Existe un mito ampliamente difundido en Occidente sobre la solidaridad y el desinterés con que el régimen cubano envía misiones médicas de gran prestigio y calidad por todo el mundo. Mito que fue cuidadosamente impulsado por décadas de metódica propaganda y que toma especial relevancia en el contexto actual de la pandemia de COVID-19.

Pero en este escrito expondré que detrás de esa débil fachada ideológica se encuentra la realidad de que dichas misiones sanitarias son un medio de financiamiento para la dictadura cubana (se estima que el gobierno obtiene de esa fuente alrededor de 8.000 millones de dólares cada año), una forma brutal de ejercer control social sobre su propia población, la instauración moderna del trabajo forzoso -cuando no directamente esclavitud-, y la forma más acabada que el gobierno de Cuba encontró para realizar propaganda diplomática y política en el exterior, a través de profesionales que en la mayoría de los casos carecen de la preparación con que se les reputa.

Hay amplísimo material sobre este tema difundido por los disidentes y las víctimas de la represión estatal cubana, por lo que se invita al lector a ahondar en las diversas fuentes. En este artículo tomo como principal documento de consulta a la más completa denuncia que existe al respecto, la que realizara en mayo de 2019 la organización Cuban Prisoners Defenders y fuera presentada ante la ONU, además de otras denuncias que, por ejemplo, esperan tratamiento ante la Corte Penal Internacional de La Haya. La mencionada delación recoge exhaustivas pruebas respecto a las violaciones de derechos humanos cometidas por el Estado de Cuba, y por altos jerarcas del mismo en particular, y los testimonios de 110 profesionales que fueron sus víctimas.

 

Los hechos

Los puntos más sobresalientes y más esclarecedores en cuanto a la naturaleza de las misiones médicas pueden resumirse en:

  • La incorporación de los profesionales a las misiones no surge de su propia voluntad, sino que son coaccionados por el régimen para enlistarse, pues el no hacerlo implicaría entrar en una lista negra tanto ellos como sus familias. Las amenazas y las presiones políticas son la moneda corriente en el reclutamiento. Además, lo poco que reciben como salario en una misión los coloca en una mejor situación respecto de la miseria generalizada que es la realidad cotidiana de la isla.
  • A los profesionales no se les brinda un contrato, o bien se les niega el poseer una copia si llegan a firmar uno. En lo que concierne a los pocos trabajadores que efectivamente pudieron obtener su contrato, alrededor de un tercio de los denunciantes, el mismo fue reputado como trabajo esclavo por Juzgados Federales en Brasil.
  • La Habana no envía a sus ciudadanos en un gesto de solidaridad, sino que es remunerada por cada uno de los cubanos que arriban a trabajar en suelo extranjero. Pero los profesionales de la salud reciben, en el mejor de los casos, el 25% de lo que el país receptor de la misión le paga al gobierno cubano: entre el 75% y el 90% del total del salario de cada trabajador se lo queda Cuba, a veces descontando una comisión para quienes realizan la tarea de ser agentes intermediarios, tales como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), también mencionada en las denuncias por facilitar las prácticas de tráfico humano y esclavitud que la dictadura ejerce sobre sus nacionales.
  • Tampoco tiene el gobierno castrista fines exclusivamente humanitarios, sino que quienes participan de una misión están obligados a realizar tareas propagandísticas sobre las supuestas bondades del régimen.
  • En consonancia con lo anterior, queda más que claro que quienes forman parte de una misión no son exclusivamente profesionales de la salud, sino que entre ellos van también, furtivamente, comisarios políticos, encargados del control de los trabajadores, y agentes de la inteligencia cubana, destinados a recabar información en el país receptor.
  • Los trabajadores son separados de sus familias por todo el tiempo de la misión (tres años), pues tienen prohibido llevarlas consigo y, a su vez, los miembros de la familia tienen prohibido visitarlos e incluso salir de la isla.
  • Las mujeres médicas que testificaron denunciaron haber sufrido acoso sexual durante las misiones internacionales.
  • Al llegar al lugar de destino, los jefes de la misión les incautan a los trabajadores sus pasaportes como modo de evitar que abandonen la misión, pues se encontrarían en situación migratoria irregular.
  • Hacia adentro de la isla se adulteran las estadísticas para prolongar el relato del ‘’excelente sistema de salud cubano’’ bajo el yugo comunista. Así, se reportan 8 médicos por cada mil habitantes: una cifra inflada pues se hace constar como graduados de medicina a enfermeros y demás auxiliares del área salud. De igual forma, quienes participan en las misiones internacionales no son en su mayoría médicos. Los últimos datos confiables al respecto provienen de Andorra, que recibió a una brigada cubana de casi 40 personas, de las cuales menos de un tercio eran galenos. Y, cerrando el círculo de números falseados, los cubanos que están trabajando en un país extranjero son también obligados a cambiar las estadísticas de trabajo, inventar las visitas y a realizar intervenciones médicas a pacientes sin dolencias. Todo con ello con fines de propaganda política y diplomática.

 

El régimen legal en Cuba

La ley que regula las obligaciones y sanciones respecto de quienes se encuentran en una misión internacional -no se podría hablar de derechos, pues algo que un Estado autoritario puede otorgar o denegar a voluntad, no es un derecho- es la Resolución Ministerial 168 del Ministerio de Comercio Exterior – “Reglamento Disciplinario para los trabajadores civiles cubanos que prestan servicios en el exterior como colaboradores”.

Dentro de su articulado tiene varios puntos que cualquier ciudadano de una sociedad donde se respeten las más básicas libertades individuales debería considerar como ignominiosos.

El art. 2, inc. N establece como obligatorio: informar al jefe inmediato superior de sus relaciones amorosas con nacionales o extranjeros, residentes o no en el país donde presta colaboración, y en su caso, con antelación suficiente a su concertación, sobre la intención de contraer matrimonio en el país donde prestan los servicios.

El art. 8 establece como infracciones de la disciplina:

  • sostener relaciones con nacionales o extranjeros, residentes en el país donde se encuentran cuya conducta no esté acorde con los principios y valores de la sociedad cubana;
  • sostener relaciones de amistad o vínculos de otro tipo, con ciudadanos cubanos residentes o no en el país donde se presta la colaboración, o nacionales del país donde se presta la colaboración, o extranjeros, que asuman posiciones hostiles o contrarias a la Revolución cubana;
  • sostener relaciones de amistad o vínculos de otro tipo con ciudadanos cubanos, residentes o no en el país donde se presta la colaboración, que hayan abandonado el cumplimiento de la misión o se aprovechasen de la misma para abandonar el territorio cubano de manera definitiva;
  • sostener relaciones de amistad o vínculos de otro tipo con ciudadanos cubanos, residentes o no en el país donde se presta la colaboración y que se constituyan en promotores de un modo de vida contrario a los principios que deben caracterizar a un colaborador cubano en el exterior;
  • gestionar con nacionales o extranjeros invitaciones a familiares o a terceras personas para visitar el país donde se encuentre.

Además, entre las penas para quienes decidan abandonar la misión se encuentra la prohibición de regresar a Cuba por el lapso de 8 años; y cárcel de entre 3 y 8 años.

 

Situación actual

La denuncia anteriormente mencionada de Cuban Prisoners Defenders consiguió que se emitiera una resolución por parte de dos Relatorías Especiales de la ONU: la Relatoría Especial sobre las formas contemporáneas de la esclavitud, incluidas sus causas y consecuencias; y la Relatoría Especial sobre la trata de personas, especialmente mujeres y niños. En la misma se sostiene que “las condiciones de trabajo reportadas podrían elevarse a trabajo forzoso, según los indicadores de trabajo forzoso establecidos por la Organización Internacional de Trabajo. El trabajo forzoso constituye una forma contemporánea de esclavitud”.

En la Argentina actualmente se está debatiendo sobre la naturaleza de las misiones, puesto que el gobierno de la provincia de Buenos Aires confirmó que una brigada de 202 trabajadores de la salud se encuentra lista para arribar cuando sea requerida, no obstante el hecho de que Argentina tiene una de las mayores tasas de médicos por habitante del mundo: 4 cada mil habitantes, comparado con países desarrollados como los Países Bajos donde el promedio es de 3.5, Alemania 3.7, Francia 3.2, Reino Unido 2.8, Canadá 2.6 o EE.UU 2.4.

En este punto es pertinente proceder a la desmitificación de la calidad de los profesionales que participan en las misiones, sin negar que hay médicos cubanos sobresalientes. El Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires realizó la advertencia de que ‘’no hay convenio entre la República Argentina y la de Cuba para el reconocimiento de los títulos de médicos cubanos que aspiren a ejercer en nuestro país. Por lo tanto, para poder trabajar en la Argentina deben realizar la reválida universitaria del título de médico obtenido en Cuba’’. Es decir que, a priori, sus títulos carecen de validez en el país. La Confederación Médica de la República Argentina incluso hizo mención a la explotación de que son víctimas los profesionales cubanos, y al pago que reciben a través de una triangulación con quienes facilitan su contratación. En Italia los médicos tuvieron reacciones similares ante la noticia de que podría llegar una misión cubana.

En similar sentido, en diciembre de 2019 salió a la luz la noticia de que un grupo de médicos cubanos que estaban de misión en Uruguay reprobaron el examen para validar sus posgrados en oftalmología. Y una investigación en Bolivia reveló que de 702 ‘’médicos’’ trabajando en el país, sólo 205 poseían título universitario. Bolivia incluso expulsó en noviembre de 2019 a más de 700 cubanos y venezolanos, acusados de financiar las protestas en ese país. Entre los acusados y posteriormente expulsados se encontraban miembros de las brigadas médicas. Al asumir como Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro le exigió a Cuba tres condiciones para que continuasen las misiones médicas: que a los médicos cubanos se les permita recibir su salario completo, que Brasil valide sus títulos, y que se les permita traer a sus familias consigo. La respuesta de La Habana fue el retiro de todos sus trabajadores.

Como corolario sólo queda reafirmar que las misiones cubanas distan de ser una cuestión de salud y de bondad por parte del régimen comunista. No son más que programas forzados de esclavitud, de tráfico institucionalizado de personas, de propaganda y financiamiento en beneficio de una dictadura que oprime a su pueblo. Pero todo ello no podría ser posible si no fuera por los satélites y aliados ideológicos que el castrismo posee en diversos países de la región y del mundo. Parecería recalcar una obviedad, pero con el caso cubano queda de manifiesto que cualquier iniciativa de cooperación internacional que no tenga como principios fundamentales las libertades individuales de las personas, base de los modernos Estados liberales democráticos y republicanos; que parta de un gobierno dictatorial y autoritario (tolerado pasivamente por la comunidad de naciones) está destinada a degenerar y a volverse en contra de los más básicos postulados del derecho internacional humanitario y de la dignidad humana misma, aún en esta etapa del desarrollo histórico.