La mayoría de edad de la democracia guatemalteca la alcanzará en la medida en que salde la deuda que tiene con el acceso a la representatividad en el sistema político de la mitad de su población: las mujeres.

Guatemala presenta uno de los índices más bajos de participación y representación política de mujeres en América Latina, lo que redunda en un número reducido de mujeres ocupando cargos públicos y espacios en la toma de decisiones en los Organismos del Estado y los partidos políticos. El promedio de participación política de mujeres a nivel latinoamericano alcanza el 30.6%, sin embargo, en Guatemala, las cifras de representación parlamentaria son del 19.3% y en el ámbito municipal del 3.54%. Esta realidad –en un país donde el 51% de la población es femenina- nos habla de la discriminación histórica hacia las mujeres y del mantenimiento de un modelo político excluyente que margina a la mitad de su población, contradiciendo incluso la propia Constitución de la República, que contempla el principio de igualdad.

Esta poca participación de las mujeres en el ámbito político está relacionada con barreras culturales, socioeconómicas y políticas La primera barrera está relacionada con factores culturales, Guatemala es uno de los países más conservadores de América Latina, donde los roles y esferas separadas para hombres y para mujeres están muy definidas e interiorizadas en el imaginario colectivo. Esto significa que por el hecho de ser mujer se tienen asignados roles como la maternidad, el cuidado del hogar, la familia y lo privado, mientras que a los hombres se les asigna el rol público, relacionado con la actividad económica, política y el manejo del poder. Por tanto, los niños y niñas desde su más pequeña infancia son educados y socializados en base a imaginarios y roles que definen su comportamiento y papel dentro de la sociedad.

Segundo, las desigualdades sociales, es decir, las desigualdades en acceso a educación, salud y recursos económicos significa una barrera para la gran mayoría de mujeres. Ya que son las mujeres las que menos acceso tienen a estos servicios, y, por consiguiente, dadas las características del funcionamiento de la política en Guatemala, donde el financiamiento partidario es en un 90% privado, las mujeres son quienes menos recursos tienen para pagar candidaturas y acceder a los puestos de poder dentro de los partidos políticos.

Tercero, al hacer referencia a la participación y representación política se está haciendo referencia al poder, el cual ha sido tradicionalmente de manejo y uso exclusivo de los hombres. Por tanto, constituye una barrera significativa para las mujeres modificar estas relaciones de poder.  En este sentido, aumentar la participación política de las mujeres, significa aumentar el poder para las mujeres, lo que es igual a un juego de suma cero para los hombres, ya que son ellos los que pierden espacios de poder. Por tanto, ha prevalecido más el deseo de mantener espacios de poder que la representatividad democrática.

Sin embargo, el papel que juegan los partidos políticos en la promoción y desarrollo de la democracia es fundamental. Su rol intrínseco es la representación de la población, así como la postulación de candidatos y candidatas a puestos de elección popular. Por tanto, la participación y espacios de las mujeres dentro de los partidos políticos es un claro indicador, por un lado, de cómo los partidos políticos conciben a las mujeres, y por el otro, de cuan democráticas son estas instituciones.

En Guatemala la historia de la participación de las mujeres en los partidos políticos evidencia la situación de exclusión de la vida política que ha sufrido y sigue sufriendo la mitad de la población del país y de lo mucho que aún hace falta por una verdadera democratización del sistema político.

La participación política de las mujeres en los partidos políticos tiene su inicio en la década de 1944-54 cuando se convierten en ciudadanas al lograr el derecho a elegir y ser electas en 1945. Durante los años de la Revolución de Octubre se inició un período especialmente importante para el desarrollo político que alcanzó también a las mujeres, sobre todo de clase media y de las áreas urbanas. Las mujeres formaron grupos con fines políticos en apoyo a la Revolución, y también se integraron en los partidos políticos de la época, pero siempre en posiciones subalternas.

Con el fin de los diez años de primavera democrática y el cierre de espacios políticos de participación, algunas mujeres tuvieron que partir al exilio, las que se quedaron ya no pudieron participar abierta y únicamente persistieron las organizaciones políticas anticomunistas con sus ramas femeninas. Las mujeres que no se unieron a la clandestinidad o se fueron al exilio, se vincularon a los partidos políticos de la época. El rol de las mujeres consistió básicamente en formar filiales femeninas que contribuían a organizar mítines de los candidatos. Las mujeres, con escasas excepciones, no formaban parte de las dirigencias de los partidos, en su mayoría formaban parte de la esfera del activismo y cuadros intermedios.

Con el advenimiento de la democracia, la participación de las mujeres dentro de los partidos políticos se amplía, las ramas femeninas se fortalecen y las dirigencias a nivel nacional, departamental y municipal incorporan a algunas mujeres. Sin embargo, sigue existiendo una subrepresentación de las mujeres en los partidos que continúan siendo machistas, autoritarios y excluyentes. La evidencia demuestra que la poca inclusión de las mujeres en los partidos políticos se da en todos los niveles. Sin embargo, es una constante que a medida que se asciende en la jerarquía del partido disminuye la presencia de mujeres.

Si bien las mujeres y los hombres se encuentran afiliados a los partidos políticos en porcentajes similares, en los Comités Ejecutivos Nacionales la representación de las mujeres es bastante baja, lo que significa que el poder político y la conducción y dirección de los partidos se encuentra en manos de los hombres, así como la designación de candidaturas a puestos de elección popular. Los partidos en su gran mayoría presentan mujeres en menor número y además en puestos que no son elegibles.

Por tanto, y como resultado de lo anterior, es muy bajo el número de mujeres que resultan electas. En las últimas elecciones, en junio de 2019, de 160 diputados, únicamente fueron electas 31 diputadas mujeres, lo que representa un 19.3%. En el ámbito local la situación es aún más drástica, solamente fueron electas 12 alcaldesas en toda la República, lo que representa el 3.54% del total de 340 Alcaldías.

La falta de representación política de las mujeres en el Congreso de la República y en el poder local es el resultado de las diversas barreras mencionadas con anterioridad, que se refleja en la participación e inclusión de las mujeres en los partidos políticos. Por tanto, esta situación justifica la búsqueda de métodos más eficaces para incrementar la participación política de las mujeres, como el sistema de cuota, uno de los mecanismos más aceptados y extendidos para revertir esta situación por demás injusta. En América Latina la gran mayoría de países ha incorporado, desde la década de los noventa, cuotas, y en los años recientes algunos países han introducido la paridad. Sin embargo, Guatemala es de los pocos países de la región sin haber incorporado ningún mecanismo de este tipo. La inclusión de las mujeres en la política queda a merced de lo que los partidos políticos consideren o quieran ya que son ellos quienes pueden promover medidas internas, así como reformar o legislar nuevas normas que establezcan medidas afirmativas.

Al profundizar en las características de los partidos políticos guatemaltecos en relación al tema de la participación política de las mujeres, es decir, el nivel de participación, las formas y los espacios ocupados por las mujeres en las estructuras partidarias, las reglas del juego internas para el acceso a las nominaciones electivas, tanto en el plano formal como en la práctica, así como la incorporación y el debate o no de las temas de igualdad de género, el análisis y la evidencia demuestran que en todos los ámbitos anteriormente mencionados los partidos políticos salen muy mal evaluados. Esto evidencia cuál es el estatus político de las mujeres al interior de los partidos y la posición de los mismos frente a la inclusión e igualdad.

Por tanto, las acciones a implementar en el ámbito de los partidos políticos están relacionadas, por un lado, con la introducción de cuotas de participación política o directamente la paridad, a nivel de los órganos de dirigencia y de los listados a cargos de elección popular. Por otro lado, también se deben promover reformas tendientes a la educación y formación cívico-política de la población, con especial énfasis en las mujeres, a la democratización de los partidos y, por último, y quizás el más importante, al aumento del financiamiento público que permita democratizar el acceso de hombres y mujeres a los partidos.

Definitivamente si lo que se quiere es construir una verdadera democracia es impostergable el establecimiento de acciones afirmativas. El proceso por sí solo llevará mucho tiempo y no es posible que Guatemala continúe, en pleno siglo XXI, excluyendo y discriminando de la participación política y la representatividad democrática de la mitad de la población.

 

Ligia Blanco

Subdirectora Técnica del Proyecto Acción Transformadora, implementado por IREX, con fondos de USAID, para el fortalecimiento de nuevos liderazgos políticos en Guatemala. Magister. en Ciencia Política en la Universidad Pantheon-Assas Paris II en Francia, realizó un posgrado en Estudios de Género en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)