En América Latina el panorama es complicado para los países donde los gobiernos de la denominada “nueva izquierda” han ingresado en periodos de graves problemas tanto políticos como económicos. Estados Unidos, bajo la administración Trump, se ha ubicado en un lugar de oposición abierta y alejado de varios intentos de negociación lo cual posibilita el acercamiento de viejos aliados.

Con el cambio de administración en el ejecutivo estadounidense en 2017, la posición que el presidente Obama había tomado con respecto a Cuba cambió.

Trump desarticuló la distención iniciada en el periodo 2009-2017, entre 2018 y 2019 endureció medidas con respecto a los contingentes de viajes, anunció nuevas restricciones económicas a entidades vinculadas a lo militar o los servicios de inteligencia cubanos y la aplicación de la Ley Helms-Burton (que permite reclamar en los tribunales estadounidenses algunas propiedades y demandas a empresas extranjeras que han invertido en bienes expropiados).

Washington justifica sus medidas haciendo referencia a que el gobierno cubano apoya “a los adversarios estadounidenses en lugares como Venezuela y Nicaragua”. El gobierno estadounidense ha dicho repetidas veces que Maduro se ha rodeado de oficiales de seguridad e inteligencia cubanos, debido a la estrecha relación entre ambos países.

En abril de 2019, el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, dijo que el gobierno de Nicolás Maduro representa una amenaza para Estados Unidos, en una audiencia ante un comité del Senado en la que subrayó que el régimen venezolano continúa recibiendo asistencia de Rusia, Cuba e Irán.

Como tal, y en parte por la herencia comunista de buenas relaciones entre estos países, desde el gobierno de Rusia se ha buscado durante los últimos meses que ambos países fortalezcan sus lazos bilaterales en todos los ámbitos, pese a las presiones y el bloqueo de Estados Unidos a la isla. Los mandatarios pactaron la creación de un frente defensivo para hacer frente a las decisiones de la administración de Donald Trump.

En referencia al paquete de sanciones y restricciones, Vladimir Putin, mandatario ruso, ha condenado públicamente las presiones unilaterales de Estados Unidos a Cuba, y llamó a la comunidad internacional a no permitir este tipo de políticas.

El presidente cubano Díaz Canel ha visitado Rusia en 2018, el encuentro no estuvo motivado solamente por el enfriamiento de las relaciones con Estados Unidos, sino también por la crisis en Venezuela: el Gobierno cubano ha estrechado sus relaciones con Rusia, con la firma de varios acuerdos en campos como la energía. La crisis venezolana afecta de manera directa a la economía de la isla, que además ha visto resentidos los ingresos por los obstáculos que han disminuido la actividad turística.

Por su parte, la Asamblea General aprobó con 189 votos a favor, ninguna abstención y los únicos votos en contra de EEUU e Israel la resolución propuesta por la delegación cubana en contra del embargo. La presidente de la AGNU, María Fernanda Espinosa, ha declarado que “con respecto al tema del bloqueo norteamericano, la voz de la Asamblea General de la ONU ha sido clara, fuerte y contundente (…) la carta de Naciones Unidas no acompaña la aplicación de medidas unilaterales, que afectan a los pueblos de cualquier país”.

En lo que sigue, las perspectivas no son buenas a menos que tanto Estados Unidos como Cuba decidan negociar diplomáticamente y ceder en cuanto a algunas condiciones o exigencias para poder exigir respuestas en otras cuestiones, siguiendo las líneas del Derecho Internacional y buscando el desarrollo de todas las naciones.