El 27 de octubre será el acto eleccionario para elegir Presidente y Parlamento. Oficialismo y oposición confían en ser los vencedores. La paridad y la incertidumbre marcan la campaña electoral.

En el año 1994 se produjo la “elección de los tercios” en el Uruguay. Los tres partidos políticos más grandes quedaron prácticamente igualados, llevándose cada uno la tercera parte del electorado en unos comicios tan parejos que se debió esperar hasta el último voto para saber quién había ganado. En aquel entonces el vencedor fue Julio María Sanguinetti, que volvía a ser presidente de la República tras serlo en el período 1985-1990. Su Partido Colorado obtuvo el 32,35% de las adhesiones, mientras que el Partido Nacional logró el 31,21% y el Frente Amplio el 30,61%.

Las elecciones presidenciales del año 1994 significaron un mojón. Se quebraba el bipartidismo histórico entre colorados y blancos, colectividades políticas constructoras del país desde el inicio mismo de la vida independiente del Uruguay. El Partido Colorado gobernó la mayor parte del tiempo y el Partido Nacional lo hizo de manera esporádica. Sin embargo, no se puede entender la historia de esta república sudamericana sin la actuación de ambos. Pero se colaba un “tercero en discordia”. Para la mitad de la década de 1990, el Frente Amplio confirmaba ser un actor principal de la escena política y su crecimiento era una realidad incontrastable. Su éxito radicó en conformar una coalición entre decenas de partidos de izquierda que por sí solos no lograban incidir. Socialistas, comunistas, social-demócratas, demócratas-cristianos, anarquistas, revolucionarios, sindicalistas y escindidos de los partidos tradicionales,  se unieron en 1971. Más adelante, con la incorporación del grupo guerrillero Tupamaros a la vida democrática se conformó un frente con un gran potencial político-electoral.

Ante el panorama de aquellas elecciones del 94’, con un país divido en tres, con grandes dificultades para gobernar y unas candidaturas múltiples que fragmentaban aún más a los partidos, se aprobó una reforma constitucional en 1996 que estableció elecciones primarias para definir candidatos únicos y la instauración de la instancia de balotaje si ningún partido alcanzaba el 50%+1 de los votos. Esto último fue criticado por la coalición de izquierda, que argumentó que se trató de una barrera impuesta por colorados y blancos para impedirle alcanzar el gobierno.

Las elecciones de 1999, las primeras con el nuevo sistema, ratificaron al Frente Amplio como el partido más votado del país, alcanzando el 39,06% de los votos, seguido por el Partido Colorado con 31,93% y el Partido Nacional con 21,72%. Los dos primeros pasaron al balotaje, quedándose el colorado Jorge Batlle con la Presidencia tras derrotar, con el apoyo de los blancos, al frenteamplista Tabaré Vázquez.

La oportunidad para el Frente Amplio iba a llegar cinco años después. El 2004 marcó otro quiebre en la historia política del Uruguay. Por primera vez, la izquierda alcanzó el gobierno y lo hizo de manera contundente. La crisis económica y social del año 2002, una de las más graves del país, sumió en la pobreza a casi la mitad de la población, expulsó a miles de personas al exterior, dinamitó al Partido Colorado y le dio el empujón al Frente Amplio. Tabaré Vázquez, un médico oncólogo nacido en el popular barrio capitalino de La Teja y que había sido el primer intendente de izquierda de Montevideo en 1990, ganó con el 50,45% de los sufragios y un respaldo popular inédito para un mandatario uruguayo hasta entonces. Comenzaba allí una hegemonía de la izquierda que llega hasta el presente.

Frente Amplio: 15 años en el poder

Una vez que se puso la banda presidencial, Tabaré Vázquez recibió un país que empezaba a crecer económicamente. El saliente gobierno de Jorge Batlle dejó un déficit fiscal del 1,9% del PBI y el número más bajo de funcionarios públicos desde 1995. Las materias primas producidas por Uruguay, en especial la soja, comenzaban a tener un valor enorme al impulso, principalmente, del despertar de China. El país ingresaba en su época más prolongada de bonanza y crecimiento de la economía. Sin embargo, la situación social presentaba una fractura sin precedentes.

La primera administración de Vázquez estuvo marcada por las reformas y un plan de emergencia social que buscó paliar la situación generada por la crisis. Fue así que se reformó la estructura tributaria, el sistema de salud, la matriz energética, se entregó una laptotp a cada estudiante y se produjo una recuperación salarial de los trabajadores. Las inversiones llegaron en gran número y el país solidificó su imagen internacional. Como oncólogo, llevó adelante una agresiva política contra el tabaquismo, algo que le valió reconocimiento dentro y fuera de fronteras. La pobreza descendió, así como el desempleo y la informalidad.

El Frente Amplio logró repetir en las elecciones de 2009 y Vázquez le pasó la posta a José “Pepe” Mujica, un exguerrillero que se levantó en armas contra un gobierno democrático a mediados de la década de los 60’, con el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros. Tras estar 13 años en la cárcel, la mayoría de ellos bajo la dictadura militar y en condiciones de extrema dureza,  se incorporó desde 1985 a la política nacional aceptando las reglas del juego democrático. Fue diputado, senador y ministro de Ganadería, hasta llegar a la presidencia de la República con un gran respaldo popular en las urnas.

Su administración no estuvo alejada de polémicas ni de los flashes internacionales, atraídos por la avasallante personalidad de un líder político totalmente atípico. Llegó a ser denominado por la prensa mundial como “el presidente más pobre del mundo”. En este período se profundizó en la llamada “nueva agenda de derechos”, que permitió el matrimonio igualitario, la interrupción voluntaria del embarazo y la resistida legalización del comercio de cannabis.

En esos años, que van del 2010 al 2015, se incrementó exponencialmente la cantidad de funcionarios públicos y el déficit fiscal. Propios y ajenos lo criticaron duramente por la falta de controles en el gasto y por el despilfarro de los dineros públicos. Uruguay viró su política internacional y formó parte activa del eje bolivariano, con intensas relaciones políticas y comerciales con la Venezuela chavista y la Argentina kirchnerista. La sombra de la corrupción también se posó en este período con dudosos negocios entre empresarios ligados al sector político de Mujica con Venezuela, beneficios a empresas cercanas y sospechas de dolo en la aerolínea estatal Pluna, que terminó cerrando y la petrolera estatal Ancap, que registró pérdidas por 800 millones de dólares.

Empujado por encuestas que le eran adversas al Frente Amplio y a pesar de un anunciado retiro, Tabaré Vázquez volvió a la escena política como garantía de victoria electoral para los comicios de 2014. El expresidente consiguió el triunfo y regresó al sillón presidencial para gobernar el período 2015-2020. A diferencia de su primer mandato, estos años los debió navegar con una economía en declive, practicando un ajuste en las tarifas que resintió los bolsillos de los ciudadanos, con un deterioro marcado en varios indicadores, como ser el desempleo que se acerca al 10% y un déficit fiscal descontrolado que roza el 5% del PBI.

A la situación económica, se suman cifras alarmantes en materia de seguridad: en el segundo semestre de 2018, el aumento de los homicidios fue del 60% comparado al año anterior, alcanzando la cifra de 11 cada 100 mil habitantes. Las rapiñas y hurtos también se multiplicaron. La realidad de las bandas de narcotráfico y sus lógicas de disputa se adueñaron de barrios periféricos de Montevideo y ciudades del interior.

En materia de educación los datos tampoco son alentadores. Según el estatal Instituto Nacional de Evaluación Educativa, se universalizó la enseñanza en el Uruguay pero solo el 43% de los alumnos terminan la secundaria, es decir, completan el ciclo lectivo. En cuanto a los aprendizajes, la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande.

La escandalosa renuncia del vicepresidente Raúl Sendic, acosado judicialmente por corrupción durante su gestión como presidente de la petrolera Ancap y mediáticamente por mentir respecto a su formación académica, significó un duro golpe para el gobierno de Vázquez. El apoyo al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela y la no condena del mismo, también incidieron en el desgaste de la popularidad del mandatario, que vio caer sistemáticamente sus índices de aprobación.

A sus 79 años de edad, Tabaré Vázquez sufrió dos duros golpes personales en cuestión de días y hacia el final del mandato. Su esposa y compañera de toda la vida, la primera dama María Auxiliadora Delgado, falleció. Pocas semanas después, anunció en conferencia de prensa que padece un cáncer de pulmón.

El camino a las urnas

A falta de menos de un mes para las elecciones nacionales, que se realizarán el 27 de octubre y llevarán a las urnas a más de dos millones y medio de personas, la paridad y la incertidumbre marcan una campaña electoral fría. Las diferentes encuestadoras presentan resultados tan dispares, que nadie se atreve a vaticinar lo que sucederá. Sin embargo, algunas cosas parecen confirmarse. La primera es que después de tres períodos con mayorías parlamentarias por parte del Frente Amplio, el Uruguay se encamina a un parlamento multicolor, dividido y con un papel preponderante.

De 11 partidos políticos que compiten en la contienda, ocho tienen hoy chances de ingresar al Palacio Legislativo. Esto representará un desafío para el nuevo gobierno: negociación y discusión que pueden significar un problema para la gobernabilidad y la concreción de proyectos.

Según los sondeos de opinión pública, la coalición gobernante está en un piso del 40% y la oposición, difuminada en múltiples partidos, hace cuentas para intentar arrebatarle el poder a la izquierda. El segundo lugar le pertenece, según los relevamientos, al Partido Nacional, que históricamente ha rondado entre el 25 y 30% de los votos. Sabe que si quiere ganar deberá aliarse al Partido Colorado y en caso de ser gobierno, construir una coalición. Este último marca entre 12 y 18%.

La sorpresa de la actual campaña electoral la está dando un sector nuevo. Se trata de Cabildo Abierto, liderado por el excomandante en jefe del Ejército Guido Manini Ríos. El general retirado llegó a la comandancia de la fuerza terrestre en el año 2015 y utilizó su rol para edificar una figura reconocida y con proyección, al límite de la Constitución. En Uruguay, la actividad política está vedada para los militares. Sin embargo, Manini Ríos aprovechó discursos y entrevistas para criticar al gobierno. A tal punto llegó la tensión entre el Comandante y el Presidente, que este último lo arrestó a rigor por 30 días y terminó cesándolo por cuestionamientos a la actuación de la Justicia en casos de militares procesados por violaciones a los derechos humanos.

Una vez fuera del ámbito castrense, Manini Ríos comenzó su carrera política, que ha sido meteórica y que lo colocó como cuarta fuerza en las pasadas elecciones internas no obligatorias. La última encuesta de la consultora Opción, indicó que Cabildo Abierto empata al Partido Colorado en el tercer lugar con un 12%. Si las proyecciones se confirman, será un jugador preponderante e ineludible para el próximo período. Para los analistas, Cabildo Abierto se sitúa en la derecha del espectro político y no son pocos los que lo señalan como de extrema derecha. Un discurso antipolítica, de reivindicación de la figura del prócer José Artigas y de mano dura contra la delincuencia, marcan sus énfasis.

El Partido Independiente, de centro izquierda y golpeado por problemas internos, intentará mantener su banca en el Senado, mientras que la Unidad Popular (extrema izquierda), buscará acrecentar su bancada actual de un diputado. Los partido ecologistas PERI (Partido Ecologista Radical Intransigente) y Partido Verde Animalista, se entusiasman con ingresar en la Cámara Baja, así como el grupo político del empresario Edgardo Novick, El Partido de la Gente (derecha).

Los candidatos

Daniel Martínez: Candidato presidencial del Frente Amplio. Tiene 62 años de edad. Ingeniero industrial de profesión, fue senador, presidente de la petrolera estatal Ancap, ministro de Industria e Intendente de Montevideo. Pertenece al Partido Socialista.

Luis Lacalle Pou: Candidato presidencial del Partido Nacional. Tiene 46 años de edad. Abogado de profesión, fue diputado en dos períodos y senador. Es hijo del expresidente de la República Luis Alberto Lacalle (1990-1995) y bisnieto de Luis Alberto de Herrera, uno de los políticos más importantes en la historia del Uruguay. Fue candidato presidencial en las elecciones de 2014.

Ernesto Talvi: Candidato presidencial del Partido Colorado. Tiene 62 años de edad. Economista de profesión, Doctor en Economía por la Universidad de Chicago, dedicó toda su carrera a la actividad privada. Desde 1997 fue director de Ceres, un centro de estudios económicos y sociales sobre la realidad uruguaya. En las elecciones internas de 2019 sorprendió al vencer al expresidente Julio María Sanguinetti, quedándose con la candidatura de la histórica colectividad política.

Guido Manini Ríos: Candidato presidencial de Cabildo Abierto. Tiene 60 años de edad. Militar retirado y licenciado en Historia. Realizó toda su carrera dentro del Ejército Nacional, hasta llegar a Comandante en jefe de la fuerza entre 2015 y 2019, cuando fue cesado por el presidente Tabaré Vázquez. Participó en misiones en Irán, Irak y Mozambique. Proviene de una familia vinculada al Partido Colorado.

Pablo Mieres: Candidato presidencial del Partido Independiente. Tiene 60 años de edad. Abogado y sociólogo de profesión, fue diputado y senador. Formó parte del Frente Amplio hasta que decidió abandonar dicho partido, pasando primero al Nuevo Espacio y fundando en 2004 el Partido Independiente, del que fue candidato a la presidencia en varias oportunidades.

Edgardo Novick: Candidato presidencial del Partido de la Gente. Tiene 62 años de edad. Empresario y dirigente de fútbol en el Club Atlético Peñarol, se presentó como candidato a intendente de Montevideo en 2015, en representación de blancos y colorados, quedando en el segundo lugar. Siguió su carrera en solitario creando el Partido de la Gente en el año 2016.

Gonzalo Abella: Candidato presidencial del partido Unidad Popular. Tiene 71 años de edad. Maestro, escritor e historiador. Fue candidato presidencial en las pasadas elecciones de 2014. La UP se formó con partidos que salieron desencantados del Frente Amplio.

César Vega: Candidato presidencial del Partido Ecologista Radical Intransigente. Tiene 57 años de edad. Es ingeniero agrónomo de profesión. En las pasadas elecciones quedó muy cerca de llegar a la diputación. Defienden el medio ambiente y exigen políticas para preservar los recursos naturales.

Gustavo Salle: Candidato presidencial del Partido Verde Animalista. Tiene 61 años de edad. Abogado de profesión, obtuvo notoriedad pública al denunciar judicialmente a figuras del gobierno, incluido al presidente Tabaré Vázquez por corrupción. Es un férreo opositor a la inversión más grande del país, una planta de celulosa de la empresa UPM, a la que también llevó a la Justicia.

Rafael Fernández: Candidato presidencial del Partido de los Trabajadores. Tiene 57 años de edad. Funcionario bancario y sindicalista, se presentó como candidato en 2004 y 2014. El PT fue fundado en 1984 y es de orientación trotskista y comunista.

Daniel Goldman: Candidato presidencial del Partido Digital. Tiene 41 años de edad. Es empresario y docente con formación en matemáticas por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Fundador del partido en 2013, pretenden una política transparente y con participación ciudadana a través de internet y utilizando la tecnología.

 

Juan Pablo Da Costa

Nació en Montevideo, Uruguay. Es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Católica del Uruguay. Actualmente trabaja en Canal 4, donde se desempeña como periodista en el informativo Telenoche. En radio Carve 850 AM conduce y dirige el programa Puras Palabras. Su labor en los medios comenzó en CX 50 Radio Independencia. Durante cinco años desarrolló su profesión en radio Oriental 770 AM, pasando por el departamento de prensa y co-conduciendo los programas En otras palabras junto a Daniel Bianchi y Frade con permiso con Julio Frade. Trabajó también en los diarios La República y El País.