El federalismo extremo de la nación del norte imprime una singular forma de organización a la totalidad de las elecciones a nivel nacional. La escasa uniformidad normativa, sumada a la situación de pandemia proporcionan un panorama singular para el próximo 3 de noviembre.

Las elecciones para Presidente de los Estados Unidos de América se realizan cada cuatro años, el primer martes después del primer lunes de noviembre, por lo que en 2020 tendrán verificativo el 3 de noviembre próximo.

Llegan a la elección presidencial, por un lado, el actual presidente Donald Trump, quien busca la reelección por el partido Republicano, y se enfrenta a Joe Biden, candidato del Partido Demócrata. ¿Quién organiza la elección? ¿Cómo se definen a los candidatos por cada partido? ¿cómo se votará en tiempos de pandemia?

El federalismo electoral está basado en la organización electoral en cada uno de los 50 estados de la unión americana, es decir, encuentra su origen en lo estatal para definir lo federal.

Hay muy pocas leyes federales que regulan la elección presidencial, básicamente hay dos leyes, que reglan la elección a nivel nacional, la Ley Federal del Financiamiento de Campañas Electorales, y las provisiones de organización dadas por la ley impositiva (Tax Code); en ellas se fijan límites a las contribuciones de ciudadanos y empresas.

Sin embargo, los Comités de Acción Política (PACs), que son organizaciones que participan apoyando una causa social o política, no tienen límites de aporte, bajo el argumento de que constituyen “libertad de expresión”, gracias a una decisión de la Corte en 2010, denominada “Citizen United”.

La Comisión de Elecciones Federales es la agencia reguladora independiente encargada de administrar y hacer cumplir la ley para las campañas de elecciones federales. La Comisión tiene jurisdicción sobre el financiamiento de campañas federales para los candidatos a presidente, vicepresidente, Cámara de representantes y Senado de los Estados Unidos. Tiene seis miembros con derecho a voto que sirven términos escalonados de seis años. El presidente de los Estados Unidos nombra a los comisionados con el consentimiento del Senado. No más de tres comisionados pueden pertenecer al mismo partido político. Cada año los comisionados eligen a dos miembros para actuar como presidente y vicepresidente.

Compromisario o electores. Son los representantes designados dentro de cada Estado para emitir el voto electoral que definirá quién es el presidente. El número total de compromisarios es de 538, equivalente al número de diputados de la cámara de representantes, 435, más el número de senadores, 100, más los tres delegados de Washington D.C. Los compromisarios se distribuyen entre los 50 estados y el distrito de Columbia en función de su población, y su número coincide con el número de diputados y senadores que corresponden al Estado.

Cada estado tiene su propio sistema para elegir a los miembros del Colegio Electoral. La mayoría de los estados conceden todos sus votos electorales al candidato que gana la mayoría absoluta de los votos populares en el estado. Las únicas excepciones a esta regla mayoritaria son Nebraska y Maine, que distribuyen el voto electoral de forma proporcional entre cada candidato de acuerdo al porcentaje de votos populares.

El Colegio Electoral nunca se reúne como cuerpo. Pasadas las elecciones, los compromisarios de cada Estado, el primer lunes después del segundo miércoles de diciembre, se reúnen en las capitales de su estado para emitir formalmente su voto electoral, que se envía a Washington D.C. para que sea certificado por el congreso el 6 de enero de 2021. Gana las elecciones el candidato que alcanza los 270 votos electorales.

El sistema electoral presidencial en los Estados Unidos es de tipo indirecto, para lo cual celebra en cada estado elecciones primarias, que imponen un gran reto a los candidatos presidenciales. En lugar de una única primaria, tienen que competir en 50 elecciones estatales. Los estados tienen una opción, pueden celebrar una primaria o pueden celebrar un caucus. La diferencia es que, en una primaria, los votantes simplemente van a las urnas y emiten sus votos, mientras que, en un caucus, los votantes van a un sitio local donde se reúnen y debaten sobre los candidatos antes de votar en forma abierta.

La participación en el caucus requiere más tiempo, y la participación es sustancialmente menor que en las primarias. Aproximadamente 10 estados utilizan el método de caucus. Los otros 40 tienen primaria.

Este sistema fue creado después de las elecciones presidenciales de 1968, en el que Hubert Humphrey ganó por el Partido Demócrata, a pesar de que no había entrado en una sola primaria. En ese momento, los Estados Partes tenían la opción de elegir a sus delegados a través de una primaria o en una convención estatal. A partir de entonces, los estados deberían elegir a sus delegados a través de una primaria o un caucus el sistema que tenemos hoy.

El sistema actual está abierto a cualquier político que piense que puede obtener el apoyo de los votantes. La carrera de nominación demócrata de 2020 estableció el récord atrayendo a dos docenas de contendientes, incluidos Joe Biden, Kamala Harris, Bernie Sanders, Elizabeth Warren, Pete Buttigieg, Amy Klobuchar, Beto O’Rourke y Cory Booker.

Ahora, el proceso de nominación presidencial es largo. En términos simplificados, tiene tres fases. Primero, en los meses previos a las primarias o caucus, los candidatos recaudan fondos, participan en debates televisados, emprenden la campaña, pasan la mayor parte de su tiempo en los estados que votan primero.

Luego, en enero del año electoral, el primer concurso (elección) estatal, se lleva a cabo el caucus de Iowa. Ese proceso electoral es seguido secuencialmente por las primarias de New Hampshire, las de South Carolina y el caucus de Nevada.

Después de que estos cuatro estados voten, los otros estados entonces son libres de realizar sus elecciones. Por lo general, varios estados programarán sus elecciones el mismo día dentro de un corto período después del caucus de Nevada, creando lo que se llamará Súper Martes, un día en el que se elige un gran número de delegados a la convención.

Finalmente, en el verano, después de que los estados votaran, los partidos celebran sus convenciones de nominación presidencial donde los delegados estatales se juntan para elegir el candidato presidencial del partido. La convención es ahora en gran parte una formalidad.

Los académicos describen el período anterior a Iowa como “la primaria invisible”, debido a que es un tiempo (sin plazo limitativo) en que los aspirantes realizan reuniones y eventos para recaudar fondos y donaciones que les permitan comprar el mayor número de tiempo en los medios de comunicación y tener presencia entre los votantes. De ahí la importancia de este tiempo antes del primer caucus de Iowa.

Se necesita una gran cantidad de dinero para montar una campaña de nominación nacional exitosa. Las estimaciones de la ejecución mínima superan los 50 millones de dólares. Pensando en todos los candidatos, una campaña federal, ahora, en Estados Unidos costará más de mil millones de dólares.

Como era de esperar, en el año anterior al caucus de Iowa, los candidatos dedican una gran cantidad de tiempo a la recaudación de fondos con diversos grados de éxito. Los medios de comunicación, como hacen con las encuestas, ven el dinero como indicador de qué candidatos tomar en serio.

Y al igual que con las encuestas, el dinero y los medios van de la mano. Cuanta más cobertura de prensa reciba un candidato, más fácil será para ese candidato recaudar dinero adicional.

La elección de 2016 se decidió en el colegio electoral. El ganador, Donald Trump, perdió el voto popular frente a la candidata demócrata Hillary Clinton, pero apretujada en suficientes estados para obtener la mayoría de los votos electorales, (302 a 232 en el colegio electoral)

Clinton perdió por menos de 15 en Wisconsin, Michigan y Pennsylvania. Si la participación demócrata hubiera sido mayor en esos tres estados, ella podría haberlos capturado. En ese caso, habría ganado la presidencia.

En el año 2000, la elección presidencial entre George W Bush y Albert Gore culminó en un pleito legal, después de terminar empatados, antes de la definición del estado de Florida, que tuvo que llegar hasta la Suprema Corte, quien en votación dividida de 5 a 4 votos decidió que debían parar los recuentos, por romper el mandato de “tratar por igual a todos los votantes”, y en consecuencia reconocía el triunfo de Bush.

Se dice que actualmente los republicanos son cada vez más republicanos y los demócratas más demócratas, lo que implica que los estados tradicionales de uno u otro bando votan por costumbre por el mismo partido. Y finalmente, son solamente 12 estados los que constituyen el auténtico campo de batalla para obtener los votos que pueden marcar la diferencia en el colegio electoral.

Si bien las elecciones para presidente son definidas y organizadas por cada uno de los 50 estados, para la presente elección juega un papel muy relevante una dependencia federal, la Oficina Postal de los Estados Unidos, puesto que debido a la pandemia y al miedo para acudir personalmente a votar, se espera que reciba y traslade hasta el 60% de los votos de los ciudadanos americanos.

Donald Trump insiste en señalar que el servicio postal no será capaz de hacerlo adecuadamente, y que se convertirá en la herramienta para realizar un fraude electoral, metiendo la elección a un largo periodo de impugnaciones que impediría que para el 20 de enero pueda tomar posesión el candidato ganador.

Sin embargo, es importante resaltar que el responsable de esa Oficina, Louis de Joy, un donante republicano y ejecutivo de una compañía de logística, fue nombrado por Trump el pasado mes de junio, con la encomienda de hacer que esa oficina genere ganancias y ha ordenado una serie de medidas para reducir gastos, menos horas de trabajo extra al personal, y ha retirado buzones de las calles lo que puede generar que las boletas electorales no lleguen a tiempo para ser contabilizadas, lo cual ha implicado una serie de exigencias por parte de los representantes demócratas, incluyendo citar a la Cámara de Representantes al titular de la oficina de correos.

Es así como una oficina federal, aparentemente sin injerencia en política partidista o electoral, se ha vuelto crucial en una elección que nuevamente se espera que sea sumamente cerrada, y que incide en las elecciones organizadas en cada uno de los estados, y que augura un conflicto postelectoral de grandes dimensiones. Cabría preguntarse ¿cómo un país con esa capacidad económica no ha podido avanzar en el tema del voto electrónico, con equipos más avanzados que eviten suspicacias como en Florida en la elección de Bush?

Relevante papel se espera también de las plataformas de redes sociales, quienes han ido avanzando en la prohibición de recibir anuncios pagados o al menos, identificar claramente a quienes los contratan; e incluso medios de comunicación como el New York Times han advertido del peligro de esos anuncios anticipados de fraude que pueden buscar intencionalmente que los votantes se alejen del proceso en beneficio de quien los anuncia.

Factor importante será también la serie de manifestaciones y protestas relacionadas con abusos policíacos en contra de miembros de la comunidad afroamericana, organizadas bajo el movimiento denominado “Black Lives Matter” y otros similares, que seguramente tendrán repercusiones en las próximas elecciones presidenciales.

La elección presidencial de los Estados Unidos, sin duda tendrá efectos para los países de nuestro continente por su poderío económico y la definición de su política en torno a los migrantes de nuestros países latinoamericanos; y frente a la comunidad internacional en temas ambientales, de políticas sanitarias y de seguridad internacional, entre otros. Estaremos atentos el 3 de noviembre a lo que decidan los ciudadanos americanos.

 

Hidalgo Victoria Maldonado

Secretario Ejecutivo del IEPC Yucatán, México y miembro de la CAOESTE