La incidencia negativa que ha tenido y tiene hasta hoy el régimen cubano en las democracias de la región, basada en las narrativas complacientes con los totalitarismos, la vulneración, cuando no cancelación, de los derechos civiles y políticos, la polarización de las sociedades, son algunas de las variables señaladas por el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, como parte de la cultura antidemocrática contra la que hay que luchar. Compartimos las palabras de apertura con que inició la presentación del libro El modelo iliberal cubano, evento que Demoamlat realizó en diciembre de 2019.

Ante todo, mi saludo a todo el equipo de Demoamlat; quiero expresar la enorme satisfacción de trabajar en un proyecto colectivo como este. Gracias por la invitación, por la posibilidad que permite poner de manifiesto el punto de vista interamericano, nuestras normativas y reglas que ha ido contribuyendo paulatinamente a la afirmación de variables y valores y principios fundamentales que hacen a la democracia en el hemisferio. El caso cubano es un caso particular, una dictadura cuyo éxito Leandro Querido señalaba que era el haber permanecido en el poder todo este tiempo. Yo entiendo que ese es su gran fracaso. Haber permanecido en el poder todo este tiempo ha agotado el sistema. Un sistema que, aparte de su signo trágico como sistema, que fracasó en Asia central, en Vietnam, en China, en Europa oriental, en la Unión Soviética (todos esos países han intentado reconvertir el sistema en términos económicos y sociales, aun cuando persisten variables de afirmaciones dictatoriales en muchos de esos países que nombré), es un caso extremo. El caso cubano es un caso extremo en el sentido de que todas las variables económicas, sociales y políticas permanecen “incambiadas” aplicando una fórmula que no funciona en ninguna parte y que es la principal fuente de su fracaso económico, productivo y social. Lo que constituye el proceso electoral en un sistema dictatorial, la función que ocupa, el hecho de que se realicen elecciones quiere decir que hasta las dictaduras saben que precisan de elecciones para tener, aunque sea, alguna farsa de legitimación; hasta las dictaduras deben tomar elementos de las democracias liberales porque saben que sus variables legitimantes pasan por ahí. Porque la soberanía finalmente radica en el pueblo y obviamente que cortar los vasos vinculantes en la toma de decisiones electorales de la ciudadanía, definitivamente, genera las condiciones de falta de soberanía que se nota en Cuba y deslegitimación del régimen. Esto arranca también con su política exterior que contempla varias variables, una primera, la de polarización regional. Pretender introducir variables dictatoriales como las cubanas, irlas inyectando, a veces con sobredosis, a veces dosis absolutamente insuficientes, pero las van inyectando en cada uno de los países de la región, y que es lo que genera anticuerpos en los países de la región, lo que lleva a la polarización. El caso de Venezuela es un caso de sobredosis, el caso de Nicaragua, ambos son casos de sobredosis en donde se ha inyectado demasiado de ese virus a algunos sistemas políticos.

Esa polarización en toda la región enfrenta a connacionales que pueden estar de acuerdo en la mayor parte de las variables del funcionamiento político del sistema pero que lamentablemente se ven obligados a tomar posición en cuanto a definiciones respecto de derechos políticos de la gente, de derechos económicos y sociales de la gente, respecto al papel del sector privado, a la responsabilidad política que tienen que tener las instituciones democráticas, respecto a la pluralidad, en definitiva, respecto a la libertad de expresión, a los derechos civiles y políticos básicos. Todo esto genera polarización en función de esos intentos de erosión democrática que se pretende. Otro de los temas que forma parte de la política exterior de este sistema antidemocrático y dictatorial tiene que ver con las narrativas de apaciguamiento de las dictaduras. A las dictaduras nunca se las ha apaciguado. No hemos visto apaciguamiento de ninguna dictadura, desde el nacismo al fascismo, o podemos hablar del caso cubano o del venezolano ahora, nunca se han apaciguado, sino que más bien lo que ha ocurrido es un apaciguamiento frente a las dictaduras. Parece que tenemos la obligación de ponernos blandos frente a las dictaduras, lo cual es inconcebible e impracticable en función del respeto a los principios de funcionamiento de la democracia en la región. Las variables políticas son las más crueles.

Uno toma la Carta Democrática Interamericana que es un propósito de todos los países del hemisferio y uno encuentra que, desde el primer considerando hasta el último artículo, todos han sido violados por el régimen cubano. Cada una de sus cláusulas, párrafos, cada uno de sus artículos y considerandos han sido sistemáticamente vulnerados, atropellados o liquidados por el régimen cubano. El principal objetivo político de décadas ha sido la erradicación de los valores democráticos. El intento de erradicarlos en la gente. Lo menciono porque es lo primero que debemos enfrentar, a partir del caso cubano, porque debemos seguir bregando por transmitir valores democráticos en el sistema cubano y en su sociedad para generar los anticuerpos en otros lugares donde se vive ese proceso de erosión de valores democráticos y erradicar las malas prácticas. Los derechos electorales, aquellos derechos de elegir y ser elegido desde la pluri-participación es lo primero a ser desactivado por las dictaduras. Una vez me dijo una frase el canciller cubano Bruno Rodríguez “En Cuba es el único país en el mundo en donde se puede vivir honestamente sin trabajar”. Y eso, definitivamente, no es algo bueno para ninguna sociedad. Pero también es un sistema en donde se ha tratado de eliminar cualquier forma de participación política, salvo la auto convocada. Eso es lo primero contra lo que debemos luchar. Inyectar valores democráticos es lo esencial. En términos de derechos políticos todo está basado en un esquema represivo en el cual la libertad de expresión ha sido completamente vulnerada, la posibilidad de multipartidismo ha sido eliminada, la pluri-participación ha sido completamente eliminada. El proceso electoral cubano no tiene otro ejercicio que silenciar cualquier voz. Eso es silenciado durante el proceso electoral donde se van a contar los votos como se quiera, se van a aplicar variables de afirmación sistémica y represivas directamente al proceso electoral. En términos de economía, vemos que el funcionamiento de la democracia tiene mucho que ver con la capacidad de emprender. El emprendedurismo tiene que ver con lo productivo, pero también tiene que ver con el estado de ánimo social y también político. Cuando se cortan esos circuitos se llega a este esquema totalitario en el cual las posibilidades de expresión se reducen a un mínimo que es un “sí quiero”, prácticamente para todo, en donde se han instalado narrativas en ese contexto. Debemos abordar los temas técnicos del proceso electoral que es importante porque muestran cómo funcionan los sistemas. Yo veía las dificultades que tenía la gente que se oponía al referéndum de reforma constitucional para poder marcar su oposición. La dificultad que el “NO” tenía para llegar a expresarse… el sistema prácticamente neutralizaba la llegada al circuito electoral; o la posibilidad de que eso, que el rechazo, fuera contado de alguna manera, directamente se eliminaba del sistema. Hay que proteger los sistemas electorales y los procesos electorales.

Lo hemos visto en el caso boliviano recientemente. Ha sido un proceso demasiado largo que inició en 2019 y terminó prácticamente un año después, en 2020, con un período de transición en el medio. Siempre valoro el hecho de que se organicen elecciones libres con la posibilidad de que se den los resultados de lo que la gente quiere. Eso es lo que queríamos en 2019, que recién obtuvimos en 2020 en Bolivia, como valor fundamental a ser preservado. Este valor es el que debe ser preservado para la próxima elección que siempre es la más importante. No lo pudieron hacer en 2019, sobre la base de razonamientos completamente falaces como que solamente Evo podía gobernar Bolivia y creo que es en gran parte por la inducción del régimen cubano dentro de Bolivia, de las reelecciones indefinidas, de la falta de honestidad a la hora de contar los votos, de la polarización de nuestro sistema político. Todas estas cosas vienen a cuenta de las dictaduras que hemos tenido.

Ha sido un enorme honor la participación en este libro. Muchas gracias.

 

Luis Almagro Abogado

Diplomático y político uruguayo. Actual secretario general de la Organización de Estados Americanos