La democracia atraviesa en todo el mundo un periodo de cuestionamiento e inestabilidad acuciante. Tras haber entrado en su etapa de madurez, también en la mayoría de países de América Latina, han emergido una serie de advenimientos que están provocando cambios y cuestionamientos del orden democrático. Los sucesivos casos de corrupción y las malas praxis en la gestión pública han provocado un fuerte descrédito de la ciudadanía para con los representantes públicos y las instituciones democráticas. A ello cabe sumarle las dificultades para paliar de facto, mediante políticas públicas, los grandes problemas con los que lidia la ciudadanía en el día a día: pobreza, desigualdad, inseguridad y desempleo.

Además, a escala mundial vienen sucediéndose algunos acontecimientos que no pueden pasarse por alto como es el fenómeno de la migración, así como el incipiente nacimiento y consolidación de la extrema derecha, junto al declive de la izquierda de corte “populista” en la región, sumado al bajo ciclo económico. Todo ello está provocando cambios significativos en la percepción ciudadana sobre la democracia y, consecuentemente, sobre el comportamiento electoral. Las diferentes elecciones presidenciales de los últimos años están mostrando que los ciudadanos de la región se encuentran más propicios a alternar el poder que a mantener a los mandatarios actuales. Derecha e izquierda compiten en un espacio más plural que al inicio de la transición, poniendo a prueba el sistema de partidos ante la inmensa demanda de pluralidad que muestra la atomización de los movimientos sociales, los grupos de protesta y las crecientes demandas insatisfechas de los ciudadanos.

En este artículo efectuamos un breve recorrido por el estado de la democracia en la región desde la óptica de la percepción ciudadana. Tratamos de analizar en el presente, con perspectiva comparada en el tiempo, cuál es el grado de proximidad, confianza y satisfacción de la ciudadanía de América Latina con el sistema democrático de sus respectivos países. Lo hacemos con la lectura de datos cuantitativos del Latinobarómetro de 2018, que también nos ofrece datos de toda la serie histórica, iniciada en 1995.

  1. Apoyo a la democracia en la región

La democracia como sistema no goza de todo el apoyo que se desearía por parte de la ciudadanía. La población de América Latina ha abandonado paulatinamente el apoyo firme al régimen democrático, mostrándose cada vez más indiferentes ante el tipo de régimen que los gobierna, al tiempo que se distancian de la política y sus instituciones. En la actualidad (datos del Latinobarómetro de 2018), sólo el 48% de los latinoamericanos concuerda con la afirmación de que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, frente a un 28% que se muestra indiferente y un 15% que dice preferir un régimen autoritario.

Gráfico 1. Apoyo a la democracia en la región, 1995-2018

A lo largo de los 23 años de mediciones realizadas por el Latinobarómetro, como puede observarse en el gráfico 1, la democracia alcanza su cuota de apoyo más alto en el año 1997, llegando a un respaldo del 63% de la ciudadanía, para disminuir hasta un 48% de apoyo en 2001, que es su punto más débil. A partir de ese año se recupera el nivel perdido para llegar al 61% de apoyo en 2010, momento en que se iniciará un proceso de descenso que llega al presente con los datos más bajos de toda la serie histórica, sin la certeza de saber si todavía llegaremos a conocer cifras más reducidas de apoyo a la democracia.

En nueve países de la región el apoyo a la democracia supera en la actualidad el 50%, destacando Venezuela, Costa Rica, Uruguay y Argentina. La cara inversa a este dato lo encontramos fundamentalmente en Centroamérica (El Salvador 28%, Guatemala 26%, Honduras 34%, y también Brasil 34%). Adicionalmente, entre los países que se hallan ciudadanos y ciudadanas con mayor indiferencia ante el tipo de sistema político que los rija[1], destacan El Salvador (54%), Honduras (41%), Brasil (41%) y México (38%). Por otro lado, los habitantes de países que registran mayor respaldo a un gobierno autoritario son Paraguay (27%), Chile (23%) y Guatemala (20%). Respecto de esta última variable, llama la atención que Nicaragua y Venezuela sean los países que, en el presente, declaran menor apoyo al autoritarismo y mayor respaldo a la democracia.

Pero si un dato resulta especialmente llamativo, al tiempo que preocupante, es el cruce de resultados con la variable edad. Los datos oficiales reflejan que, a medida que disminuye la edad de los sujetos, muestran mayor indiferencia respecto del régimen que gobierna en sus países y más apoyo al autoritarismo. Por el contrario, los jóvenes comprendidos entre los 16 y 25 años son quienes reflejan un menor apoyo al sistema democrático. Contrariamente a la creencia general, el apoyo a los autoritarismos está lejos de ser algo exclusivo de las viejas generaciones. La juventud del presente vuelve a mirar de reojo a las formas alternativas de gestionar las comunidades, aunque siguen todavía inclinándose por la democracia de forma mayoritaria.

  1. Satisfacción con la democracia y confianza en las instituciones

La crisis que atraviesa la democracia en la región queda ratificada con el indicador del Latinobarómetro que interroga a las personas encuestadas acerca del grado de satisfacción que sienten con la democracia. En la actualidad (2018), el 71% de latinoamericanos y latinoamericanas dice estar insatisfecha con la democracia, frente a un discreto 24% que asegura tener satisfacción con el sistema democrático. Si bien es cierto que en toda la serie histórica 1995-2018, la insatisfacción ha sido siempre superior a la satisfacción, no deja de ser alarmante que en la actualidad se den las cifras de mayor insatisfacción con la democracia de toda la serie. Así, observamos un aumento de las personas insatisfechas con la democracia de veinte puntos porcentuales en diez años, pasando del 51% en 2008 al 71% en 2018. Por el contrario, la satisfacción con la democracia disminuye de un 44% en 2008 hasta un 24% en 2018. Expresado de otro modo, en el presente tan solo tres países de la región se acercan a tener uno de cada dos ciudadanos satisfechos con la democracia (Uruguay, Costa Rica y Chile).

Otra de los indicadores que nos permiten comprender el descrédito de la democracia y sus actores entre la ciudadanía latinoamericana, es el nivel de confianza que muestran hacia diferentes instituciones democráticas y actores políticos. Es el caso del parlamento o congreso, que despierta en la actualidad confianza para tan solo el 21% de la población, el segundo peor dato de toda la serie histórica (tras el 17% en 2003). Cifra similar de confianza es la que obtiene el gobierno (22%), segundo peor dato tras el de 2003 (19%). El tribunal o institución electoral de cada país tampoco goza de mucha mayor confianza (28% en 2018, mínimo histórico). Pero sin duda, la confianza en los partidos políticos es la variable que exhibe los datos más ínfimos. Tan solo un 13% de latinoamericanos dice confiar en estos momentos en los partidos políticos, siendo esta confianza prácticamente inexistente en países como El Salvador (5%), Brasil o Perú (6 y 7%, respectivamente).

Observando la evolución de los diferentes indicadores que estamos analizando (confianza en gobierno, confianza en la institución electoral confianza en los partidos y confianza en los parlamentos), podemos comprobar la existencia de una tendencia común de decrecimiento desde el año 2010 hasta la actualidad, que parece no haber tocado suelo. Desde ese año, hasta la actualidad, barómetro tras barómetro se viene reflejando una constante pérdida de confianza hacia las instituciones democráticas por parte de la ciudadanía latinoamericana, en todas sus vertientes.

Este cómputo de datos analizados hasta ahora, que nos están mostrando una ciudadanía cada vez más indiferente políticamente, nos permiten comprender el surgimiento y consolidación de liderazgos en la región que están provocando cambios políticos y, en algunos casos, rompiendo con los clásicos sistemas de partidos. Así, podemos identificar desde políticos outsiders (Jimmy Morales), antistablishment de derecha (Bolsonaro), de izquierda (López Obrador), pasando por políticos sin lealtades ideológicas o partidarias claras (Nayib Bukele). Estos liderazgos, desde sus particularidades y matices, se han nutrido de esa masa creciente de ciudadanos y ciudadanas apáticos con la política, indiferentes con la democracia y distantes de los partidos políticos.

  1. Ahondando la desconfianza: la evaluación de la democracia

El Latinobarómetro, además de sondear sobre el respaldo de la ciudadanía a la democracia y sus actores, también somete a evaluación a la misma. En este sentido, los últimos datos publicados nos muestran que sólo un 5% de la ciudadanía considera que en sus países existe una “plena democracia”. Un 23% asegura que la democracia de su país presenta “pequeños problemas”, mientras que un 45% dice que existen “grandes problemas”. A ello cabe agregar que un 14% de la población califica explícitamente a su país como “no democracia”, y tan solo un 5% de latinoamericanos considera vivir en una democracia “plena”. Otra cifra que no puede pasarse por alto es el porcentaje de personas encuestadas que dice no saber qué es la democracia (13%), el dato más alto desde que se recogen cifras sobre esta cuestión (2004).

Gráfico 2. Evaluación de la democracia en América Latina, 2004-2008

Entre aquellas personas que aseguran que su país “no es una democracia” (14% del total), podemos observar que se concentran fundamentalmente en Venezuela (37%), Nicaragua (35%), El Salvador (24%) y Honduras (22%). Entre quienes consideran vivir en una democracia con “grandes problemas”, destacan de República Dominicana (55%), Argentina (54%), Brasil (52%). Los países con más ciudadanos que aseguran que sus democracias tienen “pequeños problemas” son Chile (43%), Costa Rica (41%), Uruguay (40%) y Bolivia (32%).

En el año 2018, respecto de 2017, disminuye de un 72% a un 68% el porcentaje de personas que afirman que la democracia tiene problemas (suma de pequeños y grandes), pero aumentan de 12% a 14% quienes afirman que su país no es una democracia. Por consiguiente, observamos que los ciudadanos consideran que sus democracias poseen grandes o pequeños problemas, permitiéndonos ver así la crisis que sufren las democracias latinoamericanas, no consideradas como tales para una importante cifra de personas. Estos datos dan cuenta de la crítica masiva de la ciudadanía de la región a sus democracias, que no parece estar presente en la agenda informativa de los países, ni en discurso de los líderes de la región.

  1. Intención de voto

Hemos testado anteriormente el grado de apoyo y satisfacción con la democracia en la región, así como los niveles de confianza ciudadana sobre los pilares fundamentales de todo sistema democrático: sus instituciones y actores principales. Ahora, nos detenemos a observar con detenimiento qué opinan las personas encuestadas por el Latinobarómetro cuando se les interroga sobre qué partido votarían si el domingo próximo se celebrasen elecciones en su país. El año 2018 se erige como el tercer año consecutivo con una mayoría de latinoamericanos, el 58% concretamente, que afirma que no votaría por algún partido político si se celebrasen elecciones en la brevedad, frente a un 42% que sí menciona algún partido. Desglosando estos últimos datos, del 42% de personas que muestra intención de votar por alguna formación política, un 23% señala que lo haría por partidos de la oposición, frente a un 19% que daría su apoyo a partidos del gobierno.

Analizando por países la intención de votar o no por un partido si se celebraran elecciones próximamente, Guatemala (90%), Perú (82%), Nicaragua (78%) y Brasil (73%) aúnan el mayor número de sujetos encuestados que no especifica ningún partido cuando se les plantea la cuestión. Por el contrario, la ciudadanía de Paraguay, Costa Rica, República Dominicana y Uruguay es la que más claro tiene que votaría por un partido concreto en el supuesto de haber prontamente elecciones en su país.

Los datos de intención de voto, cruzados con los indicadores analizados anteriormente, nos vienen a mostrar que la desconfianza hacia la democracia y las instituciones políticas también se está traduciendo en una retirada de apoyo de la ciudadanía mediante su voto a los partidos políticos, teniendo más dudas que nunca acerca de si votar o no votar y, en caso afirmativo, si de hacerlo o no por los partidos políticos habituales.

Consideraciones finales

La serie de datos pormenorizados en este artículo plantean varios escenarios y desafíos. Indudablemente en ningún caso resultará positivo que la ciudadanía pierda la confianza hacia el sistema político que nos acoge y protege, la democracia. Tenemos sobre la mesa cifras que revisten de relevancia y debieran ser tenidas en consideración por el conjunto de representantes públicos, tejido asociativo y sociedad civil. Que la ciudadanía recupere la confianza hacia las instituciones democráticas y la democracia en sí como sistema es una necesidad si pretendemos, como efectivamente pretendemos, que esta forma de gobernar, fundamentada en la elección de representantes públicos entre iguales, y la protección de los derechos y libertades fundamentales, perdure. Naturalmente esto no lo podrá hacer si continúan las malas praxis en la gestión pública que conducen al deterioro de las instituciones públicas y distanciamiento de la ciudadanía con la democracia y sus actores.

Hemos optado por centrarnos en el análisis de unos indicadores concretos, dado que nos parecen trascendentales como punto de partida para comprender el estado de la democracia en la región desde la perspectiva ciudadana. Si bien es posible profundizar y analizar en otros tantos medidores, los resultados aquí obtenidos ya evidencian claramente la existencia de un problema de gran magnitud. La democracia ha perdido credibilidad entre la ciudadanía, una credibilidad que se está traduciendo en apoyo a líderes de corte populista, outsiders, o anti-establishment. La ciudadanía demanda nuevas respuestas y por este motivo comienza a decantarse por las emergentes corrientes políticas que se vanaglorian de gestionar de forma diferente la res publica. Pero el riesgo es inminente. Una ciudadanía apática, incrédula y distante con la democracia es el caldo de cultivo perfecto para el resurgimiento de los totalitarismos, para dar cabida a quienes cuestionan derechos y libertades ya conquistadas y afianzadas. Pero lo más preocupante, alejarnos de la democracia supone poner en cuestión nuestra convivencia, garantizada desde la diversidad y pluralidad, el pilar base de un sistema que, aun con sus imperfecciones, nos ha llevado a las cuotas de desarrollo humano más elevadas de toda la historia de nuestra especie.

[1] Para extraer estos datos, el Latinobarómetro indica a los encuestados: “[…]En algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático. A la gente como uno, nos da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático”.

Alejandro Espi es politólogo. Máster en Relaciones Internacionales Iberoamericanas. Experto Universitario en Comunicación Política e Institucional. Autor de los libros “Luces y sombras de la actualidad política española” (2014) y “Si Persuadeo levantara la cabeza. El arte de hablar en público en un mundo global y competitivo. Viejas y nuevas formas de oratoria” (2018). Premio Victory Award “Líder Emergente 2016” otorgado por The Washington Academy Of Political Arts & Sciences. Miembro oficial y embajador en España de la organización Jóvenes Iberoamericanos.