Leer no es más que darse cuenta de aquello que existe en tu realidad.” – (Anónimo)

Con esa frase recordemos un poderoso ensayo escrito por el polímata Arturo Uslar Pietri titulado “De una a otra Venezuela”, el cual hoy se encuentra más vivo que nunca.

¿Por qué? Porque en estos tiempos se vive en la “Venezuela fingida” que en un momento determinado este escritor nos advirtió.

Venezuela es hoy un país desgraciadamente condenado a la dependencia petrolera. Es indignante ver cómo el país poco a poco se consume en la necesidad de la extracción petrolera para poder subsistir; es injusto ver la amplia necesidad de inversión nacional mientras los gobernantes se dedican a hacer perecer el futuro. Nos encontramos en una “Venezuela fingida”, de la cual la ciudadanía le corresponde despertar.

Como lo mencionó Uslar Pietri, en la Venezuela real lo que verdaderamente importa es producción nacional para poder garantizar un futuro próspero; en ese escenario se comienza trabajando el campo, la ganadería, se garantiza la educación y que el sistema educativo esté acorde a las necesidades públicas. ¿Encontramos eso el día de hoy? No lo creo…

¿Cómo es la Venezuela fingida del día de hoy? 

La Venezuela fingida que vivimos hoy en día ya no tiene líneas aeroportuarias óptimas, ya no tienen rascacielos lujosos, ya no tiene carreteras seguras o confianza ciudadana… Nos encontramos en un estado de “default integral” donde la maquinaria pública se ha vuelto obsoleta en términos de resultados, el sector privado continúa huyendo del país y la población añora una libertad convertida en “aires” de esperanza.

El día de hoy nos encontramos un país impregnado de superficialidad, fanatismo, total dependencia extranjera y petrolera. Nos encontramos cegados por las vendas del moralismo político que, poco a poco, carcome y desintegra familia, instituciones y desarrollos trascendentales. ¿A dónde va el dinero que entra en la nación gracias al petróleo? No se ve en alguna entidad, institución, o ciudadanía … Por el contrario, lo vemos en las caras que claman ayuda, en los niños que buscan tener un mejor lugar para vivir, en las familias separadas y en las voces que quieren manifestar su oposición a las tiránicas leyes nacionales.

“La Venezuela fingida de hoy es peor de lo que imaginamos, es peor de lo que vemos en las noticias y peor de lo que te pueden llegar a contar…” – Anónimo.

Llegaremos a la Venezuela real cuando el conformismo cese en la mayor parte del país, cuando la apatía ya no sea parte del vocabulario de las personas y en lugar de lamentarse por no tener cómo vivir, salir a reclamar por una inversión nacional justa. Llegaremos a la Venezuela real cuando nos demos cuenta de que no es suficiente tener comida hoy, sino tener la confianza que mañana habrá.

Cuando la alta superficialidad social y el clasismo se reduzca en el país, nos daremos cuenta de que llegar a la Venezuela real sí es posible, con una verdadera (y honesta) unidad entre todos los ciudadanos.