Mientras Trump ofrece un enfoque de formas nativistas rimbombantes y fondos comerciales pragmáticos, Sanders presenta una visión inclusiva y moderna de la migración como un fenómeno que debe ser mitigado con integridad. Sin embargo, muchos norteamericanos rechazan una política que despenalice el cruce de la frontera, preocupados sobre mayores flujos incentivados por una actitud mas inclusiva.

Es difícil imaginar a Sanders instruyendo a AMLO que “mantenga el orden” en la frontera a cualquier costo. Sobre todo, si este orden viene a costa de abusos de fuerza como aquellos que ha mostrado la Guardia Nacional en los últimos meses.

Joe Biden, quien para muchos votantes representa una alternativa moderada al socialismo de Sanders, obtuvo la mayor cantidad de delegados en la elección primaria de Carolina del Sur el 29 de febrero.

Menos radical que Sanders, Biden revertiría las políticas de migración del presidente Trump, pero no despenalizaría los cruces fronterizos no autorizados. El vicepresidente de la administración de Obama ha reconocido públicamente el “dolor” causado por las deportaciones masivas que ocurrieron durante su mandato, pero se mantiene firme en criminalizar a aquellos que cruzan la frontera.

“Joe Biden entiende el dolor que sienten todas las familias en los Estados Unidos que han visto a un ser querido retirado del país, incluso bajo la administración de Obama-Biden”, declaró Biden al presentar su plan migratorio el 11 de diciembre, “Debemos hacerlo mejor para cumplir nuestras leyes humanamente y preservar la dignidad de familias migrantes, refugiados y solicitantes de asilo.”

Biden ha declarado que revertiría las deportaciones que han obligado a familias migrantes a esperar en zonas peligrosas de México mientras oficiales revisan sus casos, pero también limitaría el número de solicitantes de asilo en general. Estableciéndolo como uno de los legados más importantes de Obama, Biden ha prometido restablecer DACA, el programa que Trump busca finalizar definitivamente.

A pesar de una retórica que promete frenar políticas migratorias actuales y su celebración de programas como DACA, Biden se ha enfrentado a fuertes críticas sobre el historial de deportaciones por parte del gobierno de Obama, el cuál deportó a cerca de tres millones de migrantes.

Sin importar diferencias en sus enfoques, Sanders y Biden representarían cambios importantes en el paradigma migratorio actual. Considerando que Trump es quien propulsa y unifica el mensaje anti-migrante, las retóricas nativistas que hoy inundan la esfera pública no tendrían el mismo peso bajo el mandato de Sanders o Biden. Ambos Demócratas desmantelarían el proyecto del muro fronterizo y la presión hacia el gobierno mexicano para detener migrantes en la frontera podría disminuir.

El Tratado México-Estados Unidos-Canadá

Más allá de reformas migratorias y discursos sobre el carácter de los migrantes, la elección norteamericana de 2020 puede representar distintos escenarios comerciales para México.

Durante su campaña presidencial en 2016, Donald Trump prometió renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al que llamó “el peor acuerdo comercial jamás hecho.” El 29 de enero de 2020, el presidente ratificó el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) — una versión actualizada del TLCAN —representando un triunfo político para quien prometió “reescribir las reglas comerciales de América del Norte.”

A pesar de que Trump proclamó victoria, el T-MEC preservó vínculos económicos importantes para México, brindándole continuidad a una relación desigual, pero productiva con Estados Unidos, su principal socio comercial.

Más allá de las formas agresivas de Trump hacia el gobierno mexicano, la ratificación estadounidense del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) — una versión actualizada del TLCAN — promete modernización económica, inversión y oportunidades para la fuerza laboral mexicana. El comentarista político Jorge G. Castañeda señaló que el T-MEC “sin duda es mejor para México que la otra opción posible.” Es importante considerar que, en 2017, el presidente Trump amenazaba vehementemente con eliminar por completo el acuerdo multinacional. Una vez más, la distancia entre la retórica antagonista de Trump y su pragmatismo comercial resultó en una realidad comprometida, desigual y sostenible para México.

En un artículo para el New York Times, Castañeda recalca la forma en que el T-MEC podría mitigar corrosiones sociales e inequidades económicas mexicanas, aunque la inversión y el crecimiento continuarán siendo priorizados sobre los derechos de los trabajadores y la sustentabilidad ambiental. “Por desgracia, una de las ventajas comparativas de México en la competencia internacional para obtener inversiones y generar empleos siempre ha sido la mano de obra más barata, además de los sindicatos serviles y las protecciones ambientales laxas en la práctica, aunque la legislación sea estricta,” escribe el intelectual mexicano.

A su vez, Castañeda reconoce que, gracias a los mecanismos de respuesta rápida para resolver controversias, el arbitraje internacional y el envío de agregados laborales y ambientales estadounidenses a México, los trabajadores mexicanos afirmarán derechos sin precedente.

Calificar al T-MEC como una victoria total para Trump es tan ilusorio como decir que fue un triunfo para el gobierno mexicano. Sin embargo, es importante recalcar que el tratado preservó ganancias obtenidas desde la entrada en vigor del TLCAN hace más de 25 años. Para México, el T-MEC aseguró normas previsibles para apoyar cadenas regionales de valor, mantener la apertura en el comercio agrícola y asegurar la integración productiva en el sector automotor. Castañeda concluye que “aunque el T-MEC podría haber sido mucho mejor para México, no deja de ofrecerle al país una oportunidad: la modernización en áreas significativas de la vida nacional.”

En caso de que Trump asegurara su reelección, los vínculos comerciales renovados por el T-MEC se mantendrían firmes, puesto que el triunfo político del presidente se basó en reescribir el TLCAN, no en eliminar sus implicaciones operativas. Además, la expansión de derechos laborales podría solidificarse en cuatro años.

Por otro lado, Sanders se ha convertido en uno de los críticos más vehementes del T-MEC por su impacto socioeconómico e implicaciones ambientales. La llegada a la presidencia del senador de Vermont podría ser positiva en términos migratorios, pero negativa en términos comerciales para México.

Citando la oposición de distintos sindicatos, Sanders sostiene que el T-MEC perpetuará la pérdida de empleos estadounidenses característica del TLCAN debido a la contratación externa de empleos a México.

“Según este acuerdo, las grandes corporaciones multinacionales aún podrán cerrar fábricas en Estados Unidos donde a los trabajadores se les paga $ 28 por hora para mudarse a México, donde se les paga menos de $ 2 por hora,” declaró Sanders.

El silencio del T-MEC sobre el cambio climático es una de las principales razones por las que Sanders y otros senadores Demócratas se opusieron a ratificar el acuerdo.

“Este acuerdo no hace nada para evitar que compañías como Exxon Mobil y Chevron arrojen sus desechos en México y destruyan al medio ambiente. De hecho, facilita que las compañías de combustibles fósiles traigan petróleo de arenas bituminosas a los Estados Unidos a través de oleoductos peligrosos como Keystone XL. Ni siquiera menciona las palabras ‘cambio climático’, la amenaza más existencial que enfrenta nuestro planeta,” dijo Sanders sobre los huecos ambientales del T-MEC.

Una de las promesas de campaña de Sanders es renegociar inmediatamente el “desastroso acuerdo.” Si el senador de Vermont gana la presidencia en noviembre, un acuerdo imperfecto, pero crucial para México correrá peligro.

El 29 de enero de 2020, después de que Trump ratificara el T-MEC, Sanders dijo en un comunicado, “Como presidente, me comprometería a renegociar este desastroso acuerdo para combatir el cambio climático, detener la subcontratación de empleos estadounidenses y poner fin a la destructiva carrera hacia el fondo.”

Trump y Sanders se manifiestan como opuestos en sus políticas migratorias y comerciales con México. La reelección de Trump solidificaría los beneficios del T-MEC, pero condicionaría estos nexos comerciales al rol de su vecino como guardián de la frontera. Por su parte, Sanders adoptaría políticas migratorias que relevarían presiones actuales en México, pero se encargaría de disolver o modificar el T-MEC.

Más allá de la oposición entre el presidente y su contrincante socialista, Joe Biden reconoce las imperfecciones del T-MEC, así como su valor. El antiguo vicepresidente apoyó de manera general la ratificación del acuerdo comercial, elogiando los mecanismos negociados por distintos legisladores Demócratas.

“Lo que he visto cambiar es que la gran mayoría del movimiento laboral ahora lo apoya”, dijo Biden a periodistas en Los Ángeles. A pesar de que Sanders sostiene que el tratado continúa siendo rechazado por varios sindicatos, Biden parece convencido de que los efectos económicos positivos del T-MEC se superponen ante posibles oposiciones de otros grupos laborales y ambientales.

Biden exhibe una postura moderada ante el T-MEC, celebrando las concesiones de Trump negociadas por legisladores Demócratas. Adicionalmente, el antiguo vicepresidente rechaza el uso o la amenaza de tarifas como un recurso de negociación — ni comercial ni migratoria.

Como presidente, Biden probablemente abogaría a favor del T-MEC, puesto que su plataforma comercial no se concentra en factores laborales ni ambientales con la misma vehemencia que la de Sanders. Un viejo defensor del comercio libre, el candidato Demócrata no percibe la subcontratación de empleos de forma negativa. Biden representa continuidad comercial para México.

Bolivia. Nicaragua y Venezuela: Elecciones en América Latina

Después de haber analizado los posibles efectos para México en materia migratoria y comercial bajo el mandato de los tres candidatos más populares actualmente, es importante considerar si la presidencia de Sanders o Biden modificaría el rol actual de Estados Unidos en Latinoamérica.

Durante su mandato, Trump se ha opuesto a los regímenes autoritarios de Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua, así como a la elección plagada de inconsistencias del antiguo presidente de Bolivia, Evo Morales, quien buscó perpetuarse en el poder más allá de su mandato legal.

Tras la renuncia a la presidencia de Evo Morales el 10 de noviembre de 2019, Trump declaró que esta dimisión representaba un momento histórico para la democracia en el hemisferio occidental. “Estos eventos envían una fuerte señal a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua sobre cómo la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerán,” declaró el presidente.

En su más reciente discurso al Congreso sobre el Estado de la Unión el 5 de febrero, Trump llamó a Maduro “un tirano que brutaliza a su pueblo.” El presidente después presentó a Juan Guaidó, el líder de la oposición que afirma ser el presidente legítimo del país, con el respaldo de Estados Unidos. “Todos los estadounidenses están unidos con el pueblo venezolano en su justa lucha por la libertad”, dijo Trump.

A pesar de la comodidad de estas posiciones — considerando que Trump parece ser más duro contra presidentes de izquierda que de derecha en el hemisferio, sugiriendo que el “socialismo” de Sanders presenta peligros análogos en Estados Unidos — es importante reconocer que, bajo el mandato actual, Estados Unidos se mantiene comprometido a presionar a gobiernos déspotas mediante sanciones económicas y políticas. Aunque muchos parecen inconformes con Trump y su “conveniencia” en América Latina, las posiciones del presidente en Venezuela, Nicaragua y Bolivia apoyan procesos democráticos al largo plazo, sin importar los motivos mixtos que pueden propulsar sus condenas a regímenes autócratas.

En contraste, Sanders, celebrado por muchos como un político con principios más sólidos que Trump, parece no reconocer la materialidad del autoritarismo en América Latina, refugiándose en su admiración socialista por ciertos regímenes. El senador de Vermont oscila entre defensas cuestionables de figuras despóticas y resistencias atípicas a la intervención norteamericana.

En 1980, cuando un constituyente cuestionó su apoyo a Ortega a pesar de su reversión de las libertades civiles, Sanders, entonces alcalde de Burlington, Vermont, respondió que no le preocupaba si el gobierno nicaragüense era “bueno o malo”, sino si “Estados Unidos tiene el derecho unilateral de ir a la guerra y destruir un gobierno que el presidente Reagan y los miembros del Congreso no les gusta”.

En un esfuerzo por rechazar a los políticos que romantizan la política exterior de Estados Unidos, Sanders inteligentemente destaca las consecuencias no deseadas desatadas por los esfuerzos de cambio de régimen por parte de Estados Unidos. Sin embargo, su sesgada lectura de la relación entre Estados Unidos y América Latina no le permite reconocer usos relativamente medidos y efectivos norteamericanos para presionar a regímenes autócratas.

Sanders parece tan asustado por la idea de agresiones norteamericanas en América Latina, que se resiste a la oposición actual a Maduro como el líder legítimo de Venezuela, a pesar de que la estrategia de Trump no ha involucrado acciones militares. También parece determinado a relativizar los fraudes encontrados en la reelección de Morales, así como el intento innegable del antiguo mandatario boliviano de extender su poder ilegalmente.

A pesar de los múltiples puntos de contención en la política exterior de Trump en América Latina, Sanders se perfila como un líder sesgado por su ideología socialista desinformada.

Por su parte, Biden se refugia en la ambigüedad, repudiando a Nicolás y pronunciándose a favor de la democracia en Latinoamérica. Como presidente, Biden declaró que trabajaría para “imponer una presencia estadounidense más fuerte en América del Sur.” Sin embargo, el candidato Demócrata aún no exhibe una política exterior desarrollada hasta sus últimas consecuencias, por lo cual la posible presidencia de Biden no pinta una imagen tan clara como la de Trump o Sanders. Su falta de conocimiento de la región y su tendencia a confundir nombres han creado una posición confusa hacia América Latina de parte del candidato Demócrata.

Durante una entrevista reciente, el antiguo vicepresidente tropezó con un discurso sobre Venezuela y Bolivia que dejó a muchos preocupados sobre su agilidad verbal y su conocimiento general de la región sudamericana.

Biden confundió a Bolivia con una de las naciones que limitan con Venezuela, enfatizando que su participación en “​​el plan en Colombia, enderezando a ese gobierno por un largo tiempo. ¿Y ahora qué está pasando? Millones de personas cruzan la frontera y desestabilizan a Bolivia.” Analistas indicaron que Biden confundió a Bolivia con Colombia.

Balance: Futuros distintos

La elección presidencial estadounidense se perfila como uno de los procesos políticos más importantes de 2020 — no solo para el futuro del país, sino para el futuro de América Latina como región.

En materia de migración y comercio, México experimentará los efectos inmediatos de la próxima presidencia. Trump promete retórica inflamada para su base y moderación en negociaciones privadas con el gobierno mexicano. Sanders ofrece progresismo y tolerancia en la frontera, y un rechazo contundente a nexos binacionales comerciales. Biden emerge como un candidato menos disruptivo que Trump y Sanders, aunque su falta de pronunciamientos y sus declaraciones confusas podría traer sorpresas.

Más allá de México, líderes democráticos en países como Venezuela, Bolivia y Nicaragua pueden beneficiarse más de los motivos mezclados de Trump que del idealismo aislacionista de Sanders.

 

Daniela Guerrero

Estudiante de Política Internacional en la Escuela de Servicio Exterior de Georgetown University, en Washington, DC. Columnista en Monitor Nacional.