Análisis de los factores que llevaron a la crisis política e institucional que dejó a la democracia boliviana a la intemperie.

¿Qué motivó a los ciudadanos de todos los orígenes sociales, económicos y geográficos de Bolivia a tomar las calles durante 21 días en una protesta pacífica y espontánea contra el gobierno de Evo Morales, entre el 20 de octubre y el 11 de noviembre de 2019?.

¿Qué sucedió para que el otrora popular Evo Morales, acabara su gobierno renunciando y huyendo a México, repudiado por la mayoría de los bolivianos, apenas concluidas las elecciones presidenciales?

Una cadena de hechos ocurridos en los últimos años explica el progresivo deterioro de la imagen de Evo Morales y el desprestigio de su gobierno autocrático. En este artículo intentaremos analizar las circunstancias que volcaron los vientos en contra de Evo Morales y su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS).

Empezaremos por analizar las características del supuesto discurso indígena de Evo Morales, el marketing  político más exitoso de su gobierno, difundido a través de las eficientes estructuras políticas y mediáticas de la izquierda internacional. En segundo lugar, señalaremos dos fenómenos que desgastaron al MAS ante la opinión pública:  la hiper corrupción, y las contradicciones entre su discurso de protección a la “madre tierra“ y las políticas extractivas de recursos naturales y expansión de los cultivos de coca para el narcotráfico. Finalmente, veremos cómo el pueblo boliviano se enfrentó masivamente a la estrategia de Evo Morales de perpetuarse en el poder bajo los modelos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

  • Un populismo autocrático que utilizó el discurso indígena para encubrir reivindicaciones ideológicas.

El populismo de Evo Morales no fue, como la narrativa externa de la izquierda internacional hizo creer al mundo, un movimiento basado en reivindicaciones indígenas; sino que respondía a los intereses de un movimiento social altamente politizado, alrededor de sindicatos y, sobre todo, del movimiento cocalero del Chapare, del que Evo Morales es Presidente. Como expresó el ex Vice Presidente indígena V.H. Cárdenas: “Morales no representa la ideología indígena, es un líder sindical“. Ese es un dato esencial para entender lo que sucedió en Bolivia durante los 14 años de gobierno del MAS.

Para los movimientos sociales de Morales, las posiciones ideológicas fueron más importantes que las reivindicaciones indígenas, que son más locales y están más relacionadas con oportunidades de desarrollo de sus comunidades.

Como expresó el filósofo boliviano HCF Mancilla, refiriéndose al gobierno de Evo Morales El resultado es el surgimiento de una élite gobernante convencional: el reino de los más astutos, que preserva el antiguo ámbito de la inmovilidad, la intransparencia y la arbitrariedad (…).“ La incorporación de las masas indígenas al proceso político –mejor dicho: de los que hablan en nombre de las masas indígenas– no ha conllevado una democratización profunda de la formación de voluntades políticas en el área rural boliviana, sino una consolidación de prácticas autoritarias habituales, pese a la insubordinación de segmentos del campesinado“. [1] 

El “leitmotiv“ del gobierno de Morales fue lograr el control absoluto de todos los poderes del Estado. Con ese objeto, construyó un lenguaje que le permitía culpar de todos los males a supuestos enemigos: el capitalismo, Estados Unidos, la derecha, los liberales. Morales desconfiaba de las instituciones de la democracia representativa y buscó destruirlas desde dentro. En una ocasión confesó públicamente, cuando estaba en la cúspide del poder y de la popularidad: “Cuando algún jurista me dice Evo te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal, bueno yo le meto, por más que sea ilegal, después les digo a los abogados, si es ilegal, legalicen ustedes, sino para qué han estudiado”,[2]

Por otro lado, las circunstancias internacionales fueron propicias para insertarse en un proyecto populista regional, diseñado por el ex Presidente de Brasil, Lula de Silva y por Fidel Castro; financiado por Hugo Chávez y compuesto por otros países como Argentina, Nicaragua y Ecuador.

  • Desmontar los engranajes de la democracia, desde adentro, para construir una hegemonía a la cubana o venezolana.

Mucho se comenta el consejo que Fidel Castro habría dado a sus discípulos Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales, en una reunión en La Habana, de que debían tomar el poder, no a través de una revolución armada, sino, dado que ellos eran populares, a través de elecciones democráticas. Pero una vez en el poder, deberían tomar control completo del Estado y no dejar nunca más el poder. Eso implicaba el control de los otros poderes e instituciones del Estado, y sobre todo, el control de los militares. Castro sabía que una revolución no podía durar si ésta no controlaba el ejército. Esos consejos fueron llevados a cabo al pie de la letra por sus acólitos. Parece que el alumno menos aventajado fue Evo Morales, que acabó huyendo a México.

Bajo esa visión, Evo Morales confirmaba el 19 de agosto de 2018, en el Chapare, la zona de cultivo de las hojas de coca que alimenta, en un 90% el tráfico de cocaína, su deseo de quedarse indefinidamente en el poder: “No estamos de inquilinos, no estamos de pasajeros, no estamos en alquiler, los movimientos sociales, el pueblo antiimperialista, se va a quedar para siempre en el Gobierno “.[3]

Evo Morales estaba confiado. Había logrado el poder absoluto, con dos tercios de los votos en la Asamblea Legislativa controlados por su partido. El MAS contaba con la mayoría suficiente para no buscar compromisos con la oposición, y la impunidad suficiente para evadir los mecanismos de control del poder que le obligaran a responder por sus actos.

La consecuencia de ese manejo discrecional del poder fue la principal causa del deterioro institucional del Estado boliviano durante los 14 años del gobierno de Evo Morales. El efecto más nocivo se produjo en el sistema judicial; que se convirtió en un instrumento de persecución política y el vehículo para avanzar la agenda del MAS de construcción de un poder hegemónico en el país. Aunque la justicia boliviana fue históricamente defectuosa, nunca llegó al extremo en que la colocó el gobierno del MAS, de desintegrarse en las ciénagas de la corrupción y el abuso de poder.

  • Los indicios de corrupción fueron uno de los elementos que inició el divorcio de la opinión pública con la gestión del gobierno del MAS.

El primer caso público de corrupción del gobierno de Evo Morales fue el “Fondo Indígena“,  cuyo objetivo era financiar proyectos de desarrollo a favor de organizaciones campesinas en Bolivia. Se comprobó que muchos de esos proyectos eran fantasmas, y que los recursos pasaron de las arcas públicas a cuentas privadas de seguidores del partido de Evo Morales. Fue el caso de corrupción más grande desde que el ahora ex presidente Evo Morales tomó posesión en 2006.

Luego vino un enorme caso de corrupción envuelto en un melodrama romántico que involucra oscuras adjudicaciones de contratos públicos por más de 600 millones de dólares a una empresa estatal china, cuya gerente resultó ser una amante del Presidente Morales con la que, según declaraciones del propio ex Presidente, tuvo un hijo. El gobierno de Evo otorgó los proyectos de desarrollo más importantes del país, por montos superiores a 1,500 millones de dólares, a empresas estatales chinas, mediante adjudicaciones sin vestigio de transparencia ni competencia.

Bajo el señor Morales, Bolivia se convirtió en una democracia disfuncional que derrochaba el dinero que ganaba con los productos básicos en una combinación de corrupción, proyectos faraónicos y programas sociales a corto plazo. Esos ingresos se desvanecieron en escándalos y proyectos de vanidad. Morales construyó un museo para exhibir sus atuendos deportivos. Erigió un lujoso edificio que destruyó la estética colonial del centro histórico de La Paz y lo llamó la Casa del Pueblo, emulando a Nicolae Ceausescu en Rumania. El mayor auge económico, durante el gobierno de Morales, se convirtió en la mayor oportunidad perdida en la historia boliviana.[4]

  • Las contradicciones entre su discurso de protección a la “madre tierra“ y las políticas extractivas de recursos naturales y expansión de los cultivos de coca para el narcotráfico.

Otro escándalo del gobierno de Evo Morales fue la carretera que pretendió dividir el Territorio indígena y Parque Nacional Isiboro Secure (TIPNIS). El TIPNIS es un extenso polígono de bosques y sabanas (más de un millón de hectáreas) habitado por comunidades indígenas y ubicado entre la llanura del departamento tropical del Beni y las sierras subandinas de Cochabamba. Evo Morales pretendió construir una carretera, adjudicada con sobreprecios a una empresa constructora brasileña (OAS), afiliada al consorcio corrupto de Odebrecht. Sin consulta previa a los pueblos indígenas del TIPNIS, el gobierno intentó iniciar las obras que partirían en dos un área indígena y reserva ecológica con una gran biodiversidad. Fue el proyecto más cuestionado del gobierno de Morales y marcó las diferencias entre el discurso indigenista del gobierno, y los indígenas de las tierras bajas del país. Fue una decisión abusiva de Evo Morales que ignoró las disposiciones constitucionales de consulta previa a los pueblos originarios.

Finalmente, el año 2019, sucedió otra tragedia ambiental en Bolivia, el incendio en las extensas llanuras tropicales de la Chiquitanía boliviana, en el Departamento de Santa Cruz. El fuego, que consumió parte de la Chiquitanía (5.3 millones de hectáreas), se encuentra entre los desastres ecológicos más devastadores de la historia del país. Tuvo su origen, en una disposición legal del gobierno de Evo Morales que autorizó la “quema controlada“ de los bosques de la Chiquitanía y la Amazonía boliviana. Estos incendios provocaron también una gran reacción de los jóvenes contra el gobierno, y fue uno de los detonantes del movimiento protestatario pacífico que posteriormente se articuló frente al fraude electoral de Evo Morales. Las políticas ambientales de Evo Morales fueron resistidas por amplios grupos indígenas, a los que se unieron paulatinamente otras reivindicaciones de las mujeres y los jóvenes. Como la sociólogo Silvia Rivera lo predijo, años antes, “ el terreno de unión es la defensa de la madre tierra. Y el nexo con las luchas territoriales y ambientales sobre todo de indígenas de tierras bajas en Bolivia. Yo creo que ahí está el lugar del nexo más fructífero porque une las reivindicaciones feministas con las luchas más territoriales y ambientales de los pueblos indígenas..“.[5]

  • La “revolución de las pititas“, una masiva rebelión ciudadana pacífica y espontánea contra la tiranía

En el año 2009 se aprobó, mediante referéndum, una nueva Constitución que prevé un mandato de 5 años y sólo una reelección continua. Evo Morales ignoró esa prohibición y ejerció la presidencia por tres períodos consecutivos desde 2006. En el año 2016 convocó a un nuevo referéndum para modificar la Constitución y permitir su reelección indefinida. Los votantes rechazaron la reelección indefinida; pero ello no detuvo su deseo de perpetuarse en el poder, y procedió a alegar ante el Tribunal Constitucional, bajo su control, que el artículo constitucional que prohíbe la reelección viola su derecho humano, derecho supuestamente consagrado en la Convención Americana de Derechos Humanos.

En 2016 Morales convocó a un referéndum para modificar la Constitución y permitir su reelección. Los votantes rechazaron esta modificación; pero ello no detuvo su deseo de perpetuarse en el poder, y posteriormente alegó ante el Tribunal Constitucional, bajo su control, que negarle la reelección violaba su derecho humano, supuestamente establecido en la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH).  El tribunal Constitucional, absurdamente y sin competencia para interpretar la CADH,  declaró inconstitucional la Constitución y aceptó el recurso planteado por Evo Morales. Posteriormente, el Tribunal Electoral acató esa decisión e inscribió a Evo Morales como candidato a la presidencia.

Inconstitucionalmente habilitado, Evo Morales se llevó una sorpresa con el resultado de las elecciones. Cuando el sistema de conteo rápido de actas ya digitalizadas alcanzaba el 83,3% de los votos, coincidiendo con tres conteos rápidos sobre el 100% de los votos —uno de una empresa contratada por el Gobierno, otro de un canal de la Universidad, y un tercero internamente realizado por la Misión de la Organización de Estados Americanos (OEA)—, daba por confirmado que Evo Morales no tenía el 10% de diferencia con el segundo candidato más votado, Carlos Mesa, y que, por tanto, correspondía una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados.

Sorpresivamente, en la noche del día de la elección, la presidenta del Tribunal Electoral ordenó suspender el conteo. Esa interrupción duró un día, tras la cual se anunció que Evo Morales superaba con cinco décimas los diez puntos de diferencia y, por tanto, era el presidente electo de Bolivia. Este episodio surreal causó la reacción del jefe de la misión de la OEA, el ex Canciller de Costa Rica, Manuel González, quien expresó su indignación por esa interrupción y llamó a realizar una segunda vuelta para evitar la violencia.

Ante el rechazo de Morales a la segunda vuelta, se desató una combinación de fuerzas incontrolables que llevó a una gran parte de los ciudadanos a salir a las calles durante 21 días. A medida que la indignación crecía, la oposición pasa a reclamar una nueva elección. A partir de ese momento, la protesta es organizada por los comités cívicos de los departamentos, que desplazan a los partidos políticos y encauzan la rebelión de la población. Jóvenes en las calles, con música y manifestaciones artísticas, generan nuevos símbolos, imágenes y eslóganes que unen a todos.

La rebelión ciudadana pacífica en Bolivia fue impulsada por jóvenes, mujeres, indígenas de todas las regiones del país y de todos los sectores sociales que, indignados por el ultraje a su voto y el daño al medio ambiente por la quema de la Chiquitanía, y concluyó con el fin de la tiranía de Evo Morales, quien los menospreció con la frase ‘unas pititas y unas llantitas, nosotros vamos a darles cátedra de cómo se bloquea’2. Las protestas de los diversos sectores de la sociedad civil en contra de la manipulación de la voluntad popular fueron de tal magnitud que pocas horas antes de la renuncia de Evo Morales, la propia Central Obrera Boliviana le pidió́ que diera un paso al costado.15

El 9 de noviembre, el secretario general de la OEA declaró que “la elección del 20 de octubre debe ser anulada y el proceso electoral debe comenzar nuevamente”. Y añadió que se requiere “una nueva composición del órgano electoral”. El informe de la auditoría hizo un recuento de la magnitud y diversidad de los delitos electorales. Como señaló el informe de la OEA, “No hubo uno, sino varios fraudes, realizados por manos diferentes, lo que se puede observar por su método. Unos fueron toscos y burdos, otros intentaron ser tecnológicos y sofisticados; todos se reflejaron en los resultados finales proclamados por el Tribunal Superior Electoral (TSE)”.[6]

A partir de ese momento, la presión social frente a un gobierno que se burló de su voto encuentra a la policía y al ejército en la disyuntiva de reprimir al pueblo en rebelión o de unirse a este. Primero la policía, y luego el ejército decidieron replegarse. El ejército declaró que “las Fuerzas Armadas no tomarán las armas contra su pueblo”. Esto llevó a Morales a presentar su renuncia en una conferencia de prensa donde se victimizó y dijo que desde el Chapare continuaría la lucha. Al poco tiempo, se viajó a continuar la lucha a México.

Una vez que se produce la sucesión constitucional, después de días de violencia, la senadora Jeanine Añez tomó posesión como Presidente interina, manteniendo el hilo constitucional, como interpretó el Tribunal Constitucional. Ese día, Almagro declaró que en Bolivia sí hubo un golpe de Estado, pero que lo llevó a cabo Evo Morales el día de la elección.

Conclusión

Bolivia vive uno de los momentos más críticos de su historia contemporánea. La recuperación de las instituciones democráticas es lo que esperan los bolivianos. Sin embargo, este proceso se dará en medio de una compleja situación que combina una economía en crisis y profundas fracturas políticas y sociales promovidas por Morales. Los bolivianos esperan soluciones, ya no quieren seguir de esperanza en esperanza, como los jugadores de lotería, que se consuelan de su pérdida pensando que ganarán la próxima vez. Esta experiencia traumática ha llevado a los bolivianos a comprender que la verdadera libertad no depende de ideologías, ni de buenas intenciones de los gobernantes, sino de leyes y de un efectivo equilibrio de poderes.

La reciente crisis política en Bolivia, originada en el fraude electoral, que concluyó con la renuncia de Evo Morales, la anulación de las elecciones por la Asamblea Legislativa y una sucesión Constitucional en la presidencia de la República, fue inmediatamente atacada por una falsa narrativa construida por la izquierda internacional que se resintió por el fin de la autocracia socialista de Evo Morales. Como señaló Elizabeth Deheza, en su análisis sobre la caída de Morales, “ a pesar de estos hechos, algunas organizaciones y medios internacionales, escasamente informadas, han representado la situación como un “golpe de estado” y a la nueva Presidente interina, Jeanine Añez, como “autoproclamada”. Sin embargo, según nuestros hallazgos, ninguna de estas representaciones es verdadera. De hecho, en los últimos años, una corriente de “verdades” aceptadas bastante parecidas sobre Bolivia ha empezado a echar raíces. La historia reciente de Bolivia se ha idealizado sobre la base de políticas públicas centradas en la unidad, la equidad y la integración económica, pero el compromiso del gobierno con estas políticas nunca fue del todo sincero. En realidad, la caída de Evo Morales marcó el final de casi 14 años de gobierno progresivamente más autocrático, y el crecimiento que Bolivia disfrutó durante este tiempo se atribuye, en realidad, al efecto a largo plazo de las políticas promulgadas en décadas anteriores y a un auge fortuito de las materias primas mundiales.”[7]

La lección aprendida con la democracia disfuncional de Evo Morales y el MAS, es que esos proyectos de “sociedades más justas”, como demuestra la historia, son proyectos que siempre acabaron en tragedia. Ya en el siglo XIX el poeta Hölderlin lo anunció, “Los que transformaron sus Estados en un infierno son los mismos hombres que ofrecieron hacer de éstos un paraíso”.

 

[1] Ver a H.C.F. Mancilla; página Editorial El Día, 18 de enero, 2014

[2] Evo Morales, Youtube, Julio 30,2008, https://www.youtube.com/watch?v=iQgppmweyOg

[3] Página Siete: “La  Revolución de las Pititas“ñ 34 crónicas periodísticas sobre la caída de Evo Morales. Mery Vaca, pag .115. La Paz, Bolivia, 2019

[4] Ver Aparicio, Jaime, Carta al The Economist , Abril2, 2020;  https://www.economist.com/letters/2020/04/04/letters-to-the-editor?frsc=dg%7Ce

[5] Silvia Rivera Cusicanqui; “Un llamado a repolitizar la vida cotidiana“; latinta.com.ar; 27\2\2018

[6]Flores Gonzalo, Página Siete, Autopsia del fraude en las elecciones de 2019, Suplemento  IDEAS, 26/1/2020

[7] Deheza, Elizabeth, “Moral-less“ Bolivia se encamina hacia un nuevo capítulo; Deheza Ltd. (www.deheza.co.uk) Londres, 23/12/2019

 

Jaime Aparicio Otero

Abogado y diplomático, ocupó las siguientes funciones: Embajador de Bolivia en Estados Unidos; en Misión Especial ante Naciones Unidas y Representante ante UNESCO. Miembro del Comité Jurídico Interamericano, del cual fue Presidente. Asesor del Secretario General de la OEA, César Gaviria. Co-Director del periódico “La Razón” de La Paz, Profesor de Derecho Internacional Público en la Universidad Católica. Actualmente es Representante Permanente de Bolivia ante la OEA y Agente de Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya.