Cuando en la representación que implica el ejercicio de la presidencia se hace coincidir la parte con el todo, la persona con el pueblo, ocurren fenómenos regresivos de construcción de poder. Centrado en el extremo personalismo de la figura pública y desconectado de la investidura que esta reviste lo que se disuelve en el gesto que entroniza al hombre como homólogo del pueblo es el republicanismo y la división de poderes.

El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, comenzó prácticamente el pasado mes de septiembre su tercer año de gobierno, y si bien su administración enfrenta una profunda crisis de salud provocada por el virus SARS-CoV -2 y una crisis económica cuyo resultado arroja hasta el momento una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del 17.3%  y de la actividad productiva de 10.5%, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI),  las previsiones de cara a las próximas elecciones intermedias de 2021 no podrían ser más positivas para el primer mandatario.

Si partimos de la premisa de que toda elección intermedia constituye un parámetro de evaluación del gobierno en funciones, el Presidente y su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), tienen la posibilidad de refrendar su dominio nacional y más aún, extenderlo, contraviniendo con ello el supuesto de que las personas incorporan sus percepciones sobre la realidad económica o el desempeño económico de los gobiernos a la hora de votar.

Con 21,368 cargos y 15 gubernaturas en disputa, la complejidad electoral de 2021 descansa en la expectativa/posibilidad de que AMLO consolide el apoyo que obtuvo y que ha seguido gestionando durante la primera mitad de su gobierno; o por el contrario la oposición, hoy por hoy sumamente fragmentada, recupere espacios en un año en que además se renovará la Cámara de Diputados en donde serán (re) electos 500 legisladores (300 por mayoría relativa y 200 por la vía plurinominal).

Sin embargo, pareciera ser que la incertidumbre sustantiva (Przeworski, 1995), inherente a todo proceso electoral, en otras palabras, no saber quién va a ganar ex ante, se reduce ante el llamado factor AMLO, veamos por qué:

En principio, y de acuerdo a distintas mediciones, con 22 meses en el gobierno federal, el Presidente de la República promedia 68% de aprobación y 27% de desaprobación. Como se puede observar en la siguiente gráfica, el presidente ha mantenido picos de apoyo por encima del 80%, principalmente entre febrero – abril del 2019; cerrando dicho año con una aprobación del 70%, porcentaje con el que inicia 2020 (enero) para después descender entre 8 y 16 puntos para ubicarse en niveles que van entre el 62%,60% y 54%; siendo hasta el momento el nivel de aprobación más bajo registrado el de la encuestadora GEA-ISA con 45%.

Gráfica 1

Elaboración propia Fuente: Oraculus https://oraculus.mx/aprobacion-presidencial/

En perspectiva, y considerando el mismo tiempo de gestión (22 meses), la aprobación de AMLO es la más alta en comparación con la de los Presidentes de la República que lo preceden:

Tabla 1. Comparativo Presidencial: Aprobación Presidencial 22 meses de Gestión

PresidenteAprobación Presidencial

 

(+/-)

Con respecto a Aprobación promedio de AMLO

(68%)

Ernesto Zedillo49%+19
Vicente Fox57%+11
Felipe Calderón63%+5
Enrique Peña Nieto43%+25

            Elaboración propia con datos de Oraculus

La figura del presidente y su aprobación no es tema menor; ésta constituye prácticamente una variable explicativa de la intención de voto por MORENA para renovar la Cámara de Diputados. Un primer acercamiento muestra que, exceptuando la línea de aquellos que declaran que no votarán por ninguno, o no saben por quién lo harán en 2021, la aprobación presidencial y la intención de voto por MORENA transitan caminos paralelos, ambas gozan del apoyo mayoritario de la opinión pública mexicana.

Gráfica 2.

Elaboración propia con datos de Oraculus y El Financiero

La intención de voto por MORENA promedia 34%; de esta forma es claro que la proclividad hacia el primer mandatario es el doble en magnitud con respecto a la preferencia electoral que tiene su partido; con ello la aprobación se constituye en un importante predictor del voto por el partido del presidente en la próxima elección de la Cámara de Diputados, tal y como se puede observar en la siguiente gráfica:

Gráfica 3.

Elaboración propia con Datos de Oraculus y El Financiero

Como se puede observar en la relación lineal que se presenta en la gráfica 3, el 70% de la intención de voto por MORENA es explicada por la aprobación presidencial; en otras palabras, en la medida en que la aprobación por el presidente crece también lo hace la probabilidad de votar por MORENA para la Cámara de Diputados.

La gráfica muestra también que cuando la aprobación oscila entre 50 y 60% la intención de voto se ubica en niveles del 21%; si la aprobación se encuentra entre 70 y 80%, la intención estará en el 36%; y cuando la aprobación se encuentra por encima del 80% la intención de voto sobrepasa el 45%.

El factor AMLO es igual de contundente en lo que respecta a la renovación de las gubernaturas; de acuerdo con Alejandro Moreno la aprobación del presidente es un fuerte predictor del voto también en esta arena electoral:

Del total de las entidades en disputa (15), en aquellas en donde la aprobación es menor al 60% como Querétaro, Chihuahua, Michoacán, Nuevo León y Sinaloa, la intención de voto por los candidatos de MORENA oscila entre 33%-  la más baja (Querétaro)- y 42% la más alta (Sinaloa). En las entidades en donde la aprobación es mayor al 65%, como Baja California, Nayarit, Campeche, Zacatecas, Guerrero y Tlaxcala la intención de voto es del 50% y en la zona intermedia, entidades con una aprobación entre el 60% y 65% como Baja California Sur, Colima, Sonora y San Luis Potosí, el apoyo a MORENA se encuentra entre el 40 y 50 %[2].

El Presidente está consciente de la importancia de su figura. En reiteradas ocasiones en las conferencias de prensa que ofrece diariamente se ha centrado en este tema, ya sea señalando que es de los presidentes más atacados, o en su defecto mejor evaluados a nivel mundial[3]. Pero, lo que sin duda confirma el conocimiento que el primer mandatario tiene de que de su figura depende que su partido mantenga la mayoría en la Cámara Baja, es la propuesta que hizo desde el inicio de su mandato[4] de someterse a un referéndum revocatorio que coincidiera con la elección intermedia del 2021.

El referéndum revocatorio tiene un componente estratégico y otro de carácter normativo. El primero, aunque se ha visto disminuido en virtud de que ya no podrá realizarse a la par de las elecciones intermedias, le ha permitido al presidente centrar la discusión en su persona; lo cual ha sido muy útil en el contexto de la pandemia generada por el COVID-19, desviando con ello la atención de la crisis de salud y económica por la que atraviesa el país. El presidente al victimizarse ha concentrado el grueso de su estrategia propagandística en su persona. De acuerdo a la consultora Spin, la alusión que ha hecho el presidente en sus conferencias de prensa de sus opositores, llamándolos conservadores; señalando también que es el presidente más atacado; que es víctima de la prensa y de los intelectuales orgánicos;  ha llegado a sumar en su conjunto más de 1415 menciones contabilizadas al mes de septiembre de este año[5].

El componente normativo es de mayor envergadura, llevar a cabo un referéndum en los términos que ha planteado el presidente se inserta en la tendencia observada en los populismos latinoamericanos los cuales, por un lado, confrontan directa y deliberadamente los principios y fundamentos de la democracia representativa moderna cuando colocan la figura presidencial en una relación dialógica con el pueblo. En otras palabras, el referéndum representa la praxis de la soberanía popular, a contrapelo de la no existencia del mandato imperativo y la independencia parcial de los representantes como características constitutivas del gobierno representativo moderno (Manin, 2017).

Resulta paradójico que al mismo tiempo que López Obrador coloca y compromete a futuro la figura presidencial, al quedar sancionada constitucionalmente la figura del referéndum,[6] fortalece su propia figura; la cual se encuentra resguardada en amplios márgenes de popularidad y aprobación. Pareciera que el subtexto de las distintas encuestas que se han presentado es que más que reportar la fortaleza de la figura presidencial reporta la fortaleza de la figura de un López Obrador desvinculada de su investidura y de las expectativas que el ejercicio de una presidencia tendría que suscitar en los ciudadanos.

El hecho de trascender la rigidez del sistema presidencial, que por sus características definitorias (Linz y Valenzuela, 1998) no puede desembarazarse de mandatarios erráticos o con bajos niveles de aceptación, podría provocar mayor inestabilidad política a futuro, pero hoy por hoy refuerzan por lo pronto la figura de Andrés Manuel López Obrador en lo personal[7].

¿En qué sustento empíricamente esta afirmación? en el hecho de que la eficacia gubernamental se encuentra aislada de la persona, en todos los rubros que sobre este aspecto acompañan la medición general de aprobación presidencial, el mandatario sale mal evaluado:

Gráfica 4.

Elaboración propia con datos de “El Financiero[8]

Como se puede observar, la mala evaluación es general; pero es en rubros específicos del desempeño presidencial en donde esto se acentúa; sobre todo en lo que respecta a la gestión de la economía y la capacidad de dar resultados, en ambos la evaluación negativa sobrepasa el 60%.

No obstante, si uno observa con mayor detenimiento, existe una tensión entre la evaluación positiva y negativa en lo que se refiere a los atributos como honestidad y liderazgo; sobre todo en la primera, prácticamente la población se encuentra dividida. Todo pareciera indicar que es sobre estos dos atributos, concernientes estrictamente a su persona, en donde descansa la aprobación del presidente; en su capacidad de generar una percepción de honestidad y liderazgo; un estilo de liderazgo que se refuerza cotidianamente en las conferencia de prensa matutinas[9], y que parece ir en consonancia, en correspondencia, con lo que la gente quiere y espera de un Presidente de la República.

México, o si atendemos al término más usado últimamente, el “pueblo” mexicano, parece que no ha trascendido su vocación presidencialista; diversos acontecimientos dan cuenta de ello, pero fundamentalmente el hecho de que la Corte Suprema de Justicia de la Nación (SCJN) haya decidido, a principios de octubre, declarar constitucional la consulta popular promovida por el presidente para decidir si se enjuicia o no a cinco ex presidentes de México. Previamente a la decisión de la SCJN, el primer mandatario llamó a sus integrantes a tomar en cuenta “los sentimientos del pueblo” en su toma de decisión[10].

A lo anterior hay que sumar la reciente desaparición de los distintos fideicomisos destinados a rubros específicos del gasto público que fue aprobada por la Cámara de Diputados[11]; decisión que lejos de verse como producto de una deliberación independiente, parece que responde a la voluntad del presidente, el cual había denostado públicamente esta manera de ejercer el gasto, señalándolo como una herencia corrupta del período neoliberal[12].

Lo anterior compromete una división de poderes efectiva, pero todo ello parece no importar a un pueblo que, dados los datos que hemos presentado, empatiza y simpatiza con este estilo de liderazgo y sus medidas.

Es posible que la aprobación presidencial exprese un acuerdo normativo con un estilo de liderazgo fuerte, que exprese el acuerdo con un esquema de valores que guía la comprensión del ejercicio del poder y la autoridad como praxis centralizada, ausente de deliberación efectiva, y por ende poco tolerante a la disidencia y a la diversidad de opiniones.

Andrés Manuel López Obrador conoce los efectos de su popularidad en la percepción de autoridad que se genera hacia los demás, y sabe que, en la mejor tradición del presidencialismo mexicano, aumenta mucho el poder del presidente la creencia de que puede resolver cualquier problema con solo proponérselo (Cosío Villegas, 1982: 30). Hemos vuelto pues, al país de un solo hombre.

 

Bibliografía:

Cosío, Villegas Daniel (1982). El sistema político mexicano, México, Cuadernos de Joaquin Mortiz

Linz, Juan y Arturo Valenzuela (1998). La crisis del presidencialismo, Madrid, Alianza

Manin, Bernard (1998). Los principios del gobierno representativo, Madrid, Alianza Editorial

Przeworski, Adam (1995). Democracia y Mercado, Madrid, Cambridge University Press

 

[2] Gubernaturas 2021: El Factor AMLO https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/alejandro-moreno/gubernaturas-2021-el-factor-amlo

[3] www.milenio.com/politica/amlo-soy-el-segundo-presidente-mejor-evaluado-del-mundo

[4] Hay que señalar que esta propuesta ya la había enarbolado como candidato a la Presidencia de la República

[5] https://spintcp.com/

[6] El 5 de noviembre del 2019, el Senado de la República aprobó el proyecto de Ley que permitirá, no a mediados del 2021 sino hasta principios del 2022, que los ciudadanos soliciten una votación para reemplazar a los Presidentes a mitad de su mandato

[7]www.infobae.com/america/mexico/2019/11/06/el-senado-aprobo-la-revocacion-de-mandato-el-primer-referendum-seria-en-2022/

[8] www.elfinanciero.com.mx/nacional/aprobacion-de-amlo-resiste-la-crisis-economica-y-la-pandemia

[9] Al 30 de septiembre sumaban ya 462 conferencias de prensa, coloquialmente llamadas “mañaneras” las cuales tienen una duración promedio de 104 minutos. Véase: https://spintcp.com/

[10] https://www.eluniversal.com.mx/nacion/amlo-pide-esperar-que-pleno-de-la-scjn-resuelva-sobre-consulta-de-expresidentes

[11] https://www.eluniversal.com.mx/nacion/estos-son-los-109-fideicomisos-que-desaparecen

[12] https://www.excelsior.com.mx/nacional/rechaza-lopez-obrador-injusticia-en-eliminacion-de-fideicomisos/1409816

 

Carlos Luis Sánchez y Sánchez

Doctor en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México. Maestro en Estudios Políticos y Sociales por el Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Realizó su investigación posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Sociales del 2012 al 2014 Actualmente es Profesor/Investigador Asociado “C” de Tiempo Completo, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México en donde imparte clases en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y en la Licenciatura en Ciencia Política y en la la división de estudios de Posgrado, en la especialidad de Opinión Pública y en la especialidad de Análisis Político. Sus líneas de Investigación: Instituciones Políticas Comparadas, Comportamiento Político Electoral y Opinión Pública. Es Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, CONACYT (SNI) nivel 1.