Debido a la complicada situación económica y a los altos niveles de pobreza, México se encuentra en una situación social inestable hace años. Una combinación de años duros en el mercado internacional y gobiernos corruptos llevaron al país a un mal pasar económico y social.

En medio de este contexto desfavorecido, arrancando su segundo año en la presidencia, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se chocó de frente con la pandemia. Escritor, politólogo y político, con una amplia trayectoria en los partidos más progresistas y de izquierda, su elección no fue ninguna sorpresa. Luego de un par de gobiernos de centroderecha, la tendencia social y política se corrió hacia la centroizquierda, por lo que AMLO (que ya tenía presencia en el escenario político) se volvió el candidato perfecto.

Sin embargo, López Obrador prometió algo que hasta ahora no puede lograr: establecer un modelo en el que el Estado cambia las reglas y decide. Esto ha puesto en tela de juicio el avance económico del país. El crecimiento económico es bajo y se siente en el índice de empleo formal y otros indicadores económicos. El reto está en establecer regulaciones mucho más claras, mantener un equilibrio entre la apertura económica que se requiere y la regulación, pero ese balance todavía no se ha logrado.

En el ámbito social lo que se ha visto es que hay un mayor incremento de luchas y de demandas por los derechos sociales. Se trata de la ampliación de derechos hacia el reconocimiento de que la sociedad se ha vuelto mucho más diversa y tiene los medios para movilizarse en conjunto (redes sociales). Además de que las mujeres que no estaban incorporadas al mercado de trabajo, ahora sí lo están y exigen más derechos.

Más que el choque entre la dimensión económica y social lo que está de fondo son los cambios sociales en las recientes cuatro décadas en el mundo y la incapacidad del gobierno de lidiar con los reclamos de una sociedad cada vez más demandante del ejercicio de sus derechos y libertades.

La democracia electoral le quedó chica a la ciudadanía. Esta tendencia de México es un reflejo de toda la región, de Latinoamérica. Lo que parece ser es que los gobiernos caminan mientras las sociedades avanzan a pasos agigantados en reconocer derechos y libertades, pero los gobiernos son más restrictivos y reguladores. La ciudadanía puso en tela de juicio la forma “clásica” de gobernar.

La actual situación puede empeorar los problemas de gobernabilidad, especialmente tras la oleada de estallidos sociales de 2019, de modo que se incrementaría la ya elevada crítica hacia las clases dirigentes.

México tardará muchos meses en regresar a la “normalidad”, si es que se le puede llamar “normalidad”, antes de la pandemia, a tener bajo crecimiento y un gran gasto público. ¿Cuál será la consecuencia? Se viene una crisis social y política.

Hace falta un liderazgo para la reconstrucción, México necesitará de un gobierno de coalición para ayudar a construir y salvar al país. La sociedad mexicana vive con miedo frente a una gran crisis de salud y económica. La crisis social vendrá porque muchos pequeños y medianos negocios van a cerrar y van a tener que despedir gente, también porque la economía de México tiene aproximadamente 31 millones de personas en la informalidad y será muy complicado destinarles ayuda, fiscalmente hablando.

Todas las crisis pueden convertirse en oportunidades, pero se necesita tener un presidente que permita la UNIDAD, cohesionar a la sociedad y a los sectores productivos. Lamentablemente sin unidad, la recuperación será más lenta y la pobreza va a aumentar.

Se necesitará invertir mucho en salud, infraestructura, bajar niveles de informalidad y sector energético entre otros. Además, bajar la inseguridad, bajar la pobreza y sobre todo evitar un estallido social. Algunos de estos problemas vienen desde hace muchos años como los altos niveles de informalidad, inseguridad y pobreza, pero con la pandemia van en aumento.

Los problemas que provocaron protestas en 2019 sólo están en pausa, ninguno ha sido resuelto. Eso significa que, una vez que la pandemia se haya calmado un poco, lo menos que se puede esperar es un resurgimiento de lo que ya se vio. Estas demandas sociales muy probablemente van a rebrotar, como segunda ola. De cierta forma evitaron parte de la ola de descontento, pues canalizaron su sentimiento anti status quo a través de las elecciones de AMLO. Pero parece cuestión de tiempo hasta que resurjan, ya que, ¿cuánto más puede aguantar el pueblo? ¿Será López Obrador el líder que esperaban?

 

Santiago Inchauspe

19 años. Soy de Buenos Aires, Argentina. Estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente miembro de dos ONG.