Los procesos democratizadores en América latina han abierto posibilidades nuevas a la convivencia dentro de la diversidad cultural, y también han puesto a los gobiernos ante el desafío de resolver cómo lograr generar inclusión e integración en el contexto de los movimientos migratorios.

 

 A inicios de 2000 la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) declaraba que las cifras de migrantes se habían duplicado desde 1960 (OIM, 2003). Este dato solo describe una realidad en constante expansión y diversidad. Al margen de las causas de ese crecimiento, se destaca que el fenómeno se amplía y ante tal situación surge la preocupación de cómo los distintos gobiernos y actores toman medidas para analizar y prevenir las causas de ese aumento. Paralelo a esta situación, uno de los fenómenos a los que se le ha prestado poca atención en los estudios académicos es el de la relación entre migración y democracia.

Hasta el momento, los puntos de análisis parten de la vulnerabilidad de las personas que migran, examinando los orígenes, las causas, los sujetos involucrados, los capitales, las temporalidades, los destinos y los mecanismos para la inserción. Mientras que, por otra parte, los estudios se enfocan en las características sociodemográficas de esos migrantes, las políticas públicas en los países de destino para administrar los flujos y la coordinación internacional para atender la diversidad. La vulnerabilidad queda expuesta debido a las variaciones en los discursos, la naturaleza y tipología de los regímenes políticos involucrados, la estigmatización, la victimización por el tráfico y trata humana, el utilitarismo de los gobiernos y la relación que se permiten sostener los migrantes con sus naciones de origen desde los destinos.

Como grupo vulnerable, los migrantes están expuestos a violaciones sistemáticas y constantes de todos sus derechos humanos. En esta situación, las calidades migratorias se convierten en uno de los principales activos para estos sujetos, pero el reconomiento de las mismas posee mayor valor, debido a la exclusión y desprotección por parte de los gobiernos originarios. En este contexto, lo que se describe es que una vez que el migrante emprende la salida, los gobiernos de origen se desentienden de sus migrantes durante todo el proceso. Esto es particularmente interesante en gobiernos con regímenes de corte autoritario. La migración se convierte en una válvula para alivianar las presiones al interior de los gobiernos autoritarios. Se entiende régimen autoritario como una forma de gobierno donde el Estado mantiene la supremacía en todos los aspectos de la esfera civil, política y económica subordinando y dirigiendo cualquier posibilidad de participación ciudadana a los objetivos e intereses del Estado. Aunque existen formas de participación ciudadana producto de la apertura económica esta participación es censurada o eliminada. Así también, los procesos de toma de decisiones son establecidos e implementados por los gobiernos en función de los intereses, pero tomando en consideración las debilidades del propio sistema. No se excluye de esta clasificación la presencia de mecanismos burocráticos-militares que organizan la vida económica, política y social del régimen. Los derechos civiles, políticos y sociales están subordinados a los intereses del Estado (Arendt, 1974, Linz y Stephan, 1996, Índice de Democracia, 2018).

Uno de los resultados más interesantes en el estudio de la migración es la direccionalidad de los flujos. Algunas investigaciones describen como causas principales las situaciones generadas por conflictos bélicos o étnicos, la pobreza y la presencia de organizaciones criminales en sus lugares de origen. Otros enfocan sus análisis en la situación de vulnerabilidad social y económica existente. No obstante, la migración por razones ideológicas, políticas o de persecución gubernamental ha sido poco descrita, debido a los discursos contrarios de los actores involucrados. En el contexto del autoritarismo los migrantes se convierten en personas no gratas al sistema al representar las deficiencias sociales y políticas que el propio régimen intenta ocultar. Pero al mismo tiempo, dependen de ellos como soluciones económicas a sus problemas de infraestructura financiera como emisores de remesas en sus distintas modalidades. Para el autoritarismo los migrantes son un recurso estratégico para la obtención de capitales. Pero una vez que el migrante comienza a exigir derechos en el origen desde el destino, el gobierno puede limitar o prohibir cualquier relación. Ese ejercicio de autoridad es posible por el control del monopolio legítimo de la violencia política (Weber, 2009).

Una de las realidades que se han observado en los últimos años es la diversificación de destinos, lo que suma otro debate al interior de las naciones involucradas. Históricamente los flujos se habían descrito desde naciones en vías de desarrollo hacia naciones desarrolladas, o en su defecto flujos Sur-Norte. No obstante, en los últimos años los migrantes han elegido destinos diferentes a esas condiciones, comenzando a describirse flujos Sur-Sur con diferencias en los niveles de desarrollo y también de niveles de bienestar. En este contexto, la existencia de naciones de origen con regímenes políticos de corte autoritario ha sido una de las causas que explican esta situación.

Desde la década de 1990 la migración se ha estudiado como un fenómeno de interconexión global acelerada (Basch, Schiller y Blanc, 1994). El impacto de la globalización posibilitó un entendimiento diferente de la migración desde la perspectiva del transnacionalismo económico con la apertura de los mercados internacionales. Los migrantes ya no necesitaban perder la conexión con sus países de origen, sino que se podía mantener la relación desde la distancia. Al mismo tiempo, en el continente americano, la llamada ola democratizadora propició un giro en las políticas nacionales y un acercamiento entre las diversas diásporas con sus naciones de origen, después de un exilio masivo hacia distintas naciones. El fin de las dictaduras en el continente americano abrió un nuevo debate, en el supuesto del cómo incluir a todos los nacionales que se habían asentado en el exterior.

Esto resulta de analizar el impacto de los migrantes en la calidad democrática (Barreda, 2011) en los países de origen. Aun en naciones con regímenes autoritarios, esa influencia es notoria por la capacidad para insertar en el imaginario nacional en el origen discursos y realidades diferentes a las presentadas por el control estatal. Para entender esa relación es necesario comprender el posicionamiento de las naciones involucradas en los flujos lo que incluye a las emisoras, a las de tránsito y a las de destino. En este engranaje influye también el tipo de relación diplomática establecida entre ellas. Otro factor para considerar en este fenómeno es el discurso político de los actores (gubernamentales, sociedad civil y migrantes). El discurso impacta directamente en las características y resultados posteriores de las políticas públicas enfocadas en la migración. Estos posicionamientos responden a razones económicas, sociales y fundamentalmente políticas. En esta última dimensión, los migrantes son estigmatizados y culpabilizados por los problemas sociales y económicos de las naciones involucradas.

Los discursos impactan en el imaginario social y son utilizados selectivamente por los gobiernos para la evasión de sus responsabilidades ejecutivas y legislativas. Esos estigmas responden a necesidades contextuales de los Ejecutivos pues los migrantes están sujetos a las normativas existentes que restringen sus derechos tanto en el destino como en el origen.  Con discursos de odio y excluyentes, los gobernantes en turno desvirtúan cualquier rendición de cuentas hacia sus ciudadanos y transforman la figura del migrante en un problema de seguridad nacional y soberanía. No obstante, el nacimiento del derecho internacional y la Declaración Universal de Derechos humanos se convierten en instrumentos de protección a estos grupos en específico ante cualquier arbitrariedad política. Esto no significa que esos derechos se respeten o practiquen de forma integral.

Respecto a los derechos de los migrantes, tanto en el origen como en el destino; el debate es sumamente extenso (Maisonave y Sanmartín, 2010; Mena, 2010; Quintana, 2015). Para los legisladores ortodoxos la extensión de derechos a los migrantes deriva en una pérdida de la soberanía nacional y pone en peligro la integridad identitaria nacional. En este sentido, los estados conciben al migrante como un ciudadano con derechos incompletos una vez que ha logrado la naturalización. Esto se traduce en la prohibición de ocupar puestos en el servicio público en distintos niveles. El migrante carga con el estigma de no pertenecer a la nación por nacimiento. Igual ocurre con el derecho a participar en instituciones militares o policiales. No obstante, con el tránsito a la democracia en los países de América Latina, el interés en aprovechar los capitales de los migrantes originarios comenzó a permear las agendas políticas. En un primer paso países como República Dominicana, Colombia, Argentina y posteriormente México comenzaron a legislar en función del reconocimiento de la ciudadanía transfronteriza. Sus migrantes podían participar en las elecciones nacionales desde el exterior, y en algunos casos, contar con representación en los respectivos congresos nacionales. Lejos de disminuir sus soberanías el reconocimiento de esa ciudadanía permitía el contacto con los intereses de sus nacionales en el exterior. Al mismo tiempo, esos derechos se traducían en una mayor presencia de remesas y seguridad frente al regreso o representación en el exterior. El trabajo entre las sedes diplomáticas y los connacionales se incrementó. Esto se ha observado en México con la Ley de Nacionalidad, que aprobó la participación electoral de los mexicanos en el exterior para los cargos de presidente y vicepresidente. Posteriormente ese derecho se ha ampliado a las elecciones para gobernadores, aunque la participación sigue siendo baja.

De esta forma, el derecho al voto representa la mayor prueba de la extensión de derechos democráticos. Con esta medida, los gobiernos de origen reconocían no solo la membresía de los migrantes sino también el impacto positivo en la legislación nacional. Una de las relaciones importantes entre democracia y migración es la que se establece cuando la democracia es ineficiente o su índice de calidad ha disminuido considerablemente. El factor de expulsión es la existencia de gobiernos disfuncionales con incapacidad para responder y atender las demandas en derechos en todos los niveles. A partir de diversos estudios sobre flujos migratorios se puede deducir que una disminución en la calidad democrática produce una expulsión de nacionales hacia el exterior. El caso de Cuba y de Venezuela son ilustrativos en este aspecto. Otra de las condiciones importantes para evitar el sesgo son las políticas de permisos de salida implementadas por estos gobiernos para administrar o encubrir la situación. En este caso tenemos como ejemplo a Corea del Norte, cuyas políticas de prohibición de salida encubre esta situación. A riesgo de la vida tanto de los que intentan la salida como de los familiares que quedan en el origen, esas políticas están destinadas a controlar de manera arbitraria el flujo. Para estos gobiernos que se conducen en la lógica smichtiana amigo-enemigo, el migrante constituye un traidor al gobierno y una figura que debe ser criminalizada y estigmatizada hasta el agotamiento. En tales contextos, la inclusión de los migrantes en los orígenes es una realidad imposible.

Otro elemento para considerar en este tipo de relación es la capacidad de negociación entre las naciones involucradas en todo el proceso. La característica fundamental radica en la posición que tienen esas naciones en la toma de decisiones respecto a la migración. Un caso interesante en este sentido es el de México. En los últimos años, México se ha convertido de una nación principalmente expulsora, a una de recepción y tránsito. Para los migrantes mexicanos y de otras nacionalidades, el principal destino son los Estados Unidos. Pero la relación y posición de ambos países en la negociación respecto a la migración deja a México en una situación de vulnerabilidad. La dependencia económica mexicana con Estados Unidos, las constantes amenazas de imposiciones arancelarias, el control rígido de las fronteras, las constantes deportaciones, las políticas de tolerancia cero a la migración ilegal, la criminalización y estigmatización de distintos grupos nacionales ha provocado la creación de un muro político en la frontera sur mexicana. Esto ha provocado un giro en la política mexicana, que en un comienzo proclamaba el respeto irrestricto a los derechos humanos de los migrantes, y que en la actualidad supone un control férreo al acceso a territorio mexicano (Bobes, 2019). El discurso y la posición mexicana ha convertido la política migratoria en una realidad de doble cara: por una parte, la demanda de respeto a sus connacionales en el exterior mientras que a los que recibe, la política de la contención y el retorno.

De forma general, la migración como fenómeno multifactorial y sistémico ponen a discusión la calidad democrática de las naciones involucradas. El conflicto se produce cuando los migrantes son utilizados a conveniencia y no como sujetos de derechos en todo el proceso. Hasta que los gobiernos no entiendan esta realidad, la inserción y práctica de los derechos solo será fragmentada e incompleta.

 

Bibliografía

Arendt, H. (1974). Los orígenes del totalitarismo, Madrid, España: Taurus.

Barreda, M. (2011). La calidad de la democracia: Un análisis comparado de América Latina. Política y gobierno, 18(2), 265-295. Recuperado en 15 de marzo de 2020, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-20372011000200003&lng=es&tlng=es

Bobes, V.C. (2020). De las puertas abiertas al «ya no son bienvenidos» El giro de la política migratoria mexicana, Nueva Sociedad, (284), pp. 72-82. Recuperado de https://www.nuso.org/articulo/de-las-puertas-abiertas-al-ya-no-son-bienvenidos/

Glick, N. y Szancton, C. (1992): Towards a Transnational Perspective on Migration: Race, Class, Ethinicity, and Nationalism Reconsidered, Nueva York, New York Academy of Sciences.

Linz, J. y Stephan A. (1996). Problems of Democratic Transition and Consolidation: Southern Europe, South America and Post-communist Europe, Baltimore, Estados Unidos: The Johns Hopkins University Press.

Maisonave, A. y Sanmartín, A. (2010). Transnacionalismo político: políticas migratorias de vinculación de los estados de origen y de las asociaciones de migrantes en España. Los casos ecuatoriano y colombiano. XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles: congreso internacional, Sep 2010, Santiago de Compostela, España. pp.1146-1164. Recuperado de https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=7&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjA5z6wZvoAhWCna0KHVW0BEsQFjAGegQIBRAB&url=https%3A%2F%2Fhalshs.archives-ouvertes.fr%2Fhalshs-00530668%2Fdocument&usg=AOvVaw1Ao1hLJaXO99i_c-11EXJ3

Quintana, C. (2015). El transnacionalismo político de los migrantes colombianos en Nueva York y Nueva Jersey (1990-2010): su comprensión desde la óptica de las heridas identitarias y la búsqueda de reconocimiento. OASIS, (21), 81-107. Recuperado de https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/oasis/article/view/4281

Ramírez, L. (2019). Transnacionalismo migrante en condición de Estados de origen con régimen autoritario: El caso de los cubanos en México, (Tesis de Doctorado, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso México). Recuperado de http://flacso.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1026/164

Weber, M. (2009). La política como vocación, Madrid, España: Alianza Editorial.

 

Leduán Ramírez

Licenciado en Letras y Diplomado en Formación del Pensamiento y la Identidad Nacional por la Universidad Central de Las Villas. Maestro y Doctor en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede México. Ha investigado sobre el papel de la migración transnacional en contextos democráticos y autoritarios. Sus líneas principales se concentran en el estudio del transnacionalismo migratorio, el ejercicio de los derechos en todas sus dimensiones por parte de grupos vulnerables y la ciudadanía.