Noviembre fue un mes de importantes episodios en Cuba. La Isla vive un clima de tensión social derivada de las restricciones  en relación a la pandemia del COVID19,  la agudización de la crisis económica, el desabastecimiento de alimentos y medicinas.  A los continuos atropellos y violaciones a los Derechos Humanos que se viven sistemáticamente en la isla, se suma una nueva ola represiva que ha llevado a que activistas y organizaciones hicieran referencia a un Noviembre negro, en relación a lo acontecido durante la Primavera negra. En ese escenario,  la detención de Denis Solís, el 9 de noviembre, desencadenó una serie de acciones de parte de diferentes organizaciones, activistas y medios de comunicación de la sociedad civil independiente.

El detenido, Denis Solís, es un músico y activista cubano, miembro del Movimiento San Isidro –grupo de artistas y activistas que a través de sus obras se expresan en desacuerdo y a menudo critican al régimen autoritario al que está sometida la sociedad cubana-. Actualmente, Denis se encuentra en la prisión de Valle Grande, condenado por “desacato” en un juicio sumario, sin las garantías del debido proceso. Previamente a su detención, el pasado 7 de noviembre, un policía había ingresado en la casa de Denis sin su consentimiento ni orden judicial. El video fue transmitido en vivo desde la cuenta de Facebook del activista, donde se ve a este discutir con el oficial y echarlo de su vivienda. En comunicación con un familiar, el activista denunció haber sido golpeado y amenazado con ser desterrado; por otra parte, también denunció las condiciones de insalubridad de la prisión de Valle Grande.

Tras el arresto, activistas, miembros de la sociedad civil y periodistas independientes realizaron un conjunto de acciones de denuncia, y reclamo por las violaciones al debido proceso, la injusta condena y la liberación de Solís a las afueras de la estación policial de Cuba y Chacón, donde fue enviado primeramente. Durante varios días, organizaron vigilias, solicitaron información y leyeron poesía, y por estas fueron hostigados, detenidos y reprimidos como expresaron en un comunicado el domingo 15 de noviembre. 

Desde el lunes 16, los activistas se atrincheraron  en la sede del Movimiento San Isidro en protesta por la libertad de Denis Solís. El 17 convocaron  a un “susurro poético” en La Habana Vieja, este tipo de manifestaciones son características del estilo del movimiento, que se expresa de manera pacífica pero con mensajes claros y directos hacia el régimen. En las horas siguientes a la convocatoria, una vez más la Seguridad del Estado detuvo a más de 15 protestantes.

El 18 de noviembre, además de la decisión de atrincherarse en la sede del movimiento, en Damas 955, en el barrio San Isidro, algunos de los integrantes se declararon en huelga de hambre, y de hambre y sed en reclamo al cerco de vigilancia policial que les estaba cortando el suministro de alimentos, y que impedía la entrada y salida libre a la sede. En la tarde de ese día se encontraban en huelga de hambre y sed  Luis Manuel Otero Alcántara, Esteban Rodríguez, Maykel Castillo y Humberto Mena; y en huelga de hambre Iliana Hernández, Yasser Castellanos, Adrián Rubio, Oscar Casanella y Osmani Pardo. 

A partir de ese momento, se sucedieron noticias de detenciones arbitrarias a periodistas, artistas y activistas que manifestaban su apoyo al Movimiento San Isidro, entre ellos los activistas Berta Soler y Angel Moya, y la periodista Luz Escobar –importantes referentes de los medios de comunicación independientes, que cubrían el desarrollo de los hechos en relación a este tema como la protesta convocada para el Parque Central-.

Por otra parte, se le impidió el acceso a la sede del Movimiento San Isidro al encargado de Negocios de la Embajada de los EEUU en Cuba, Timothy Zúñiga-Brown; y en los días siguientes se denunció que tampoco se le había permitido entrar a representantes de órdenes religiosas, otros artistas o activistas que se acercaban a la zona, incluso a familiares de los huelguistas.  La sede se mantenía rodeada por efectivos de la Seguridad del Estado, algunos de ellos vestidos de civil pero identificados por los activistas como informantes que estaban al pendiente de todos los movimientos.

Aproximadamente a una semana del comienzo de la huelga de hambre y sed de los activistas, estos fueron visitados por una médica para hacer una revisión de sus signos vitales, para constatar la gravedad que conlleva para su salud el hecho de continuar con la huelga. Sin embargo, los activistas se mantuvieron en su posición hasta conseguir un cambio en la posición del gobierno: solicitaban la liberación de Denis Solís, y en un segundo momento agregaron a su demanda el cierre de las tiendas en Moneda Libremente Convertible, recientemente abiertas por el gobierno.

A lo largo de las últimas semanas, de manera gradual, diferentes medios y organizaciones internacionales han manifestado su apoyo a los activistas del Movimiento San Isidro y los reclamos al régimen cubano. Entre ellos, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro; el Relator Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH, Pedro Vaca; el Relator Especial para Cuba de la CIDH, Stuardo Ralón. También organizaciones como Amnistía Internacional, ONG de derechos humanos, y algunos representantes de países europeos, y miembros del equipo de transición del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden. A la vez, desde medios independientes cubanos, proyectos culturales, artistas, intelectuales y ciudadanos cubanos en diferentes partes del mundo, comenzaron una cobertura permanente, y manifestaron su preocupación por la situación, el llamado a atender las demandas del movimiento y a mostrar su solidaridad con lo que pasaba en San Isidro. Las líneas de discusión incluían el reclamo de San Isidro pero lo desbordaba: la libertad de expresión, el derecho a ser diferente, el debido proceso, el respeto a los derechos humanos, eran algunas de las dimensiones que se mezclaban en los textos, reportes de prensa y publicaciones sobre el tema en la esfera pública digital cubana. Entre las solicitudes de apoyo, el 24 de noviembre, el Movimiento San Isidro (aun acuartelado y en huelga) elevó una carta titulada “Llamamiento urgente, vidas en riesgo” a líderes internacionales, organizaciones de derechos humanos y jefes de gobierno, solicitando asistencia para los artistas y creadores del Movimiento San Isidro que se encuentran en riesgo.

Ese mismo día se incorporó en la sede del Movimiento San Isidro el escritor Carlos Manuel Álvarez, llegado de los Estados Unidos. En diálogo con un debilitado Luis Manuel Otero Alcántara, que ya llevaba 6 días de huelga de hambre y sed, expresó: “Vamos a salir de esta como hemos salido de todas, nosotros tenemos las ideas, tenemos la inteligencia, tenemos la verdad, tenemos todo de nuestra parte. Siempre se ha ganado con lo que nosotros tenemos”. Para esta fecha, la visibilidad del caso, la dimensión de las solidaridades y la cobertura mediática rebasaba los medios independientes cubanos, salían ya en páginas de diarios internacionales, y se incrementó el llamado urgente a atender las demandas y salvar la vida de los huelguistas entre artistas, intelectuales, activistas, organizaciones de derechos humanos, incluso llama la atención el involucramiento de ciudadanos comunes, a partir de compartir en redes sociales hashtag y etiquetas, una comunidad cubana que muchas veces ha sido catalogada de apolítica y apática. En la noche del viernes 27, el gobierno cubano, utilizando la figura de las restricciones de COVID19, procedió  a un violento desalojo de la sede del movimiento, mientras Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero Alcantara continuaban la huelga, muy debilitados, con su salud y sus vidas en riesgo. Durante el proceso, se multiplicaron las denuncias en Cuba de cortes en el acceso a las redes sociales, y bloqueos a los medios alternativos que estaban realizando coberturas completas a la situación. Durante varias horas, las personas que permanecían en la casa estuvieron en calidad de desaparecidos, sin comunicación con familiares o asesoría legal. En la madrugada, algunos de los detenidos comunicaron en sus redes sociales que habían sido liberados, algunos llevados a sus casas; sin embargo, de otros, como en el caso de Luis Manuel Otero Alcántara, coordinador del movimiento, no se tenían noticias. Poco a poco se han ido  difundiendo videos e imágenes que dan cuenta de  la violencia con la que la Seguridad del Estado ingresó al recinto y se llevó a los golpes a los activistas, varios de ellos delicados en su estado de salud debido a la huelga de hambre.

El viernes 27 de noviembre, una  decena de artistas cubanos se congregaron frente al Ministerio de Cultura de Cuba para pedir ser atendidos por el ministro, el objetivo era entregar una carta donde solicitaban la liberación de Denis Solís, el regreso a su casa de Luis Manuel Otero Alcántara, y el cese del hostigamiento contra los espacios artísticos independientes como el Movimiento San Isidro. La dimensión de lo que ocurrió ese día aún la estamos asimilando, quizás sea un parteaguas en la defensa de derechos en Cuba. Esa convocatoria espontánea logró reunir en algunas horas a alrededor de 300 artistas, intelectuales, ciudadanos, que exigían ser escuchados por el Estado, protagonizando un plantón frente al órgano rector de la política cultural del Estado cubano. La frescura, espontaneidad, y lo humano se respiraba durante las horas de la tarde y noche de ese viernes, a la par que aumentaba la tensión alrededor de la zona. Bloqueos policiales a las vías de acceso, cordones de seguridad, denuncias de movilización de colectivos civiles para contener o reprimir a los manifestantes, así como la utilización de gases lacrimógenos contra jóvenes que intentaban incorporarse o llevar víveres, llenaron las redes sociales y los medios que daban cobertura. 

En horas de la noche, el viceministro de Cultura, Fernando Rojas, encabezó una reunión con 30 artistas e intelectuales representantes de los congregados para dialogar sobre un pliego petitorio consensuado por los manifestantes, que incluía las demandas iniciales de San Isidro, e incorporaba algunas de dimensiones mucho más amplias relacionadas con la libertad de expresión, asociación, y cese de la represión. Entre los 30 representantes se encontraban miembros del Movimiento San Isidro como Michel Matos y Claudia Genlui; una de las huelguistas desalojada la noche anterior, Katherine Bisquets; y artistas como Tania Bruguera, Yunior García Aguilera, Camila Lobón y Amaury Pacheco. Pasada la medianoche, la poeta Katherine Bisquet anunciaba una agenda de acuerdos que incluían que el Ministerio de Cultura se interesaría por el caso de Denis Solís, y el paradero de Luis Manuel Otero Alcántara; iniciar un canal de diálogo con la institución; la revisión de la declaración emitida por la organización oficial  de artistas jóvenes AHS; el cese del hostigamiento a artistas y espacios independientes; y garantizar la seguridad de los manifestantes

Menos de 24 horas después, el sábado 28, el gobierno inició una campaña de descrédito sobre el Movimiento San Isidro, y trató de desvirtuar las demandas y lo sucedido en el Ministerio de Cultura. Mediante redes sociales de dirigentes, páginas web oficiales como Cubadebate, y el propio sitio de Facebook del Ministerio de Cultura, se compartieron artículos donde se desconocía la existencia del movimiento. Se acusaba a sus miembros de mercenarios, terroristas y enemigos de la Revolución; incluso se llegó a cuestionar la veracidad de la huelga de hambre. Los ataques incluyeron un programa de televisión de más de una hora, donde también desacreditan al escritor Carlos Manuel Álvarez. A la par, se convocó a un evento desde los mismos canales oficiales, para el domingo 29, como iniciativa para contrarrestar los efectos de lo acontecido frente al Ministerio de Cultura. También el domingo 29, se mantenía la vigilancia permanente sobre los miembros del Movimiento San Isidro, y continuaba incomunicado el artista Luis Manuel Otero Alcántara. La misma cuenta de twitter del presidente cubano, Miguel Díaz Canel, ha reproducido los artículos difamatorios, y ha publicado mensajes como  “Quienes diseñaron la farsa de San Isidro se equivocaron de país, se equivocaron de historia y se equivocaron de cuerpos armados”. 

En la tarde del domingo, artistas participantes en el diálogo con las autoridades cubanas la noche del viernes 27, ofrecieron una conferencia de prensa donde denunciaron el incumplimiento de al menos 3 de los acuerdos alcanzados con las autoridades, criticaron la campaña mediática de descrédito al movimiento y sus simpatizantes, y pidieron “el cese de la represión y el descrédito contra el Movimiento San Isidro y reclamaron libertad de expresión y de asociación no solamente para ellos sino para toda la ciudadanía”. 

Noviembre termina con una mezcla de ilusiones y desencantos. Lo sucedido a raíz de la detención de Denis Solís constituye una inédita manifestación de reclamo de derechos en los últimos 60 años del régimen cubano. Al cierre de esta edición acaban de deponer la huelga de hambre el coordinador del Movimiento San Isidro Luis Manuel Otero Alcántara, y el artista Maykel Castillo. Los 30 artistas que participaron en el diálogo mantienen su comunicación y esperan seguir presionando por el cumplimiento de los acuerdos, y su disposición a dialogar con las autoridades. Miles de ciudadanos se manifiestan a través de redes sociales, utilizan hashtag, y se presentan ante embajadas y sedes diplomáticas para exigir la liberación de Denis Solís y el cese de la represión contra el Movimiento San Isidro. Artistas e intelectuales escriben un sin número de textos sobre elementos relacionados con las bases de la Cuba que quieren, el respeto a los derechos humanos, el debido proceso, la capacidad de procesar y respetar el disenso, la tolerancia a lo diferente, el pluralismo político, entre muchas otras demandas y articulaciones. 

El gobierno continúa su campaña de descrédito, acoso y vigilancia sobre los miembros del movimiento, artistas y activistas de derechos humanos. Se mantienen bloqueadas en la isla páginas de periódicos y revistas digitales que hacen cobertura de la situación. La última semana, el acceso a internet y a redes sociales se ha visto interrumpido: la conexión por datos es muy limitada, llegando a “apagones” completos de varias horas de facebook, whatsapp, o twitter. Y aunque se trata de un proceso en curso, incierto y con gran asimetría entre las partes en pugna, lo sucedido estas semanas de noviembre marca ya un hito en la agónica y heroica lucha de la ciudadanía cubana por construir un país mejor. Una nación con todos y para el bien de todos.

 

Johanna Cilano

Coordinadora de Gobierno y Análisis Politico AC. Profesora investigadora del Colegio de Veracruz. Doctora en Historia y Estudios Regionales (Universidad Veracruzana). Miembros del sistema nacional de investigadores (SNI) de Mexico. Miembro de DemoAmlat y colaboradora de Transparencia Electoral Latinoamérica.

Valentina Cuevas

Licenciada en Relaciones Internacionales. Coordinadora del Observatorio Legislativo de Cuba de DemoAmlat. Asesora legislativa.