Acerca del poder incisivo de los regímenes autocráticos y su capacidad de producir el quiebre de los valores de la democracia liberal; de la penetración dura y blanda, a través de tratados comerciales, convenios culturales como estrategias para obturar todo posible debate acerca del riesgo de la influencia de los discursos de corte populista y autoritario.

La democracia liberal está amenazada. Con ella sus valores, sus instituciones, el progreso, sus economías libres, y, sobre todo, aquel sistema de gobierno de poder limitado, tan despreciado por los tiranos. Para Freedom House, que realiza anualmente un reporte sobre el estado de la democracia en el mundo, la tendencia va de mal en peor. De hecho, «en 2018, se registró el 13er año consecutivo de declive en la democracia global. Este retroceso abarca a una variedad de países en cada región, desde aquellas democracias de larga data como los Estados Unidos, hasta los gobiernos autoritarios consolidados»[1].

América Latina no es la excepción a esta tendencia. Si bien existen países en proceso de mejora institucional como Ecuador, la región está constantemente bajo la amenaza de presiones internas, como la corrupción los populismos, el descontento social, los problemas ambientales, la mala administración o el acaparamiento de poder por parte de gobernantes autoritarios.

¿Qué tienen que ver la corrupción y el populismo, con el título China en América Latina? A menudo se debaten las fuentes de la inestabilidad de la región al hablar sobre los posibles futuros que le deparan. Sin embargo, hoy convergen otras fuerzas externas que empujan la debilidad institucional. Un ejemplo crítico es la productiva influencia china en la región, que actúa por medio de la desestabilización, la manipulación y la influencia directa para expandir su poder incisivo y corrosivo. Esto se conoce como «sharp power» acuñado por la National Endowment for Democracy (NED) en 2017 y es vital para entender cómo operan los autoritarismos hacia América Latina.

  1. Un esfuerzo planificado

En 2008, China alojó los juegos olímpicos. El evento marcó un punto crítico en la imagen internacional de la potencia, pues recibió con un despliegue sin precedentes a los países participantes y demostró su poder como una potencia clave en el escenario. Desde entonces, Beijing mantiene una clara y estratégica intención de mejorar paulatinamente su imagen en el extranjero a cualquier costo. De hecho, en aquella época el presidente Hu Jintao anunció que «debemos potenciar la cultura como parte de nuestro poder blando»[2]. Si bien esto es algo que hacen todos los países para mejorar su imagen en el extranjero, la “diplomacia con características chinas”, como seguramente la llamarían en su país, tiene un componente distinto.

Y es que el régimen chino ha lanzado una campaña global basada en la penetración —no solo promoción, como otros países— cultural, lenta y en todos los sectores, desde autoridades, empresas y cámaras de comercio hasta las comunidades locales y migrantes en el mundo. A este sistema le llaman, «diplomacia del pueblo» o «diplomacia multidireccional» o multipolar[3]. Se pretende de esa manera mostrar un país preocupado por la sustentabilidad, el avance científico, el desarrollo de economías emergentes y el crecimiento del mundo. La idea es que este perfil, en el mediano plazo, los ayude a establecer inversiones y alianzas, además de apoyo para sus campañas internacionales, como la anexión de Taiwán o la reconstrucción de la Ruta de la Seda, y por supuesto, la anulación completa de críticas hacia el régimen.

¿Recuerda que hablábamos antes de la inestabilidad de la democracia en América Latina?, Bueno, la estrategia de influencia funciona mucho mejor en democracias inestables y en países con economías emergentes, que acceden a los beneficios que entregan grandes socios comerciales, y que cuentan con una planta pública más propensa a sobornos para lograr sus objetivos económicos y políticos. Algunos de estos países están en África, tal como Etiopía; el sudeste asiático, como Camboya, o la misma Latinoamérica.

  1. Dependencia económica y deudas

Es importante destacar que las relaciones con América Latina tienen larga data. En 1970 se estableció el primer canal entre el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile y la potencia asiática. Pero un punto clave 2014, el presidente Xi Jinping visitó Brasil, Argentina Venezuela y Cuba, dejando tras de sí 150 contratos y acuerdos con dichos países, cuantificados en US$ 70.000 millones. Además, fue el año de consolidación del foro China-Celac, celebrado anualmente desde esa fecha[4]. Esta relación ha sido bien considerada por instituciones como la CEPAL, que han publicado varios estudios refiriéndose específicamente a las oportunidades que las relaciones con China significan para los países de la región, de los que extrae sobre todo materias primas y donde invierte en infraestructura para potenciar dicho comercio.

América Latina se ha vuelto uno de los puntos considerados para la iniciativa “One Belt One Road” o la nueva Ruta de la Seda, el esfuerzo de China por crear una red comercial —con ellos como centro— conectando distintos puntos de interés. En la región, los puntos de entrada para la ruta son Chile, la puerta al Pacífico y Panamá, por el canal[5]. Sin embargo, existe preocupación de que la zona se esté convirtiendo en parte de la red para extender la llamada “trampa de la deuda”[6]. Venezuela es un ejemplo crítico de esta influencia en la región. El régimen de Nicolás Maduro ha transado una millonaria deuda con el gigante asiático que asciende a US$ 62.000 millones[7]. Tal monto, por supuesto, viene con la compra de lealtades. China ha defendido constantemente al régimen latinoamericano, y hasta lo ha apoyado con tecnología para la supervigilancia de su población. El Carnet de la Patria, o documento de identificación otorgado por el régimen, se realizó bajo la supervisión y con la tecnología de la empresa de capital estatal chino ZTE, mientras Chavez aún estaba en el poder[8]. Dicho pacto significó una vía directa de influencia del gigante, pero también para el régimen sobre sus ciudadanos, minimizando toda posibilidad de disidencia u oposición.

Pero también están las inversiones “impagables” en infraestructura en otros países. Tal es el caso de la represa Coca Codo Sinclair en Ecuador, un proyecto negociado por Rafael Correa que, tras dos años de su entrega, se ha resquebrajado[9]. La represa es parte de un proyecto que costó cerca de 19.000 millones de dólares en préstamos chinos, que se utilizaron también en «puentes, autopistas, sistemas de irrigación, escuelas, clínicas y media decena de otras represas; préstamos que el gobierno tiene problemas para pagar»[10]. En ese mismo país, China ha entregado tecnología de vigilancia, a través de cámaras con reconocimiento facial, y otras plataformas tecnológicas.

El aumento de las relaciones con empresas y cámaras de comercio también es interesante, pues cada vez es más común ver a empresarios defendiendo tanto a China como a sus intereses. Sin embargo, es importante destacar que las firmas del gigante de Asia, fomentadas por el gobierno, no cuentan con independencia, sino que son parte de la estrategia a cambio de ciertas facilidades[11].

Fuente: The Observatory of economic complexity, MIT.  https://atlas.media.mit.edu

  1. El «sharp power en acción»

La presencia de la República Popular China, ya no se limita simplemente al intercambio comercial, sino que también a la persuasión en favor de sus intereses. Para hacerlo, se vale de una serie de herramientas que van desde una estrategia de penetración cultural, hasta el uso de la presión institucional en ámbitos como la educación, los negocios, los medios de comunicación o las mismas relaciones sociales. Imaginemos universidades prestigiosas donde hay temor a debatir sobre Taiwán o Hong Kong para evitar presiones de los centros de estudios chinos alojados en estas.  O que medios teman la perdida de patrocinantes. Aún más peligroso: que la narrativa oficial china instale esta «autocracia próspera» como un modelo viable y atractivo.

A América Latina le ha convenido el interés de China por su cultura. De hecho, alrededor de 20 países latinoamericanos son destinos oficiales de turismo internacional para los ciudadanos chinos. Es decir, el gobierno facilita y promueve la visita de sus ciudadanos a esos países, puesto que la burocracia para viajar es estricta. Sin embargo, cualquier error que el país cometa en cuanto a los intereses de China, —-como ser demasiado amable con Taiwán o acusar a China de violar DDHH en su país— puede significar perder este status y, por lo tanto, una oportunidad importante.

El poder blando requiere de un acercamiento y entendimiento sociocultural, de convertir lo ajeno en algo que —al menos— abra la curiosidad. En ese sentido, se han fundado centros de historia de las relaciones entre China y América Latina y centros de enseñanza del idioma chino (muchos ligados a universidades). Casi en todos los países latinoamericanos se fundaron institutos Confucio (en Chile —donde está la sede regional—, hay dos alojados en universidades, en Argentina el mismo número, en México cinco y en Brasil diez, por ejemplo). Estos tienen un rol tanto cultural como político, pues su objetivo es entregar una visión de China y su cultura a ciudadanos extranjeros, ser una primera puerta a Asia para un público altamente receptivo. Enseñan mandarín, realizan actividades culturales, académicas y de diplomacia entre personas. La idea de utilizar los institutos Confucio para hacer «contrapeso» a la influencia estadounidense fue introducida a principios del siglo por el embajador chino en Alemania, Lu Qiutian.

Hoy, estos centros han provocado reacciones desde los países receptores, que acusan falta de transparencia en su organización, en el origen —y destino— de su presupuesto[12]. La influencia de los institutos, a menudo alojados en universidades, también hace dudar sobre el poder que tienen estos sobre las materias curriculares relativas al escenario internacional, económico y político. Por ejemplo, ¿qué tanta libertad tiene la Universidad de Buenos Aires, de escribir un artículo como este, o de generar debate sobre los peligros de la influencia autoritaria?

China ha promovido la creación e internacionalización de think tanks como uno más de los elementos del sharp power, tal como el éxito económico o los avances tecnológicos. A estos se los llama «centros de estudio con características chinas», cuyo rol es ayudar a la toma de decisiones de actores de gobierno, empresarios o gestores. Uno de los más relevantes es el One Belt One Road (OBOR) think tank de la Universidad de Cambridge. Sin embargo, los centros de estudio y think tanks en China carecen de independencia y no pueden contrarrestar la opinión del gobierno, pues están fundados específicamente para potenciar las ideas oficiales del régimen[13]. De hecho, hace unos años Cambridge University Press fue foco de un escándalo, cuando se reveló que la editorial universitaria había retirado el acceso a papers en China por requerimiento de Beijing, una acción que luego tuvo que retractar después[14].

Dentro del mundo de las ideas, la academia es indudablemente, uno de los canales más importantes para el despliegue del poder blando —y sharp power—, y los estudiantes son un punto de contacto estratégico. Desde 2012 a 2017, China otorgó 5 mil becas a los países latinoamericanos para la enseñanza superior[15]. En Chile los nexos con universidades y relaciones con empresarios también han resultado importantes para mejorar las relaciones[16]. Un ejemplo claro es que la universidad de Tsinghua, (con la cual varias instituciones chilenas tienen convenio) eligió a Santiago como la sede para instalar una facultad transpacífica en el país, con foco en la investigación y el desarrollo tecnológico[17].

La libertad de expresión está fuertemente controlada en el territorio de China continental, pero Beijing no puede evitar la crítica o controlar los discursos emitidos fuera. Para ello requiere convencer, o forzar un discurso en el largo plazo. China invita con viajes pagados a periodistas para «ilustrarlos» sobre el país y para generar una visión más positiva de las acciones del régimen[18]. En América Latina, el «dragón» además ha hecho un esfuerzo para «colaborar» con medios locales y relacionarse con quienes producen la información, además de posicionar a sus medios propios, como la cadena de noticias Xinhua[19] que hoy se ve envuelta en un fuerte proceso de adaptación, puesto que, por un lado, es un medio estatal perteneciente a un país autoritario y por el otro, intenta mejorar su prestigio internacional. Finalmente, solo por citar un ejemplo del creciente interés de China en los medios, este año el país abrió un programa de becas internacional para periodismo económico[20].

También hay elementos de diplomacia tradicional, lobby, soborno y amenazas. Por ejemplo, el gobierno de Taipei, también conocido como la República de China (ROC en inglés), ha sido diplomáticamente asediado por la República Popular China durante los últimos años. China presiona a los países para cerrar sus relaciones con Taiwán y dejar de reconocer la soberanía del país a cambio de generar lazos diplomáticos y comerciales. Centroamérica y el Caribe habían sido por décadas las zonas con más países que reconocían diplomáticamente a Taiwán. Sin embargo, en agosto de 2018, El Salvador siguió los pasos de Panamá y República Dominicana y decidió dejar de reconocer a Taipei para aliarse con Beijing[21].

En Chile, el parlamento está en medio de la disputa, y China ha golpeado constantemente la mesa para evitar que la Cámara de diputados genere relaciones amistosas con Taipei, y el embajador de Beijing en dicho país, Xu Bu, levanta a menudo la voz para defender el principio “de una sola China”, como lo hizo hace unas semanas frente a la crisis de Hong Kong y una reunión de dos parlamentarios con el disidente Joshua Wong.

El lobby de empresas para participar en ofertas públicas a cualquier costo, ha involucrado a China con casos de soborno, y constantes reuniones con autoridades de los países en los que intenta entrar.

Todos estos ángulos de influencia tienen un punto en común: una profunda relación con el funcionamiento de una democracia sólida. Francis Fukuyama planteó en 2015 que China es uno de los principales elementos de riesgo para las democracias liberales, debido a que ha sabido proveer algunas de las respuestas y servicios que los estados democráticos han fallado en satisfacer. Por lo tanto, la democracia ha perdido legitimidad frente a los fuertes y crecientes autoritarismos[22], y puede verse comprometida si sus valores se olvidan, transan o sacrifican —incluso ingenuamente— en beneficio de las relaciones con la República Popular China. En América Latina, donde los gobiernos son menos estables, las instituciones menos maduras y sólidas y la cultura democrática no es fuerte, la influencia de China, sin resguardos, crítica y escepticismo, puede significar un elemento de riesgo en el mediano o largo plazo.

Si bien otros países despliegan y han desplegado estrategias «blandas» para afianzar sus relaciones económicas con otras naciones e influir, lo que debe preocupar de China es su falta de compromiso con los derechos humanos, su relación simbiótica y de complicidad estado-empresas[23] y su agenda autoritaria. Y, por supuesto, el choque de esto con los fundamentos de una sociedad libre y las instituciones y cultura de la democracia liberal. Son cuatro las alertas que América Latina debe considerar en cuanto a los riesgos que supone una influencia autoritaria por parte del régimen de Beijing.

  1. La creciente dependencia: la concentración de las exportaciones latinoamericanas a China puede generar dependencia, ya que el país puede romper relaciones comerciales de manera arbitraria, o cerrar acuerdos de tipo diplomático o cultural, si no coinciden con las acciones tomadas por un gobierno o por la sociedad civil.
  2. La falta de crítica civil o gubernamental: América Latina suele tener una predisposición carente de crítica y cautelas hacia China. El empresariado y la élite política en general —en todos sus niveles y de todas las ideologías—, gracias a los acuerdos de libre comercio, los intercambios culturales y las cercanías personales con sus pares chinos, han tendido a mostrar un entusiasmo acrítico por las relaciones entre el régimen y los gobiernos locales. En general, No hay posturas fuertes sobre la violación de derechos humanos en China o su agresiva política internacional.
  3. El encanto ideológico del dragón: Si se mira de manera pragmática, China ofrece un sistema estable, a cambio de limitar las libertades políticas, civiles, y desconocer los Derechos Humanos. China ha destacado por el pragmatismo y la eficiencia de su sistema, capaz de hacer convivir la propaganda comunista con la de McDonald’s en una misma cuadra. Tal ejemplo de «modelo exitoso», podría ser atractivo para otros países, especialmente donde la democracia liberal no tiene suficiente arraigo cultural o donde se siente que esta no está satisfaciendo las demandas civiles.
  4. Riesgos de seguridad nacional: China se ha convertido en el principal exportador de tecnología de vigilancia en el mundo con usos de control social. También es uno de los principales proveedores de high tech de la región[24]. Esto plantea ciertos riesgos, primero debido a la relación que las empresas chinas, instituciones «privadas» o incluso ciudadanos radicados fuera. tienen con el Estado, que recolecta información a nivel internacional y que ha sido motivo de persecución en algunos países.

¿Qué actitud se debe tomar desde la sociedad civil, el empresariado, los medios y la política? Creemos que debe tomarse una postura abierta al intercambio cultural y económico, a entender cómo piensa Beijing, pero siempre crítica y cauta. Es necesario reducir las asimetrías de conocimiento, pues China nos conoce y comprende mucho mejor que nosotros a ellos. Y esto teniendo muy claros los fundamentos y valores de nuestras instituciones democráticas liberales. Sin actitudes paranoicas o incluso xenófobas o agresivas, es posible tener conciencia de los riesgos y activos los dispositivos de alerta ante posibles amenazas indirectas. Además, se puede tomar el ejemplo de otros países que han realizado ya propuestas al respecto, como Australia, Europa, o algunos estados del Sudeste Asiático.

Hay algunos puntos que se deben tener claros. Lo primero es que no todos los elementos, intenciones de acercamiento diplomático o cifras relativas a inversión de China en mejorar sus relaciones diplomáticas pueden ser asumidas como correlaciones directas a “una estrategia de influencia”, sino que debe existir un estudio crítico y coherente. Vale decir, se debe utilizar tanto evidencia práctica como un análisis muy serio y riguroso (incorporando elementos como el discurso chino), para evitar caer en conclusiones falaces.

Dicho esto, se deben analizar muy responsablemente los niveles de dependencia y la penetración de elementos autoritarios en el discurso. Y también las contradicciones: China se presenta como un país que aboga por valores positivos, pero en la práctica tiene conductas muy diferentes. Todos estos elementos morales en el discurso que el dragón chino ha perseguido, especialmente desde comienzos de siglo, tienen que ver con una épica que intenta recuperar. Más allá de los valores socialistas, el país espera alcanzar la grandeza de los periodos dorados del confucianismo, en contraste con los valores occidentales[25].

Pese a lo anterior, es importante acotar que el aporte histórico de la cultura de China es amplio y va desde iniciativas de comercio, ciencia, o tecnología hasta el desarrollo artístico. Desconocer este aporte es deshonesto y contraproducente, más aún hoy en un mundo globalizado. La actitud conveniente es más bien la del «sano escepticismo» y visión crítica ante los discursos del gobierno chino, transmitidos a través de medios digitales, análogos y cultura popular, como la industria del cine.

También se debe tener claro que no existen instituciones independientes en la diplomacia pública o entre personas. China es unos de los países con menor libertad de expresión, mayor desarrollo cultural estratégico y un mayor control de las libertades individuales de sus ciudadanos. Esto incluye, por supuesto, a empresarios, representantes institucionales, profesores y ciudadanos fuera del país, para quienes existen leyes especiales que aseguran su «confianza»[26].

Dicho todo lo anterior, hay dos amenazas principales con respecto a la influencia de China en América Latina. La primera está relacionada con la dependencia económica, ya que hay países cuyas economías dependen en gran medida de sus exportaciones a China o que han caído en trampas de deuda en los últimos años. La segunda es el ataque indirecto contra la democracia y sus valores fundamentales, pero también la manipulación del discurso. Esto se hace a través de la influencia cultural y un amplio uso de herramientas para cambiar los puntos de vista sobre el estado y las acciones de China, y así proporcionar aliados a los objetivos de la RPC.

 

[1] Freedom in the World 2019: Democracy in Retreat. (2019). Freedomhouse.org. Recuperado el 13 de septiembre de 2019, disponible en https://freedomhouse.org/report/freedom-world/freedom-world-2019/democracy-in-retreat

[2] Gobierno de China oficial (2007); Hu Jintao calls for enhancing “soft power” of Chinese culture; consultado el 23 de febrero de 2019, disponible http://www.gov.cn/english/2007-10/15/content_776553.htm

[3] Yin Li, H. & Wong, S. (2018), “The evolution of Chinese public diplomacy and the rice of think tanks”, Place Branding and Public Diplomacy, vol.14, issue.1

[4] Levy, K & Rose C, (2019): Are China and Japan rivals in Latin America? A rivalry perception analysis; The Pacific Review.

[5] CIAR, (2019), “El “Belt and Road Initiative” y sus dos puertas de entrada a América Latina”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en http://ciarglobal.com/el-belt-and-road-initiative-y-sus-dos-puertas-de-entrada-a-latinoamerica/

[6] Huileng Tan (2018). “China state media lash out at Pompeo’s advice to Latin America”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en https://www.cnbc.com/2018/10/22/china-state-media-lash-out-at-pompeos-advice-to-latin-america.html

[7] Liy, M. (2019). China y Venezuela: una relación basada en la deudaEL PAÍS. Recuperado el 23 abril 2019, disponible en https://elpais.com/internacional/2019/01/25/actualidad/1548438622_696886.html

[8] Reuters (2018), How ZTE helps Venezuela create China-style social control

recopilado el 23 de julio de 2019, disponible en https://www.reuters.com/investigates/special-report/venezuela-zte/

[9] NY Times, (2018), “El gobierno ecuatoriano apostó por China para una represa que ahora se resquebraja”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en https://www.nytimes.com/es/2018/12/24/ecuador-china-prestamos-represa/

[10] Op. Cit.

[11] Wright, Theresa; Accepting Authoritarianism. State-society relations in China’s reform era; Stanford, Stanford University Press

[12] Diamond, L & Schell, O, et al. (2018); Chinese influence and American interests; Hoover Institute.

Yin Li, H. & Wong, S. (2018), “The evolution of Chinese public diplomacy and the rice of think tanks”, Place Branding and Public Diplomacy, vol.14, issue.1

[13] Yin Li, H. & Wong, S. (2018), “The evolution of Chinese public diplomacy and the rice of think tanks”, Place Branding and Public Diplomacy, vol.14, issue.1

[14] PENDIENTE

[15] Xiaoping, S. “Historia de las relaciones entre China y Latinoamérica”, en “Las relaciones entre China y América Latina y los enigmas de los lazos históricos”, IRI Universidad Real de la Plata. Pp. 17-45

[16] La, Universidad Católica ha consolidado un fuerte núcleo de desarrollo de influencia, ya que es una de las sedes en Chile para los Institutos Confucios y ha articulado un MBA con la universidad de Tsinghua.

[17] El grupo Luksic, uno de los actores económicos más importantes del país, fue uno de los principales gestores para la instalación de esta universidad.

Universidad Católica “El MBA UC celebra la alianza entre el Grupo Luksic y la Universidad de Tsinghua recopilado el 3 de marzo 2019, disponible en ”https://escueladeadministracion.uc.cl/el-mba-uc-celebra-alianza-entre-el-grupo-luksic-y-la-universidad-de-tsinghua/

[18] KALATHIL, S. (2017) Beyond the Great Firewall: How China Became a Global Information Power, Cima, National Endowment for Democracy, recopilado el 17 de febrero de 2019, disponible en https://www.cima.ned.org/wp-content/uploads/2017/03/CIMA-Beyond-the-Great-Firewall_150ppi-for-web.pdf

[19] Cardenal, J. P. (2018), “El poder incisivo de China en América Latina y el Caso Argentino”, CADAL, Buenos Aires.

[20] Universidad Católica de Chile, (2019) “Profesores y exalumnos de Periodismo UC podrán optar a beca para realizar un magíster en prestigiosa universidad china” Consultado el 1 de abril de 2019, disponible en: http://comunicaciones.uc.cl/acuerdo-universidad-tsinghua-beijing/

[21] El País, (2018), “Taiwán se queda sin otro aliado en América Latina: ahora es El Salvador“ recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en https://elpais.com/internacional/2018/08/21/actualidad/1534828383_860884.html

[22] Fukuyama, F. (2015), “Why Is Democracy Performing So Poorly?”. Journal of Democracy. 26. 11-20.

[23] Hannig, S. (2018), “¿Nos está comprando China?”, Revista Capital, recopilado el 10 de abril de 2019, disponible en https://www.capital.cl/nos-esta-comprando-china/

[24] Hannig, S. (2019) “Distopía Digital: Cuatro herramientas que China usa para controlar a su población”, FPP Chile, disponible en http://fppchile.org/es/distopia-digital-cuatro-herramientas-que-china-usa-para-controlar-a-su-poblacion/

[25] Cardenal, J. P. (2018), “El poder incisivo de China en América Latina y el Caso Argentino”, CADAL, Buenos Aires.

[26] Diamond, L & Schell, O, et al. (2018); Chinese influence and American interests; Hoover Institute.

 

Sascha Hannig

Analista y coordinadora de proyectos de Asuntos Globales de la Fundación para El Progreso. Sus principales ejes de investigación son la Influencia de China en el mundo Siglo XXI y los efectos de la tecnología en la sociedad. En particular, estudia actitudes hacia la tecnología y efectos de la tecnología en la política y la cultura. Ha publicado varios artículos académicos y de difusión sobre estos temas, y expuesto en seminarios (nacionales e internacionales) al respecto. Es Magister de la UAI y minor en historia y economía de Oriente. Actualmente se encuentra trabajando en un proyecto para la recopilación de testimonios de persecuciones políticas y de difusión de actitudes para el liderazgo. Además de sus intereses académicos, Hannig es novelista de ficción y ha sido periodista de Reportajes y de Economía.