La lógica de los medios de comunicación bajo la órbita de un sistema político de corte autoritario; los desfasajes temporales en la actualización de los datos, sesgos informativos, falta de libertad de expresión chocan de frente contra la realidad de un público cada vez más fragmentado y heterogéneo.

 

Los problemas del periodismo cubano pueden escucharse a diario en las calles, forman parte del repertorio de chistes nacionales, los denuncian los periodistas en todos y cada uno de los congresos de su organización. Incluso, los propios dirigentes, que son los máximos responsables de esas limitaciones, a veces enfilan los cañones contra el “secretismo”, la “autocensura”, el “triunfalismo” y todo lo demás que ellos mismos promueven, provocan y protagonizan una vez que terminan sus discursos.

De manera general, aunque existen casos salvables, la prensa oficial cubana es básicamente mala.

 

¿Qué trata la prensa oficial cubana?

Un profesor universitario cubano lo resumió de manera bastante certera: los medios nos cuentan el paraíso en que vivimos y el infierno que nos rodea.

Esta orientación —plasmada desde las Tesis y Resoluciones del Primer Congreso del Partido (Partido Comunista de Cuba, 1976)— tiene como trasfondo ideológico la intención de demostrar la superioridad del sistema social defendido por Cuba y unos pocos países, respecto al que impera en el resto del mundo. Una tarea que se asume prácticamente sin matices, como si el capitalismo fuera el mismo en todos los lugares y como si aquello que dice ser socialismo estuviera exento de contradicciones.

Varias investigaciones realizadas desde universidades cubanas han dado cuenta de esta disparidad entre el enfoque de la información nacional (positiva mayormente) y el de la internacional (generalmente negativa), y lo han denominado “nueva versión del mito del ying y el yang”, “síndrome del catalejo”, y otras formas que apuntan a deficiencias desde el punto de vista periodístico. Llama la atención que aquellas naciones capitalistas que han alcanzado importantes desarrollos económicos y en políticas sociales, por ejemplo, Canadá y los países escandinavos, constituyen prácticamente zonas de silencio en la prensa cubana.

En cuanto a la información nacional, una buena parte de las investigaciones realizadas sobre los medios de comunicación cubanos coinciden en señalar tres limitaciones básicas.

En primer lugar, las temáticas tratadas responden más a los intereses del Partido que a los de la gente. Se ha perdido el concepto de noticia. Las páginas de los periódicos y los noticieros de radio y televisión están llenas de reuniones, actos, visitas, chequeos y conmemoraciones (Ver Imagen 1) que no poseen ningún valor noticiable, mientras muchas de las cuestiones del día a día, que golpean directamente al cubano común brillan por su ausencia bajo el argumento de “no darle armas al enemigo”.

Este no es un problema puntual de un medio de comunicación, ni de un directivo, ni siquiera de una generación de periodistas. Es una dificultad que ha sido encontrada en casi todos los estudios realizados sin importar fecha ni geografía y es el resultado de una deformación estructural del sistema de prensa cubano subordinado al Partido Comunista de Cuba (PCC).

Segunda limitación: muchas de las veces en que la prensa aborda esas temáticas que sí constituyen preocupaciones populares, lo hace de una manera deficiente. Un estudio realizado sobre el diario Granma evidenció que mientras la población se quejaba del estado de los hospitales, la falta de medicamentos y la escasez de comida, el medio se enfocaba en ejemplos puntuales de sobrecumplimientos en la agricultura y en las bondades de los servicios médicos cubanos (Gallego y Rosabal, 2013).

Esto se logra a partir de dos estrategias fundamentales. Por una parte, dirigir la mirada hacia aspectos menos conflictivos del problema desviándose así de aquello que no se quiere mostrar; y por otra, con la estrategia del buen ejemplo: aunque el panorama en general sea negativo, la noticia se enfoca en la excepción y no en la regla, con la intención de mostrar que los problemas se deben a falta de ganas, errores humanos, mala implementación de lo establecido y no a cuestiones estructurales, como parece sugerir la persistencia de las mismas dificultades durante décadas.

Como resultado de todo esto tenemos una tercera limitación: una prensa que no cumple con su función social de vigilancia. Una prensa mansa que, en vez de parecerse a la figura del perro guardián, se asemeja más a la de un perro faldero de quien la dirige: el Partido. Una prensa triunfalista, que publica luego de que todos se han enterado de la noticia por otras vías, que no cuestiona al poder, que posee un sinnúmero de zonas oscuras y temas tabú, que casi no critica, que cuando lo hace parece que pidiera disculpas por hacerlo aun cuando generalmente se queda en la epidermis de los problemas, desactualizada en cuanto a las nuevas tendencias del periodismo y que, además, resulta generalmente aburrida.

Pueden encontrarse ejemplos que desmientan lo anterior, pero casi siempre se trata de casos aislados, intermitentes, de breves y efímeros momentos de flexibilidad, para luego regresar al panorama general entumecido desde hace décadas, y que es consustancial al modelo de prensa existente en Cuba, donde los medios no tienen autonomía, por ser parte del aparato político.

No obstante, esa es la prensa que según los últimos estudios de los que se disponen, continúa siendo la principal fuente de noticias de muchos cubanos (Ver Gráfico 2), en los soportes tradicionales e incluso en el mundo virtual, donde Cubadebate es el medio de comunicación más visitado desde el país (Alexa, 2020).

En ello influye evidentemente la ausencia de opciones, el poco desarrollo de hábitos para diversificar el consumo de noticias y la dificultad aún notable para acceder a otras fuentes que han ido perfilándose con la llegada de internet. No obstante, tampoco puede desconocerse que todavía una parte importante de la población cubana confía en la prensa oficial y vuelve a ella, ya sea para consultarla, para exigirle o para criticarla, como esperando que en algún momento le ofrezca aquello que en teoría debería darle, pero que no lo hace.

 

¿Qué le interesa a la gente en Cuba?

Esta es una pregunta muy difícil de responder, por dos razones fundamentales. La primera es que no existen en Cuba agencias encuestadoras ni estudios sistemáticos de audiencias o de opinión pública que permitan tomar el pulso a los intereses populares de manera certera. Los recursos que poseen algunos medios para estos fines son muy limitados y el mecanismo de recogida de opiniones que posee el Partido, es un instrumento cuasi-secreto a cuyos resultados es muy difícil acceder.

Por otra parte, como sucede en todo el mundo, el público cubano se ha diversificado y fragmentado muchísimo, de manera que existen múltiples intereses de grupos específicos, cada vez más distantes de esa idea del gran público homogéneo.

Aunque la pregunta sea difícil de contestar y la respuesta sea necesariamente imprecisa, hay varias pistas que pueden dar algunos nortes.

Investigaciones realizadas en diferentes universidades cubanas en la última década, exhiben la presencia constante y estable de un grupo de temas bien precisos: aquellos problemas que preocupan y afectan la vida diaria de la gente. Alimentación, salud, vivienda, gestión del gobierno, economía, transporte, precios, salarios. Las cosas que golpean a diario y que las personas necesitan sentir que alguien las visibiliza, las denuncia o les muestra una solución real. Son las preocupaciones más básicas, esas que pueden escucharse en las calles sin necesidad de muchos estudios.

Otra pista puede encontrarse en las trazas de lectura de los medios digitales. En aquellos que incluyen la sección de lo más visto, puede observarse cómo se repiten, junto a las noticias de alto impacto, las informaciones de utilidad, las temáticas poco tratadas en los medios oficiales, las historias llamativas de gente común y los temas polémicos.

 

Por otro lado, el alto nivel educacional de una parte importante de la población cubana y la ruptura de la burbuja en que vivía el país hasta la última década del pasado siglo, ha propiciado la aparición de intereses que suelen ser mucho más visibles en las redes sociales, donde logran articularse grupos afines, que en las calles.

Así pueden encontrarse porciones de públicos muy preocupados por temáticas relacionadas con libertades políticas, derechos civiles, económicos, libertad de expresión. Aunque no constituyan grupos mayoritarios, estos logran dar visibilidad y solidez a sus agendas no solo por la importancia de estas temáticas sino por la vehemencia con que las sostienen y la calidad con que las presentan. En este mismo contexto se encuentran los grupos interesados por la protección animal, los derechos de colectivos en condición de vulnerabilidad y otros similares.

Al igual que sucede en muchos países del mundo, en Cuba también una parte importante del consumo mediático se dirige más a las noticias relacionadas con el entretenimiento que con la política o cuestiones sociales. Una revisión de los sitios más visitados desde Cuba muestra claramente el lugar privilegiado que ocupan Facebook, páginas deportivas, plataformas de videos y webs de compraventa.

Otro dato relevante es el surgimiento de publicaciones independientes dentro del país, enfocadas en intereses específicos como música, moda, deportes, animales, millenials, cómics, videojuegos etc. El interés de estos medios no es llegar a grandes públicos generales, sino cubrir carencias e intereses de sectores que no encuentran una oferta que los satisfaga en los medios oficiales.

También vale destacar el consumo de infoentretenimiento y de noticias blandas o presentadas de forma sensacionalista, lo cual se refleja en el alto número de visitas que registran medios y programas al estilo de CiberCuba o el show de Alex Otaola.

Todo ello describe un panorama caracterizado por la persistencia de las necesidades informativas básicas; la diversificación de los públicos en función de intereses más específicos y también cierta sintonía con patrones de consumo noticiosos a nivel internacional.

 

¿Puede resolverse esta relación disfuncional?

No. Sin cambios estructurales, no.

En esencia, las carencias y limitaciones del periodismo oficial cubano son de naturaleza estructural: de la estructura del sistema de medios, de la estructura del sistema político cubano y de la relación que se establece entre ambos. De ahí la persistencia de estos problemas durante décadas y su similitud con lo ocurrido en países con sistemas políticos y mediáticos del mismo corte.

El sistema de medios cubanos asume los principales rasgos del modelo de prensa soviético: propiedad estatal-partidista absoluta sobre los medios de comunicación; subordinación al aparato ideológico del Partido Comunista, centralización y verticalidad del control de los flujos informativos y predominio de las funciones propagandística y educativa. Ello trae como resultado un entorno mediático carente de pluralidad donde la libertad de expresión se encuentra notablemente coartada, como demuestran la mayoría de los informes de organizaciones internacionales dedicadas a monitorear el comportamiento de este indicador (Reporteros sin Fronteras, 2019).

Por su parte, el sistema político cubano se caracteriza por el dominio de un partido político único, antidemocrático a lo interno y a lo externo, que con amparo constitucional secuestra o condiciona las funciones estatales, administrativas, legislativas y judiciales, con todas las implicaciones que ello tiene para la vida del país.

Por tanto, al estar directamente subordinado el periodismo a la cúpula partidista que dirige el país, es imposible que pueda cumplir a cabalidad con la función de fiscalización del poder que se espera de los medios como sistema. De esta forma, muchos de los temas que conforman la agenda de los públicos, porque son problemas que les afectan directamente, no encuentran cabida en los medios oficiales ya que entran dentro de la zona de responsabilidad de quienes deciden qué se publica y qué no. Por la misma causa, quedan excluidos también los discursos e iniciativas que cuestionan a dicho poder o que pueden ser percibidos como “sospechosos” al surgir de manera independiente.

Por otra parte, los sistemas mediático y político funcionan con lógicas y propósitos diferentes. Para el primero la información es la materia prima de un trabajo que solo se concreta cuando es externalizado, compartido, visibilizado. Para el segundo, la información es un recurso destinado a ser procesado para orientar la generación de acciones que contribuyan al funcionamiento del sistema de acuerdo con ciertos intereses y orientaciones. Ambas lógicas a menudo no son compatibles, por lo cual cuando se subordinan los medios en su totalidad al sistema político, priman las lógicas de este último, que trata la información como un recurso estratégico que debe ser administrado.

Ello provoca vacíos informativos, desfaces temporales entre la ocurrencia de los acontecimientos y su reflejo en los medios —debido a la demora que provocan las autorizaciones— y un discurso prácticamente homogéneo en torno a los hechos, más parecido a la propaganda o la comunicación gubernamental, que al periodismo.

Por último, está una cuestión de orden lógico. Las sociedades, por naturaleza son plurales, por tanto, no se pueden cubrirse estos intereses informativos diversos desde agendas mediáticas alineadas que responden a un único centro de poder.

Mientras los núcleos estructurales del sistema político y mediático cubano no sean modificados, es imposible superar las distancias entre los intereses informativos de los públicos y la oferta periodística de los medios de comunicación oficial. No pueden existir medios plurales donde no existen sistemas políticos que admitan cierto margen de pluralidad y disenso.

Los cubanos necesitan medios que sean capaces de contarles un país tan variado y real como ellos mismos. Algo muy difícil de lograr con el actual estado de cosas. Esta situación, abre un sinnúmero de posibilidades para la hornada de revistas, sitios, canales y periódicos digitales que han surgido en los últimos años y que a medida que se democratice el acceso a internet deben crecer en visibilidad y públicos fidelizados, aunque en un ambiente cada más crispado y hostil con los sistemas mediático y político a los cuales intentan disputarle su hegemonía informativa y en la construcción de sentidos.

 

 

Referencias

Alexa. (2020). Cuba top sites. Recuperado el 19 de febrero de 2020, de https://www.alexa.com/topsites/countries/CU

Gallego, J. R., y Rosabal, A. (2013). Las cartas sobre la mesa. Un estudio sobre la relación entre agenda pública y mediática en Cuba: caso Granma. Signo y Pensamiento XXXII(62), 98-113.

Muñiz, V., & Castillo, Y. (2017). La brecha entre medios y públicos en Cuba. Pautas para un diálogo necesario desde la agenda setting. Alcance. Revista Cubana de Información y Comunicación, 6(13), 87-111.

NORC at the University of Chicago. (2017). A Rare Look Inside Cuban Society: A New Survey of Cuban Public Opinion.  Recuperado de https://www.norc.org/PDFs/Survey%20of%20Cuban%20Opinion/NORC_Cuba_Report_2017_DTPv7r1.pdf

Partido Comunista de Cuba. (1976). Sobre los medios de difusión masiva. In Partido Comunista de Cuba (Ed.), Tesis y Resoluciones. Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (pp. 327-364). La Habana: Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central de Partido Comunista de Cuba.

Reporteros sin Fronteras. (2019). Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa.   Retrieved 30 de noviembre de 2019, from https://rsf.org/es/la-clasificacion-mundial-de-la-libertad-de-prensa

 

[1] Una versión inicial de este texto fue publicada en el sitio ADNCuba.

 

José Raúl Gallego Ramos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana y la Universidad de Guadalajara. Estudiante del Doctorado en Comunicación de la Universidad Iberoamericana. Sus principales áreas de estudio son las relaciones entre agendas públicas, políticas y mediáticas, la regulación de la prensa y los estudios metateóricos. Colaborador de medios de prensa independientes cubanos.