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Perú se aproxima a aguas peligrosas. Los acontecimientos del mes de noviembre evidencian la fragilidad de su sistema político: los partidos políticos se encuentran deslegitimados y tuercen las reglas de juego democráticas, las élites políticas están vinculadas a casos de corrupción, la ciudadanía desconfía que las instituciones democráticas puedan ayudarlos y la economía peruana sigue enfrentando problemas estructurales como la pobreza, la desigualdad y la informalidad a pesar del crecimiento económico de los últimos años. Perú ha tenido tres Presidentes en una semana y cuatro en los últimos cuatro años como consecuencia de los vaivenes políticos. ¿Qué ha sucedido en las últimas semanas y qué podemos esperar de las elecciones generales de abril del 2021?

La destitución del Presidente Vizcarra

El 09 de noviembre de 2020, el Congreso de Perú aprobó la moción de vacancia del Presidente Vizcarra por “incapacidad moral permanente” con una votación de 105 votos a favor, 4 abstenciones y 19 votos en contra. Los partidos políticos llevaron a cabo esta maniobra luego de la apertura de investigaciones al Presidente por presuntos casos de corrupción durante su administración como Gobernador. En septiembre, una moción de vacancia fue presentada contra Vizcarra pero no alcanzó los votos necesarios.

La relación de Vizcarra con el Congreso había sido una de diferencias irreconciliables. Llegando al poder luego de la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), Martín Vizcarra se enfrentó a un Parlamento con mayoría fujimorista que obstaculizó su acción de gobierno. En septiembre de 2019, el Congreso fue disuelto constitucionalmente por el Presidente, causando el malestar de los partidos políticos. La decisión fue apoyada por la ciudadanía que rechaza a los partidos políticos del Perú y respaldada por las Fuerzas Armadas. En las elecciones legislativas de enero de este año, los resultados arrojaron un Congreso muy fragmentado, además de la fractura de la mayoría fujimorista, el desplome de los partidos tradicionales y la aparición de nuevos partidos.

Las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo se fueron agrietando cada vez más, el Congreso intentó pero no consiguió aprobar  la primera moción de vacancia presidencial. Más tarde se apalancaron en las investigaciones en curso por presunta corrupción para aprobar la destitución del Presidente. Los partidos políticos tenían interés en desplazar al Presidente Vizcarra del tablero político porque se posicionaba como la figura política más popular del Perú, y aunque había prometido que no se postularía para la reelección, la posibilidad de la misma seguía latente y representaba una amenaza para el establishment político y para las incipientes fuerzas políticas creadas por líderes personalistas.

El Presidente del Congreso, Manuel Merino, del partido Acción Popular, asumió las riendas del Ejecutivo luego de la destitución de Martín Vizcarra, y prometió una transición pacífica y estabilidad en los próximos meses previos a las elecciones. El descontento de la población no se hizo esperar, Merino enfrentó una convulsión social en las calles a pesar de la grave situación sanitaria que sufre Perú. Las protestas se magnificaron después de que las fuerzas de seguridad del Estado reprimieran a los manifestantes y asesinaran a dos jóvenes universitarios. Los mismos partidos que habían llevado a Merino al poder procedieron a pedir la renuncia al mandatario, la cual aceptó, materializando la presidencia más breve de la historia del Perú.

El Congreso procedió a nombrar a un Presidente provisional que pudiese estabilizar las aguas y trasladar al Perú de manera pacífica a las elecciones generales de abril del 2021. Francisco Sagasti, del partido Morado, fue elegido como nuevo mandatario de la República. El nuevo Presidente tiene como reto enfrentar las consecuencias económicas y sociales de la pandemia: Perú tiene una economía con altos índices de informalidad y desigualdad; la inestabilidad política que ha sufrido el país potenciada por los estragos económicos de la recesión económica pueden ser una perturbación a tener en cuenta sobre la dinámica política de los próximos meses.

Panorama electoral del Perú para el 2021

En un sistema de partidos como el peruano, los liderazgos personales predominan y la volatilidad electoral es alta porque las instituciones partidistas están desprestigiadas. El panorama electoral es de extrema incertidumbre, ninguna organización política tiene garantizado mantenerse en el Congreso para el próximo año. El caso de Acción Popular, partido de Merino, será interesante de observar: actualmente son el partido con más escaños en el Congreso pero parece probable que paguen el costo político de haber liderado la destitución de Vizcarra. Por otra parte, el fujimorismo sigue estando vigente a pesar de los casos de corrupción de Keiko, por lo que no hay que subestimarlos para las elecciones.

El expresidente Martín Vizcarra ha anunciado hace poco que se va a postular para las elecciones legislativas del próximo año por el partido minoritario Somos Perú, su influencia y capital político serán un factor a tomar en cuenta para las elecciones venideras. ¿Qué tan relevante será la postulación de Vizcarra como cabeza de lista en Lima para el partido Somos Perú? Todavía habrá que ver qué tipo de liderazgo asume el expresidente en este nuevo partido y cómo el precandidato presidencial de Somos Perú, Daniel Salaverry, puede capitalizar este fichaje político para la elección presidencial. El partido Morado de Guzmán también puede erigirse en los próximos meses como una alternativa viable en caso de que la gestión de Sagasti pueda hacer los méritos suficientes para el partido.

El ambiente social de desafección y descontento representa una oportunidad para el auge de movimientos populistas y antisistema como es el caso del partido radical Unión por el Perú (UPP) donde milita Antauro Humala. Y por supuesto, con este contexto no se puede descartar la aparición de algún candidato outsider, que pueda pescar en río revuelto e ilusionar a una ciudadanía que ve con hartazgo a los partidos políticos, por ejemplo, el exportero y alcalde George Forsyth ha picado adelante en las encuestas de los precandidatos pero parece muy prematuro asegurar que persistirá como favorito en abril del 2021.

En caso de que no se produzcan grandes sorpresas, el Congreso se mantendrá fragmentado y el próximo Presidente de Perú tendrá que hacer malabares políticos para poder gobernar. Una de las exigencias con la que tendrá que lidiar el próximo Presidente es la iniciativa Constituyente. La Constitución de 1993, promulgada por Alberto Fujimori, parece tener sus días contados. La redacción de una nueva constitución puede servir para reestablecer las bases y reglas de juego del sistema político peruano, haciéndolo más inclusivo y fortaleciendo las instituciones, o puede ser aprovechado por algún movimiento oportunista (Unión Por el Perú promueve la Constituyente) para rehacer las instituciones a su favor. Los acontecimientos de las últimas semanas son síntomas de un sistema político en estado crítico. La democracia peruana se encuentra en una encrucijada y el riesgo de una deriva autoritaria sigue vigente.