Desde la perspectiva de la lógica del juego, los procesos políticos operan como el tablero en que los actores, como jugadores de una partida, se mueven guiados por intenciones, la negociación y la persecución de fines racionalmente calculados, en busca del objeto final del juego: el poder. Cómo se consolidan y mantienen en ese juego los regímenes autoritarios.

Introducción

El autoritarismo competitivo es un régimen que se mimetiza y aprende a utilizar las herramientas democráticas para estabilizarse en el tiempo. Levitsky y Way (2010) lo definen como un régimen híbrido; es decir, no se identifica como semidemocrático, ni está clasificado en el subtipo de democracia representativa que Guillermo O’Donnell (2011) enuncia como democracia delegativa, concordando con la postura de Jon Elster (2013), por ejemplo. No obstante, tampoco cumple con las condiciones de un autoritarismo absoluto, John Linz (2000). En otras palabras, es un ordenamiento político cuyos actores -sean individuales, colectivos o institucionales- compiten usando las premisas democráticas formales como medios para obtener y ejercer la autoridad política, empero, todos los recursos públicos son usados a favor de los incumbents. Es decir, se evidencia abuso de poder.

En este contexto, los regímenes autoritarios competitivos son difíciles de diferenciar de los regímenes democráticos en crisis, porque utilizan como fachada los procesos electorales, siendo quizá el principal mecanismo por el que se accede al poder en forma legítima. La dimensión electoral no puede ser eliminada de un golpe de decisión absoluta (por el autócrata) ya que sirve para empoderar el populismo como forma de gobierno. Es decir, la función de las elecciones por vía democrática es netamente instrumental. No obstante, estos canales democráticos, también son potencialmente útiles a la oposición por dos razones: (i) realizar contrapeso al poder ejecutivo y; (ii) liderar la transición que no necesariamente puede concluir en avance hacia la democracia. Bajo este marco teórico, Levitsky y Way (2004) proponen cuatro arenas de competencia: la electoral, la legislativa, la judicial y la mediática.

Con este enfoque conceptual político, se observa que Venezuela desde 2013, cumple con las premisas teóricas de un régimen autoritario competitivo; derivado de esta hipótesis, este breve ensayo contesta a la pregunta de investigación: ¿cuáles son las decisiones estratégicas que determinan los equilibrios en el ejercicio del campo desigual entre el gobierno y la oposición en un régimen híbrido, como es el caso de Venezuela durante los últimos seis años? [1]

Para este análisis se propone un modelo basado en la teoría de juegos que: (1) identifique los actores políticos; (2) describa los posibles resultados del juego (así llamaré al tablero de decisiones políticas gobierno autocrático ≠ oposición) y; (3) Identifique las preferencias de cada actor sobre los resultados de este juego con miras a mantener la competencia equilibrada, aún durante la transición.

Ejemplo I: (Venezuela 2014-2019)

En este régimen autoritario competitivo se observan: (i) líderes de oposición colaboracionista financiados por medio del soborno y chantaje económico; (ii) inhabilitación jurídica a los candidatos de oposición no-orgánica; (iii) cubrimiento parcial en forma violenta de los medios masivos de comunicación; (iv) encarcelamiento de activistas de la oposición que aglutina el descontento ciudadano; (v) falta de transparencia en el escrutinio de los votos. Etc.

Palabras clave: Decisiones estratégicas, regímenes autoritarios competitivos, elección racional, teoría de juegos, escenarios geopolíticos.

 

Desarrollo

Venezuela evidencia empíricamente cómo los autoritarismos competitivos se estabilizan con el tiempo utilizando los instrumentos democráticos, tales como las elecciones, el parlamento, el poder judicial y los medios de comunicación. Este país otrora considerado como uno de los más ricos del sur del Continente Americano (según los elementos geopolíticos definidos por Artié-Burgos et al, 2017), ingresó al proceso de globalización en el siglo veintiuno con la oferta de una transición en democracia, toda vez que el ordenamiento institucional de su sistema político había estado liderado durante los últimos setenta y siete años anteriores a través de un bipartidismo originado por un “pacto” llamado puntofijista1, donde los principales partidos políticos, tales como: Acción Democrática2, el Comité de Organizaciones Políticas Electorales e Independientes3 y la Unión Republicana Democrática4 se comprometieron a: (i) defender la constitucionalidad; (ii) formar un Gobierno de Unidad y; (iii) formalizar un programa mínimo de gobernabilidad.

1.-Pacto de Punto Fijo (Municipio de Curirubana, Península de Paraguaná, celebrado por todos los líderes de los entonces tres partidos políticos importantes, el día 31 de octubre de 1958. Su esencia fue establecer una cierta estabilidad y continuidad del orden institucional en el Sistema Político Venezolano. Este pacto se manifestó legalmente en el Artículo 114 de la Constitución (entonces vigente) de 1961.

2.- Partido Acción Democrática, de paradigma socialdemócrata, aglutina los sindicatos y toda organización que se denominaba popular.

3.- COPEI, integraba todas las organizaciones de élite empresarial y religiosa católica en un enfoque ideológico de corte socialcristiano.

4.- URD, no integraba a los comunistas, quienes fueron excluidos de este pacto de élites “burguesas” la URD abandonó el pacto en agosto de 1960.

Quizá, lo más importante de subrayar es que este pacto fijó las reglas del juego para poner fin a los golpes de Estado liderados por caudillos regionales principalmente de corte militar. Así, se iniciaba la alternancia del ejercicio del poder político en su carácter dual: normativo-institucional y utilitario. Empero, en las dos últimas décadas del siglo veinte, sucesos económicos y sociales quiebran la débil estabilidad institucional del sistema político venezolano.

El declive político de la hegemonía democrática representativa adeco-copeyana se puede explicar a través de eventos tales como: 18 de febrero de 1983 consecuencia de una fuerte devaluación monetaria denominada “el viernes negro”; el 27 y 28 de febrero de 1989 con el denominado “caracazo” donde las masas enardecidas bajaron de los cerros de Guarenas y de Petare (Caracas) y tomaron las calles y barriadas realizando saqueos, vandalización de propiedades principalmente de distribución de comida, para culminar con una represión violenta por parte del gobierno del entonces Presidente Carlos Andrés Pérez II. Posteriormente, la rebelión cívico militar en dos intentos de golpe de Estado: el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992 dirigidos por el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, entre otros. Sin duda, el modelo democrático que se había pactado estaba rebasado; sin embargo, en las elecciones de 1993 el ex presidente Rafael Caldera5 es electo para su segundo periodo (no consecutivo) como jefe del Ejecutivo

El sistema político ya no producía outcomes eficaces y eficientes, pero sí suficientemente autoritarios para atender los inputs sociales. Ergo, la crisis de gobernabilidad se evidenciaba por la falta de liderazgos emergentes en los partidos políticos tradicionales, y que todo el sistema socio-institucional está (aún en la actualidad) basado en la renta petrolera y con este recurso privilegiado y escaso, se financia y hace posible cualquier diseño de política pública del Estado benefactor.

Bajo este orden cronológico de sucesos, la situación se agrava por una fuerte recesión económica interna y la baja internacional del precio del barril de petróleo, así la pobreza alcanza hasta el 69% de la población venezolana. Como reacción, se dieron manifestaciones sociales, huelgas, convocatorias a paros generales exacerbados por disturbios estudiantiles de todos los niveles educativos y actos de protesta que involucró a toda la sociedad venezolana allende la cosmopolita Gran Caracas y ciudades importantes, tales como: Maracaibo, Barcelona, Valencia, Barquisimeto, Mérida y Táchira.

Este es el contexto socio-político que el entonces teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías aprovecha para liderar su movimiento a la quinta república ofertando una reestructuración total y -sobre todo- la formulación de un régimen popular-participativo. De allí que, la plataforma social del descontento estaba lista y sólo faltaba legitimar el ascenso al poder. Entonces, un 6 de diciembre de 1998 es electo -apoyado por el Polo Patriótico- para tomar posesión de la Presidencia el 2 de febrero de 1999, de la que denominaría: la República Bolivariana de Venezuela. Pero, el cáncer lleva a la muerte al líder autócrata un 5 de marzo de 2013.

5.- Rafael Antonio Caldera Rodríguez (1916-2009) lideró la llamada democracia cristiana a través del Partido COPEI del cual fue Fundador. Fue en su Quinta donde se celebró el pacto de puntofijista y fue quién indultó a Hugo Chávez. Llegó a su segundo periodo presidencial a los 77 años, sin el apoyo de su partido.

Queda entonces acéfalo el socialismo del siglo veintiuno. Es la oportunidad que el azar brinda al entonces vicepresidente, Nicolás Maduro Moros, ahora identificado como “el autócrata”, que a la vista de más de sesenta (60) países se lo considera no legítimo como presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

 

Dimensión Histórico-Contextual

No son objeto de estudio de este análisis político empírico los lapsos presidenciales (1999-2013) del comandante eterno Hugo Rafael Chávez Frías, sino el periodo de Nicolás Maduro Moros, a raíz de su designación como candidato a su primera elección para ocupar el máximo cargo de la nación (2013-2019). Es decir, el primer periodo madurista se define cuando, el padre benefactor mediante una decisión autocrática, instruye a la élite del Partido Socialista de Venezuela (PSUV) para que designen a Nicolás Maduro Moros, como su sucesor a la presidencia. Empero, había que realizar las elecciones para legitimarse.

Precisamente, a raíz de esta imposición del líder supremo del chavismo y de la falta de credibilidad en el Poder Electoral cooptado por los incumbents, Nicolas Maduro Moros se hace legalmente de la Presidencia de la República, con la sombra de un mínimo margen de diferencia del 1.4% (uno punto cuatro por ciento) a su contrincante Henrique Capriles. Analistas de este proceso identificaron votos fantasma -en el sistema electrónico- en aquellas zonas rurales alejadas, cuyo padrón electoral no fue sometido a verificación, entre otras denuncias de fraude electoral.

La asunción de Maduro a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela revestía ilegitimidad; por ende, con base en el Artículo 2036 de la Constitución Bolivariana de 1999 (actual y vigente) inicia su gobierno mediante Leyes Habilitantes, que lo faculta para sancionar leyes y con ello, enfrentar lo que llamó desde entonces: la guerra económica y la lucha contra la corrupción. La respuesta social fue una gran movilización de protesta derivada de la ilegitimidad no sólo de su ejercicio de gobierno, sino de la gran represión violenta y la negación al proceso de diálogo político con las fuerzas opositoras. El éxodo migratorio involuntario es entonces la única salida de escape ante la grave crisis humanitaria fenómeno que ha documentado la Organización de las Naciones Unidas7 (ONU) en Venezuela.

6.- Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999, Artículo 203 “Son Leyes Habilitantes las sancionadas por la Asamblea Nacional por las tres quintas partes de sus integrantes, a fin de establecer las directrices, propósitos y marcos de las materias que delegan al Presidente de la República, con rango y valor de ley. Estas deben fijar un plazo de su ejercicio.

7.- GINEBRA (4 de julio de 2019) – Un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos insta al Gobierno de Venezuela a adoptar de inmediato medidas específicas para detener y remediar las graves vulneraciones de derechos económicos, sociales, civiles, políticos y culturales que se han documentado en el país. El informe de la Oficina advierte que, si la situación no mejora, continuará el éxodo sin precedentes de emigrantes y refugiados que abandonan el país, y empeorarán las condiciones de vida de quienes permanecen en él.

Ejemplo 2. (En Venezuela en el 2015)

La oposición obtuvo mediante el voto ciudadano, la mayoría de los escaños a la Asamblea Nacional (régimen unicameral), lo que dio como resultado la decisión del autócrata de Nicolás Maduro de constituir (de forma paralela) la denominada Asamblea Nacional Constituyente. De esta manera, el régimen autoritario competitivo delinea el juego desigual al limitar e irrespetar al parlamento electo cuyas funciones constitucionales debieran ser de contrapeso. Contrariamente, la asamblea paralela, integrada por completo por funcionarios públicos con probada capacidad operativa e indudable militancia partidista y lealtad del líder chavista, confeccionan leyes a petición y a favor del régimen autoritario. No obstante, la asamblea electa es usada como plataforma pública para denunciar el régimen.

Visto de esta forma, en Venezuela, a partir del fraude electoral del pasado 20 de mayo de 2018, se aplicó el Artículo 233 Constitucional y “en ausencia de presidente” se tomó protesta del Presidente de la Asamblea Nacional (electa) para que asumiera funciones de Presidente interino. Es decir, actualmente hay dos Presidentes de la República Bolivariana reconocidos por sendos grupos de países a nivel internacional: un presidente encargado, y un presidente que se ostenta –legalmente- como el Comandante de las Fuerzas Armadas; sin embargo, no es recibido como Jefe de Estado en más de 50 países que practican la democracia.

 

Dimensión filosófica:

Pareciera, grosso modo, que este proceso de transición política derivada de una grave crisis de gobernabilidad es consecuencia de una controversia ideológica. Sin lugar a dudas, sería una parcialidad sólo considerar que la lucha por el poder reviste confrontar dos enfoques epistemológicos tales como: la democracia representativa y el socialismo de enfoque neomarxista en tiempos de globalización.

Ese fue el escenario que Hugo Chávez siempre utilizó a través de su retórica discursiva, en la cual fundamenta, que todo su proyecto económico y sociopolítico tenía que ver con la transformación del Sistema Político Venezolano hacia la implementación de una filosofía con enfoque humanista etiquetada como socialismo del siglo veintiuno.

Mecanismos hegemónicos de propaganda ideológica-partidista fueron construidos para explicar a la comunidad tanto al interior de Venezuela, como en toda la región de América del Sur, una doctrina basada en los fundamentos cristianos de la teología de la liberación; en las bases filosóficas de la dialéctica del marxismo-leninismo y; los preceptos de la teoría de la dependencia que los sociólogos anti-imperiales de los años sesenta y setenta conformaron en la escuela política del desarrollismo. Entonces, el enemigo epistemológico se visualizaba en los grandes imperios del capitalismo global.

Bajo esta lógica antagónica de la concepción schmittiana del amigo-enemigo, Nicolás Maduro mantuvo como aliados a todos aquellos regímenes políticos cuya filosofía concuerda con el socialismo neomarxista. Por ejemplo: el castro comunismo cubano; la Rusia socialista; la China y los países orientales que simulan enfrentarse a los aliados del imperialismo burgués. A tal grado que el presidente soviético Vladimir Putín, el líder máximo chino Xi-Jinping, así como el poderoso emperador norcoreano Kim Jong-un, el Jefe de Estado Turco Tayyip Endorgan, y el líder vietnamita Nguyen Phu Trong, además, de otros líderes sudamericanos como Cristina Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Lula Da Silva, y hasta Andrés Manuel López Obrador, muestran empatía por su tendencia a la izquierda ideológica. Por lo menos, en la retórica de la propaganda política.

 

Dimensión teórica:

Como he explicado en la introducción de este breve ensayo, el presente análisis se fundamenta en la teoría que conceptualiza los regímenes autoritarios competitivos a partir de los años noventa del siglo pasado. Levitsky y Way (2010) identifican este tipo de regímenes autoritarios porque compiten a través de cuatro arenas de competencia: (1) la electoral (quizá el más importante) ya que es a través de este mecanismo netamente democrático es como los autócratas acceden y se mantienen legitimados en el ejercicio del poder. No obstante, estos procedimientos de decisión ciudadana se caracterizan por la sospecha de fraude, clientelismo y otros abusos, entre ellos: el chantaje y la extorsión a los candidatos de oposición y la cooptación de las autoridades electorales, entre otros.

Otro ámbito de competencia es: (2) el escenario legislativo que, generalmente está controlado por el partido gobernante; y que a su vez es el único foro donde la oposición (colaboracionista o radical) puede utilizar democráticamente con la finalidad de hacer contrapesos y/o transitar hacia el cambio legítimo. La otra arena es: (3) la judicial, espacio legal que los regímenes autoritarios competitivos buscan subordinar mediante persecución, soborno, construcción de delitos para encarcelar jueces, extorsión y, otros mecanismos de cooptación y control. Por lo general, el régimen toma acciones tales como: el clientelismo y la corrupción para doblegar este poder político que debiera servir constitucionalmente de contrapeso en las democracias sanas.

El cuarto ámbito, el mediático, donde se forma la opinión pública, el régimen autoritario competitivo ostenta sendas estrategias de mercadotecnia utilizando los medios de comunicación estatales y privados con la finalidad de propagar su propia versión de los hechos, ya sea distorsionando la realidad y, por supuesto, construyendo esa campaña que divulgue las verdades que le son propias y adecuadas con miras a fortalecer, no solo  la popularidad de los líderes y las élites dominantes, sino a la oposición como un “enemigo potencial existencial” etiquetando a este sector político de: traidores, antipatriotas, apátridas, entre otros calificativos peyorativos.

Entonces, los medios de comunicación sirven al régimen autoritario para competir por las “almas” que des-individualizan divulgando la doctrina pseudo-ideológica cuasi religiosa, mediante una narrativa propia de victimización y de mesianismos carismáticos codependientes; también se monopolizan, aún a pesar de utilizar el uso de la violencia legítima. (Levitsky, 2004:168) refiere que a pesar de que los medios son con frecuencia el punto central de contención en los regímenes autoritarios competitivos, por lo general, todas las concesiones de la red de comunicación masiva son del Estado y aquellos empresarios de los medios que no se alinean al régimen, son sistemáticamente agredidos desde el ámbito institucional.

Ejemplo 3.

 En Venezuela, por ejemplo, desde que Hugo Chávez fue reinstalado en el poder —a raíz del intento fallido de golpe de Estado en 2002— se percató de que debía “ocupar” los espacios privados de la ciudadanía mediante los medios de comunicación vigentes; así, en el ejercicio de sus funciones como Jefe de Estado, decretó como estrategia de la nación, sus transmisiones personales en cadena nacional. Durante más de ocho horas, cada tercer día de la semana –diario si la agenda lo exigía- “hablaba” con su pueblo. Los empresarios de los canales privados de televisión, de radio y de prensa debían transmitir por ordenamiento constitucional: el “mensaje a la nación”. Durante esas largas jornadas de monólogo, el líder carismático monopolizaba la narrativa. Paralela a esta estrategia, se tomó la decisión y la acción de premiar a los medios de comunicación que entendieran la estrategia del régimen autoritario, asignándole sendas campañas de publicidad con cargo al erario público. Aquellos que no se adecuaran a esta decisión de Estado optaron por el exilio o la venta pírrica de sus patrimonios como empresarios.

Por consiguiente, se planteó al principio de este ensayo, la pregunta principal:

¿Cuál es la naturaleza estratégica de la estabilidad de los autoritarismos competitivos?

El fenómeno político también plantea las preguntas secundarias, tales como:

  • ¿Cuáles son las decisiones estratégicas que determinan los equilibrios en el juego de poder desigual entre el gobierno y la oposición en un régimen híbrido?
  • ¿En qué arenas (escenarios) se desarrollan los procesos racionales para agregar las preferencias políticas del líder autocrático y la élite, en preferencias colectivas para validarlas en la experimentación empírica?
  • ¿Qué reglas democráticas sirven a los regímenes autoritarios competitivos para legitimar las decisiones y orientar un movimiento geopolítico?

 

El Marco metodológico:

Para resolver las preguntas arriba detalladas, propongo utilizar el método científico deductivo, a través de la teoría de la elección racional que sustenta la teoría de juegos en el campo de la Ciencia Política. Dado que la complejidad de los regímenes autoritarios competitivos no es ideológica, sino pragmática donde los actores evidencian ambiciones (preferencias) políticas que enfrentan en contextos competitivos muchas de las veces en juego desigual, pero que intentan equilibrar mediante estrategias bien diseñadas.

Por ende, en todo momento del juego por acceder al poder, los actores políticos deben en cada decisión, calcular, lo mejor posible, el uso de sus recursos (aún ante la escasez de éstos) con la finalidad de alcanzar sus objetivos; siempre pensando en cuáles serán las decisiones del “otro” – su competidor- ya que ambos son racionalmente intencionados.

En este marco de técnicas, el modelo es formal estratégico basado en la teoría de la elección racional que puede ser normativo o predictivo. Este enfoque analiza el comportamiento de los individuos en condiciones de interacción con los otros actores. En este sentido, se considera que las situaciones estratégicas implican la toma de decisiones en relación a las otras decisiones; es decir, es una visión interdependiente, porque estas decisiones buscan impactar las decisiones de los otros que compiten en el juego del poder.

(Shepsle,2018) indica que la forma de resolver los modelos estratégicos puede ser deductiva o evolutiva. Así, el autor refiere que la técnica deductiva asume la existencia de supuestos que predicen resultados si y solo si, se cumplen los supuestos y las condiciones de racionalidad. Gracias a estas herramientas científicas también llamadas simplificaciones o estilizaciones. (Acemoglu y Robinson, 2006) se puede predecir los comportamientos de los actores políticos en el régimen autoritario competitivo y, esperar resultados con pagos específicos de acuerdo con el interés, riesgo y costos que cada actor esté dispuesto a pagar por el costo de sus decisiones y acciones en consecuencia.

Desde esta perspectiva metodológica, los autores Acemoglu y Robinson (2006) proponen supuestos con la finalidad de analizar los procesos de transición de las democracias hacia los autoritarismos, y viceversa. Tales simplificaciones son: (a) la fuerza principal que anima el conflicto es la distribución de recursos económicos; (b) Los grupos sociales luchan por demandar que el gobierno los beneficie materialmente a través de políticas públicas (o de dádivas/premios por la no-resistencia a las decisiones del régimen); (c) la ciudadanía es maximizadora de sus decisiones ya que es llevada a estadios primarios para obtener sus necesidades básicas, por lo tanto, toma decisiones en tal sentido.

Con respecto a la teoría de la elección racional que es fundamental en esta investigación, se identifica como un enfoque que ofrece conceptos y métodos para analizar coyunturas políticas complejas, altamente competitivas y conflictivas, cuya interacción depende del contexto institucional y legal existente; así como de las normas no escritas que regulan el juego político. Esta premisa teórica es neural en la teoría de juegos y entiende a los fenómenos políticos como interacciones entre sujetos de acción (por ende, jugadores) decisorios que interactúan en situaciones de cooperación estratégica, o de conflicto perfectamente intencionado. La racionalidad es su eje y el objeto de estudio de la elección racional, son las decisiones que toman todos los jugadores en el juego del ejercicio del poder, en este caso en el régimen autoritario competitivo.

Evidentemente, el modelo de análisis político que se propone trabaja con el supuesto del comportamiento esperado que es la racionalidad que el sujeto asume a la hora de decidir. Además, define condiciones para la toma de decisiones tales como: limitación en el acceso y discernimiento de la información, la deliberación de la maximización de utilidades frente a las alternativas factibles, viables y alcanzables; la búsqueda de objetivos intencionalmente deseados agregados en preferencias colectivas; y la interdependencia con el “otro” jugador que actúa en las mismas condiciones necesarias y suficientes. Luego entonces, se define a los decisores como maximizadores estratégicos ya que buscan obtener beneficios (resultados) al menor costo asociado para alcanzar metas escasas y compartidas.

El modelo metodológico siguió los siguientes pasos. Primero, identificar los stakeholders, es decir, aquellas personas que tienen algo que ganar o perder en la situación que estudiamos. Dentro del conjunto de los stakeholders encontramos a los que tienen capacidad de incidir en los resultados a través de sus decisiones y a estos los llamaremos jugadores. Para cada jugador se formula un conjunto de posibles decisiones—estrategias—a través de las cuales pueden incidir en el escenario contribuyendo a producir un resultado o estado del mundo. Dado el conjunto de estrategias de cada jugador se construye una función de resultados que no es más que una regla que a cada posible combinación de estrategias asigna un resultado específico.

Ejemplo:

Jugadores= {líder de oposición, autócrata}

Estrategias de Líder de oposición= {mantener el reto al régimen, abandonar el reto} Estrategias de autócrata= {conservar el poder, ceder el poder}

Resultados o estados del mundo= {status quo; asilo político y elecciones; sustitución del liderazgo de oposición; gobierno militar}

En la tabla 1 abajo detallada se resume toda esta información, incluyendo la función de resultados que asigna status quo a la combinación {mantener reto, conservar poder}, etc. La función de resultados captura el entorno institucional del juego, es decir, las reglas formales e informales en las que se desenvuelven los jugadores.

 

Hecho lo anterior, es necesario formular supuestos sobre las preferencias que cada jugador tiene sobre cada posible resultado y sobre las creencias e información que tiene cada jugador sobre la naturaleza del juego y sus oponentes. Establecer preferencias equivale a asignar valores de utilidad para cada jugador a cada resultado de forma que una utilidad mayor corresponde a un resultado preferido. Por ejemplo, si el autócrata prefiere el statu quo al asilo político asignaremos un número mayor al primero que al segundo. Si los pagos están escritos como (oposición, autócrata) entonces tenemos la Tabla 2 abajo detallada:

La representación anterior se conoce como un juego en forma estratégica (una variante de juego no-cooperativo en el que no existen acuerdos vinculantes posibles entre los jugadores). Este modelo analítico permite plantear escenarios y encontrar situaciones de equilibrio social en el sentido de Nash:

Un equilibrio de Nash es una combinación de estrategias en la que a ningún jugador conviene cambiar su comportamiento.

El equilibrio de Nash nos permitiría entender en un juego apropiado para el caso, cuáles son las condiciones bajo las cuales el autoritarismo competitivo es estable a través del tiempo.

 

A manera de conclusión:

En la revisión de la literatura para la construcción de este análisis político, me percato de que los sucesos de estos últimos seis años -sin tomar en cuenta los acontecimientos del día 6 de diciembre de 2020- en Venezuela han sido objeto de estudio científico para muchas disciplinas sociales, tales como la sociología, la historia, la filosofía, la psicología social, la comunicación, pero no desde la Ciencia Política. Por ende, el aporte de mi investigación como Politóloga se apoya en la metodología deductiva y en el axioma de elección racional en el contexto de la teoría de juegos.

Este enfoque científico supone que cada actor calcula la mejor estrategia para alcanzar sus objetivos, tomando en cuenta que otros jugadores son racionales también. Es a través de la construcción del método de elección racional que parte de simplificaciones o estilizaciones (Acemoglú y Robinson, 2006) como a través de las cuales se podrá medir el comportamiento de los actores políticos en este tablero de juego llamado autoritarismo competitivo en el caso empírico de Venezuela periodo 2014-2020 (antes del simulacro de proceso electoral de fecha 6 de diciembre de 2020).

En cuanto a la teoría de juegos, se entiende a los fenómenos políticos como interacciones entre actores políticos que en lo sucesivo llamaremos: jugadores y que en el proceso político que en lo consecuente identificamos como tablero del juego, deciden en situaciones interdependientes de estrategia y negociación; ergo, los jugadores son maximizadores estratégicos que buscan promover sus intereses de manera racional limitada y consistente.

En resumen, cuando dos o más seres humanos interactúan por la posesión de un recurso, están participando en un juego (Binmore, 2017). De esta manera, el juego se constituye como un escenario de estrategias interdependientes y sólo funciona cuando los jugadores actúan <<racionalmente>>. Es decir, la teoría de juegos realmente funciona cuando es aplicada por personas que saben lo que hacen, y en política, se aplica el supuesto de que todos los jugadores actúan por interés, intención y motivación en la obtención del mismo recurso (escaso) que es el poder. Maquiavelo identifica este juego como: los fines justifican los medios.

Este modelo se presenta como un mecanismo de análisis político para comprender, describir, explicar y predecir las decisiones estratégicas que permiten a los autoritarismos competitivos no sólo en América sino en cualquier parte del mundo, desde la metodología de la deducción y la elección racional, pero con la epistemología y expertise de la Ciencia Política.

 

Referencias Bibliográficas:

Acemoglu, Daron & James A. Robinson (2006). Economic origins of dictatorship and democracy. NY, USA. Cambridge. University Press.

Amster, Pablo y Juan Pablo Pinasco. (2017). Juegos, decisiones y estrategias. En: Teoría de Juegos: Una introducción matemática a la toma de decisiones. México: FCE: pp:129-288.

Artié-Burgos, Walter y María Rosas (2017) Las
Relaciones Internacionales en el siglo XXI; Ciudad de México: Centro de Análisis e Investigación sobre Paz, Seguridad y Desarrollo Olaf Palme A.C. UNAM: 87-127.

Binmore, Ken (2017). Teoría de Juegos: Una breve introducción. Madrid: Alianza Editorial.

Cortes del Moral, R. (2007). Sobre el concepto de racionalidad. Pliego Filosofía. Guanajuato, México: Universidad de Guanajuato.

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Gaceta Oficial #5.453 Extraordinario del 23 de marzo de 2000. Incluye Enmienda No. 1, No. 5.908 de fecha 15 de febrero de 2009. Venezuela.

Elster, J. (comp.) (2013). La democracia deliberativa. España: Gedisa.

Hernández M., E. (2008). Transición en Democracia (Venezuela, 1935-1999). Caracas. Universidad Central de Venezuela.

Lesgar, Cecilia. (2003). Dilemas éticos frente a los golpes de estado. En: Uso de la transición a la democracia. Argentina: Homo Sapiens Ediciones. Pp-39-66.

Levitsky, S. y Lucan A. Way. (2004). Elecciones sin democracia. El surgimiento del autoritarismo competitivo. En: Estudios Políticos. No. 24, Medellín, Colombia.

Levitsky, S. y Lucan A. Way. (2010). Competitive Authoritarianism. Hybrid Regimes After Cold War. New York. Cambridge University Press.

Linz, Juan J. (2000). Totalitarian and Authoritarian regimes. USA: Lynne Rienner Pub.

O’Donnell, Guillermo Y Philippe C. Schmitter. (2013). Transitions from authoritarian rule. Tentative conclusions about uncertain democracies. USA: The Johns Hopkins University Press.

Puerta R, M.I. (2016). La gobernabilidad democrática en Venezuela: trayectorias y actualidad. En: Alex Ricardo Caldera y Armando Chaguaceda (coord.). Democracia en América Latina. México: Fontamara: 137-161.

Serra, Gilles (2016) La elección racional para analizar la política en el mundo de habla hispana. En: Analizar la política. Comportamiento, instituciones y racionalidad, Kenneth A. Shepsle: México, Ciudad de México: CIDE, 17-28.

 

[1] Para la entrega de este ensayo (enero, 2020) no se había llevado a cabo el proceso electoral del 6 de diciembre de 2020

 

María Belem Riquelme Alcantar

Politóloga Titulada por la Universidad Central de Venezuela Maestría en Ciencia Política y Admón. Pública por la Universidad de Carabobo, Venezuela. Docente titular en la Escuela de Estudios Políticos en la Universidad de Carabobo, Venezuela. 2011-2018. Especialidad en Docencia para la multimodalidad educativa certificada por la Universidad de Guanajuato Cursando la Maestría en Análisis Político en la Universidad de Guanajuato. Cursando Diplomado en Derechos Humanos y Educación en la Procuraduría de los DDHH del Estado de Guanajuato. Docente en la División de Ciencias Sociales y Humanidades del Campus León de la UGTO.